Archivo de la etiqueta: destino

El mismo trayecto…

IMG_20140909_085712

… cada mañana, parando en esta estación entre las 08:10 y las 08:15, depende de lo que haya tardado en salir de casa y si he llegado a tiempo para coger el tren de las 07:50 o si ha de ser el de las 07:55 y entonces ya voy con el alma en un puño.  Hay días que este recorrido se me hace eterno, no sucede nada, no varía el trayecto ni en un color, ni en un sonido, ni en una imagen con respecto al día anterior. Otros, en cambio, disfruto a cada segundo de él, observando cómo varía la luz en ese momento entre el amanecer y el arrancar del día, las personas que se suben al vagón en cada parada, a las que veo por primera vez y aquellas a las que lo hago por la enésima ocasión, cómo van vestidas hoy y cómo lo iban ayer,… Elucubrando qué pasará en sus cabezas, qué estarán pensando, dándole vueltas en mi cabeza a esa idea de hacer periodismo o ficción sobre el anonimato de la cotidianeidad. Seres auténticos que definen su personalidad con su nombre y apellidos, y no personajes que se retratan por lo que de ellos se ha dicho o publicado en este medio o en aquel otro.

Esta chica, por ejemplo, cómo se llama, de dónde viene, a dónde va, con quién vive, a quién va a ver. Y a partir de ahí surgirían datos, anécdotas y detalles con los que construir el relato de su vida. Pasar de la entrevista al diálogo y que me cuente qué le motiva, con qué sueña o qué dejó atrás. Quizás se llame María, viene de casa, vive por la zona de Pirámides, se dirige a su trabajo en una agencia de publicidad, lleva la cuenta de una firma de coches. Su aparente seriedad es una mezcla de sueño y concentración, aún no se ha puesto en plena marcha mental, pero va pensando cómo le expondrá a su jefe la presentación del reporting semestral que han de hacer a su cliente. En estas estoy cuando han transcurrido los diez minutos que me llevan de Atocha a Nuevos Ministerios e interrumpo la historia, me bajo del tren y sin ella delante ya no soy capaz de seguir su historia. Sin el estímulo de su presencia mi imaginación se debilita y se me cruzan otras personas que quizás me hagan iniciar nuevos caminos de fantasía.

Vuelvo a coger el tren al día siguiente, nuevamente a las 07:55, ya son tres días seguidos en que algo me retrasa en el último momento. Hoy no la veo a ella, pero sí a un chico en el que ayer era el asiento vacío de su acompañante, ¿es él su chico? ¿El él de ella? ¿El él para ella? ¿Se conocen? Esta es una ciudad de más tres millones de habitantes, probablemente no, cuestión de estadística, aunque, quién sabe. Esas cosas ocurren en la literatura (lo he leído), en el cine (lo he visto), en las canciones (lo he escuchado), y también en mi mente (lo he imaginado). A él no tengo claro qué papel darle, por un lado sueño con que tenga puntos en común con ella, aunque lo más seguro es que no tenga nada que ver con ella. Qué pena, ¿no?

En esta ciudad se cruzan cientos, miles, decenas de miles de caminos personales a modo de líneas sobre un mapa que me da la sensación de que al ser tantas y tan cercanas acaban convirtiéndose en una gran mancha que impide ver el callejero sobre el que caminamos. Entonces las líneas dejan de ser líneas, pasan a ser parte de una gran área de color negro que se desplaza de manera programada arrastrando al automatismo a todos los que han quedado atrapada en ella. Y cada uno de nosotros ya no vemos al de al lado, yo ya no te veo a ti ni tú a mí, y quizás él se está perdiendo la oportunidad de saber quién es ella, y ella ni se percata de que él existe.

IMG_20140911_084831(Fotografías tomadas en Madrid el 9 y 11 de septiembre de 2014).

Quiero la luz de la mañana…

IMG_20140829_092937

… que con fuerza me ilumina, que me llena de vida y de energía. Esa que me hace sentir que al abrir los ojos no voy a volver a ver lo mismo de ayer y de antes de ayer, lo que a veces temo sea igual que mañana. Ansío ese momento en el que se inicia el día, que me hace sonreír al rozar mi piel.

Deseo ser capaz de convertir las distancias físicas en meras elipsis temporales con tan solo un chasquido de mis dedos. Hacer de todas esas ilusiones imaginadas, realidades, un dónde, un cuándo, un con quién. Que el mundo es muy grande y la vida es muy larga para considerar que todo está ya establecido y fijado como si no hubiera mil posibilidades más. Y no, no es renunciar a lo que ya es, a lo que ya soy, sino hacerlo más, llevarlo de aquí a allá, de allá a más allá y de ahí a no sé dónde. Quizás para llegar a muy lejos o para volver, para estar donde nunca imaginé o aquí otra vez, pero sea donde sea, con el bagaje de todo lo conocido, vivido y experimentado.

Y ¿sabes qué? Que es posible. Pero no me interrogues por el cómo. Pregúntame qué, a qué aspiro, qué anhelo, qué me llama,… Teniendo un destino es como surge el camino, buscando un lugar ves las señales que te llevan hasta él. Y al igual que yo quiero fluir, dejaré que el camino y el destino al que llegar discurran también libremente. Así juntos, destino, camino y yo (o tú, si también lo buscas) circularemos conjuntamente hasta hacer que de la unión de los tres resulte una única pieza más grande, más fuerte, más brillante.

Entonces abriré los ojos y el sol estará tan cerca que sentiré que lo puedo tocar y coger. En ese instante no solo el astro me seguirá iluminado a mí, sino que resultaré ser yo fuente de luz que cause sonrisa e ilusión sobre quien la reciba. Quizás ese momento sea ya, sea ahora,…, espera, quizás no, es, es ya. Hoy, ahora, soy luz.

IMG_20140816_092440

(Fotografías tomadas en Madrid el 16 y 29 de agosto de 2014).