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“Los pacientes del doctor García” de Almudena Grandes

La cuarta entrega de los “Episodios de una guerra interminable” hace aún más real el título de la serie. La Historia no son solo las versiones oficiales, también lo son esas otras visiones aún por conocer en profundidad para llegar a la verdad. Almudena Grandes le da voz a algunos de los que nunca se han sentido escuchados en esta apasionante aventura en la que logra lo que solo los grandes son capaces de conseguir. Seguir haciendo crecer el alcance y el pulso de este fantástico conjunto de novelas a mitad de camino entre la realidad y la ficción.

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El bando nacional contó con la participación activa de las potencias del Eje para ganar la Guerra Civil. Y aunque nunca se reconoció oficialmente, la Alemania nazi y la Italia fascista se vieron apoyadas por Franco tanto durante la II Guerra Mundial como tras su derrota. Una afirmación que se sostiene en episodios conocidos -la División Azul- y otros muchos aún por divulgarse para que tengamos una imagen más real de aquel tiempo en que España convirtió su territorio, sin necesidad de levantar muros, en una gran cárcel para sus muchos millones de habitantes. Una oscuridad a la que le pone luz Los pacientes del Doctor García y su exposición de cómo Madrid se convirtió en destino y/o ciudad de paso para algunos de los exaltados de la raza aria que huyeron de su país natal tras la victoria de los aliados.

Grandes lo hace combinando la autenticidad de la Historia -los hechos reales sustentados en fechas, lugares y nombres propios- con la de las personas -los objetivos, las emociones y las relaciones-. Ambas dimensiones se funden en el extraordinario caudal de su narración, un fluir en el que su prosa se adentra por cuantos lugares geográficos y temporales sea necesario para integrar de manera plena los contextos que van más allá de los personajes y las vivencias que conforman sus personalidades. De esta manera consigue que su historia no sea algo pasado, sino un hecho presente y profundamente vivencial que va tomando forma a medida que se desarrollan las aventuras y desventuras de los muchos hombres y mujeres que la habitan, llevándola por un camino incierto que se siente aún por escribir y que no saben si es en la dirección correcta.

Sin ocultar lo que es imaginación ni adjetivar calificativamente lo real, Almudena vehicula con su excelente prosa lo que no sabemos cómo sucedió exactamente en unos protagonistas totalmente verosímiles. Y lo son por la riqueza con que son presentados y contextualizados, por la precisión con que se describen sus pensamientos y acciones, y por la coherencia con que se les sigue (en España, Alemania, Rusia, Suiza o Argentina), retrata y explica tanto su rol como su aportación a lo largo de las varias décadas que transcurren en Los pacientes del Doctor García.

Un título que no solo prorroga el relato de los anteriores episodios (Inés y la alegría, El lector de Julio Verne y Las tres bodas de Manolita), sino que enriquece la labor divulgativa que se realiza a través de todos ellos. Un ejercicio de memoria histórica honroso con los que vivieron aquellos tiempos tan difíciles, y una propuesta literaria muy instructiva para los que nacimos en años posteriores y a los que se nos ha contado bien poco de aquellos entonces.

Los pacientes del Doctor García, Almudena Grandes, 2017, Tusquets Editores.

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“El último año en Hipona” de Roberto Carrasco

Una novela corta sobre esos años en los que no tener una genética acorde con lo que dictaban las leyes se llegaba a pagar con la propia vida. Un relato sobre cómo hoy en día se niega la necesidad de revisar aquellos tiempos violentos para devolver la dignidad a los que fueron maltratados física y psicológicamente. Un escritor que sabe cómo contar la historia que tiene en mente y que demuestra habilidades para seguir creciendo en su carrera literaria.

ElUltimoAñoEnHipona

Desde 1936 hasta 1975 el gobierno dictatorial de nuestro país y la institución de la Iglesia Católica se apoyaron mutuamente para mantenerse como actores únicos en la cúspide del poder. Para justificar y sostener su supremacía se inventaron un repertorio de características individuales, como las opiniones políticas o la orientación sexual, que debían cumplir todos los ciudadanos para mantener la salvaguarda espiritual del régimen, obligándoles a denunciar a aquellos que no escenificaran dichos, mal llamados, valores. Rojos y homosexuales vieron, no solo como eran perseguidos policialmente, sino también castigados penalmente y arrinconados socialmente.

El colectivo LGTB sufrió toda clase de vejaciones no solo para ser silenciados, sino también para intentar dar explicación científica –y por tanto, encontrar remedio- al porqué de su ser contra natura. El último año en Hipona es una ficción que nos traslada hasta un colegio en el que eran internados niños y jóvenes que apuntaban determinadas maneras y para lo cual seguían un programa educativo integral que tenía como fin su reinserción social. Sin embargo, no todo era conforme a un guión establecido, este tenía vacíos, tiempos y espacios en los que los menores eran sometidos a la libre y brutal voluntad de aquellos que les gobernaban en esa pequeña isla correctiva alejada de toda población.

El otro hilo argumental construido por Roberto Carrasco es el hoy desde el que se contemplan aquellos hechos. Una actualidad en la que la capacidad para dar a conocer la realidad de tiempos pasados reside en gran medida, tal y como nos muestra, en unos medios de comunicación que no tienen como fin el compromiso ético con la objetividad, sino el uso de la información para conseguir beneficio económico y ejercer una interesada influencia política y social.

En ese ir y venir entre dos tiempos históricos, Carrasco se abre en otros tantos registros narrativos en los que se desenvuelve de manera eficaz. En Hipona construye un relato entretenido, completamente juvenil, desde el punto de vista de sus protagonistas, lleno de la inocencia, sorpresa y asombro que a esas edades tiene el descubrimiento de cuestiones a las que se llega antes por el impulso hormonal que mediante la toma de conciencia. Un tiempo de crecimiento personal que contrasta con el miedo y la incertidumbre generada al conocer y vivir en carne propia realidades humanas tan animales y salvajes como crueles.

En la parte adulta de su novela, a la que dedica su segunda mitad y de la que ya ha intercalado breve episodios en la primera, su prosa se hace más sosegada y serena. Deja a un lado los golpes de efecto y los giros argumentales para dar voz a aquellos niños de entonces convertidos en adultos. Personas con una parte de sí mismos tan herida y dolida que, en algunos casos, su muerte no acaba solo con ellos, sino que se extiende más allá y marchita y apaga también a su entorno. En estas páginas la lectura se hace estimulante, por su acierto en la descripción de motivaciones y sensaciones, y apasionante por su capacidad para plasmar de manera eficaz una realidad compleja que no solo es cuestión de las personas a las que afectó. Episodios de una guerra interminable, como diría Almudena Grandes, que forman parte de nuestra historia más reciente, queramos o no verlo y hacerle frente para poner en negro sobre blanco lo ocurrido y, al menos, darle nombre y dignidad a sus víctimas.