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10 novelas de 2018

Títulos publicados tanto a lo largo de los últimos meses como en años anteriores. Autores españoles y residentes en EE.UU. Recuerdos de la infancia, frescos históricos, crónicas sobre el amor y el desamor y denuncias de la injusticia y la desigualdad.

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“V y V. Violación y venganza” de Pilar Bellver. Con la estructura y el desarrollo tranquilo y de amplio alcance de los clásicos de la literatura del XIX a los que hace referencia, uniéndole una profunda exposición de sus personajes protagonistas a través de unos diálogos –conversados, redactados a mano o tecleados como e-mail- escritos de manera maestra. La historia de dos hermanas de apellido noble a lo largo de un tiempo –desde la pequeña España de los 80 hasta el mundo global del s. XXI- bajo el eterno freno y la pesada sombra del siempre omnipresente yugo invisible del heteropatriarcado.

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“Sol poniente” de Antonio Fontana. Volver la mirada a la Málaga de cuando se era niño para dejar aflorar los recuerdos de aquellos años en que se forjó nuestra identidad. Un ejercicio de intimidad en el que las palabras son el medio para llegar a las sensaciones que se quedaron grabadas en la piel, las verdaderas protagonistas de esta delicada novela. Un relato auténtico, que desprende nostalgia con simpatía y buen humor pero sin añoranzas sentimentales, celebrando que somos el resultado de quienes fuimos y de cuanto nos aconteció.

SolPoniente

“Las tres bodas de Manolita” de Almudena Grandes. Con su habitual saber hacer literario, Grandes desarrolla una serie de tramas en las que los acontecimientos históricos se combinan a la perfección con los dramas personales de sus protagonistas. El tercer episodio de su saga sobre el conflicto interminable que fue la Guerra Civil es una novela que nos permite conocer cómo era la vida de aquellos que intentaron mantener la ilusión a pesar de haber sido derrotados por el fascismo y continuar torturados por el franquismo.

LasTresBodasDeManolita

“El invitado amargo” de Vicente Molina Foix y Luis Cremades. El recuerdo del amor vivido visto con la perspectiva de las tres décadas transcurridas desde entonces. Del ímpetu, el desconocimiento y la experimentación de los que se inician como adultos al reposo, la retirada y el balance de los ya instalados en la madurez. Un intercambio folletinesco con dos voces narradoras, capítulos escritos por separado que enfrentan y complementan dos puntos de vista sobre un enamoramiento difuso y una relación que nunca terminó de cuajar pero que tampoco llegó a disolverse.

ElInvitadoAmargo

“Llámame por tu nombre” de André Aciman. Una lograda expresión del deseo y la pasión a los diecisiete años. Una narración obsesiva que quiere entender lo que está sucediendo, anárquica en su búsqueda de palabras con las que expresarse, desesperada por convertirlas en hechos que hagan que las emociones individuales se conviertan en sensaciones compartidas. Una historia guiada por el latido del corazón y el impulso de la libido de sus protagonistas.

LlamamePorTuNombre

“Un incendio invisible” de Sara Mesa. La bancarrota y hecatombe de Detroit le inspiran a Sara Mesa una historia sobre una ciudad apocalíptica en la que no quedan más que personas abandonadas o sin lugar al que ir. Una urbe en la que todo lo que conforma nuestro modelo de bienestar alcanza tal nivel de degradación que peligra hasta la convivencia y el carácter humano de las personas. Una inteligente y sugerente ficción que juega con logrado acierto a exponer, sin enjuiciar, la deriva moral de lo que está relatando.

UnIncendioInvisible

“Lecciones de abstinencia” de Tom Perrotta. A caballo entre la sátira y un despiadado realismo, esta novela muestra el control que el fundamentalismo religioso pretende tener de todo individuo convirtiendo su vida privada -el sexo, el consumo o los hábitos lúdicos- en un continuo campo de batalla. Un sarcástico retrato de la clase media estadounidense y de la decadencia de su modelo de sociedad, de su falta de cohesión, de sus endebles valores y de su falta de rumbo.

LeccionesDeAbstinencia

“Middlesex” de Jeffrey Eugenides. Varias buenas novelas en una única y genial. Un muy bien guiado recorrido por el mundo global que va de los conflictos entre Turquía y Grecia tras la I Guerra Mundial al Berlín posterior a la reunificación alemana pasando por el EE.UU. acogedor de miles de refugiados en los años 30 hasta la extensión del movimiento hippie en los 70. Dentro de él una saga familiar que aúna a la perfección lo antropológico y lo sociológico con lo vivencial y lo emocional. Y también un relato valiente, pedagógico, sensible y acertado sobre la verdad y la realidad de la intersexualidad.

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“Honrarás a tu padre” de Gay Talese. Excelente crónica publicada en 1971, entre la ficción literaria y la objetividad periodística, sobre la evolución de la Mafia en la ciudad de Nueva York –y sus ramificaciones en otras partes de EE.UU.- en la que las influencias y las luchas de poder se combinan con la vida personal y familiar de Bill Bonanno. Un sobresaliente retrato de las raíces, las motivaciones y los fines de aquellos que hacían de la ilegalidad –cuando no, la criminalidad- las coordenadas en las que desarrollaban sus trayectorias vitales.

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“Haz memoria” de Gema Nieto. La historia de tres generaciones de mujeres que es también la no contada de muchas familias de nuestro país. De un tiempo aun convulso que pide volver a él para calmar los asuntos pendientes, para darle luz a aquellos pasajes vividos a escondidas y después condenados al olvido. Una sentencia de negación que anuló el futuro de los que sobrevivieron y lastró a sus descendientes.

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“Palabra de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas”

Si leer o escuchar representadas sus creaciones es un goce para el alma y los sentidos, no menos lo es adentrarse en su persona a través de lo que recogieron múltiples publicaciones periodísticas a lo largo de su corta vida. Además de su extraordinaria sensibilidad, estos artículos, entrevistas y reportajes dejan clara la transparencia y diafanidad de un hombre cuya máxima fue siempre la de transmitir con honestidad aquello que hacía único, a la par que universal, a su pueblo.

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Quizás sea la figura más nombrada de la historia de la literatura española, pero el hecho de que aún no sepamos dónde reposa su cuerpo tras aquella cruel madrugada del 18 de agosto de 1936 demuestra que todavía queda mucho por conocer y recuperar de él. Tanto de su obra y de su vida como de su intimidad, de quién era más allá de las páginas que escribió, de las conferencias que impartió y de los amigos, familiares y personalidades con quien se le vio en público.

El que hasta más de 80 años después de su muerte no se haya publicado un volumen como este, Declaraciones y entrevistas completas,  evidencia tanto esta realidad como la de su otra cara, la negación que por distintos motivos –censura política y prejuicios sexuales, fundamentalmente- ha sufrido su persona y, por su extensión, su obra.  En este sentido, no queda otra que alabar el trabajo de investigación realizado por Rafael Inglada con la colaboración del periodista Victor Fernández, y el legado que este título supone para estudiosos y entusiastas de la figura de Federico.

Palabra de Lorca se inicia con un joven entusiasta que comienza a ser conocido en 1922, a sus 24 años, por sus primeras poesías y llega hasta 1936, hasta un hombre consolidado en la escena cultural como un extraordinario poeta y un excelente dramaturgo. No solo un gran creador sino también un convencido del papel cultural, identitario y pedagógico del teatro, tal y como hizo al frente de La Barraca (1932-1934) llevando la tradición de los grandes clásicos –Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón, Cervantes,…- al colectivo más llano de un pueblo obviado por unos gestores y autores entregados a las banalidades que demandaba la burguesía urbana de las décadas de los 20 y los 30.

Todo lo contrario de lo que pensaba de la poesía de su tiempo, declarándose admirador de nombres como Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Rubén Darío o Juan Ramón Jiménez. Un terreno este, el del verso, que fue el que le convirtió en una figura pública, sobre todo a raíz de la publicación en 1928 del Romancero gitano. Para entonces ya había demostrado con Mariana Pineda su potencial dramático y su capacidad de captar lo más individual, íntimo y local y transmitirlo conectando con lo que eso tiene de común y universal con cualquier otro individuo a lo largo del mundo. Después llegarían otras dramaturgias que, tal y como cuenta, ya estaban en su cabeza o habían comenzado a tomar forma, como Doña Rosita la soltera o Bodas de sangre y Yerma, títulos con los que se propuso hacer actual la tragedia griega y lo consiguió con extraordinario éxito de crítica y público.

Capítulo aparte de sus vivencias son sus viajes. He ahí la intensidad con que transmite el hondo resonar que le provocó el mar de acero, hormigón e inhumanidad de Nueva York que daría como resultado el poemario allí situado. Nada que ver con su paso por La Habana o sus estancias posteriores en Montevideo y Buenos Aires, ciudades en las que disfrutó con la fantástica recepción que tuvieron sus obras y sintiéndose como uno más en la sociedad de aquellos países con los que compartía idioma y referentes históricos literarios.

Curioso es también leer cómo le describen los otros. Alegre, jovial y extrovertido en sociedad, un niño grande con los suyos, escurridizo con los periodistas insolentes, e introvertido e inmerso en su profundidad interior cuando estaba a solas. Una sombra esta que se fue haciendo más patente a medida que la inestabilidad política enrarecía el clima social español, y del Madrid en el que vivía, a lo largo de 1935 y 1936. Hasta que estalló la contienda que le encontró en casa de sus padres en la vega granadina, de donde le sacó para asesinarle.

Palabra de Lorca no se acaba ahí, sino que sigue a través del recuerdo que algunas firmas le dedicaron años después, atreviéndose a entrar –aunque no con total apertura- en aquellos aspectos que le condenaron, su homosexualidad y su planteamiento público en pro de una cultura accesible para toda la sociedad y no como algo elitista y restringido para aquellos que hicieran de ella un símbolo y señal de su clase social y económica. En definitiva, un volumen extenso, con artículos y entrevistas firmadas por toda clase de autores y calidades, pero que resulta fantástico para descubrir el lado más espontáneo, dialogante y conversador  de un hombre profundamente reflexivo y tan sensible como creativo y visionario.

“El viaje de Nisha”

De Noruega a Pakistán por imposición familiar en una cinta que nos plantea hasta dónde alcanza la integración real en nuestro sistema occidental de las familias que acuden buscando nuevas y mejores oportunidades desde otras culturas. Una convivencia que genera un fuerte conflicto generacional entre los que llegaron, los padres que siguen los dictados en los que se educaron a miles de kilómetros, y los ya criados aquí, los hijos que asumen con naturalidad los modos y maneras del que es su entorno natural.

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Nisha es una adolescente que con sus amigos habla en noruego, coquetea con el alcohol y el tabaco, baila, viste ropa atrevida y lleva el pelo suelto. Cuando llega a casa, se comunica con los suyos en urdu y su madre le exige que utilice prensas holgadas y completamente abrochadas, que salude educadamente a las visitas y colabore en la cocina. Un hogar al que llegaron sus padres desde Pakistán, país que dejaron buscando prosperar materialmente, atravesando para ello Europa hasta llegar a este lugar del mundo en el que se han hecho un hueco a base de realizar aquellos trabajos que los locales rechazan. Sin embargo, tras la puerta de su casa, sus costumbres y reglas de convivencia son las mismas con que se regían a 6.600 kilómetros de donde están ahora.

Cuando como resultado de la edad se produce el choque entre lo que se dicta en la residencia familiar –virginidad hasta el matrimonio- y lo que se hace en el ambiente social –flirtear con los chicos-, Nisha se ve envuelta en una espiral de opresión y desconcierto psicológico que no se ve resuelta hasta que los fríos y ordenados ambientes nórdicos son sustituidos por los calurosos y anárquicos pakistaníes a los que es trasladada obligatoriamente por su padre para su reeducación. Un cambio de coordenadas geográficas con una lógica argumental totalmente convincente, pero que en su plasmación en la pantalla se deja por el camino buena parte de la tensión  y ansiedad que había conseguido transmitirnos.

A partir de ese punto de inflexión comienza la dura aventura de la supervivencia, de la lucha de nuestra protagonista por sobrevivir mentalmente en un ambiente en el que no tiene más opción que la de someterse. Sin embargo, la inquietud que sentimos en esta parte de El viaje de Nisha se debe más a la lejanía espiritual y moral que tienen para nosotros las distintas situaciones –familiares, sociales y legales- a que ha de hacer frente esta joven noruega de rasgos pakistaníes, que a una atmósfera angustiosa conseguida con su guión y dirección por Iram Haq.

No se pierde en ningún momento el sentido de lo que se nos está contando, pero sí que tiene alguna secuencia de tintes costumbristas cuyo propósito resulta difuso, pareciendo más propias de un telefilm en el que hay que rellenar minutos de emisión televisiva, que de un ejercicio de intentar conseguir una buena película. Afortunadamente un propósito que no olvida y en el que se vuelve a centrar en su tramo final volviendo a hacer del drama de la injusticia, del chantaje de la lealtad familiar y de la crueldad del maltrato psicológico su leit motiv.

“Lecciones de abstinencia” de Tom Perrotta

A caballo entre la sátira y un despiadado realismo, esta novela muestra el control que el fundamentalismo religioso pretende tener de todo individuo convirtiendo su vida privada -el sexo, el consumo o los hábitos lúdicos- en un continuo campo de batalla. Un sarcástico retrato de la clase media estadounidense y de la decadencia de su modelo de sociedad, de su falta de cohesión, de sus endebles valores y de su falta de rumbo.

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Toda debilidad es una oportunidad si le dedicas tiempo y esfuerzo de manera adecuada. Pero también puede convertirse en el medio del que se sirvan quienes hoy te son ajenos para que se hagan dueños y señores de tu persona. Esa es una de las conclusiones a las que se llega tras llegar al final de este título en el que se nos presenta una sociedad pacata y fácilmente escandalizable, que promulga con frases grandilocuentes y escenografías de espectáculo su amor por Jesucristo. Gestos tras los que intentar ocultar pasados de exceso y anestesiar presentes de impulsos primarios.

Basta con abrir las páginas de cualquier periódico o hacer zapping entre informativos televisivos para comprobar que lo que Perrotta narra no es exclusivo de un barrio de clase media de una ciudad de EE.UU. Ocurre incluso en nuestras coordenadas patrias. Promulgar una vida sexual basada en decisiones libres, seguras y consensuadas o considerar la religión única y exclusivamente como un ámbito privado y no como un sistema de organización colectiva, sigue levantando ampollas en buena parte de nuestros conciudadanos, además de actuaciones fiscalizadores de algunas de nuestras instituciones y representantes públicos.

Lecciones de abstinencia resulta creíble por tomar como puntos de cruce de su relato la educación y la familia. La primera como el ámbito desde el que se transmiten valores y principios de actuación, promoviendo y dictando unos comportamientos y hábitos muy determinados, casi autómatas. A priori algo positivo, pero que resulta profundamente negativo cuando se convierte en manipulación negando realidades –incluso evidencias científicas como la evolución de las especies- y expulsando del mapa social a todos aquellos que no se atienen a sus mandamientos (rezar en público, prohibición de beber alcohol,…).

El segundo campo es aún más delicado. A lo largo de sus páginas se muestra una diversidad de modelos de familia que resulta de lo más cotidiano. Primeras nupcias, divorciados, vueltos a casar, parejas gays, hijos en custodia exclusiva o compartida, regímenes de visitas, hermanos y hermanastros,… Una natural heterogeneidad que se da de bruces contra el altavoz predicador de determinadas comunidades y corrientes eclesiásticas del modelo de marido y padre líder, mujer y esposa sumisa, e hijos de sonrisa perfecta y gran fotogenia.

Una imagen que resulta más la rígida encarnación de un dogma que la manifestación real de unas creencias y unas personalidades. Tal y como Perrotta expone a través de las situaciones que describe y de los finos diálogos que hilvana con profusión, una foto impostada resultado de la falta de valores y de autocrítica de la sociedad norteamericana, bandera por excelencia del neoliberalismo capitalista. El resultado, un amplio sector de la población del país más poderoso del planeta que no sabe posicionarse ante la vida ni tener un proyecto propio ni en el plano personal ni en el social, ni en el individual ni en el familiar, y al que la ignorancia y la incultura le llevan a esta despiadada forma de incivismo.