“Un amor” de Sara Mesa

Una redacción sosegada y tranquila con la que reconocer los estados del alma y el cuerpo en el proceso de situarse, conocerse y comunicarse con un entorno que, aparentemente, se muestra tal cual es. Una prosa angustiosa y turbada cuando la imagen percibida no es la sentida y la realidad da la vuelta a cuanto se consideraba establecido. De por medio, la autoestima y la dignidad, así como el reto que supone seguir conociéndonos y aceptándonos cada día.

Un amor se inicia tras un punto y aparte de cuyas supuestas motivaciones se nos cuenta muy poco. Más bien nada. Lo importante en la nueva novela de Sara Mesa no es lo que quedó atrás, sino el presente, el aquí y ahora, el hecho de conocerlo y el proceso de descubrirlo. Su intención no es solo presentarnos a la joven Nat, sino generar una simbiosis en la que hagamos nuestro su propósito de inicio. Un comienzo que no sabemos si es de catarsis, de regeneración o de impulso. Mesa rehúye etiquetas, símbolos y categorizaciones. Su foco está en cómo se sitúa, piensa y actúa su protagonista ante el hecho de trasladarse a una pequeña localidad de no se sabe dónde y con escasos vecinos, de haber alquilado una casa que necesita limpieza y muchas reformas y desde donde va a teletrabajar como traductora.

Un relato con un enfoque interno, el de las sensaciones, sentimientos, percepciones y pensamientos de Nat. Y el externo, lo que le transmiten sus sentidos sobre su alrededor, de los lugares que visita y las personas con las que dialoga. En la interacción entre un plano y otro, pequeño, pero vivencialmente infinito el primero, e ilimitado, pero de experiencia y conocimiento muy limitado el segundo, es donde está el choque y el conflicto en el que nos sume la también autora de Un incendio invisible (2017).

Cuando todo confluye y está alineado, los días transcurren con paz y el futuro se contempla como un horizonte de posibilidades. Pero cuando surge algo desestabilizador, una presencia incómoda o el amor del título, generando movimientos interiores inimaginables, la solidez de la componenda vital se tambalea. Un punto de no retorno al que Sara nos ha llevado en un camino muy bien trazado. Tanto que ni nos habíamos dado cuenta de que además de un hogar y un círculo relacional, habíamos levantado las paredes de una emotividad que ahora nos confunden y amenazan con atraparnos y condenarnos no sabemos muy bien a qué.

Lo brillante es que su estilo y su posicionamiento como narradora omnisciente no cambian. Su respeto por ese ente superior que es el destino, y su cautela ante la posición de intervenir y alterar la realidad, hace que nos traslade a nosotros, ya convertidos en Nat, la tensión, el desasosiego y la alteración de la supuesta paz interior que queríamos conseguir en este lugar de paisajes áridos, noches ladradas y climatología continental. Una angustia que se acrecienta tanto por la incredulidad de lo que nos está ocurriendo como por el ritmo con que no es transmitido. Con el mismo tempo que procedía anteriormente, lo que revela la extraordinaria capacidad de Mesa para captar y transmitir no solo lo sensorial, sino también lo que solo se percibe a través de un acercamiento pulcro, una observación sistémica, un análisis conductual y un procesamiento emocional.  

Un amor, Sara Mesa, 2020, Editorial Anagrama.

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