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“Calígula” de Albert Camus

Inteligente texto sobre el sentido y ejercicio del poder, sus consecuencias y sus límites utilizando el lenguaje no solo como medio de expresión, sino también como campo de batalla y arma de esa lucha.

Caligula

Comienza la obra con un hombre cuya supuesta fidelidad a su corazón provoca perplejidad entre sus congéneres (– Se trata de un asunto amoroso – Ese tipo de enfermedades de las q no se libran ni los inteligentes ni los tontos) para después ser alguien comprometido hasta sus últimas consecuencias con los principios que guían su liderazgo político. Labor en la que Calígula se sirve de las contradicciones que tiene el lenguaje en su construcción y uso. Un emperador, entre tirano tímido e iluminado incomprendido, a través del cual Albert Camus plantea un enredado y asfixiante juego de preguntas y respuestas no siempre relacionadas sobre el poder, las jerarquías y el valor y sentido de la vida tanto a nivel individual como colectivo.

En una primer nivel Camus expone una feroz crítica al ejercicio del poder de aquellos no preparados para ello (- Un senador se hace en un día, un trabajador cuesta diez años – Me temo q se necesiten veinte para convertir a un senador en un trabajador), casta que se prorroga utilizando para ello los propios instrumentos del estado (No es más inmoral robar directamente a los ciudadanos que gravar con impuestos indirectos los artículos de primera necesidad) sin pudor alguno (…es preferible gravar el vicio que explotar la virtud…) hasta el punto de perder la conexión con la realidad, entendiéndolo solo como derechos y no también como deberes (el poder brinda una oportunidad a lo imposible… mi libertad dejará de tener límites).

Pero esto no es más que la punta de lanza, la excusa de a dónde el Premio Nobel de Literatura de 1957 se propuso conducirnos en 1945 cuando estrenó este drama, al sentido de ese poder. ¿De qué me sirve tan tremendo poder si no puedo cambiar el orden de las cosas? Es ahí, en esa lucha de Calígula contra la lógica y los límites de las posibilidades del hombre donde radica la intensidad de esta función. Del deseo a la impotencia del emperador (algo que no sabe a sangre, ni a muerte, ni a fiebre, sino a todo eso a la vez) y de ahí a la furia mientras sus súbditos pasan de la inquietud a la incertidumbre y de ésta al miedo y el pánico. Mientras él experimenta a dónde no llega el poder, a lo que está más allá del hombre, su pueblo sí comprueba los niveles que puede alcanzar, hasta hacerse animal y canibalizar su condición moral y racional. Algo que no es nuevo, que ya existe, la única novedad radica en el grado absoluto con el que ahora lo sufren frente al destilado con el que muchos de sus miembros lo habían ejercido hasta ahora.

Utilizando como escenario el imperio romano del s. I, Camus se hace preguntas sobre el mundo de las primeras décadas del s. XX que él habitó. ¿Qué clase de sociedad se construye entonces así? ¿Existe entre los hombres alguno que trate a sus congéneres como a un igual? Camus lo consideraba difícil, un hombre de honor es un animal tan raro en este mundo que no sé si podría aguantar mucho rato su presencia.

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La noche

Noche1

Abro los ojos. Estoy confuso. ¿Qué ocurre? ¿Qué me ha pasado? Respiro. Recupero la plena conciencia. No soy yo. No me ha ocurrido nada. No ha pasado nada. Me quedé dormido. He despertado siendo ya de noche. ¿Dónde estoy? No veo nada. La noche es dura. Los faros del coche apenas le roban la intuición de algo definido. Unos trazos que bocetan un árbol aquí. Unos arbustos allá. Un suelo arcilloso. Una señal con un texto ilegible al fondo. Hay algo. No sé qué es. Es definido. No es nada. No es vacío. Es materia. Ocupa un espacio concreto. Se intuye que tiene vida.

Apagamos el motor. Paramos. Bajo yo solo del coche. Busco el silencio. Pero no lo oigo. Se escucha una respiración. ¿Esto es la realidad o una ficción que nos ha atrapado? ¿Saldrá alguien de ahí? ¿O vendrá de detrás de nosotros y veremos como lo invisible se lo engulle? Alerta. Puede ser en cualquier momento. En tensión. Todos los músculos del cuerpo cargados de adrenalina. Listos. Preparado para lo que sea necesario. Para huir. Para enfrentarme. Para mantener la calma. El deseo del bien sobre el mal. Mas no para esperar. No para sentirme observado. Indefinido. Cosificado. Controlado. Dominado.

Se suceden los segundos. Se forman los minutos. Cada uno igual que el anterior. Pero sentido más largo. Más denso. Más intenso. Inversamente proporcionales al latido de mi corazón. Acelerado. Disparado. Contenido para no salirse de su sitio. Esforzándose por no hacerse notar. Por no hacerse dueño de mí. Esforzándome yo por controlar la situación. Autocontrol. Casi duele. Ahoga el esfuerzo. La angustia. La ansiedad. La incertidumbre.

Silencio. Sigue el falso silencio. Y ni una luz. Ni un murmullo. Ni un pequeño ruido. Un todo igual in crescendo.  ¿Por cuánto tiempo así? ¡Basta! ¡Por favor!  Que esto termine. O acabará conmigo. Pregunto. ¿Quién está ahí? Alzo la voz. ¿Quién eres? Grito. ¿Qué buscas? Grito más fuerte. Aún más fuerte. ¿Qué quieres? Unos segundos después me escucho. ¿Qué quieres? Oigo mi voz más débil. El eco de mi voz. Me respondo. Irme de aquí. Nos vamos.

Noche2

(Fotografías tomadas en Lauca, Angola, el 27 de Octubre de 2014, inspiradas en obras de José Carlos Naranjo como “El camino”, por la que ganó en 2013 el XXVIII Premio BMW de pintura).

Ganador-28-Premio-BMW-de-Pintura.-Jose-Carlos-Naranjo.-El-Camino