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“Lecciones de abstinencia” de Tom Perrotta

A caballo entre la sátira y un despiadado realismo, esta novela muestra el control que el fundamentalismo religioso pretende tener de todo individuo convirtiendo su vida privada -el sexo, el consumo o los hábitos lúdicos- en un continuo campo de batalla. Un sarcástico retrato de la clase media estadounidense y de la decadencia de su modelo de sociedad, de su falta de cohesión, de sus endebles valores y de su falta de rumbo.

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Toda debilidad es una oportunidad si le dedicas tiempo y esfuerzo de manera adecuada. Pero también puede convertirse en el medio del que se sirvan quienes hoy te son ajenos para que se hagan dueños y señores de tu persona. Esa es una de las conclusiones a las que se llega tras llegar al final de este título en el que se nos presenta una sociedad pacata y fácilmente escandalizable, que promulga con frases grandilocuentes y escenografías de espectáculo su amor por Jesucristo. Gestos tras los que intentar ocultar pasados de exceso y anestesiar presentes de impulsos primarios.

Basta con abrir las páginas de cualquier periódico o hacer zapping entre informativos televisivos para comprobar que lo que Perrotta narra no es exclusivo de un barrio de clase media de una ciudad de EE.UU. Ocurre incluso en nuestras coordenadas patrias. Promulgar una vida sexual basada en decisiones libres, seguras y consensuadas o considerar la religión única y exclusivamente como un ámbito privado y no como un sistema de organización colectiva, sigue levantando ampollas en buena parte de nuestros conciudadanos, además de actuaciones fiscalizadores de algunas de nuestras instituciones y representantes públicos.

Lecciones de abstinencia resulta creíble por tomar como puntos de cruce de su relato la educación y la familia. La primera como el ámbito desde el que se transmiten valores y principios de actuación, promoviendo y dictando unos comportamientos y hábitos muy determinados, casi autómatas. A priori algo positivo, pero que resulta profundamente negativo cuando se convierte en manipulación negando realidades –incluso evidencias científicas como la evolución de las especies- y expulsando del mapa social a todos aquellos que no se atienen a sus mandamientos (rezar en público, prohibición de beber alcohol,…).

El segundo campo es aún más delicado. A lo largo de sus páginas se muestra una diversidad de modelos de familia que resulta de lo más cotidiano. Primeras nupcias, divorciados, vueltos a casar, parejas gays, hijos en custodia exclusiva o compartida, regímenes de visitas, hermanos y hermanastros,… Una natural heterogeneidad que se da de bruces contra el altavoz predicador de determinadas comunidades y corrientes eclesiásticas del modelo de marido y padre líder, mujer y esposa sumisa, e hijos de sonrisa perfecta y gran fotogenia.

Una imagen que resulta más la rígida encarnación de un dogma que la manifestación real de unas creencias y unas personalidades. Tal y como Perrotta expone a través de las situaciones que describe y de los finos diálogos que hilvana con profusión, una foto impostada resultado de la falta de valores y de autocrítica de la sociedad norteamericana, bandera por excelencia del neoliberalismo capitalista. El resultado, un amplio sector de la población del país más poderoso del planeta que no sabe posicionarse ante la vida ni tener un proyecto propio ni en el plano personal ni en el social, ni en el individual ni en el familiar, y al que la ignorancia y la incultura le llevan a esta despiadada forma de incivismo.

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“Bitch, she’s Madonna”

Marie Louise Veronica Ciccone es la reina del pop desde que lanzara su primer álbum en 1983. Un referente mundial no solo de este género musical, sino de una industria a la que ha hecho evolucionar con su empeño, trabajo y ambición y a la que ha utilizado como altavoz tanto para expresarse creativamente como para defender social y políticamente aquellas causas y principios en los que cree.

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Además de una cantante de gran éxito, Madonna es, o ha sido a lo largo de su ya larga carrera, actriz, bailarina, compositora, productora, empresaria,… y muchas cosas más en las que ha puesto siempre todo su empeño para conseguir el aplauso de su público a la par que ofrecer o transmitir algo de sí misma. Esto es lo que nos cuentan de manera perfectamente coordinada los distintos capítulos de este ensayo (bravo Dos Bigotes por vuestra primera incursión en este género) que analizan al personaje del que muchos somos fans, en todas aquellas facetas en las que ha sido protagonista.

La mujer que con 13 discos de estudio publicados, y un legado de decenas de canciones y videoclips excepcionales, más copias ha vendido en todo el mundo en la historia de la música; show woman con 10 exitosas giras realizadas por cantidad de países ante millones de personas; portavoz sin medias tintas de causas como la visibilidad de la diversidad sexual o la lucha contra el sida; referente para el feminismo; empresaria de éxito; productora, directora y actriz de cine. Logros indudables que muchas veces siguen quedando escondidos tras el ruido –en ocasiones interesadamente machista- de las etiquetas de escándalo y provocación con que su figura y carrera han sido criticadas, cuando no denostadas, sin descanso.

Pero como demuestra el múltiple enfoque de La reina del Pop en la cultura contemporánea, la brillante innovación que ha definido los éxitos artísticos de sus proyectos, el debate social generado en muchos momentos a lo largo de estas tres décadas y el buen efecto que la pátina del tiempo está dando a muchos de sus trabajos, deja claro que tras todo ello ha estado siempre una constante, exigente y perfeccionista profesional con una gran intuición y una excepcional visión creativa y comercial; una trabajadora que nunca descansa y que ha sabido acompañarse de otros creadores de talento excepcional para conseguir –o si no, quedarse cerca- los mejores resultados posibles; además de una persona siempre fiel a sí misma.

Si algo queda claro es que Madonna ha manejado con gran acierto desde que llegó a Nueva York en 1978 las claves del negocio en el que se propuso hacer carrera. Es por ello uno de los máximos exponentes e impulsora de la brutal transformación que el negocio de la música ha experimentado desde entonces.

Un sector que ha pasado de dedicarse a promocionar solistas o grupos para vender álbumes, a construir iconos que ofrecen espectáculos en vivo que beben de la ópera, el teatro, el cabaret o el circo, que se relacionan con su público convirtiéndose en protagonistas de un universo audiovisual que impacta tanto o más que el de las estrellas cinematográficas, obtienen ingresos por vías múltiples (merchandising, diseño de ropa, escribiendo libros, publicitando marcas,…) y utilizan su imagen pública para dar voz a aquellas causas con las que se identifican.

Con todo este bagaje, está claro que Madonna tiene mucho que decir sobre cómo será el futuro de la música y de la industria del espectáculo, así como del papel que ambas habrán de desempeñar en nuestra sociedad.

“Lorca, el poeta y su pueblo” de Arturo Barea

El autor de “La forja de un rebelde” acercaba en 1944 la figura de Lorca a sus lectores ingleses a través de este conjunto de conferencias que hasta ahora nunca antes se había editado en España. Un ensayo que disecciona las claves que hacen del granadino una figura única de la literatura española y que supone también una muestra del buen saber hacer narrativo y de la capacidad de análisis y síntesis de su autor.

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La Guerra Civil mató a Federico y empujó a Arturo al exilio. Ambos se vieron en el punto de mira de los nacionales por su dominio de la palabra y su defensa de la libertad de expresión. Aunque no se llegaron a encontrar nunca en persona, Barea fue un profundo conocedor y admirador de García Lorca, tal y como demuestra este volumen en el que disecciona con suma precisión –a través de una muy cuidadosa selección de versos, diálogos y parlamentos – su obra, estilo e impronta universal –sin dejar de ser profundamente español- en base a cuatro pilares (pueblo, sexo, muerte y arte).

Al contrario de lo que pudiera parecer, el escritor del Romancero gitano o del Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías fue profundamente intelectual, un innovador constructor de versos a la manera de su admirado Góngora, pero fue más allá de esa habilidad para centrarse en lo que para él era importante, en reflejar los sentimientos y las emociones. Esa autoridad y capacidad para llegar, agitar y conmover a todos los públicos, tanto a los formados como a los que no sabían siquiera leer, fue lo que le hizo tan reconocido. Su empatía a la hora de ejercer de altavoz del sentir popular, de ensalzar poéticamente los valores, conceptos y expresiones del común de sus conciudadanos –de su identidad, en definitiva- hizo que los incultos y los iletrados se sintieran valorados y reivindicados. Un logro que consiguió también con su exitosa dirección de La Barraca, trasladando ante este tipo de espectadores el mensaje de autores clásicos como Cervantes, Lope de Vega o Tirso de Molina.

El nacido en Fuentevaqueros describió y dio voz, tanto en su poesía como en su teatro, a un  profundo universo etnográfico, social y cultural como nadie había hecho hasta entonces y como ninguno de sus compañeros de la generación del 27 supo hacer. He ahí dramaturgias como Mariana Pineda, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba o Yerma en las que sus espectadores y lectores podían ver cómo sus personajes pensaban y actuaban igual que ellos en temas como el honor, la maternidad, el amor o la familia. En sus tramas no se exagera ni se banaliza, no se altera ni se vacía de su esencia el papel y los significados que para la sociedad de su tiempo tenían cuestiones como la muerte o el sexo, así como las jerarquías que había tanto entre hombres y mujeres como entre padres e hijos.

Esta es la clave que según Barea hizo que Lorca fuera considerado revolucionario y peligroso por los que se negaban al cambio y a la evolución. Por su genio para hacer que los hasta entonces no considerados se empoderaran, sintiéndose orgullosos de quiénes eran.

“Relaciones enfermizas” de Cecilia Ştefănescu

Alienante novela ambientada en el Bucarest de los 90. Una ciudad que vaga sin rumbo, al igual que las personas que la habitan o transitan por ella. Como Kiki, una joven universitaria que no sabe qué quiere en su vida y que se mueve y debate entre un hombre y una mujer a golpe de deseos por cumplir, anhelos que comprender, preguntas que no sabe formular y respuestas a interrogantes que no sabe por qué ni quién le hace.

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Imagino la capital rumana tras la caída del régimen de Ceaucescu en diciembre de 1989 como un escenario en el que dejó de haber representaciones y las tareas de mantenimiento pasaron a ser cosa del pasado. Poco a poco comenzó a desvencijarse, a verse afectada por las inclemencias meteorológicas, por las corruptelas de unos habitantes que habían perdido el miedo a las consecuencias de incumplir las normas y por el descuido de aquellos que estaban de paso exigiéndole el abrigo, el alimento y la satisfacción que tampoco encontraban en sus lugares de origen.

Este es el polvoriento y desconchado magma en el que se sumerge la autora de Relaciones enfermizas para escribir algo más que un relato que describa ese erial, una inmersión en la que construye una historia que nos muestra cómo esa atmósfera de desorden y desorientación contagia de su misma miopía y neurosis a las personas que la habitan. Como a su protagonista, Kiki, una chica que no sabe con exactitud lo que quiere ni tiene certeza absoluta de lo que le gusta, sino que se deja llevar por lo que su cuerpo le dicta. Lo suyo es moverse sin más motivación que aquello que le marcan sus impulsos, sin una lógica aparente que explique el por qué y de razón al para qué.

Una falta de brújula y de rumbo de la que se hace altavoz la prosa de Cecilia Ştefănescu para narrar los acontecimientos que suceden en torno a las vivencias afectivas y sexuales, amistosas y amorosas, conflictivas y pacíficas, de Kiki con un hombre y una mujer, con Renato y Alex, desde diferentes puntos de vista. Unas veces como si estuviera dentro de este triángulo y conociera mejor que sus personajes lo que está ocurriendo. Y otras, cuando se descubre reducida a las coordenadas de cada uno de ellos, viéndose limitada por su desconocimiento o su desinterés por querer profundizar en lo que están sintiendo, angustiada por la ansiedad que les produce todo aquello que les contraría, o reducida y encerrada en sí misma por sus fijaciones y obsesiones.

Su propuesta varía de ritmo e intensidad, entre una ficción sin pudor y una fábula críptica –en la que no siempre resulta fácil situarse y orientarse- que evoca sensorialmente a aquellos autores que, tras décadas proscritos, comenzaron a ser vistos, escuchados y leídos en Rumanía en los años previos a la publicación de este título (2002) y a los que menciona en sus páginas. Nombres y títulos cinematográficos (Buñuel, Visconti, Rossellini) y musicales (The Doors, Rolling Stones, Bob Dylan) de otras geografías e idiomas, o literarios que se habían visto obligados al exilio (Cioran, Eliade).

“Sobrevivir al ambiente” de Gabriel J. Martín y Sebas Martín

El humor es la herramienta más didáctica para aprender o recordar. Ese es el logro fundamental de los dos autores que suman texto e ilustraciones para hacer un completo repaso de ese entorno de las grandes ciudades donde hombres homosexuales acuden para socializar con otros hombres con la misma orientación sexoafectiva que ellos. Un título apto para todos aquellos que estén dispuestos a ser realistas, pero también a echarse unas risas.

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No se me olvidará. Era una noche de viernes a mediados de los 90, bajaba por la calle Fuencarral y a altura de un neón verde que decía Hostal Nuria uno de mis amigos me indicó, “cualquiera de esas calles a la izquierda te llevan a Chueca”. Aquella frase me sonó a momento álgido de una película que podría haberse titulado El mapa del tesoro. Con el tiempo, poco después ya que la curiosidad no entiende de barreras, me adentré por aquellas calles hasta llegar al mismísimo corazón del barrio. Y allí, una vez ya dentro y a golpe de ensayo y error, de indagar cual cotilla y de preguntar como si fuera Ana Pastor, fui descubriendo los distintos tipos de locales que existían, observé múltiples clases de individuos y estéticas, aprendí sobre todo tipo de prácticas sexuales y escuché infinidad de anécdotas y episodios (¿de ciencia ficción? ¿de realismo decimonónico? Ríete tú de las fake news y de la pos verdad) con los que aprendí a moverme, socializar y hacerme mi sitio en el ambiente.

Las nuevas generaciones lo tienen más ¿fácil? Nuestra sociedad, afortunadamente, ha evolucionado, Google ofrece respuestas a quien ni siquiera tiene interrogantes y ahora Gabriel y Sebas (ambos se apellidan Martín, ¿serán primas? ¿serán hermanas de leche?) publican Sobrevivir al ambiente. Un completo repaso a las coordenadas que definen barriadas como la mencionada de Madrid y de similares en ciudades como Barcelona, Ámsterdam o San Francisco. Áreas urbanas que los que vivimos en o cerca de ellas tenemos la suerte de poder casi hasta ignorarlas por lo habituales que son para nosotros, pero que son la aspiración de esa gran mayoría que aún vive en lugares donde poder ser tú mismo conlleva un alto precio tanto psicológico como físico.

Esta publicación no pretende salvarte la vida ni es la Biblia del mundo LGTB, pero sí que es un completo compendio -contado con ironía y sarcasmo, con un punto incluso de marica mala tanto en su redacción como en sus ilustraciones, ya tú sabes- de las coordenadas que conforman la socialización en lo que denominamos como “ambiente”. Un entorno en el que todo es posible –el amor, la amistad, el disfrute, lo duradero, lo efímero, lo sincero, el auto engaño- , pero que debes saber en qué consiste para modular y ajustar tus perspectivas a lo que, a priori, te ofrece cada una de sus posibilidades.

Para aquellos que se lleven las manos a la cabeza que sepan que estas son similares a las de cualquier otro entorno de socialización (heterosexual, lésbico,…) y que lo que allí te encuentres no es la universalidad, pero sí una formas de relacionarte que tú decides si practicas o no y en qué medida. Eso sí, como bien señalan sus autores, hazlo siempre de manera segura en lo referente a prácticas sexuales, consumo de sustancias o culto al cuerpo, y teniendo en cuenta que no conseguirás algo positivo y fructífero  –tal y como ya explicaba Gabriel en sus anteriores Quiérete mucho, maricón y El ciclo del amor marica– si no dejas los prejuicios (producto de la homofobia interiorizada) a un lado y partes de una auto aceptación plena y una correcta auto estima.