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10 ensayos de 2020

La autobiografía de una gran pintora y de un cineasta, un repaso a las maneras de relacionarse cuando la sociedad te impide ser libre, análisis de un tiempo histórico de lo más convulso, discursos de un Premio Nobel, reflexiones sobre la autenticidad, la dualidad urbanidad/ruralidad de nuestro país y la masculinidad…

“De puertas adentro” de Amalia Avia. La biografía de esta gran mujer de la pintura realista española de la segunda mitad del siglo XX transcurrió entre el Toledo rural y la urbanidad de Madrid. El primero fue el escenario de episodios familiares durante la etapa más oscura de la reciente historia española, la Guerra Civil y la dictadura. La capital es el lugar en el que desplegó su faceta creativa y la convirtió en el hilo conductor de sus relaciones artísticas, profesionales y sociales.

“Cruising. Historia íntima de un pasatiempo radical” de Alex Espinoza. Desde tiempos inmemoriales la mayor parte de la sociedad ha impedido a los homosexuales vivir su sexualidad con la naturalidad y libertad que procede. Sin embargo, no hay obstáculo insalvable y muchos hombres encontraron la manera de vehicular su deseo corporal y la necesidad afectiva a través de esta práctica tan antigua como actual.  

“Pensar el siglo XX” de Tony Judt. Un ensayo en formato entrevista en el que su autor recuerda su trayectoria personal y profesional durante la segunda mitad del siglo, a la par que repasa en un riguroso y referenciado análisis de las causas que motivaron y las consecuencias que provocaron los acontecimientos más importantes de este tiempo tan convulso.

“La maleta de mi padre” de Orhan Pamuk. El día que recibió el Premio Nobel de Literatura, este autor turco dedicó su intervención a contar cómo su padre le transmitió la vivencia de la escritura y el poder de la literatura, haciendo de él el autor que, tras treinta años de carrera y siete títulos publicados, recibía este preciado galardón en 2006. Un discurso que esta publicación complementa con otros dos de ese mismo año en que explica su relación con el proceso de creación y de lectura.

“El naufragio de las civilizaciones” de Amin Maalouf. Un análisis del estado actual de la humanidad basado en la experiencia personal, profesional e intelectual de su autor. Aunando las vivencias familiares que le llevaron del Líbano a Francia, los acontecimientos de los que ha sido testigo como periodista por todo el mundo árabe, y sus reflexiones como escritor.

“A propósito de nada” de Woody Allen. Tiene razón el neoyorquino cuando dice que lo más interesante de su vida son las personas que han pasado por ella. Pero también es cierto que con la aparición y aportación de todas ellas ha creado un corpus literario y cinematográfica fundamental en nuestro imaginario cultural de las últimas décadas. Un legado que repasa hilvanándolo con su propia versión de determinados episodios personales.

“Lo real y su doble” de Clément Rosset. ¿Cuánta realidad somos capaces de tolerar? ¿Por qué? ¿De qué mecanismos nos valemos para convivir con la ficción que incluimos en nuestras vidas? ¿Qué papel tiene esta ilusión? ¿Cómo se relaciona la verdad en la que habitamos con el espejismo por el que también transitamos?

“La España vacía” de Sergio del Molino. No es solo una descripción de la inmensidad del territorio nacional actualmente despoblado o apenas urbanizado, “Viaje por un país que nunca fue” es también un análisis de los antecedentes de esta situación. De la manera que lo han vivido sus residentes y cómo se les ha tratado desde los centros de poder, y retratado en medios como el cine o la literatura.

“Un hombre de verdad” de Thomas Page McBee. Reflexión sobre qué implica ser un hombre, cómo se ejerce la masculinidad y el modo en que es percibida en nuestro modelo de sociedad. Un ensayo escrito por alguien que no consiguió que su cuerpo fuera fiel a su identidad de género hasta los treinta años y se topa entonces con unos roles, suposiciones y respuestas que no conocía, esperaba o había experimentado antes.

“La caída de Constantinopla 1453” de Steven Runciman. Sobre cómo se fraguó, desarrolló y concluyó la última batalla del imperio bizantino. Los antecedentes políticos, religiosos y militares que tanto desde el lado cristiano como del otomano dieron pie al inicio de una nueva época en el tablero geopolítico de nuestra civilización.

10 novelas de 2020

Publicadas este año y en décadas anteriores, ganadoras de premios y seguro que candidatas a próximos galardones. Historias de búsquedas y sobre la memoria histórica. Diálogos familiares y continuaciones de sagas. Intimidades epistolares y miradas amables sobre la cotidianidad y el anonimato…

“No entres dócilmente en esa noche quieta” de Rodrigo Menéndez Salmón. Matar al padre y resucitarlo para enterrarlo en paz. Un sincero, profundo y doloroso ejercicio freudiano con el que un hijo pone en negro sobre blanco los muchos grises de la relación con su progenitor. Un logrado y preciso esfuerzo prosaico con el que su autor se explora a sí mismo con detenimiento, observa con detalle el reflejo que le devuelve el espejo y afronta el diálogo que surge entre los dos.

“El diario de Edith” de Patricia Highsmith. Un retrato de la insatisfacción personal, social y política que se escondía tras la sonrisa y la fotogenia de la feliz América de mediados del siglo XX. Mientras Kennedy, Lyndon B. Johnson y Nixon hacían de las suyas en Vietnam y en Sudamérica, sus ciudadanos vivían en la bipolaridad de la imagen de las buenas costumbres y la realidad interior de la desafección personal, familiar y social.

“Mis padres” de Hervé Guibert. Hay escritores a los imaginamos frente a la página en blanco como si estuvieran en el diván de un psicólogo. Algo así es lo que provoca esta sucesión de momentos de la vida de su autor, como si se tratara de una serie fotográfica que recoge acontecimientos, pensamientos y sensaciones teniendo a sus progenitores como hilo conductor, pero también como excusa y medio para mostrarse, interrogarse y dejarse llevar sin convenciones ni límites literarios ni sociales.

“Como la sombra que se va” de Antonio Muñoz Molina. Los diez días que James Earl Gray pasó en Lisboa en junio de 1968 tras asesinar a Martin Luther King nos sirven para seguir una doble ruta. Adentrarnos en la biografía de un hombre que caminó por la vida sin rumbo y conocer la relación entre Muñoz Molina y esta ciudad desde su primera visita en enero de 1987 buscando inspiración literaria. Caminos que enlaza con extraordinaria sensibilidad y emoción con otros como el del movimiento de los derechos civiles en EE.UU. o el de su propia maduración y evolución personal.

“La madre de Frankenstein” de Almudena Grandes. El quinto de los “Episodios de una guerra interminable” quizás sea el menos histórico de todos los publicados hasta ahora, pero no por eso es menos retrato de la España dibujada en sus páginas. Personajes sólidos y muy bien construidos en una narrativa profunda en su recorrido y rica en detalles y matices, en la que todo cuanto incluye y expone su autora constituye pieza fundamental de un universo literario tan excitante como estimulante.

“El otro barrio” de Elvira Lindo. Una pequeña historia que alberga todo un universo sociológico. Un relato preciso que revela cómo lo cotidiano puede esconder realidades, a priori, inimaginables. Una narración sensible, centrada en la brújula emocional y relacional de sus personajes, pero que cuida los detalles que les definen y les circunscriben al tiempo y espacio en que viven.

“pequeñas mujeres rojas” de Marta Sanz. Muchas voces y manos hablando y escribiendo a la par, concatenándose y superponiéndose en una historia que viene y va desde nuestro presente hasta 1936 deconstruyendo la realidad, desvelando la cara oculta de sus personajes y mostrando la corrupción que les une. Una redacción con un estilo único que amalgama referencias y guiños literarios y cinematográficos a través de menciones, paráfrasis y juegos tan inteligentes y ácidos como desconcertantes y manipuladores.

“Un amor” de Sara Mesa. Una redacción sosegada y tranquila con la que reconocer los estados del alma y el cuerpo en el proceso de situarse, conocerse y comunicarse con un entorno que, aparentemente, se muestra tal cual es. Una prosa angustiosa y turbada cuando la imagen percibida no es la sentida y la realidad da la vuelta a cuanto se consideraba establecido. De por medio, la autoestima y la dignidad, así como el reto que supone seguir conociéndonos y aceptándonos cada día.

“84, Charing Cross Road” de Helene Hanff. Intercambio epistolar lleno de autenticidad y honestidad. Veinte años de cartas entre una lectora neoyorquina y sus libreros londinenses que muestran la pasión por los libros de sus remitentes y retratan la evolución de los dos países durante las décadas de los 50 y los 60. Una pequeña obra maestra resultado de la humildad y humanidad que destila desde su primer saludo hasta su última despedida.

“Los chicos de la Nickel” de Colson Whitehead. El racismo tiene muchas manifestaciones. Los actos y las palabras que sufren las personas discriminadas. Las coordenadas de vida en que estos les enmarcan. Las secuelas físicas y psíquicas que les causan. La ganadora del Premio Pulitzer de 2020 es una novela austera, dura y coherente. Motivada por la exigencia de justicia, libertad y paz y la necesidad de practicar y apostar por la memoria histórica como medio para ser una sociedad verdaderamente democrática.

“Un hombre de verdad” de Thomas Page McBee

Estas “Lecciones de un boxeador que peleaba para abrazar mejor” conforman una interesante reflexión sobre qué implica ser un hombre, cómo se ejerce la masculinidad y el modo en que es percibida en nuestro modelo de sociedad. Un ensayo escrito por alguien que no consiguió que su cuerpo fuera fiel a su identidad de género hasta los treinta años y se topa entonces con unos roles, suposiciones y respuestas que no conocía, esperaba o había experimentado antes.

Cuando Thomas comenzó a inyectarse testosterona como parte de su proceso de transición, no solo experimentó cambios físicos (su complexión física se ensanchó, le surgió vello y su voz se hizo más grave), también notó que su entorno le consideraba de otra manera. Cuando hablaba, le prestaban más atención. Si se cruzaba con una mujer en un lugar con poca luz, sentía cómo esta se ponía tensa. De repente, algunos hombres se dirigían hacia él con una actitud retadora, violenta incluso.

Para entender qué estaba pasando, propuso a la revista en la que trabajaba escribir un reportaje sobre la relación entre los hombres y la violencia a partir de lo que viviera y sintiera preparándose para tomar parte en un combate de boxeo benéfico en el Madison Square Garden. Cinco meses de entrenamiento en dos gimnasios, cruces y comentarios en los vestuarios, horas de preparación física y mental con contrincantes y entrenadores, golpes hasta la extenuación en el ring…

Una exigente práctica física en la que se introdujo como principiante, que después le poseyó confundiéndole y enajenándole por momentos, pero en la que poco a poco consiguió encontrarse haciendo frente a sus dudas y miedos. Así hasta acabar entendiendo las paradojas y la alegoría sobre la condición humana -así como sobre sí mismo (su biografía, su personalidad y su pensamiento)- que, según él, es este deporte tan controvertido y tenido como un epítome de la masculinidad, del poder y las capacidades del hombre como luchador y estratega.  

Decir a los prejuiciosos y presuntuosos que Un hombre de verdad no trata sobre la vivencia, la aceptación o los posibles conflictos de la transexualidad. Afortunadamente, la fortaleza mental, la sensibilidad humana y la sinceridad emocional de Page McBee están más allá de eso, lo que le hizo darse cuenta, con su entrada en la masculinidad, de cómo se generan, transmiten y perpetúan las actitudes que el heteropatriarcado ha ejercido sobre mujeres y hombre no heterosexuales desde el principio de los tiempos. Y lo peor de todo, como él incluso, asumía inconscientemente algunas de ellas.

Un filtro de catalogación de la humanidad -el de la orientación sexual- que se complementa con otros como el de la raza o la posición social. Una triada sobre la que indagó tratando con historiadores, sociólogos, antropólogos o psicólogos con el fin de entender los porqués y cómo esto estructura y condiciona a nuestra sociedad. Artificios sin fundamentación alguna que hacen que nuestras relaciones individuales, colectivas y sistémicas se basen más en el conflicto que en la colaboración y en la diferencia que en la semejanza, con la consiguiente pérdida de energía y bienestar para todos y cada uno de nosotros.

Un ejemplo de introspección y sinceridad personal que me ha hecho recordar el Autorretrato de un macho disidente (Huso Editorial, 2017) de Octavio Salazar, y un deseo de conocer y comprender que, de haber estado ambientado en nuestro país, hubiera podido apoyarse en lo que Ramón Martínez cuenta en La cultura de la homofobia y cómo acabar con ella (Editorial Egales, 2017).

Un hombre de verdad, Thomas Page McBee, 2019, Temas de Hoy.

“Mis padres” de Hervé Guibert

Hay escritores a los imaginamos frente a la página en blanco como si estuvieran en el diván de un psicólogo. Algo así es lo que provoca esta sucesión de momentos de la vida de su autor, como si se tratara de una serie fotográfica que recoge acontecimientos, pensamientos y sensaciones teniendo a sus progenitores como hilo conductor, pero también como excusa y medio para mostrarse, interrogarse y dejarse llevar sin convenciones ni límites literarios ni sociales.

Escuché por primera vez el nombre de Hervé Guibert hace ahora un año. Un amigo me recomendó visitar la exposición de sus fotografías que acogía la Fundación Loewe en el marco de PhotoEspaña. Acudí a la Gran Vía y no solo vi confirmado lo que él me había transmitido, sino que me quedé con la honda impresión de que en aquellas imágenes había mucho más de lo que se veía. Todavía hoy me ronda la certeza de que todas y cada una de aquellas instantáneas tienen tras de sí una hondura narrativa, emocional y visceral que confluían en el momento en que Guibert hacía click con su cámara, pero que venía de lejos y que continuaría mucho más allá. Al menos hasta el 27 de diciembre de 1991, el día en que murió por esa maldición de los 80 que fue el sida.

El pasado febrero Cabaret Voltaire editó en castellano este título que Hervé publicó en 1986, cuando contaba con 30 años. Los astros se alineaban y me daban la oportunidad de adentrarme en esas coordenadas por las que sentía curiosidad desde meses atrás. El resultado ha sido extrañamente placentero, con un punto perturbador, pero la conclusión es que ahora tengo más ganas de conocer a Guibert. Pena que no existan las máquinas del tiempo.

Fundamentalmente por lo que consigue con este conjunto de pequeños episodios en los que recoge instantes, encuentros y anécdotas en los que refleja cómo creció y se fue formando como individuo, hasta independizarse, en el contexto de una familia tan peculiar y anodina como cualquier otra. Renegando y odiando a los que le engendraron, pero también amándolos y agradeciéndoles que le hubieran dado la vida.

Un recorrido cronológico que comienza antes de que él llegara al mundo y que, con el prisma de qué hizo que sus padres se convirtieran en pareja, continúa con los recuerdos de infancia. Un inicio narrativo formado por una recopilación de triángulos de convivencia familiar, hechos que le marcaron por lo que tuvieron de trascendente o de descubrimiento, y sensaciones que perduran. La etapa adolescente resulta más poética, lírica, producto del torrente emocional ligado al impulso y las experiencias sexuales, el descubrimiento del teatro y de su posicionamiento individual en el mundo, en una simbiosis de distanciamiento natural de los suyos y un muy particular complejo de Edipo combinado con su impudorosa homosexualidad.

El relato final, el adulto, parece estar planteado como algo desatado, anacrónico y primario, pero tras esa escritura automática, surrealista y onírica, se esconde un mar de fondo que cuadra el círculo y completa los 360 grados de su exterioridad. Demuestra que tras esa aparente traca final de impulsos, hay un proyecto, una visión y un objetivo, una persona que se muestra, un discurso que se expone sin figuras retóricas y un universo tan bizarro y similar a cualquier otro al que nos invita abriéndonos las puertas de par en par.  

Mis padres, Hervé Guibert, 2020, Cabaret Voltaire.

“La noche es virgen”, pero tiene muchas ganas, de Jaime Baily

Más que las andanzas de Gabriel Barrios, cómo es su vida en Lima, su trabajo en la tele y sus peripecias nocturnas, lo apasionante de esta novela es cómo lo cuenta su autor. Combinando acertadamente el relato profuso de lo que ven sus ojos con el dictado acelerado de su cerebro alterado por el consumo de estupefacientes. Una prosa casi salvaje, manejada sin frenos y dando como resultado una novela tan arriesgada como valiente en su planteamiento y resolución.

Jaime Baily se incrusta en la piel, los ojos y la mente de su personaje y deja de ser autor para convertirse en transcriptor de lo que aquel ve, habla, escucha, piensa y siente. No aplica filtro, juicio ni prejuicio, y nos traslada con fidelidad absoluta sus vivencias de joven pudiente, hijo de buena familia y presentador de televisión de éxito, a caballo entre el ocio, la fiesta y el disfrute. Hasta que una noche conoce en el bar al que suele acudir, El Cielo, a un músico, un muchacho que se le sitúa entre ceja y ceja, en el pecho y entre las piernas, como una obsesión total. Un deseo físico, un pálpito genital y un latido en el corazón que le harán comportarse con menos vergüenza aún de la que nunca tuvo.

Sólo hay dos asuntos que impiden que sus correrías no se conviertan en un tobogán de caída libre, el peso de la fama y que su homosexualidad no es aún algo público y normalizado. Circunstancia que no vive como un gran pesar, más bien como un elemento más de su hartura por las limitaciones que supone el contexto de una sociedad tan pacata, pueril y poco formada como la peruana; residir en una capital sin atractivo urbano, artístico o social y ser ciudadano de un país sumido en la corrupción y el terrorismo (el Perú de mediados de la década de los 90).

Por eso es que en su día a día lo que prima son los impulsos, expresados como caprichos, vehiculados a golpe de visceralidad y materializados por sus posibilidades materiales y su procaz comportamiento. Una manera de sentir, pensar y actuar a la que Jaime Baily le pone una voz cargada de la sexualidad que exuda Gabrielito en todo momento, y de la sugerencia, sensualidad y entrega que le provoca cuanto le atrae (principalmente hombres, pero también mujeres). Una fabulación filtrada por los efectos físicos, psíquicos y psiquiátricos de cuanto consume de manera continua (lo mismo es alcohol que marihuana o cocaína) y con una forma literaria de lo más expresiva, sin letras mayúsculas, con tipografía cursiva para los diálogos y regular para lo que es narración.

Pero más allá de su protagonista, La noche es virgen ofrece también un retrato ácido y sarcástico de la clase alta de su país, obsesionada a la manera norteamericana por las marcas, anulada intelectualmente por la vacuidad de los contenidos y mensajes de sus medios de comunicación, anárquica en el cumplimiento de las normas que favorezcan la convivencia comunitaria, xenófoba con los pueblos indígenas, materialmente clasista, intolerante con todo aquello que no cumpla lo marcado por los principios del heteropatriarcado e hipócritamente católica.

La noche es virgen, Jaime Bayly, 1997, Editorial Anagrama.

10 novelas de 2018

Títulos publicados tanto a lo largo de los últimos meses como en años anteriores. Autores españoles y residentes en EE.UU. Recuerdos de la infancia, frescos históricos, crónicas sobre el amor y el desamor y denuncias de la injusticia y la desigualdad.

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“V y V. Violación y venganza” de Pilar Bellver. Con la estructura y el desarrollo tranquilo y de amplio alcance de los clásicos de la literatura del XIX a los que hace referencia, uniéndole una profunda exposición de sus personajes protagonistas a través de unos diálogos –conversados, redactados a mano o tecleados como e-mail- escritos de manera maestra. La historia de dos hermanas de apellido noble a lo largo de un tiempo –desde la pequeña España de los 80 hasta el mundo global del s. XXI- bajo el eterno freno y la pesada sombra del siempre omnipresente yugo invisible del heteropatriarcado.

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“Sol poniente” de Antonio Fontana. Volver la mirada a la Málaga de cuando se era niño para dejar aflorar los recuerdos de aquellos años en que se forjó nuestra identidad. Un ejercicio de intimidad en el que las palabras son el medio para llegar a las sensaciones que se quedaron grabadas en la piel, las verdaderas protagonistas de esta delicada novela. Un relato auténtico, que desprende nostalgia con simpatía y buen humor pero sin añoranzas sentimentales, celebrando que somos el resultado de quienes fuimos y de cuanto nos aconteció.

SolPoniente

“Las tres bodas de Manolita” de Almudena Grandes. Con su habitual saber hacer literario, Grandes desarrolla una serie de tramas en las que los acontecimientos históricos se combinan a la perfección con los dramas personales de sus protagonistas. El tercer episodio de su saga sobre el conflicto interminable que fue la Guerra Civil es una novela que nos permite conocer cómo era la vida de aquellos que intentaron mantener la ilusión a pesar de haber sido derrotados por el fascismo y continuar torturados por el franquismo.

LasTresBodasDeManolita

“El invitado amargo” de Vicente Molina Foix y Luis Cremades. El recuerdo del amor vivido visto con la perspectiva de las tres décadas transcurridas desde entonces. Del ímpetu, el desconocimiento y la experimentación de los que se inician como adultos al reposo, la retirada y el balance de los ya instalados en la madurez. Un intercambio folletinesco con dos voces narradoras, capítulos escritos por separado que enfrentan y complementan dos puntos de vista sobre un enamoramiento difuso y una relación que nunca terminó de cuajar pero que tampoco llegó a disolverse.

ElInvitadoAmargo

“Llámame por tu nombre” de André Aciman. Una lograda expresión del deseo y la pasión a los diecisiete años. Una narración obsesiva que quiere entender lo que está sucediendo, anárquica en su búsqueda de palabras con las que expresarse, desesperada por convertirlas en hechos que hagan que las emociones individuales se conviertan en sensaciones compartidas. Una historia guiada por el latido del corazón y el impulso de la libido de sus protagonistas.

LlamamePorTuNombre

“Un incendio invisible” de Sara Mesa. La bancarrota y hecatombe de Detroit le inspiran a Sara Mesa una historia sobre una ciudad apocalíptica en la que no quedan más que personas abandonadas o sin lugar al que ir. Una urbe en la que todo lo que conforma nuestro modelo de bienestar alcanza tal nivel de degradación que peligra hasta la convivencia y el carácter humano de las personas. Una inteligente y sugerente ficción que juega con logrado acierto a exponer, sin enjuiciar, la deriva moral de lo que está relatando.

UnIncendioInvisible

“Lecciones de abstinencia” de Tom Perrotta. A caballo entre la sátira y un despiadado realismo, esta novela muestra el control que el fundamentalismo religioso pretende tener de todo individuo convirtiendo su vida privada -el sexo, el consumo o los hábitos lúdicos- en un continuo campo de batalla. Un sarcástico retrato de la clase media estadounidense y de la decadencia de su modelo de sociedad, de su falta de cohesión, de sus endebles valores y de su falta de rumbo.

LeccionesDeAbstinencia

“Middlesex” de Jeffrey Eugenides. Varias buenas novelas en una única y genial. Un muy bien guiado recorrido por el mundo global que va de los conflictos entre Turquía y Grecia tras la I Guerra Mundial al Berlín posterior a la reunificación alemana pasando por el EE.UU. acogedor de miles de refugiados en los años 30 hasta la extensión del movimiento hippie en los 70. Dentro de él una saga familiar que aúna a la perfección lo antropológico y lo sociológico con lo vivencial y lo emocional. Y también un relato valiente, pedagógico, sensible y acertado sobre la verdad y la realidad de la intersexualidad.

Middlesex

“Honrarás a tu padre” de Gay Talese. Excelente crónica publicada en 1971, entre la ficción literaria y la objetividad periodística, sobre la evolución de la Mafia en la ciudad de Nueva York –y sus ramificaciones en otras partes de EE.UU.- en la que las influencias y las luchas de poder se combinan con la vida personal y familiar de Bill Bonanno. Un sobresaliente retrato de las raíces, las motivaciones y los fines de aquellos que hacían de la ilegalidad –cuando no, la criminalidad- las coordenadas en las que desarrollaban sus trayectorias vitales.

HonrarasATuPadre

“Haz memoria” de Gema Nieto. La historia de tres generaciones de mujeres que es también la no contada de muchas familias de nuestro país. De un tiempo aun convulso que pide volver a él para calmar los asuntos pendientes, para darle luz a aquellos pasajes vividos a escondidas y después condenados al olvido. Una sentencia de negación que anuló el futuro de los que sobrevivieron y lastró a sus descendientes.

HazMemoria

10 películas de 2018

Cine español, francés, ruso, islandés, polaco, alemán, americano…, cintas con premios y reconocimientos,… éxitos de taquilla unas y desapercibidas otras,… mucho drama y acción, reivindicación política, algo de amor y un poco de comedia,…

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120 pulsaciones por minuto. Autenticidad, emoción y veracidad en cada fotograma hasta conformar una completa visión del activismo de Act Up París en 1990. Desde sus objetivos y manera de funcionar y trabajar hasta las realidades y dramas individuales de las personas que formaban la organización. Un logrado y emocionante retrato de los inicios de la historia de la lucha contra el sida con un mensaje muy bien expuesto que deja claro que la amenaza aún sigue vigente en todos sus frentes.

Call me by your name. El calor del verano, la fuerza del sol, el tacto de la luz, el alivio del agua fresca. La belleza de la Italia de postal, la esencia y la verdad de lo rural, la rotundidad del clasicismo y la perfección de sus formas. El mandato de la piel, la búsqueda de las miradas y el corazón que les sigue. Deseo, sonrisas, ganas, suspiros. La excitación de los sentidos, el poder de los sabores, los olores y el tacto.

Sin amor. Un hombre y una mujer que ni se quieren ni se respetan. Un padre y una madre que no ejercen. Dos personas que no cumplen los compromisos que asumieron en su pasado. Y entre ellos un niño negado, silenciado y despreciado. Una desoladora cinta sobre la frialdad humana, un sobresaliente retrato de las alienantes consecuencias que pueden tener la negación de las emociones y la incapacidad de sentir.

Yo, Tonya. Entrevistas en escenarios de estampados imposibles a personajes de lo más peculiar, vulgares incluso. Recreaciones que rescatan las hombreras de los 70, los colores estridentes de los 80 y los peinados desfasados de los 90,… Un biopic en forma de reality, con una excepcional dirección, que se debate entre la hipérbole y la acidez para revelar la falsedad y manipulación del sueño americano.

Heartstone, corazones de piedra. Con mucha sensibilidad y respetando el ritmo que tienen los acontecimientos que narra, esta película nos cuenta que no podemos esconder ni camuflar quiénes somos. Menos aun cuando se vive en un entorno tan apegado al discurrir de la naturaleza como es el norte de Islandia. Un hermoso retrato sobre el descubrimiento personal, el conflicto social cuando no se cumplen las etiquetas y la búsqueda de luz entre ambos frentes.

Custodia compartida. El hijo menor de edad como campo de batalla del divorcio de sus padres, como objeto sobre el que decide la justicia y queda a merced de sus decisiones. Hora y media de sobriedad y contención, entre el drama y el thriller, con un soberbio manejo del tiempo y una inteligente tensión que nos contagia el continuo estado de alerta en que viven sus protagonistas.

El capitán. Una cinta en un crudo y expresivo blanco y negro que deja a un lado el basado en hechos reales para adentrarse en la interrogante de hasta dónde pueden llevarnos el instinto de supervivencia y la vorágine animal de la guerra. La sobriedad de su fotografía y la dureza de su dirección construyen un relato árido y áspero sobre esa línea roja en que el alma y el corazón del hombre pierden todo rastro y señal de humanidad.

El reino. Ricardo Sorogoyen pisa el pedal del thriller y la intriga aún más fuerte de lo que lo hiciera en Que Dios nos perdone en una ficción plagada de guiños a la actualidad política y mediática más reciente. Un guión al que no le sobra ni le falta nada, unos actores siempre fantásticos con un Antonio de la Torre memorable, y una dirección con sello propio dan como resultado una cinta que seguro estará en todas las listas de lo mejor de 2018.

Cold war. El amor y el desamor en blanco y negro. Estético como una ilustración, irradiando belleza con su expresividad, con sus muchos matices de gris, sus claroscuros y sus zonas de luz brillante y de negra oscuridad. Un mapa de quince años que va desde Polonia hasta Berlín, París y Splitz en un intenso, seductor e impactante recorrido emocional en el que la música aporta la identidad del folklore nacional, la sensualidad del jazz y la locura del rock’n’roll.

Quién te cantará. Un misterio redondo en una historia circular que cuando vuelve a su punto inicial ha crecido, se ha hecho grande gracias a un guión perfecto, una puesta en escena precisa y unas actrices que están inmensas. Una cinta que evoca a algunos de los grandes nombres de la historia del cine pero que resulta auténtica por la fuerza, la seducción y la hipnosis de sus imágenes, sus diálogos y sus silencios.

“Hacia las luces del norte” de Angel Valenzuela

Un viaje spanglish en coche de dos jóvenes que recorren Estados Unidos partiendo desde México para llegar a Canadá. Un trayecto por esa América anodina, salvaje y vacía que con su silencio obliga a la búsqueda y al diálogo interior. Un relato directo y sin rodeos sobre la identidad, el deseo, la comunicación con el otro, la necesidad de poner palabras a lo que no se nombra y de hacer tangible la abstracción del futuro.

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Cuando tienes veinte años el mundo no está a tus pies como nos suelen decir, lo que ocurre es que cuentas con la energía, las ganas, la falta de compromisos y el desconocimiento suficiente para moverte sobre él sin dejarte atrapar por las múltiples formalidades y protocolos que suele exigir hacerse un hueco en él. Si además tienes una familia que te soporta en lo material, dándote casa, estudios y posibilidades para tu vida social, se te coloca esta etiqueta sin que nadie te explique qué supone exactamente.

Aparentemente, Demetrio y Andy son dos jóvenes que vistos desde fuera podrían pasar por esa clase de personas libres de preocupaciones y sin mayor obligación que cumplir el guión que les asignaron sus mayores cuando nacieron. Formarse y conseguir un buen empleo. Casarse heterosexualmente. Reproducirse y dar pie a que el ciclo se siga repitiendo.

Pero antes de que el primero consolide el segundo paso, le pide a su mejor amigo hacer un viaje como última oportunidad teórica de poder hacer algo por impulso, al margen de reglas civiles y deberes familiares aún por conocer. Hacia las luces del norte se inicia en ese mundo de hábitos establecidos por el american way of life que va más allá de la frontera que marca el Río Grande. Pero una vez que se alejan de esas coordenadas, Andy –narrador en primera persona- se va quitando las capas de pudor, formalidad y vergüenza con las que se ha ido cubriendo a medida que se hacía adulto para revelarnos quién es y cómo se siente en su relación con el mundo familiar y social en el que vive.

Así es como a lo largo de una atractiva narración de kilómetros de rodaje por paisajes infinitos, y paradas en ciudades cortadas por el mismo patrón con la intención de llegar hasta Calgary para ver la aurora boreal, toma forma la exposición de su homosexualidad. Algo que no iría más allá de no ser por el deseo y la turbación que su amigo Demetrio le ha causado desde que las hormonas se colocaron en el puesto de gobierno que tienen en toda persona desde su adolescencia.

Una tensión en la que la honestidad, la cercanía corporal, el calor ambiental, la indefinición de la noche y el imán de la piel harán de las suyas generando una atmósfera de atracción, carnalidad, morbo y deseo. Una vivencia en la que Angel Valenzuela nos implica con un estilo sobrio y coloquial que va más allá de lo erótico, pero sin eludir lo físico ni lo sexual ni endulzar las consecuencias de las reacciones químicas y los comportamientos humanos –unos marcados por la razón, otros por la emoción- que nos relata con acertada precisión. Ese es el verdadero viaje de Hacia las luces del norte y el motivo por el que me apetece leer más de este autor para así también volver a disfrutar con cómo combina el español con el inglés en su escritura.

“No pasar (Do Not Cross)” de Dora Pavel

¿Qué puede hacer que un secuestrado decida quedarse con el hombre que le retiene en lugar de marcharse con la policía cuando le encuentran? La respuesta es este relato árido y oscuro que bucea en la mente de una personalidad que no se atiene a patrones para entender en qué punto de su pasado, su educación y su relación con la sociedad está la clave que explique su comportamiento.  

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Las primeras páginas de No pasar son las de un thriller convencional. La policía busca con todos los medios a un hombre retenido contra su voluntad por un demente. Pero cuando logran dar con él acontece lo inesperado, el secuestrado opta por ponerse del lado de quien le niega la libertad y huir junto a él de las fuerzas y cuerpos de seguridad que ahora les asedian a los dos con todos los medios a su alcance. Comienza entonces una doble intriga tan angustiosa como inquietante, cómo evadir el cerco de la ley y entender por qué ha actuado así el joven Cesar Braia.

Y si su comportamiento no es convencional, menos aún lo es su mente y, por tanto, su narración en primera persona. La ficción de Dora Pavel no entra en qué consiste o en qué se basa el síndrome de Estocolmo, su empeño es el de mostrar con total asertividad quién y cómo es esa persona que quiere ser en todo momento alguien imprevisible a ojos de los demás. Desde la ansiedad, pero también la tranquilidad, de la nocturnidad del bosque a través del cual huye, y en el que también se refugia, nos relata su biografía mediante una serie de flashbacks que nos dan a conocer a un individuo siempre contrario a lo que se esperaba de él, siempre opuesto a su entorno.

Tanto que hasta el supuesto ejercicio de sinceridad de su narración resulta escurridizo. Su transparencia es real, pero requiere el esfuerzo de hacer frente a un estilo sinuoso, un tránsito por arenas movedizas que exige una lectura atenta y entregada para conseguir captar cuanto este ser profundamente neurótico quiere, aparentemente, compartir con nosotros. Sin embargo, el esfuerzo merece la pena, y si se es capaz de entrar en su discurso y dedicarle atención plena, su relato es fascinante. Un viaje por una configuración personal única y diferente a cualquier otra que hayamos conocido, que no se atiene a cánones ni esquemas preconcebidos basados en la experiencia.

Una vuelta atrás que llega hasta la infancia y que desde el inicio de su biografía repasa tanto las distintas etapas de su vida como su visión de las mismas y su relación con las personas que formaron parte de cada una de ellas. Episodios en los que sintetiza su conflictiva relación con sus padres, el lazo de reciprocidad que mantuvo con su hermano y, sobre todo, una vez entrado en la adolescencia, la atracción por los hombres y su compleja vivencia desde entonces de la sensualidad, la sexualidad y el deseo.

Áreas de la intimidad en las que la lucha por encajar es tan ardua como la de empeñarse en no hacerlo, y en la que el conflicto, la provocación, la pasividad y la agresividad revelan un desconcertante paralelismo con el momento presente en el que aparentemente no hay otra opción vital más que la de una doble huida hacia adelante.

“Middlesex” de Jeffrey Eugenides

Varias buenas novelas en una única y genial. Un muy bien guiado recorrido por el mundo global que va de los conflictos entre Turquía y Grecia tras la I Guerra Mundial al Berlín posterior a la reunificación alemana pasando por el EE.UU. acogedor de miles de refugiados en los años 30 hasta la extensión del movimiento hippie en los 70. Dentro de él una saga familiar que aúna a la perfección lo antropológico y lo sociológico con lo vivencial y lo emocional. Y también un relato valiente, pedagógico, sensible y acertado sobre la verdad y la realidad de la intersexualidad.

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Middlesex bien podría tomarse como una muestra actual de la influencia de la cultura clásica griega, como una narración que ficciona algunas de las múltiples caras de la realidad del siglo XX. Sin embargo, en sus páginas no hay mitos explicativos de situaciones y circunstancias que necesiten de un halo de magia y ficción para ser comprendidos. Lo que en ellas se relata son historias, circunstancias y vivencias que podrían contar muchas más personas que las que conforman la familia Stephanides.   El acierto está en hacerlo como si fueran una sucesión de muñecas rusas, con la salvedad de que entre estas matrioskas hay una serie de vasos comunicantes que hace que al tiempo que conforman un relato lineal, todas ellas sean protagonistas y secundarias a la vez, continentes y contenido a la par.

Eugenides inicia su novela relatando uno de los últimos ocasos históricos de los helenos, cuando las tropas turcas les expulsaron, finalmente, en 1922 de su territorio asiático. Un prólogo que sirve para explicarnos la formación de EE.UU. como una nación crisol de orígenes, culturas y etnias. Millones de personas acudieron hasta allí a lo largo de mucho tiempo por un doble motivo, huyendo de los conflictos y la pobreza de sus lugares de origen y atraídos por su promesa de ser la tierra de las oportunidades. Un eslogan permanente, con luces y sombras también perennes, tal y como muestra la evolución del país a lo largo de episodios como la ley seca, la participación en la II Guerra Mundial, el consumismo capitalista, la eclosión de los movimientos de igualdad racial o el inicio de la apertura y el conocimiento sexual y la socialización de las drogas que llegó con los hippies en los años 60.

Ese es el hilo temporal que recorren las tres generaciones de los Stephanides a los que conocemos. Los primeros, los abuelos, griegos desplazados; los segundos, los padres, americanos con raíces extranjeras; los terceros, los hijos, ciudadanos plenamente estadounidenses. A través de ellos somos testigos de cómo viven las personas de a pie los grandes acontecimientos, cómo se transforma su entorno, evolucionan sus valores y hábitos de consumo, se amplía su catálogo de referentes, las maneras de relacionarse y, por tanto, sus propias vidas.

Pero la maestría de Middlesex está en cómo profundiza en el recorrido cronológico de las vivencias para adentrarse de lleno en la construcción de la identidad individual, concepto en el que se aúnan la herencia cultural, la influencia ambiental y la disposición genética. Una descripción del universo micro de las emociones y las sensaciones, de aquello que es individual e íntimo, invisible para los demás y que solo se puede vivir, expresar y compartir con autenticidad cuando se conoce y acepta plenamente.

La habilidad narrativa de Jeffrey Eugenides se hace aún más patente con su certera descripción de ese viaje más amplio y vertiginoso, arduo y complicado que cualquier otro cuando la circunstancia con la que toca convivir (intersexualidad) no solo no tiene modelos que la ejemplifiquen ni palabras actuales para ser identificada correctamente (tan solo el término clásico de hermafrodita), sino que las pocas alusiones al respecto (monstruosidad) son más que confusas y erróneas, son insultantes e hirientes. Una travesía paralela a las anteriores a la par que alegoría amplificada de los retos, logros y luchas pendientes de aquellas.