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“A sangre y fuego” de Manuel Chaves Nogales

Once episodios basados en otras tantas situaciones reales que demuestran que la violencia engendra violencia y que la Guerra Civil fue más que un conflicto bélico entre nacionales y republicanos. Los relatos escritos por este periodista en los primeros meses de 1937 son una joya narrativa que dejan claro que esta fue una guerra total en la que en muchas ocasiones los posicionamientos ideológicos fueron una disculpa para arrasar con todo aquel que no pensara igual.

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El trabajo en la redacción de un medio de comunicación da acceso a múltiples fuentes de información sobre un suceso o acontecimiento. El buen profesional de la materia, bajo el prisma de la ética y la objetividad periodística, toma buena nota de lo que escucha y ve y a través de ello ahonda en lo que está ocurriendo para intentar comprender qué sucede realmente bajo esa superficie y cuáles son los motores que lo provocan. En este sentido y desde su puesto como director desde 1931 del diario Ahora, Manuel Chaves no solo fue testigo privilegiado de la tensión in crescendo que se fue generando entre las distintas facciones políticas durante la II República hasta el levantamiento del 18 de julio de 1936, sino también de las divergencias a partir de esa fecha en la respuesta de los movimientos de izquierda –socialistas, comunistas, anarquistas,…- tanto a la hora de organizar su bando como de combatir al enemigo.

Chaves escribió estos relatos pocos meses después del inicio del fratricidio, cuando llegó a París en el inicio de su particular exilio. En ellos se puede leer a partes iguales la precisión del informador y su imperiosa necesidad como ciudadano de un país que se resquebrajaba de contarle al mundo la debacle humana que estaba teniendo lugar en España. Dejando claro que la Guerra Civil no fue un conflicto que pretendiera sustituir un régimen político por otro, sino una contienda en la que cada bando no se propuso rendir a su adversario, sino destruirlo hasta arrasarlo completamente, sin diferenciar a los combatientes y los objetivos militares de la población civil y sus lugares de residencia y modos de ganarse la vida.

El destino quiso que Manuel estuviera en el Madrid republicano cuando comenzó lo que entonces no se sabía que acabaría siendo el prólogo de la II Guerra Mundial, por lo que los testimonios particulares que nos ofrece son los que le llegaron, o de los que fue testigo, de ese lado. Crónicas cuyos protagonistas y tramas no son los de los libros de historia ni los episodios, tácticas o estrategias explicadas en estos, sino aquellos ciudadanos anónimos que se ofrecieron espontáneamente para armarse y acudir al frente, quedaron al frente de la intendencia en la capital, asistían a los heridos o, sencillamente, fueron víctimas inocentes de los ataques y los bombardeos.

Un maremágnum de voluntariosos, más impulsados por la utopía –cuando no por el odio y el ánimo de revancha-, faltos de organización y de un mando único que aunara sus energías con el propósito de defender el sistema democrático frente a los que luchaban con el apoyo de las tropas alemanas e italianas en su contra. Sin embargo, el caos era tal que la violencia engendró otras violencias como la crueldad que algunos de los llamados rojos volcaron contra todo aquel de cuya fidelidad a la causa dudaban.

A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España aporta un diferente y muy necesario punto de vista sobre un tiempo que no es únicamente un pasado sobre el que aplicar una lectura académica. Lo que Manuel Chaves Nogales logra en este título es poner el foco sobre el drama humano que tuvo lugar en nuestro país de 1936 a 1939, prolongado durante 40 años más de dictadura. Algo que hoy en día se sigue rehuyendo, lo que hace aún más fundamental este título, además de por sus excelentes valores literarios (la precisión de su prosa, la riqueza de su vocabulario, la tensión de su ritmo, la fina construcción de sus tramas, el retrato de sus personajes,…).

A sangre y fuego, Manuel Chaves Nogales, 2017, Libros del Asteroide.

10 textos teatrales de 2020

Este año, más que nunca, el teatro leído ha sido un puerta por la que transitar a mundos paralelos, pero convergentes con nuestra realidad. Por mis manos han pasado autores clásicos y actuales, consagrados y desconocidos para mí. Historias con poso y otras ajustadas al momento en que fueron escritas.  Personajes y tramas que recordar y a los que volver una y otra vez.  

“Olvida los tambores” de Ana Diosdado. Ser joven en el marco de una dictadura en un momento de cambio económico y social no debió ser fácil. Con una construcción tranquila, que indaga eficazmente en la identidad de sus personajes y revela poco a poco lo que sucede, este texto da voz a los que a finales de los 60 y principios de los 70 querían romper con las normas, las costumbres y las tradiciones, pero no tenían claros ni los valores que promulgar ni la manera de vivirlos.

“Un dios salvaje” de Yasmina Reza. La corrección política hecha añicos, la formalidad adulta vuelta del revés y el intento de empatía convertido en un explosivo. Una reunión cotidiana a partir de una cuestión puntual convertida en un campo de batalla dominado por el egoísmo, el desprecio, la soberbia y la crueldad. Visceralidad tan brutal como divertida gracias a unos diálogos que no dejan títere con cabeza ni rincón del alma y el comportamiento humano sin explorar.

“Amadeus” de Peter Shaffer. Antes que la famosa y oscarizada película de Milos Forman (1984) fue este texto estrenado en Londres en 1979. Una obra genial en la que su autor sintetiza la vida y obra de Mozart, transmite el papel que la música tenía en la Europa de aquel momento y lo envuelve en una ficción tan ambiciosa en su planteamiento como maestra en su desarrollo y genial en su ejecución.

“Seis grados de separación” de John Guare. Un texto aparentemente cómico que torna en una inquietante mezcla de thriller e intriga interrogando a sus espectadores/lectores sobre qué define nuestra identidad y los prejuicios que marcan nuestras relaciones a la hora de conocer a alguien. Un brillante enfrentamiento entre el brillo del lujo, el boato del arte y los trajes de fiesta de sus protagonistas y la amenaza de lo desconocido, la violación de la privacidad y la oscuridad del racismo.

“Viejos tiempos” de Harold Pinter. Un reencuentro veinte años después en el que el ayer y el hoy se comunican en silencio y dialogan desde unas sombras en las que se expresa mucho más entre líneas y por lo que se calla que por lo que se manifiesta abiertamente. Una enigmática atmósfera en la que los detalles sórdidos y ambiguos que florecen aumentan una inquietud que acaba por resultar tan opresiva como seductora.

“La gata sobre el tejado de zinc caliente” de Tennessee Williams. Las múltiples caras de sus protagonistas, la profundidad de los asuntos personales y prejuicios sociales tratados, la fluidez de sus diálogos y la precisión con que cuanto se plantea, converge y se transforma, hace que nos sintamos ante una vivencia tan intensa y catártica como la marcada huella emocional que nos deja.

“Santa Juana” de George Bernard Shaw. Además de ser un personaje de la historia medieval de Francia, la Dama de Orleans es también un referente e icono atemporal por muchas de sus características (mujer, luchadora, creyente con relación directa con Dios…). Tres años después de su canonización, el autor de “Pygmalion” llevaba su vida a las tablas con este ambicioso texto en el que también le daba voz a los que la ayudaron en su camino y a los que la condenaron a morir en la hoguera.

“Cliff (acantilado)” de Alberto Conejero. Montgomery Clift, el hombre y el personaje, la persona y la figura pública, la autenticidad y la efigie cinematográfica, es el campo de juego en el que Conejero busca, encuentra y expone con su lenguaje poético, sus profundos monólogos y sus expresivos soliloquios el colapso neurótico y la lúcida conciencia de su retratado.

“Yo soy mi propia mujer” de Doug Wright. Hay vidas que son tan increíbles que cuesta creer que encontraran la manera de encajar en su tiempo. Así es la historia de Charlotte von Mahlsdorf, una mujer que nació hombre y que sin realizar transición física alguna sobrevivió en Berlín al nazismo y al comunismo soviético y vivió sus últimos años bajo la sospecha de haber colaborado con la Stasi.

“Cuando deje de llover” de Andrew Bovell. Cuatro generaciones de una familia unidas por algo más que lo biológico, por acontecimientos que están fuera de su conocimiento y control. Una historia estructurada a golpe de espejos y versiones de sí misma en la que las casualidades son causalidades y nos plantan ante el abismo de quiénes somos y las herencias de los asuntos pendientes. Personajes con hondura y solidez y situaciones que intrigan, atrapan y choquean a su lector/espectador.

10 ensayos de 2020

La autobiografía de una gran pintora y de un cineasta, un repaso a las maneras de relacionarse cuando la sociedad te impide ser libre, análisis de un tiempo histórico de lo más convulso, discursos de un Premio Nobel, reflexiones sobre la autenticidad, la dualidad urbanidad/ruralidad de nuestro país y la masculinidad…

“De puertas adentro” de Amalia Avia. La biografía de esta gran mujer de la pintura realista española de la segunda mitad del siglo XX transcurrió entre el Toledo rural y la urbanidad de Madrid. El primero fue el escenario de episodios familiares durante la etapa más oscura de la reciente historia española, la Guerra Civil y la dictadura. La capital es el lugar en el que desplegó su faceta creativa y la convirtió en el hilo conductor de sus relaciones artísticas, profesionales y sociales.

“Cruising. Historia íntima de un pasatiempo radical” de Alex Espinoza. Desde tiempos inmemoriales la mayor parte de la sociedad ha impedido a los homosexuales vivir su sexualidad con la naturalidad y libertad que procede. Sin embargo, no hay obstáculo insalvable y muchos hombres encontraron la manera de vehicular su deseo corporal y la necesidad afectiva a través de esta práctica tan antigua como actual.  

“Pensar el siglo XX” de Tony Judt. Un ensayo en formato entrevista en el que su autor recuerda su trayectoria personal y profesional durante la segunda mitad del siglo, a la par que repasa en un riguroso y referenciado análisis de las causas que motivaron y las consecuencias que provocaron los acontecimientos más importantes de este tiempo tan convulso.

“La maleta de mi padre” de Orhan Pamuk. El día que recibió el Premio Nobel de Literatura, este autor turco dedicó su intervención a contar cómo su padre le transmitió la vivencia de la escritura y el poder de la literatura, haciendo de él el autor que, tras treinta años de carrera y siete títulos publicados, recibía este preciado galardón en 2006. Un discurso que esta publicación complementa con otros dos de ese mismo año en que explica su relación con el proceso de creación y de lectura.

“El naufragio de las civilizaciones” de Amin Maalouf. Un análisis del estado actual de la humanidad basado en la experiencia personal, profesional e intelectual de su autor. Aunando las vivencias familiares que le llevaron del Líbano a Francia, los acontecimientos de los que ha sido testigo como periodista por todo el mundo árabe, y sus reflexiones como escritor.

“A propósito de nada” de Woody Allen. Tiene razón el neoyorquino cuando dice que lo más interesante de su vida son las personas que han pasado por ella. Pero también es cierto que con la aparición y aportación de todas ellas ha creado un corpus literario y cinematográfica fundamental en nuestro imaginario cultural de las últimas décadas. Un legado que repasa hilvanándolo con su propia versión de determinados episodios personales.

“Lo real y su doble” de Clément Rosset. ¿Cuánta realidad somos capaces de tolerar? ¿Por qué? ¿De qué mecanismos nos valemos para convivir con la ficción que incluimos en nuestras vidas? ¿Qué papel tiene esta ilusión? ¿Cómo se relaciona la verdad en la que habitamos con el espejismo por el que también transitamos?

“La España vacía” de Sergio del Molino. No es solo una descripción de la inmensidad del territorio nacional actualmente despoblado o apenas urbanizado, “Viaje por un país que nunca fue” es también un análisis de los antecedentes de esta situación. De la manera que lo han vivido sus residentes y cómo se les ha tratado desde los centros de poder, y retratado en medios como el cine o la literatura.

“Un hombre de verdad” de Thomas Page McBee. Reflexión sobre qué implica ser un hombre, cómo se ejerce la masculinidad y el modo en que es percibida en nuestro modelo de sociedad. Un ensayo escrito por alguien que no consiguió que su cuerpo fuera fiel a su identidad de género hasta los treinta años y se topa entonces con unos roles, suposiciones y respuestas que no conocía, esperaba o había experimentado antes.

“La caída de Constantinopla 1453” de Steven Runciman. Sobre cómo se fraguó, desarrolló y concluyó la última batalla del imperio bizantino. Los antecedentes políticos, religiosos y militares que tanto desde el lado cristiano como del otomano dieron pie al inicio de una nueva época en el tablero geopolítico de nuestra civilización.

10 novelas de 2020

Publicadas este año y en décadas anteriores, ganadoras de premios y seguro que candidatas a próximos galardones. Historias de búsquedas y sobre la memoria histórica. Diálogos familiares y continuaciones de sagas. Intimidades epistolares y miradas amables sobre la cotidianidad y el anonimato…

“No entres dócilmente en esa noche quieta” de Rodrigo Menéndez Salmón. Matar al padre y resucitarlo para enterrarlo en paz. Un sincero, profundo y doloroso ejercicio freudiano con el que un hijo pone en negro sobre blanco los muchos grises de la relación con su progenitor. Un logrado y preciso esfuerzo prosaico con el que su autor se explora a sí mismo con detenimiento, observa con detalle el reflejo que le devuelve el espejo y afronta el diálogo que surge entre los dos.

“El diario de Edith” de Patricia Highsmith. Un retrato de la insatisfacción personal, social y política que se escondía tras la sonrisa y la fotogenia de la feliz América de mediados del siglo XX. Mientras Kennedy, Lyndon B. Johnson y Nixon hacían de las suyas en Vietnam y en Sudamérica, sus ciudadanos vivían en la bipolaridad de la imagen de las buenas costumbres y la realidad interior de la desafección personal, familiar y social.

“Mis padres” de Hervé Guibert. Hay escritores a los imaginamos frente a la página en blanco como si estuvieran en el diván de un psicólogo. Algo así es lo que provoca esta sucesión de momentos de la vida de su autor, como si se tratara de una serie fotográfica que recoge acontecimientos, pensamientos y sensaciones teniendo a sus progenitores como hilo conductor, pero también como excusa y medio para mostrarse, interrogarse y dejarse llevar sin convenciones ni límites literarios ni sociales.

“Como la sombra que se va” de Antonio Muñoz Molina. Los diez días que James Earl Gray pasó en Lisboa en junio de 1968 tras asesinar a Martin Luther King nos sirven para seguir una doble ruta. Adentrarnos en la biografía de un hombre que caminó por la vida sin rumbo y conocer la relación entre Muñoz Molina y esta ciudad desde su primera visita en enero de 1987 buscando inspiración literaria. Caminos que enlaza con extraordinaria sensibilidad y emoción con otros como el del movimiento de los derechos civiles en EE.UU. o el de su propia maduración y evolución personal.

“La madre de Frankenstein” de Almudena Grandes. El quinto de los “Episodios de una guerra interminable” quizás sea el menos histórico de todos los publicados hasta ahora, pero no por eso es menos retrato de la España dibujada en sus páginas. Personajes sólidos y muy bien construidos en una narrativa profunda en su recorrido y rica en detalles y matices, en la que todo cuanto incluye y expone su autora constituye pieza fundamental de un universo literario tan excitante como estimulante.

“El otro barrio” de Elvira Lindo. Una pequeña historia que alberga todo un universo sociológico. Un relato preciso que revela cómo lo cotidiano puede esconder realidades, a priori, inimaginables. Una narración sensible, centrada en la brújula emocional y relacional de sus personajes, pero que cuida los detalles que les definen y les circunscriben al tiempo y espacio en que viven.

“pequeñas mujeres rojas” de Marta Sanz. Muchas voces y manos hablando y escribiendo a la par, concatenándose y superponiéndose en una historia que viene y va desde nuestro presente hasta 1936 deconstruyendo la realidad, desvelando la cara oculta de sus personajes y mostrando la corrupción que les une. Una redacción con un estilo único que amalgama referencias y guiños literarios y cinematográficos a través de menciones, paráfrasis y juegos tan inteligentes y ácidos como desconcertantes y manipuladores.

“Un amor” de Sara Mesa. Una redacción sosegada y tranquila con la que reconocer los estados del alma y el cuerpo en el proceso de situarse, conocerse y comunicarse con un entorno que, aparentemente, se muestra tal cual es. Una prosa angustiosa y turbada cuando la imagen percibida no es la sentida y la realidad da la vuelta a cuanto se consideraba establecido. De por medio, la autoestima y la dignidad, así como el reto que supone seguir conociéndonos y aceptándonos cada día.

“84, Charing Cross Road” de Helene Hanff. Intercambio epistolar lleno de autenticidad y honestidad. Veinte años de cartas entre una lectora neoyorquina y sus libreros londinenses que muestran la pasión por los libros de sus remitentes y retratan la evolución de los dos países durante las décadas de los 50 y los 60. Una pequeña obra maestra resultado de la humildad y humanidad que destila desde su primer saludo hasta su última despedida.

“Los chicos de la Nickel” de Colson Whitehead. El racismo tiene muchas manifestaciones. Los actos y las palabras que sufren las personas discriminadas. Las coordenadas de vida en que estos les enmarcan. Las secuelas físicas y psíquicas que les causan. La ganadora del Premio Pulitzer de 2020 es una novela austera, dura y coherente. Motivada por la exigencia de justicia, libertad y paz y la necesidad de practicar y apostar por la memoria histórica como medio para ser una sociedad verdaderamente democrática.

“84, Charing Cross Road” de Helene Hanff

Intercambio epistolar lleno de autenticidad y honestidad. Veinte años de cartas entre una lectora neoyorquina y sus libreros londinenses que muestran la pasión por los libros de sus remitentes y retratan la evolución de los dos países durante las décadas de los 50 y los 60. Una pequeña obra maestra resultado de la humildad y humanidad que destila desde su primer saludo hasta su última despedida.

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En la actualidad, internet es la alternativa –cuando no la primera opción- a la hora de comprar si queremos evitar desplazarnos hasta el lugar en el que adquirir aquello que nos interesa. Tiempo atrás esto se hacía por catálogo o por carta, incluso. Hasta este último escenario, sin teclados electrónicos de por medio, y sin más instrumento que papel y pluma o máquina de escribir, nos trasladan las poco más de cien páginas de 84, Charing Cross Road. Hasta 1949, año en que Nueva York era ya la capital del mundo y Londres una urbe aún herida por las bombas de la II Guerra Mundial y la escasez y el racionamiento alimenticio que durante años conllevó su recuperación.

Aspectos que enmarcan correctamente su relato, pero que en ningún momento se convierten en el contenido principal de las misivas que Helen intercambia con el personal de la librería Marks & Co., especializada en ejemplares de segunda mano. Principalmente con Frank, aunque con el tiempo lo haga también con algunas de sus compañeras de trabajo, así como con su mujer, Nora. Redacciones siempre formales, pero directas, en las que sus remitentes muestran tanto lo que les motiva, el placer espiritual de la lectura y la experiencia material de los libros, como aquello que les preocupa y condiciona, el contenido de su nevera, los hijos, la estabilidad laboral…

Lo que hace que este título enganche y apasione es que establece con sus lectores el mismo vínculo que entre sus protagonistas, el placer de haber conectado con alguien que, aunque a su manera, está en coordenadas similares a las tuyas. La alegría de saberte comprendido y la paz que te permite mostrarte sin filtros. Así es como Helen comparte que es una mujer que vive sola de alquiler en la gran manzana y se gana la vida escribiendo –guiones, relatos, novelas,…- mientras que desde el otro lado del Atlántico le cuentan con gran modestia que venden libros que han clasificado y valorado tras buscarlos donde quiera que hiciera falta para dar con los mejores ejemplares.

Entre referencias a títulos y autores clave tanto de la literatura clásica como de la británica, la lectora estadounidense cuenta con naturalidad cómo evoluciona su situación dentro del sector editorial mientras que sus interlocutores postales le exponen cómo progresan en el marco del desarrollo económico y social que el Reino Unido experimentó durante la segunda mitad del siglo XX. En total, 80 mensajes de los muchos que debieron compartir a lo largo de 20 años que comienzan como un contacto correcto entre desconocidos, convirtiéndose poco a poco en una conversación entre personas que se sienten cercanas y derivar en un afectuoso y sincero diálogo entre amigos.

84, Charing Cross Road, Helene Hanff, 1970, Editorial Anagrama.

“Yo soy mi propia mujer” de Doug Wright

Hay vidas que son tan increíbles que cuesta creer que encontraran la manera de encajar en su tiempo. Así es la historia de Charlotte von Mahlsdorf, una mujer que nació hombre y que sin realizar transición física alguna sobrevivió en Berlín al nazismo y al comunismo soviético y vivió sus últimos años bajo la sospecha de haber colaborado con la Stasi.

En 1992 el Gobierno Alemán otorgó la Cruz Federal al Mérito a una figura pública de lo más peculiar. Un hombre, Lothar Belfede, nacido en 1928 que, sintiéndose mujer, se vistió y se comportó como tal desde su adolescencia, sobreviviendo tanto a los oficiales de las SS que patrullaban su ciudad como a los bombardeos soviéticos durante la II Guerra Mundial y desarrollando su vida con aparente normalidad durante el régimen posterior. Época en la que dio forma en su casa a un museo sobre objetos cotidianos de finales del siglo XIX y reconstruyó en su sótano la taberna Mulackritze, un local de ambiente gay sito en un edificio que la administración comunista demolió a principios de los 60.

Una biografía con tintes casi heroicos hasta que, ya en democracia, salieron a la luz los archivos de los antiguos servicios secretos de la RDA y en ellos aparecía su nombre como el de uno de sus miles de confidentes. ¿Se había visto obligada a ejercer como tal al igual que otros muchos de sus conciudadanos? ¿Fue su salvoconducto para poder vivir siendo fiel a sí misma? ¿Era la suya una personalidad fingida? ¿Reveló en algún momento información que pusiera a alguien en peligro?

Si todo lo anterior ya hacía de ella alguien de lo más interesante, estos interrogantes a los que nunca respondió hicieron que escribir sobre su personalidad y biografía, con el fin de convertirla en un personaje teatral, se convirtiera en todo un reto para Doug Wright. Tal y como cuenta el dramaturgo en el prólogo de esta edición, cambió su planteamiento inicial de realizar un retrato tradicional por el de mostrar su proceso de conocimiento del personaje a través de las conversaciones que mantuvieron y la lectura de la mucha documentación a que tuvo acceso. Tanto lo publicado por la prensa, como el mencionado informe administrativo o la literatura firmada a principios del s. XX por Magnus Hirschfeld sobre la cuestión del tercer sexo y el travestismo y sugerida por la propia Charlotte.   

De esta manera, Wright estructura su texto como si se tratara de una combinación de realidad y metaliteratura. Cuanto ocurre es auténtico, sucedió, la vida de von Mahlsdorf por un lado y por otro, el proceso de elaboración creativa en torno a su personalidad, su manera de relacionarse y las personas con las que lo hacía. Todo ello converge en una apasionante sucesión de capítulos convenientemente seleccionados y editados como escenas hilvanadas sin descanso para, sin faltar a las luces y las sombras de la verdad, las aristas de la moral y la duda sobre cómo ser capaz de ser fiel a la identidad sexual auto percibida en un entorno hostil, formar un relato dramático tan convincente en su mensaje como efectivo en su forma.  

Una propuesta teatral de más de treinta personajes concebidos para ser encarnados por un único intérprete, y tal y como indica su autor, sin cambios de vestuario y con el apoyo de una escenografía mínima. Todo un reto para el actor al que le sea encomendada esta misión, como debió serlo para Jefferson Mays en su estreno en el off-Broadway neoyorquino en 2003 o para Joel Joan en Barcelona en 2008. Una muestra más de la genialidad que esconde Yo soy mi propia mujer y que le valió a Doug Wright el Premio Pulitzer de Teatro en 2004.

I am my own wife, Doug Wright, 2004, Farrar, Straus and Giroux Books.

“La madre de Frankenstein” de Almudena Grandes

El quinto de los “Episodios de una guerra interminable” quizás sea el menos histórico de todos los publicados hasta ahora, pero no por eso es menos retrato de la España dibujada en sus páginas. Personajes sólidos y muy bien construidos en una narrativa profunda en su recorrido y rica en detalles y matices, en la que todo cuanto incluye y expone su autora constituye pieza fundamental de un universo literario tan excitante como estimulante.  

Los años pasan y comienza a reconocerse la profunda herida social que la dictadura de Franco dejó en nuestro país, obligado a arrodillarse durante décadas ante la sinrazón del yugo y las flechas de su sello personal. Considerando esta premisa, el escenario en el que Grandes sitúa su nueva novela no podría ser más acertado, un psiquiátrico. Si ya de por sí la salud mental es de las últimas consideraciones de nuestra sociedad actual, resulta difícil y duro imaginar hasta dónde quedaría relegada en aquellos tiempos. Época en la que todo era etiquetado, utilizado y tergiversado para exaltar los valores de un régimen que se consideraba a sí mismo como el culmen de la excelencia, la pureza y la integridad.

Al igual que en los títulos anteriores de esta saga galdosiana, y como explica en su final, su autora parte de hechos reales. Pero en esta ocasión nos ofrece un ejercicio de ficción, más que de historia novelada. Las circunstancias, decisiones e impulsos personales marcan el ritmo y dan forma a unos acontecimientos que no forman parte de un entramado concreto que marca su génesis, desarrollo y resolución, sino que constituyen una toma de temperatura, una cata aleatoria, de la dignidad, oscuridad y falta de esperanza de la nación en que tienen lugar.

La madre de Frankenstein transmite con belleza literaria el hedor belicista que los vencedores de la Guerra Civil seguían ejerciendo contra aquellos a los que no le bastaba con haberles derrotado, humillado y encarcelado. Da testimonio de cómo las creencias religiosas eran un medio para el control y el sometimiento del común de los ciudadanos, así como para maquillar la corrupción y la prevaricación de unos representantes y referentes sociales sin interés alguno en el bien de los suyos.

Como se puede leer en sus páginas, el totalitarismo del nacionalcatolicismo arrasaba con la integridad física y moral de todo aquel que no acatara sus imposiciones y asumiera las cargas que le suponían hechos como el de ser mujer, iletrado o de condición humilde, o no se convirtiera en embajador, imagen y predicador de los valores de exaltación de la familia, la fe y la rectitud que exigía el caudillo. Un diagnóstico que se hace más evidente con la evolución de trayectorias individuales y saltos geográficos, entre España y Suiza (y de ahí a Alemania, la II Guerra Mundial y el holocausto judio) y entre Madrid y Ciempozuelos, así como entre la observación y la reflexión, que Almudena Grandes traza de manera tan acertada, profunda y sostenida a lo largo de su narración.

Un resultado que se ve ampliado cuando se descubren puntos de conexión con anteriores Episodios -como El lector de Julio Verne (2012) o Los pacientes del doctor García (2017)- y que demuestran la asombrosa capacidad de esta escritora, no solo para describir, dialogar y relatar, sino para analizar, sintetizar y transmitir los múltiples prismas, puntos de vista y aristas que exige un proyecto tan ambicioso como este. A la espera quedamos de su sexta, y según ella última entrega, Mariano en el Bidasoa.

La madre de Frankenstein, Almudena Grandes, 2020, Tusquets Editores.

“Los años dorados” de Arthur Miller

Escrita con tan solo veinticinco años, su autor ya dejaba ver en ella los asuntos que le seguirían preocupando y el punto de vista desde que los observaría a lo largo de toda su carrera. El encaje del hombre en su sociedad, sus principios de gobierno y cómo estos hacen factible, o no, su bienestar individual y la convivencia con sus semejantes. Un análisis que se hace aún más incisivo al situarlo en el encuentro entre los conquistadores españoles y el imperio azteca a principios del siglo XVI.

Cuenta Arthur Miller en el prólogo que en el momento de escribir este texto, probablemente se vio influido por la postura que adoptaban el gobierno y la sociedad norteamericana en los primeros meses de la II Guerra Mundial. Como si no fuera con ellos, incluso con un punto de atracción ante el argumentario, la actitud y los logros que cada día transmitía, mantenía y conseguía el régimen nacionalsocialista. Pero como buen observador, lo que al autor de Después de la caída (1964) le llamaba la atención de esta situación no era qué hacía sugerentes a los nazis, sino qué vacío vital o falta de ética podría estar cubriendo su atractivo entre sus conciudadanos.

Años después entraría más de lleno en este tipo de cuestiones en títulos como Todos eran mis hijos (1947) o The archbishop’s ceiling (1977), pero en esta ocasión llevó su imaginación hasta un lugar y un tiempo anteriores. Hasta la llegada en 1519 de los conquistadores españoles, con Hernán Cortés a la cabeza, al imperio azteca, liderado por Moctezuma II. Dos civilizaciones que nunca antes se habían encontrado y entre las que rápidamente se desató un conflicto que le sirve a Arthur Miller para interrogarse sobre los límites de la libertad de culto y las imposiciones ideológicas. También para indagar sobre las excusas que utilizan en toda contienda los atacantes para ejercer la violencia y la barbarie, y las razones ocultas que pueden provocar que los asaltados no sean capaces de defenderse, tal y como podrían y deberían hacer en semejante situación.

Moralidad, existencialismo y búsqueda de propósito y sentido en un texto nunca llevado a escena. Su producción debe ser costosa, cantidad de personajes, vestuarios para trasladarnos a cientos de años atrás y elaboradas escenografías con las que simular suntuosos interiores de templos y palacios y los majestuosos exteriores de templos de la ciudad de Tenochtitlan. En el momento de su escritura la situación económica y política no lo permitió y después, tras el éxito aliado en la contienda, la moral del gigante yanqui anuló cualquier posibilidad de ver representadas historias en que los que encarnaban la cristiandad se comportaran como tiranos sanguinarios.

Hasta ahora Los años dorados tan solo ha podido ser escuchada en un montaje radiofónico de BBC Radio en 1987. No me consta siquiera que esté traducida al español (yo me hice con ella en una librería de segunda mano en Dublín en una edición que incluye otra obra, Un hombre con suerte, que Miller también escribió en 1940). Pero considerando las lecturas que se hacen hoy en día de la conquista de América, no sería descartable que alguien pusiera en marcha su primera producción. ¿La llegaremos a ver?

Los años dorados, Arthur Miller, 1940, Methuen Books.

“El naufragio de las civilizaciones” de Amin Maalouf

Un análisis del estado actual de la humanidad basado en la experiencia personal, profesional e intelectual de su autor. Aunando las vivencias familiares que le llevaron del Líbano a Francia, los acontecimientos de los que ha sido testigo como periodista por todo el mundo árabe, y sus reflexiones como escritor. Un texto que destaca todo lo bueno que hemos conseguido a nivel global, pero advierte de las tendencias nacionalistas y totalitarias que nos lastran desde finales del pasado siglo.

El naufragio de las civilizaciones es un relato cronológico en el que Amin Maalouf relaciona fechas, lugares y personajes públicos, expone cómo sus intuiciones se transforman en hipótesis y estas en ideas que contrasta, confronta y complementa. Sin establecer causas fijas ni sentenciar consecuencias, pero dando forma a un argumentario sólido con el que explica cómo hemos pasado de un panorama geopolítico a principios de los 50 en el que parecíamos ir, sino hacia la cohesión colectiva, sí al menos hacia la convivencia tras la II Guerra Mundial, a un cúmulo de naciones y colectivos de toda índole -religiosa, social, política- enfrentados en una feroz y salvaje carrera por el control individual, el dominio ideológico y el poder económico.  

Su punto de partida es el origen egipcio de su familia materna y cómo lo perdieron todo con el cambio de monarquía a república en Egipto, como sistema de gobierno, en 1952. Un acontecimiento al que se sumaron las tensiones, luchas y presiones internas entre unos grupos y otros, tanto en cada uno de los nuevos estados árabes -antiguas colonias inglesas y francesas, hasta con un pasado otomano previo- como entre sí, y entre ellos con Israel (especialmente tras la Guerra de los Seis Días en 1967) que derivó en una exaltación identitaria ligada a la religión. Lo que habían sido territorios de creatividad, diálogo y convivencia entre distintas creencias y orígenes étnicos, mutaron en casos como su Líbano natal, en escenarios de combate que acabaron con toda posibilidad de desarrollar una vida plena.  

Un proceso al que se sumaron otros como la guerra fría entre EE.UU. y la URSS por la hegemonía mundial, ejecutado por ambos más a golpe de intervencionismo que de alianzas, pero en el caso de los soviéticos transformando los ideales del comunismo en una senda de decadencia moral, económica y social para los países en que ejercían su influencia. Pero si hay un año que Maalouf destaca especialmente en su análisis es el de 1979, denominándolo el de las revoluciones conservadoras, en el que las casualidades y las causalidades convergieron para hacer llegar al poder al Ayatolá Jomeini en Irán y a Margaret Thatcher en el Reino Unido, a quien seguiría meses después Ronald Reagan en EE.UU. La confrontación total con el mundo occidental y la exaltación radical del primero, y el desprestigio que hicieron los segundos del papel del Estado como garante de la igualdad de todos los ciudadanos en pro del individualismo y la competitividad económica, supuso el definitivo punto de inflexión que nos ha llevado hasta donde estamos hoy.

A partir de ahí, la historia de nuestras últimas décadas no va pasando de un capítulo a otro, sino que parece ir cuesta abajo, cogiendo velocidad y sin pulsar el pedal del freno, sirviéndose incluso de los espectaculares desarrollos tecnológicos, científicos y técnicos que hemos alcanzado. La caída del muro de Berlín, la desintegración de la URSS, el surgimiento del terrorismo islamista, los movimientos independentistas y populistas, el Brexit, el control de las redes de telecomunicaciones, el cambio climático, las aspiraciones de las nuevas grandes potencias (Rusia, China)… Amin no es pesimista, pero ve riesgos y advierte de que debemos hacer algo si no queremos que, aunque nuestro estilo de vida siga bajo coordenadas de modernidad y tecnificación, esté más ligado a sistemas en los que tengamos que protegernos de la represión institucional que en los que poder desarrollarnos libre y plenamente.

Amin Maalouf, El naufragio de las civilizaciones, 2019, Alianza Editorial.

10 textos teatrales de 2019

Títulos clásicos y actuales, títulos que ya forman parte de la historia de la literatura y primeras ediciones, originales en inglés, español, noruego y ruso, libretos que he visto representadas y otros que espero llegar a ver interpretados sobre un escenario.

“¿Quién teme a Virginia Woolf?” de Edward Albee. Amor, alcohol, inteligencia, egoísmo y un cinismo sin fin en una obra que disecciona tanto lo que une a los matrimonios aparentemente consolidados como a los aún jóvenes. Una crueldad animal y sin límites que elimina pudores y valores racionales en las relaciones cruzadas que se establecen entre sus cuatro personajes. Un texto que cuenta como pocas veces hemos leído cómo puede ser ese terreno que escondemos bajo las etiquetas de privacidad e intimidad.

“Un enemigo del pueblo” de Henrik Ibsen. “El hombre más fuerte es el que está más solo”, ¿cierto o no? Lo que en el siglo XIX escandinavo se redactaba como sentencia, hoy daría pie a un encendido debate. Leída en las coordenadas de democracia representativa y de libertad de prensa y expresión en las que habitamos desde hace décadas, la obra escrita por Ibsen sobre el enfrentamiento de un hombre con la sociedad en la que vive tiene muchos matices que siguen siendo actuales. Una vigencia que junto a su extraordinaria estructura, ritmo, personajes y diálogos hace de este texto una obra maestra que releer una y otra vez.

“La gaviota” de Antón Chéjov. El inconformismo vital, amoroso, creativo y artístico personificado en una serie de personajes con relaciones destinadas –por imperativo biológico, laboral o afectivo- a ser duraderas, pero que nunca les satisfacen plenamente. Cuatro actos en los que la perfecta exposición y desarrollo de este drama existencial se articulan con una fina y suave ironía que tiene mucho de crítica social y de reflexión sobre la superficialidad de la burguesía de su tiempo.

La zapatera prodigiosa” de Federico García Lorca. Entre las múltiples lecturas que se pueden aplicar a esta obra me quedo con dos. Disfrutar sin más de la simpatía, el desparpajo y la emotividad de su historia. Y profundizar en su subtexto para poner de relieve la desigual realidad social que hombres y mujeres vivían en la España rural de principios del siglo XX. Eso sí, ambas quedan unidas por la habilidad de su autor para demostrar la profundidad emocional y la belleza que puede llegar a tener y causar la transmisión oral de lo cotidiano.

“La chunga” de Mario Vargas Llosa. La realidad está a mitad de camino entre lo que sucedió y lo que cuentan que pasó, entre la verdad que nadie sabe y la fantasía alimentada por un entorno que no tiene nada que ofrecer a los que lo habitan. Una desidia vital que se manifiesta en diálogos abruptos y secos en los que los hombres se diferencian de los animales por su capacidad de disfrutar ejerciendo la violencia sobre las mujeres. Mientras tanto, estas se debaten entre renunciar a ellos para mantener la dignidad o prestarse a su juego cosificándose hasta las últimas consecuencias.

“American buffalo” de David Mamet. Sin más elementos que un único escenario, dos momentos del día y tres personajes, David Mamet crea una tensión en la que queda perfectamente expuesto a qué puede dar pie nuestro vacío vital cuando la falta de posibilidades, el silencio del entorno y la soledad interior nos hacen sentir que no hay esperanza de progreso ni de futuro.

“The real thing” de Tom Stoppard. Un endiablado juego entre la ficción y la realidad, utilizando la figura de la obra dentro de la obra, y la divergencia del lenguaje como medio de expresión o como recurso estético. Puntos de vista diferentes y proyecciones entre personajes dibujadas con absoluta maestría y diálogos llenos de ironía sobre los derechos y los deberes de una relación de pareja, así como sobre los límites de la libertad individual.

“Tales from Hollywood” de Christopher Hampton. Cuando el nazismo convirtió a Europa en un lugar peligroso para buena parte de su población, grandes figuras literarias como Thomas Mann o Bertold Brecht emigraron a un Hollywood en el que la industria cinematográfica y la sociedad americana no les recibió con los brazos tan abiertos como se nos ha contado. Christopher Hampton nos traslada cómo fueron aquellos años convulsos y complicados a través de unos personajes brillantemente trazados, unas tramas perfectamente diseñadas y unos diálogos maestros.

“Los Gondra” y “Los otros Gondra” de Borja Ortiz de Gondra. Gondra al cubo en un volumen que reúne dos de los montajes teatrales que más me han agitado interiormente en los últimos años. Una excelente escritura que combina con suma delicadeza la construcción de una sólida y compleja estructura dramática con la sensible exposición de dos temas tan sensibles -aquí imbricados entre sí- como son el peso de la herencia, la tradición y el deber familiar con el dolor, el silencio y el vacío generados por el terrorismo.

“This was a man” de Noël Coward. En 1926 esta obra fue prohibida en Reino Unido por la escandalosa transparencia con que hablaba sobre la infidelidad, las parejas abiertas y la libertad sexual de hombres y mujeres. Una trama sencilla cuyo propósito es abrir el debate sobre en qué debe basarse una relación amorosa. Diálogos claros y directos con un toque ácido y crítico con la alta sociedad de su tiempo que recuerdan a autores anteriores como Oscar Wilde o George B. Shaw.