Archivo de la etiqueta: Almudena Grandes

10 novelas de 2018

Títulos publicados tanto a lo largo de los últimos meses como en años anteriores. Autores españoles y residentes en EE.UU. Recuerdos de la infancia, frescos históricos, crónicas sobre el amor y el desamor y denuncias de la injusticia y la desigualdad.

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“V y V. Violación y venganza” de Pilar Bellver. Con la estructura y el desarrollo tranquilo y de amplio alcance de los clásicos de la literatura del XIX a los que hace referencia, uniéndole una profunda exposición de sus personajes protagonistas a través de unos diálogos –conversados, redactados a mano o tecleados como e-mail- escritos de manera maestra. La historia de dos hermanas de apellido noble a lo largo de un tiempo –desde la pequeña España de los 80 hasta el mundo global del s. XXI- bajo el eterno freno y la pesada sombra del siempre omnipresente yugo invisible del heteropatriarcado.

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“Sol poniente” de Antonio Fontana. Volver la mirada a la Málaga de cuando se era niño para dejar aflorar los recuerdos de aquellos años en que se forjó nuestra identidad. Un ejercicio de intimidad en el que las palabras son el medio para llegar a las sensaciones que se quedaron grabadas en la piel, las verdaderas protagonistas de esta delicada novela. Un relato auténtico, que desprende nostalgia con simpatía y buen humor pero sin añoranzas sentimentales, celebrando que somos el resultado de quienes fuimos y de cuanto nos aconteció.

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“Las tres bodas de Manolita” de Almudena Grandes. Con su habitual saber hacer literario, Grandes desarrolla una serie de tramas en las que los acontecimientos históricos se combinan a la perfección con los dramas personales de sus protagonistas. El tercer episodio de su saga sobre el conflicto interminable que fue la Guerra Civil es una novela que nos permite conocer cómo era la vida de aquellos que intentaron mantener la ilusión a pesar de haber sido derrotados por el fascismo y continuar torturados por el franquismo.

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“El invitado amargo” de Vicente Molina Foix y Luis Cremades. El recuerdo del amor vivido visto con la perspectiva de las tres décadas transcurridas desde entonces. Del ímpetu, el desconocimiento y la experimentación de los que se inician como adultos al reposo, la retirada y el balance de los ya instalados en la madurez. Un intercambio folletinesco con dos voces narradoras, capítulos escritos por separado que enfrentan y complementan dos puntos de vista sobre un enamoramiento difuso y una relación que nunca terminó de cuajar pero que tampoco llegó a disolverse.

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“Llámame por tu nombre” de André Aciman. Una lograda expresión del deseo y la pasión a los diecisiete años. Una narración obsesiva que quiere entender lo que está sucediendo, anárquica en su búsqueda de palabras con las que expresarse, desesperada por convertirlas en hechos que hagan que las emociones individuales se conviertan en sensaciones compartidas. Una historia guiada por el latido del corazón y el impulso de la libido de sus protagonistas.

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“Un incendio invisible” de Sara Mesa. La bancarrota y hecatombe de Detroit le inspiran a Sara Mesa una historia sobre una ciudad apocalíptica en la que no quedan más que personas abandonadas o sin lugar al que ir. Una urbe en la que todo lo que conforma nuestro modelo de bienestar alcanza tal nivel de degradación que peligra hasta la convivencia y el carácter humano de las personas. Una inteligente y sugerente ficción que juega con logrado acierto a exponer, sin enjuiciar, la deriva moral de lo que está relatando.

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“Lecciones de abstinencia” de Tom Perrotta. A caballo entre la sátira y un despiadado realismo, esta novela muestra el control que el fundamentalismo religioso pretende tener de todo individuo convirtiendo su vida privada -el sexo, el consumo o los hábitos lúdicos- en un continuo campo de batalla. Un sarcástico retrato de la clase media estadounidense y de la decadencia de su modelo de sociedad, de su falta de cohesión, de sus endebles valores y de su falta de rumbo.

LeccionesDeAbstinencia

“Middlesex” de Jeffrey Eugenides. Varias buenas novelas en una única y genial. Un muy bien guiado recorrido por el mundo global que va de los conflictos entre Turquía y Grecia tras la I Guerra Mundial al Berlín posterior a la reunificación alemana pasando por el EE.UU. acogedor de miles de refugiados en los años 30 hasta la extensión del movimiento hippie en los 70. Dentro de él una saga familiar que aúna a la perfección lo antropológico y lo sociológico con lo vivencial y lo emocional. Y también un relato valiente, pedagógico, sensible y acertado sobre la verdad y la realidad de la intersexualidad.

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“Honrarás a tu padre” de Gay Talese. Excelente crónica publicada en 1971, entre la ficción literaria y la objetividad periodística, sobre la evolución de la Mafia en la ciudad de Nueva York –y sus ramificaciones en otras partes de EE.UU.- en la que las influencias y las luchas de poder se combinan con la vida personal y familiar de Bill Bonanno. Un sobresaliente retrato de las raíces, las motivaciones y los fines de aquellos que hacían de la ilegalidad –cuando no, la criminalidad- las coordenadas en las que desarrollaban sus trayectorias vitales.

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“Haz memoria” de Gema Nieto. La historia de tres generaciones de mujeres que es también la no contada de muchas familias de nuestro país. De un tiempo aun convulso que pide volver a él para calmar los asuntos pendientes, para darle luz a aquellos pasajes vividos a escondidas y después condenados al olvido. Una sentencia de negación que anuló el futuro de los que sobrevivieron y lastró a sus descendientes.

HazMemoria

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“Las tres bodas de Manolita” de Almudena Grandes

Con su habitual saber hacer literario, Grandes desarrolla una serie de tramas en las que los acontecimientos históricos se combinan a la perfección con los dramas personales de sus protagonistas. El tercer episodio de su saga sobre el conflicto interminable que fue la Guerra Civil es una novela que nos permite conocer cómo era la vida de aquellos que intentaron mantener la ilusión a pesar de haber sido derrotados por el fascismo y continuar torturados por el franquismo.

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Las palabras y la fluidez de Almudena Grandes son el corazón y el estómago, la espontaneidad de Manolita Perales, una joven que al tiempo que deseaba ver transformarse su cuerpo adolescente, observaba cómo la convulsión política y social de la II República fue utilizada como disculpa por unos pocos para iniciar una guerra que vapuleó a todos. Hundiendo a aquellos que eran y pensaban como los suyos –anarquistas, comunistas, socialistas- y dando el poder a los que establecieron, apoyaron y siguieron el dogma imperialista y el credo católico a partir de 1939.

El muy bien construido relato de Almudena nos permite ver lo que miran con detalle y perciben con inteligente intuición los ojos de Manolita. Casas destruidas, platos sin comida, hogares sin padres, cines sin películas, noches sin luz,…, el Madrid gris y ocre que queda tras el triunfo nacional en la Guerra Civil. Una situación que había tenido su prólogo en los tres años anteriores, pero al menos entonces se respiraba –como en las vivencias liberales de los que se ganaban el pan durante la noche o de los que no siguieron las convenciones sociales- un espíritu de lucha y un deseo de defender unos principios que hacía que los que estaban en Madrid mantuvieran la esperanza de recuperar una democracia que, aunque muy imperfecta y sin consolidar, había alcanzado unas cotas de libertad y de igualdad nunca antes conocidas en España.

La minuciosa labor de documentación de la también autora de Inés y la alegría y El lector de Julio Verne, y las azarosas travesías por las que hubo de transitar la joven Perales por las calles de Madrid y de Bilbao conforman el retrato de una época a la que aún no nos hemos acercado con la naturalidad con que ella lo hace. Una realidad dura y dolorosa en la que hasta el tacto del aire y el roce del agua resultaban hirientes ya que recordaban lo poco o nada que se tenía o se podía hacer para evitar el frío, el calor, el hambre, la suciedad o la enfermedad. Males que acrecentaban la humillación que infringía un sistema autoritario –cárceles hacinadas, prisioneros sin cargos, fusilados sin juicios- que convirtió a sus miles de empleados y millones de seguidores en autócratas con derecho a abusar, marginar y amenazar continuamente a todos aquellos que habían quedado marcados por estar del otro lado durante la contienda.

Una novela en la que el realismo de una serie de personajes que sí que existieron –tal y como relata Grandes en su epílogo final- se diluye en una apasionante ficción novelística que entretiene e intriga a partes iguales, acelerando el latido del corazón de su lector y anudando la boca de su estómago. Pero también le transmite esperanza e ilusión, la seguridad y la certeza invisible que te empodera cuando se es fiel a unos valores que van más allá de uno mismo, convirtiéndose entonces en principios sociales y compromisos políticos.

10 novelas de 2016

No todas fueron publicadas este año, algunas incluso décadas atrás, pero casi todas ellas tienen el denominador común de contar con protagonistas deseosos de comprender qué está pasando a su alrededor y de buscar ese punto, ya sea un lugar o un tiempo, en el que diferentes maneras de entender la vida puedan convivir pacíficamente.

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“Para acabar con Eddy Bellegueule” de Édouard Louis. De una manera cercana, directa y clara, el joven Édouard supera las expectativas que suscitó la atención crítica y mediática que tuvo su relato cuando se dio a conocer hace algo más de un año. Esta no es tan sólo la historia de un joven homosexual en un entorno que le rechaza por su orientación sexual. Es la exposición de un mundo en el que se lucha por sobrevivir y no verse arrastrado al fondo del pozo de la dignidad humana por la ignorancia intelectual y los prejuicios culturales de aquellos con los que se convive, así como de un entorno social sin opciones de futuro.

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“Los nombres del fuego” de Fernando J. López. Dos mundos separados por quinientos años, dos protagonistas unidas por un mismo deseo vital. Una historia de intriga y misterio en un escenario habitado por personajes sólidos y completos gracias al tratamiento de igual a igual que su creador establece con ellos. Un relato protagonizado por adolescentes llenos de ganas de vivir y de deseos por cumplir, un espejo en el que pueden verse reflejados todos los públicos.

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“Algún día este dolor te será útil” de Peter CameronTener 18 años no ha sido fácil para casi nadie. Y escribir sobre ello con honestidad menos aún. Con Cameron lo primero queda bien claro. De su mano, lo segundo se convierte en una historia llena de respeto y cercanía, sin condescendencia ni juicio alguno. Algún día… resulta una lectura apasionante por su estilo directo y sin adornos y unos diálogos ágiles, frescos y prolíficos con los que nos hace llegar el conflicto que es la vida cuando no se dispone de experiencia ni de conocimientos contrastados para hacer frente ni a las interrogantes ni a las expectativas de los demás.

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“Sudor” de Alberto Fuguet. Un profundo retrato del lado más visceral de las relaciones homosexuales y una disección sin escrúpulos de la cara interior del negocio editorial en una historia contada sin pudor ni vergüenza alguna, con una prosa sin adornos, articulada y plasmada con la misma informalidad, contaminación y suciedad con que nos comunicamos verbalmente.

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“Los besos en el pan” de Almudena Grandes. La vida transcurre por las calles y hogares de esta novela con la misma naturalidad y espontaneidad que en las ciudades y pueblos que habitamos cada uno de sus lectores.  Un relato verosímil sobre la cara humana de la crisis que llevamos viviendo desde hace casi una década. Historias cruzadas que encajan con la misma fluidez con que discurren en un equilibrio perfecto entre la ficción inspirada en la actualidad y el docudrama cinematográfico.

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“A Virginia le gustaba Vita” de Pilar Bellver. El relato con el que se abría Ábreme con cuidado a principios de año crece para convertirse en una excitante novela corta. Un intercambio epistolar lleno de sensibilidad a través del cual conocer cómo vivieron estas dos mujeres el proceso de enamorarse, su materialización carnal y la, similar y a la par tan diferente, vivencia posterior del sentimiento del amor recíproco.

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“Soldados de Salamina” de Javier Cercas. La Guerra Civil que comenzó hace 80 años es un tremendo agujero negro con muchas piezas aún por conocer y conectar tanto a aquel entonces como a nuestro presente. Una de esas, la de la supuesta salvación de morir fusilado del fundador de la Falange, Rafael Sánchez Mazas, es la que despierta la curiosidad de Cercas. Investigación, periodismo y ficción se combinan, se unen y se separan en esta historia que atrae por lo que cuenta y que destaca por haber tan pocas como ella.

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“Matar a un ruiseñor” de Harper Lee. Una historia sobre el artificio y la ilógica de los prejuicios racistas, clasistas y religiosos con los que la población blanca ha hecho de EE.UU. su territorio, a través de la mirada pura y libre de subjetividades de una niña a la que aún le queda para llegar a la adolescencia. Una prosa que discurre fluida, con una naturalidad que resulta aún más grande en su lectura humana que en su valor literario y con la que Lee creó un título que dice mucho, tanto sobre la época en él reflejada, los años 30, como de la del momento de su publicación, 1960.

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“París-Austerlitz” de Rafael Chirbes. Sin pudor alguno, sin nada que esconder, sin miedo ni vergüenza, sin lágrimas ya y sin más dolor que sufrir y padecer. Un relato con el corazón crujido, la mente explotada y el estómago descompuesto por la digestión nunca acabada del vínculo del amor, del fin de una relación imposible y del recuerdo amable y esclavo que siempre quedará dentro. Una joya esculpida con palabras en ese milimétrico punto de equilibrio entre el vómito emocional y el soporte de la razón, sabiéndose preso de las emociones pero también incapaz de ir más allá del vértice del acantilado al que nos llevan.

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“La ciudad de los prodigios” de Eduardo Mendoza. Una ficción que toma como base la historia real para con humor inteligente y sarcasmo incisivo mostrar cómo hemos evolucionado y crecido en lo material, pero siendo igual de desgraciados y canallas según nos toque vivir del lado de la miseria o de la abundancia. Un gran retrato de la ciudad de Barcelona y una aguda disección de los años que entre las Exposiciones Universales de 1888 y 1929 la proyectaron hacia la modernidad en una España empeñada en no evolucionar.

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“Los besos en el pan” de Almudena Grandes

La vida transcurre por las calles y hogares de esta novela con la misma naturalidad y espontaneidad que en las ciudades y pueblos que habitamos cada uno de sus lectores.  Un relato verosímil sobre la cara humana de la crisis que llevamos viviendo desde hace casi una década. Historias cruzadas que encajan con la misma fluidez con que discurren en un equilibrio perfecto entre la ficción inspirada en la actualidad y el docudrama cinematográfico.

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Los besos en el pan son la verdad, esos relatos que rara vez nos cuentan los medios de comunicación cuando dicen transmitirnos los acontecimientos que estamos viviendo. La prima de riesgo sube, el Gobierno no tiene ingresos suficientes y para que le cuadren las cuentas, recorta los presupuestos de sanidad, se ordena el cierre del centro de salud del barrio, los vecinos se manifiestan pidiendo que siga abierto,… Llegamos a ver alguna pieza de hasta un minuto en televisión, quizás un reportaje de dos, tres o cuatro páginas en un periódico o un suplemento dominical. Pero, ¿qué hay más allá de esa imagen de una familia –que tan rápido nos impacta como olvidamos- que no puede pagarse los medicamentos o la asistencia especializada o no puede desplazarse a donde le dicen que tiene que acudir ahora para recibir sus cuidados paliativos?

Tras esos gestos hay un largo recorrido de sueños e ilusiones que un día se vivieron como una satisfactoria realidad que poco a poco pasó a ser un escenario de lucha contra lo invisible y lo imposible. No bastó con asumir cambios ni convivir resignadamente con las dificultades, tras ellas llegaron los gastos inasumibles, las horas del día sin nada que hacer y la aceptación de la derrota, la sensación de apocalipsis. Una amalgama de nervios, ansiedad y desesperación que se tradujo en gestos adustos y conversaciones, si acaso, monosilábicas; lágrimas amargas y rostros que ya no saben sonreír. Silencios prolongados tras los que llegó la condena social de la soledad, que acaba siendo también auto infligida. Una condena previa a otra mayor en forma de aislamiento, depresiones, divorcios o radicalizaciones ideológicas.

Hasta ese cercano pozo de infinita oscuridad que nadie quiere ver ni aceptar llega Almudena Grandes en un ejercicio que tiene tanto de literario como de tremenda empatía con el género humano para mostrar las mil caras de esos muchos, miles, cientos de miles, millones incluso, afectados por eso que unos han llamado crisis y que otros creemos que es una asfixiante vuelta de tuerca del sistema social, político y económico en el que vivimos. Personas de carne y hueso y no solo números que conforman las estadísticas que se leen en despachos ajenos a nosotros, seres que se merecen ser escuchados y a los que solo les dedicamos una evasiva mirada cuando nuestros ojos se cruzan con los suyos. Pero Grandes es valiente y por eso la minuciosidad de lo que nos cuenta, la franca desnudez de sus descripciones y el vibrar de sus diálogos produce un profundo efecto conmovedor por su claridad y autenticidad.

Decenas de nombres y apellidos, de hombres y mujeres, casados y solteros, padres e hijos, hermanos y amigos, vecinos y compañeros de trabajos que confluyen, se cruzan, se unen, se separan, coinciden y divergen ayer, hoy y mañana con la misma anárquica precisión con que funciona cualquier red, sistema o medio que da servicio o coordina a una multitud indefinida de usuarios. Almudena nos lleva, nos hace ir y venir entre ellos sin establecer ninguna ruta a priori, pero haciendo que el camino resulte de una lógica aplastante y los pequeños detalles, instantes y momentos que nos relata, formen una completa panorámica 360º de nuestra sociedad y nuestro tiempo.

Por eso Los besos en el pan es una ficción que no solo nos resulta creíble y verosímil, sino también cercana. Sentimos como propio lo que les ocurre, piensan y escuchan los que la habitan; hacemos nuestra su impotencia y sensación de indefensión, así como su coraje y su capacidad para, a pesar de todo, sobrevivir, mantenerse en pie y confiar en un futuro mejor.

10 novelas de 2015

Son estas como podrían haber sido otras. Pero el destino, la coincidencia, el boca a boca y la búsqueda personal quisieron que fueran estos autores y estos títulos, editados en 2015 o en años anteriores, los que tras pasar por mis manos y atraer mi atención, me causaran una honda impresión durante su lectura y hayan dejado una huella profunda en mi recuerdo.

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“El cielo protector” de Paul Bowles. Una guía de cómo trascendernos  –tanto en el contacto horizontal con el otro como en la profundización vertical en uno mismo- y llegar así a cotas de la vida y de nosotros mismos en las que alcanzar dimensiones personales hasta ahora desconocidas e inconcebibles.

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“Estupor y temblores” de Amélie Nothomb. Acidez, ironía y sobriedad en un retrato sin tapujos de la realidad laboral (japonesa).

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“Los aires difíciles” de Almudena Grandes. Personajes que viven más allá de las páginas, un completo repaso desde la cotidianeidad a las últimas décadas de nuestra historia, un placer para el corazón, un estímulo para el cerebro.

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“El extranjero” de Albert Camus. Lo que decimos y hacemos nos define, unas veces como miembros de una cultura, de un país, otras sobre una manera de ver la vida y nuestro papel como seres humanos, algo que nos puede hacer aún más foráneos respecto a nuestros congéneres que las coordenadas geográficas.

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“Los lugares pequeños” de Paco Tomás. Muchas vidas acaban siendo un gran círculo. Por mucho tiempo que pase hay que volver al inicio para cerrar lo que no quedó curado o para concluir un proyecto de extraño sentido que se hizo grande con el trabajo meticuloso de cada día durante semanas, meses y años, muchos años.

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“Hombres sin mujeres” de Haruki Murakami. Siete relatos en los que el maestro nipón demuestra una vez más su hábil capacidad para mostrar lo que hay tras la capa visible de cada persona. Un camino hacia la intimidad combinado con sus habituales viajes por Japón, referencias musicales y un particular homenaje a Kafka.

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“Sumisión” de Michel Houellebecq. No es esta una novela sobre la islamización de Europa, sino sobre el fin de su identidad cultural cristiana -base de su supremacía intelectual durante más de un milenio- por sustentarse desde hace siglo y medio sobre un sistema social y económico cuya deriva en el contexto actual de globalidad le ha llevado a una ruina no solo material sino también, y fundamentalmente, moral.

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“Suburbana” de Claudio Mazza. Una de las novelas más íntima y humana, a la par que genialmente escrita, que haya leído en mucho tiempo. Un completo viaje hasta la esencia de lo que somos como personas y como miembros de una familia, y cómo nos influye en ambos planos el devenir del país que nos da la nacionalidad, en este caso la Argentina de las últimas décadas. Un volver narrado con una extraordinaria sensibilidad con el que cerrar el ciclo que se inició con la huida motivada por la imperiosa necesidad de vivir.

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“Nocturnos” de Kazuo Ishiguro. Con la música como fondo, marcando ritmo y subrayando cuanto ocurre; las narraciones, descripciones y diálogos de estos cinco relatos fluyen con una asombrosa naturalidad, una autenticidad con la que se disfruta como si la vida fuera algo tan etéreo y espiritual como mágico.

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“Lo peor de todo es la luz” de José Luis Serrano. Un doble recorrido de amor a través de dos parejas masculinas. Una unida por un compromiso de vida, la otra por el lazo de la amistad. Una real y recreada, la otra de ficción y, por tanto, imaginada. Una narrativa sinuosamente analítica, envolvente, que va más allá de lo visible, profundizando en sus personajes hasta llegar a ese momento inicial y mágico en que nacen las emociones y las sensaciones que se convierten en recuerdos de un pasado, que se desdibuja con el paso del tiempo, o derivan en sentimientos que perviven y evolucionan hasta convertirse en parte intrínseca de nuestra identidad y nuestro proyecto vital.

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“El lector de Julio Verne” de Almudena Grandes, dando voz a un pasado silenciado

El tercero de los “Episodios de una guerra interminable” de la brillante discípula de Benito Pérez Galdós es una historia tan completa y una lectura tan apasionante, no solo como el título anterior de la saga –“Inés y la alegría”- sino como cualquiera de sus otras novelas. Un emocionante viaje a la España rural, al retroceso franquista, a la guerra sorda de los años 40, a esa Historia (con mayúsculas) silenciada y a la que Almudena le da una voz fuerte y rotunda con la que ser conocida, reconocida y visibilizada.

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Apenas conocí a Nino, el canijo de nueve años que en unos meses en su mundo, y unas decenas de páginas en el mío, comienza a leer a Julio Verne, vino a mi memoria el Daniel “el Mochuelo” de “El camino” de Miguel Delibes (1950). Seis décadas median entre estos dos chavales, además del estilo propio de cada autor, que nos dicen mucho sobre la manera de mirar a aquellos tiempos en que en demasiadas ocasiones no se recordaba lo que se veía ni se decía lo que se pensaba. Mientras Delibes plasmaba una visión de descubrimiento, de conocimiento sensorial, casi una descripción etnográfica, Grandes expresa una búsqueda de la verdad, una mirada con ganas de entender los porqués de lo que ocurre y a través de la cual se descubren las injusticias y los desequilibrios originados por el ejercicio fascista del poder.

Como bien explica en las notas incluidas, Almudena ha recogido una serie de acontecimientos y personajes reales de la década de los años 40 en la sierra sur de la provincia de Jaén para a partir de ellos construir un complejo y detallado mapa de lugares, personas y sucesos que funciona como el más perfecto de los engranajes. Una exhaustiva cartografía geográfica y social que no solo es reflejo de lo que allí pasó, sino que es también un escenario a través del cual mostrar el espíritu vilipendiado de una nación sometida a la brutalidad y a la sinrazón.

Sin caer en sentimentalismos, juicios morales o arengas ideológicas, nos da a conocer una realidad en la que no había una correlación directa entre vencedores y vencidos con buenos y malos. Cualquier acción fuera de las pocas opciones que permitía el régimen, y nunca de posibilidad de cambio o de progreso, sería duramente castigada tanto de manera directa –sobre uno mismo- como indirecta –sobre el marido, la mujer, los hijos, los padres, los hermanos,…-. De ahí que lo correcto no fuera siempre lo justo, que lo conveniente fuera ético o que lo legal concordara con los derechos humanos. Esa es la falta de lógica de todo conflicto y la muestra de que la Guerra Civil Española no acabó el 1 de abril de 1939, sino que se extendió 36 años más bajo la figura de un caudillo que sin excusa ni fin alguno –si es que hay alguno que lo justifique- siguió violentando y humillando a sus conciudadanos.

Una realidad que Almudena no cuenta valiéndose del recurso literario de la intriga y el “nada es lo que parece”, no. Lo que ella hace con sus palabras es convertir la vida y todo lo que se puede percibir a través de los cinco sentidos en una experiencia envolvente. Las páginas de “El lector de Julio Verne” son para nosotros, al igual que para Nino son las de los libros que descubre en ese cortijo al que acude enviado por su padre guardia civil pero a espaldas de sus vecinos, un medio con el que poder acceder a un tiempo que no son solo acontecimientos anteriores a nuestro presente, sino también vivencias colectivas de las que somos herederos y descendientes.

Un brillante ejercicio literario que espero prolongar con “Las tres bodas de Manolita”, el cuarto título de los publicados hasta el día de hoy de las seis novelas que conformarán los “Episodios de una guerra interminable” de una de las mejores autoras en lengua castellana de nuestro tiempo.

Querida Almudena Grandes (a propósito de “Los aires difíciles”)

Personajes que viven más allá de las páginas, un completo repaso desde la cotidianeidad a las últimas décadas de nuestra historia, un placer para el corazón, un estímulo para el cerebro.

LosAiresDificiles

Vuelvo a escribirte después del periplo de 800 páginas en edición de bolsillo que me ha tenido viajando desde la costa de Cádiz a Madrid ida y vuelta, así como desde las primeras décadas del s. XX hasta un momento indeterminado de inicios de la centuria actual que es “Los aires difíciles”. Hace ya días que concluí la lectura, pero sigo con la sensación de que Juan, Sara, Maribel, Andrés, Tamara y Alfonso siguen flotando a mi alrededor allí donde voy. Quién sabe, cualquier día de estos te puede ocurrir como a Miguel de Unamuno en sus nivolas y que uno de tus personajes te diga que muchas gracias por haberle creado y que a partir de ahora él o ella decidirá por sí mismo su destino.

Tan bien los has descrito y dado vida a través de sus diálogos que no los he concebido como ficciones, sino como seres de carne y hueso con los que podría cruzarme en cualquier lado, en todos esos sitios donde tu novela me ha acompañado: en el metro en el que voy al trabajo de lunes a viernes, en el AVE que un día me trajo hasta Madrid desde Zaragoza sin darme cuenta de los kilómetros que estaba recorriendo, al levantar la vista hacia la calle cuando leía en el sofá de casa, en la cafetería en la que esperaba a un amigo,… Comenzarte ha sido una vez más un torrente, una carrera detrás de las palabras que conformaban tu propuesta deseando saber y conocer las historias que la formaban y los personajes que las protagonizaban. Entre unas y otros me he sentido avanzar en un camino tan impreciso, desordenado e ilógico como es la propia vida, intangible, etérea y nebulosa cuando miramos hacia adelante, pero que irónicamente resulta precisa, ordenada y lógica cuando echamos la vista atrás y observamos el camino ya transitado.

Ese deseo de futuro, construcción de presente y revisión de pasado se convierte de tu mano en auténtica literatura. Leyéndote, el recorrido vital que has creado se convierte en una experiencia que acompaña a su lector más allá del momento de tener tu volumen entre sus manos, narraciones sobre terceros que pasan a ser sensaciones y emociones, vivencias propias. Porque desde esos aspectos tan pequeños y tan nimios que se escapan de los textos académicos has escrito también sobre Historia, la que se inicia con una hache mayúscula, porque nos cuentas cómo se vivió y pensó a pie de calle durante un tiempo ya pasado, pero del que somos herederos y descendientes. Así, a través de escenas cotidianas como ganarse la vida planchando, fiestas de juventud, diálogos a la vera de una cocina de carbón, clases en academias nocturnas, paseos por Madrid en coches hoy ya descatalogados o cenas a altas horas de la noche en comedores llenos de humo vemos como nuestro país pasa etapa a etapa desde la horrenda Guerra Civil a la cruel posguerra, las duras décadas de franquismo, la ilusionante transición y la joven democracia hasta llegar a su consolidación con sus luces y sus sombras.

Con tu saber hacer, describiendo cada detalle, narrando cada acontecimiento, dialogando de viva voz cuanto se es capaz de decir y dejando para la cursiva interior las palabras que luego nos queman por dentro has construido un universo plagado de multitud de personas que te trasciende. Un mundo que tú creaste y que desde el momento en que lo publicaste tiene vida propia a partir de todo los que lo hemos leído, sentido y vivido. Un placer para el corazón, un estímulo para la razón, eso han sido para mí “Los aires difíciles”.