Archivo de la etiqueta: biografía

“Vida con Picasso” de Françoise Gilot y Carlton Lake

Poca gracia debió hacerle a Pablo que doce años después de que su relación se acabara, su cuarta musa publicara este conjunto de caras B del máximo impulsor del arte del siglo XX. Un ajuste de cuentas entretenido, que no sobresale ni por su calidad narrativa ni por la calidad de sus contenidos, pero que se presenta como un supuesto retrato de la persona que se escondía tras el personaje.

VidaConPicasso

Cuando se conocieron Pablo se veía joven y ella se consideraba una persona en proceso de formación. Cuando se dejaron, él se negaba a reconocer que contemplaba ya la perspectiva de la vejez y Françoise afrontaba la vida desde la estabilidad de la madurez y la experiencia ganada. Entre tanto, pasaron juntos diez años, desde 1943 hasta 1953. Los encuentros esporádicos en el estudio de la Rue des Grands-Augustins entre una joven aspirante a artista y el ya consagrado maestro se fueron haciendo más frecuentes hasta que derivaron en una convivencia formal entre París y diversas localizaciones del Midi francés. Una relación que trajo consigo dos hijos, Claude y Paloma, y que constituye uno de los grandes capítulos femeninos de la vida de Picasso tras los anteriores de Olga, Marie-Thérèse y Dora y el posterior de Jacqueline.

Al igual que todas ellas, Gilot también fue musa y compañera, pero una vez que el autor del Guernica sintió que la novedad que ella le aportaba se iba apagando, le dio un papel secundario en su día a día como encargada de sus cuestiones logísticas y de mantenimiento, en lugar del coprotagonismo que ella estimaba merecer como resultado del amor, el diálogo y el entendimiento mutuo.

Hay quien dice que fue por deseo de protagonismo, según otros por venganza, pero fuera cual fuera la motivación cuando en 1965 publicó Vida con Picasso en colaboración con el crítico de arte Carlton Lake, nadie en torno al genio de la pintura, la escultura y el grabado se mostró indiferente. Muchos denostaron esta obra por oportunista, otros por su poca calidad literaria, pero tantos unos como otros leyeron alguno de los más de un millón de ejemplares que se vendieron en sus primeros años en el mercado.

Cierto es que el inventor del cubismo no sale bien parado. Françoise Gilot le retrata como un constante trabajador cuyo afán era superarse cada día, pero también como un padre despreocupado, una pareja desconsiderada, un jefe tiránico y un amigo desconfiado. Algo así como un vampiro y un parásito que se alimentaba de la energía de los demás y cuya tranquilidad espiritual pasaba por tener todo bajo control, dominando de manera harto caprichosa cuanto sucediera a su alrededor.

A tenor de lo que cuenta su ex, solo era capaz de ser completamente educado y respetuoso con aquellos a los que admiraba, como fue el caso de Matisse cuando ambos ya eran figuras que muy pocos se atrevían a poner en duda. En cambio, cuando consideraba que quien tenía enfrente no estaba a su nivel intelectual y creativo, su comportamiento era manipulador –poniendo a prueba la paciencia de sus marchantes-, incisivo o irónico –como los episodios narrados en torno a Braque o Paul Eluard-. Y como estos, muchos otros momentos de todo tipo que revelan cómo era, supuestamente, Pablo Picasso, genio ilustre unas veces, déspota ilustrado otras.

Vida con Picasso, Françoise Gilot y Carlton Lake, 1965 (edición de 2010), Elba Editorial.

“No entres dócilmente en esa noche quieta” de Rodrigo Menéndez Salmón

Matar al padre y resucitarlo para enterrarlo en paz. Un sincero, profundo y doloroso ejercicio freudiano con el que un hijo pone en negro sobre blanco los muchos grises de la relación con su progenitor. Un logrado y preciso esfuerzo prosaico con el que su autor se explora a sí mismo con detenimiento, observa con detalle el reflejo que le devuelve el espejo y afronta el diálogo que surge entre los dos.

El 12 de junio de 2015 fallecía en Gijón el padre de Rodrigo Menéndez Salmón. Después de 33 años de enfermedad, por fin descansaba. Él y los suyos, diríamos. Pero no su único descendiente, o no de la manera que podríamos suponer. Su hijo comenzó entonces un proceso de búsqueda, análisis, repaso y soliloquio mental que casi un lustro después ha dado como resultado este volumen con presunción de honestidad y sinceridad en el que lo biográfico toma forma literaria y la creación literaria se funde con las memorias personales y familiares.

No entres dócilmente en esa noche quieta no es un ajuste de cuentas ni una elegía. Tiene algo de ambas, pero sería demasiado superficial definirlo como tal. El padre es el inicio, la excusa, el motivo y el hilo conductor para que Rodrigo indague en sí mismo y descubra quién y cómo es, sus lagunas, sus faltas, sus imperfecciones y, sobre todo, sus miedos. Pero no solo los de ahora, los del hombre adulto, maduro y capaz de autogestionarse, sino también los de aquel chaval de diez años que sin tener a donde agarrarse o proyectarse, vio como su vida cambiaba bruscamente tras el infarto de su progenitor. Comenzaba entonces para él una prolongada convivencia con la muerte, presencia que se instaló en su casa de manera permanente amenazando con ejecutar su sentencia en cualquier momento.

Ese es el punto de inflexión que tal y como describe, transmite y ejemplifica con multitud de situaciones, comportamientos, reflejos y respuestas, anuló su niñez, oscureció su adolescencia y tiñó de gris y de neurosis tanto su trayectoria personal y profesional, como su manera de contemplar el mundo y de relacionarse con él.

Su hondo relato, su precisa narración y su claridad argumental traen a la luz al muchacho que creció en aquella atmósfera sin oxígeno y con aquel padre anclado por su diagnóstico médico. Al joven que después huyó de aquella figura que no respondía a lo que esperaba de ella. Al adulto que, sin acercarse en exceso, volvería sin terminar de reconocerla. Y al hombre maduro que con el tiempo, quizás tarde, quizás cuando tocaba, fue capaz de captar, entender e interiorizar las lecciones de vida que tanto la eternidad de esa situación como las luces y las sombras de su padre le habían mostrado y ofrecido.

Anclándose a símbolos y símiles literarios (como el verso de Dylan Thomas del que toma el título, Kafka o Philip Roth), cinematográficos (Interstellar, John Gielgud o Louis Malle), filosóficos (Sócrates, Spinoza, Jean Améry), musicales (Erik Satie, Nirvana, Pearl Jam) y mitológicos (Jano, la isla de Atlántida), Menéndez Salmón bucea entre sus recuerdos y vivencias. Una inmersión en la que establece conexiones nunca antes percibidas y toma conciencia de lo hasta ahora negado, obviado o evitado -y por ello confundido o malinterpretado- para, gracias al poder sanador de la escritura, darle un orden y un sentido en este valiente, desnudo y profundo ejercicio de auto descubrimiento.  

No entres dócilmente en esa noche quieta, Rodrigo Menéndez Salmón, 2020, Seix Barral.

Elton John es “Rocketman”

No es una biografía al uso. No es un repaso de la carrera artística del hombre que ha vendido más de 300 millones de copias de sus discos. Es la historia de cómo se forjó su genio y tomaron cuerpo sus demonios interiores, alimentándose mutuamente hasta que los segundos casi acaban con él. Muy bien resuelta en lo musical, tan solo correctamente en lo personal, aunque hay que decir a su favor que afronta sus zonas oscuras de manera abierta y honesta.

Rocketman.jpg

En su primer minuto de proyección Rocketman promete alcohol, sexo y drogas. Acto seguido da inicio un número musical con las claves de los que estarán por venir. No solo haciéndonos vibrar y disfrutar, sino sirviéndose de sus letras para contarnos quién y cómo es Elton John y la vida que ha tenido. Las personas que más íntimamente han formado parte de ella -sus padres, su abuela, su colega Bernie Taupin, su manager y primer amor John Reid- y la manera en que durante mucho tiempo vivió las emociones que sus relaciones con ellos le causaron.

Taron Egerton no encarna a un hombre al que la fama y el éxito le embriagaron, sino a un niño falto de amor paterno (nunca le abrazó) y a un homosexual sin reconocimiento materno (entendía su orientación sexual, pero le pidió que no le hablara de ello). Así fue como se forjó la necesidad expresiva y creativa de un ser humano con un lastre de vacío y soledad imposible de olvidar, aplacar o sustituir por las ofertas de los productores, las alabanzas de la crítica y los aplausos del público. Un intento de equilibrio que no funcionó y que trajo consigo la ruptura y la debacle interior, algo que Dexter Fletcher expone sin histrionismos, consiguiendo que entendamos plenamente el proceso humano que hay tras ello.

Pero aunque nos traslada hasta donde quiere llevarnos, también lo es que lo hace por un camino no siempre comprensible. Tras un arranque que funciona como una perfecta declaración de intenciones tanto a nivel de guión como de dirección, Rocketman da por hecho que somos conocedores de la carrera musical y la trayectoria personal de su protagonista y una vez que lo sitúa en el lujo y el barroquismo del éxito deja de contarnos cómo evoluciona su carrera artística. La música sigue, pero la narración está plenamente centrada en su infierno interior, generando una sensación de desorientación al no situar ni contextualizar cronológicamente el conflicto entre la persona (Reginald Dwight) y el personaje (Elton John).

Así, algunos episodios personales -la toxicidad de su relación con John Reid tras su ruptura o su matrimonio con Renate Blauel- quedan apenas bocetados, utilizándolos como explicación (de causa o de efecto) de su relato, pero sin llegar a integrarlos plenamente en él. Rocketman deja de ser entonces la biografía de Elton John para pasar a ser un drama que se estrecha en exceso. Pero quizás porque no cae en lugares comunes como la megalomanía o el peso de la fama, es capaz de remontar el vuelo en su recta final y logra cerrar acertadamente su historia dejándonos la impresión de que hemos visto un testimonio de vida más que un biopic. 

“Golpéate el corazón” de Amélie Nothomb

Una fábula sobre las relaciones materno filiales y las consecuencias que puede tener la negación de la primera de ejercer sus funciones. Una historia contada de manera directa, sin rodeos, adornos ni excesos, solo hechos, datos y acción. 37 años de una biografía recogidas en 150 páginas que nos demuestran que la vida es circular y que nuestro destino está en buena medida marcado por nuestro sistema familiar.

GolpeateElCorazon.jpeg

En su inicio parece que esta va a ser la historia de Marie, una joven de diecinueve años de extraordinaria belleza, pero de mayor orgullo aún, cuya autoestima vive de la atracción, envidia y celos que su físico genera tanto entre hombres como mujeres. Hasta que nace su hija Diane, con quien no ejerce de madre en ningún momento, llegando incluso a ignorar hasta su presencia física. Así es como esa niña nacida en 1971 -y que afortunadamente sí cuenta con el amor de su padre y sus abuelos- toma conciencia de su existencia y se va construyendo su sitio en el mundo.

A través de lo que ve, lo que escucha y sus reflexiones interiores le da sentido a lo que no le encaja e intenta aliviar lo que le duele para lograr un doble objetivo, sobrevivir a aquello a lo que está irremediablemente unida, al tiempo que conseguir avanzar. Algo así como si uno de los huevos de Mama, la escultórica araña de Louise Bourgeois se viera fuera de su red contenedora, pero la tuviera siempre presente en su campo de visión. Una neurosis que Nothomb muestra sin descripciones explicativas, recurriendo única y exclusivamente a la acción, en un logrado ejercicio de síntesis sobre el comportamiento y la conducta humana.

Golpéate al corazón es tan directo como su título. Su objetivo no es ser realista, sino verosímil. No pretende que razones o elucubres, sino que te veas en la misma necesidad que su protagonista, todo o nada, la extrema inteligencia o la locura, el funambulismo exitoso o caer en el abismo de tu interior. Su brevedad no resulta somera, va pasando por todas las etapas de la formación emocional e intelectual de su protagonista dejando ver las decisiones que ha tomado, pero sin olvidar que cada una de ellas tiene consecuencias con las que ha de lidiar, espejos inesperados, circunstancias que se repiten y personas que van a seguir ahí, sí o sí.

Con su particular estilo (Estupor y temblores) entre la acidez, la ironía y una estoica asertividad -paradójica cuando se habla de cuestiones emocionales- y utilizando a Diane como hilo argumental, lo que Amélie realmente nos cuenta es que nuestra vida se inicia con un destino no tan libre y abierto como nos creemos. En el que tenemos opciones individuales, pero dentro de unas coordenadas que vienen marcadas por quienes nos engendraron.

Su mensaje entre líneas, bien para compartirlo con nosotros, bien para recordárselo a sí misma, es que una vida sana y mentalmente equilibrada pasa por ser conscientes de las coordenadas familiares y emocionales en las que venimos al mundo. Y a partir de ahí, asumir como propio lo que nos conviene, dejar atrás lo que no y convivir de la manera más saludable posible con las partes irrenunciables, como son los lazos biológicos y la inevitable afectividad que estos conllevan, por muy negados o no manifestados que hayan estado.

Golpéate el corazón, Amélie Nothomb, 2019, Editorial Anagrama.

10 novelas de 2017

Historias escritas en España, EE.UU., Francia o Panamá, cuentos de apenas unas páginas y relatos largos, narraciones sobre el amor y la amistad, sobre el deseo de conocer y la ilusión de un futuro mejor, habitadas por personas que fueron importantes y por otras que llegan de nuevas a ellas,…

10novelas2017.jpg

Las impuras” de Carlos Wynter Melo. Una mujer que no sabe quién es y otra que imagina por ella sus recuerdos. Un ejercicio de creatividad que a esta segunda le vale para alejarse de aquellas vivencias en que el derrumbe de su país, cuando fue ocupado por las tropas norteamericanas en 1989, le hizo sentir que su vida había perdido su sentido, obligándola a huir. Una pequeña novela escrita con la verdad del corazón y contada desde el deseo de honestidad con que se procesan las emociones en el estómago.

lasimpuras

El amor del revés” de Luis G. Martín. Bajo el formato de autobiografía, un relato de la vivencia de la homosexualidad en la España de las últimas décadas. En un país retrasado, trasnochado, nacional católico primero e insensible, embrutecido y no tan progre como se creía aún mucho tiempo después. Una narración íntima y desnuda que muestra sin pudor, pero también sin lástima ni compasión, el dolor, las lágrimas y el terror que conlleva aceptarse, mostrarse y vivirse cuando se inicia ese proceso en la más absoluta soledad. Un ejercicio literario de sinceridad y honestidad en el que queda plasmado cómo se pueden sanar las heridas y hacer de la debilidad, fortaleza y de la vergüenza sufrida, orgullo de ser como se es y ser quién se es.

elamordelreves

La conjura de los necios” de John Kennedy Toole. Una lectura tan divertida como estimulante. Una ácida y corrosiva narrativa que no deja títere con cabeza en su disección de cada personaje y situación en mil piezas. Una abrumadora construcción de una serie de situaciones y entornos en los que se pone patas arribas múltiples aspectos de la sociedad actual (la familia, el trabajo, la educación,…). Una ironía y una sátira brutales con las que quedan al descubierto todas nuestras imperfecciones, contradicciones y paradojas.

LaConjuraDeLosNecios

La vida ante sí” de Romain Gary. Literatura de alto nivel, exquisita y elevada, pero accesible para todos los públicos. Por su protagonista, un niño árabe criado por una antigua meretriz judía, ahora metida a regente de una pequeña residencia de hijos de mujeres que ejercen la que fuera su profesión. Por su punto de vista, el del menor, espontáneo en sus respuestas y aplastantemente lógico en sus planteamientos. Pero sobre todo por la humanidad con que el autor nos presenta las relaciones entre personas de todo tipo, los retos cotidianos que supone el día a día y las dificultades de vivir al margen del sistema en el París de los años 60.

650_P86534B.jpg

La canción pop” de Raúl Portero. La música tiene el mágico poder de ser capaz de contar una historia en muy pocos minutos, presentándote los personajes involucrados, relatando qué sucede entre ellos, qué viven y qué sienten, de dónde vienen y a dónde desean ir. Todos tenemos una canción de nuestra vida, esa que imaginábamos que hablaba de nosotros y que con su ritmo nos llegó muy hondo la primera vez que la escuchamos, haciendo que afloraran a la superficie emociones cuya intensidad no creíamos ser capaces de sentir pero que deseábamos vivir. Un sueño que ya no perseguimos pero al que no renunciamos. Eso es esta novela contenida, auténtica, una partitura fresca y ágil, aparentemente liviana, pero que dispara de manera certera y da de pleno en el blanco.

LaCancionPop

La noche del oráculo” de Paul Auster. El libro dentro del libro. El autor que se imagina la historia de un personaje que se propone iniciar una nueva vida, como si se colocara ante una hoja en blanco, tal y como hace desde este otro plano contrapuesto a la ficción que es la realidad. Un mundo de carne y hueso en el que suceden acontecimientos que adquieren un significado más allá cuando son contextualizados por un editor que sabe cómo relacionarlos entre sí. Ese es el laberinto mágico de paralelismos, espejos, verdades e irrealidades perfectamente trazado por el que nos hace transitar Paul Auster.

lanochedeloraculo

La tierra convulsa” de Ramiro Pinilla. Del Getxo agrícola y ganadero de finales del siglo XIX al Gran Bilbao industrial, burgués y capitalista del XX. Del idealismo costumbrista con que se recuerda el pasado al que nos aferramos, al realismo social de un entorno cambiado tras un proceso de profunda agitación. La primera y bien planteada entrega de una trilogía, “Verdes valles, colinas rojas”, en la que su autor prima en ocasiones sus habilidades como escritor sobre la fluidez de su relato.

latierraconvulsa

Nubosidad variable” de Carmen Martín Gaite. La bruma del título es también la de la mente de las dos protagonistas de mediana edad de esta ficción que no aciertan a saber cómo enfocar correctamente sus vidas. Una revisión de pasado, entre epistolar y monologada, y un poner orden en el presente a través de una prosa menuda y delicada con la que llegar mediante las palabras hasta lo más íntimo y sensible. De fondo, un retrato social de la España de los 80 finamente disuelto a lo largo de una historia plagada de acertadas referencias literarias.

nubosidad variable.qxd:PlantGUÍA.qxd

Patria” de Fernando Aramburu. Una obra que toca todos los palos de lo que por distintos motivos unos y otros llamaron conflicto. La visión política, la realidad social y la vivencia personal en un entorno en el que todo se movía aparentemente en un amplio rango de grises tras el que se ocultaba la cruda realidad de la vida o la muerte, o conmigo o contra mí. Un relato ambicioso y muy bien estructurado al que se le echa en falta ir más allá de su hoja de ruta para emocionarnos no solo por lo que narra en su trama principal, sino también por lo que cuenta y propone en las secundarias.

Patria_FernandoAramburu

Un perro” de Alejandro Palomas. El bagaje de cuarenta años de biografía, el balance de todo lo vivido por Fer y de los capítulos que conforman el libro de su presente, el ajuste entre las distintas piezas que conforman el puzle de su familia. Alejandro Palomas plasma con gran belleza, equilibrio y naturalidad cuanto pasa por la mente de su protagonista durante unas horas de tensa y amarga, pero también sosegada y meditada espera. Desde lo más ligero y superficial, los lugares comunes en los que nos refugiamos, a los más íntimos y ocultos, aquellos que rehuimos para no volver a encontrarnos con el dolor que allí dejamos.

UnPerro

 

 

“Los Gondra (una historia vasca)”

Una familia, un pueblo, una nación a lo largo de un siglo. Del terrorismo practicado con pistolas y silencio, a la guerra civil entre hermanos, herederos de aquellos que se fueron por haber sido considerados traidores de una patria que no sentían suya. Un texto que llega a la esencia de las relaciones familiares y sociales en un montaje coral con una buena dirección de actores al que le sobran algunos artificios de su puesta en escena.

LosGondra.jpg

Borja Ortiz de Gondra abre la función desde el centro del escenario como autor, narrador y actor novel. Antes que los demás actores –que interpretan, cantan y bailan- sale él para contarnos que lo que vamos a ver y escuchar no es la historia de una familia de ficción, es la de una auténtica, la suya. Un ejercicio de autobiografía colectiva cuyos resultados seguro han asombrado a Borja en muchos sentidos. No es lo mismo la sensación interior de lo vivido, y la recreación mental de lo escuchado, que la encarnación corporal de todo esto a cargo de terceros. Seguro que ha sentido una amalgama de emociones y ha tomado conciencia de realidades que antes le pasaron desapercibidas o para las que no tuvo la fuerza o las habilidades necesarias para hacerles frente. Un arriesgado reto en el que se sumerge este hermano, hijo, nieto y bisnieto buscando en lo más actual y cercano de su familia los hilos narrativos que la conforman. Un viaje que le lleva en una primera parada a la oscuridad etarra de 1985, de ahí a la opresión dictatorial de 1940 y finalmente hasta 1898,  año de vuelta de muchos de aquellos obligados a emigrar a América en 1874.

Una boda y un coche bomba ponen de relieve los vínculos biológicos que unen a los Gondra, pero también los ideológicos que les separan. En Algorta se convive con aquel que está cercano a los que asesinan, pero se es incapaz de hacer frente a esa realidad, se sabe que está mal, pero no se actúa frente a ello. Se responde con un silencio que el tiempo ha demostrado que no era mantenerse al margen, sino una enferma y cobarde complicidad que aun pide ser expiada y expurgada.

Sombras y pasajes sin iluminación de una falsa guerra que no era como la verdadera de casi medio siglo atrás en que quedó claro donde estaba cada uno, quién apoyaba a los nacionales y quién a los republicanos, quien optó por salvar su pellejo y quién por defender su ideales y principios, jugándose la vida en el frente, en la ruleta rusa de las redadas y en el terreno sin ley de la prisión. Una guerra civil que no solo enfrentó a españoles contra españoles, sino también a vascos contra vascos y a hermanos contra hermanos. Un conflicto del que no se podía escapar, o demostrabas cumplir las normas y hábitos del bando vencedor, o estabas condenado a castigo perpetuo. Una broma macabra que volvía a repetirse, la apisonadora del Estado centralista ya había intentado acabar con el sentido colectivo de las gentes de esta tierra bajo la excusa de haber optado por el bando equivocado en el momento de la sucesión monárquica (carlistas vs. isabelinos).

Todo un siglo, casi cien años en que los hijos evolucionan respecto a los padres y sus maneras de ver el mundo, y de tomar conciencia de su lugar en él, plantean conflictos a sus progenitores. Unas veces de valores (aceptación de la homosexualidad), otras ideológicos (la violencia como recurso para defender ideales) y en muchas ocasiones, combinándose con los anteriores, identitarios (contar con derechos adquiridos si se originario de la tierra que se pisa). Los Gondra es una lograda disección del costumbrismo euskaldún y de la convivencia de una familia que, aunque sea única, es también como muchas otras del País Vasco por el entorno cultural, social, ideológico y político tan intenso, exigente y presente en sus vidas cotidianas. Un marco del que difícilmente se podía uno mantener al margen, o se tomaba parte activa en él o este podría volverse en contra, respondiendo con una asfixiante opresión.

Casi dos horas de continuos diálogos en que todos estos aspectos quedan muy hilvanados y que no necesitan del recurso de las proyecciones a que son tan dados los centros con grandes equipamientos técnicos, como es el Teatro Valle-Inclán. No molestan, pero si no estuvieran harían que la palabra fuera aún más importante y protagonista de lo que Borja Ortiz de Gondra logra con su escritura y su apuesta por mostrarse, tanto a sí mismo como a su apellido.

Los Gondra (una historia vasca), en el Teatro Valle-Inclán (Madrid).

“La vida de Kostas Venetis” de Octavian Soviany

La biografía de un hombre que no se sabe si fue real o un personaje, un ser humano o una ficción. Un relato sórdido y primario, pero también excesivo e intenso. Un horror vacui lleno de palabras –tan alegre y jocoso como estético y saturado en ocasiones- con el que llevarnos desde Salónica y Estambul hasta Bucarest, Viena, París y Venecia durante la segunda mitad del siglo XIX.

La-vida-de-Kostas_Portada_web.jpg

Esta es la historia de un ser llamado Kostas Venetis cuyo narrador no sabe si fue alguien a quien conoció de verdad o si solo sabe de él lo que le contó y fue anotando en un sinfín de hojas manuscritas. Un legado que nos llega a nosotros de la mano de otro intermediario que dice que esto no es una creación de su imaginación sino la recopilación de distintas fuentes de información que a lo largo del tiempo le fueron llegando.

Un juego de distintos planos que constituye no solo el punto de partida de esta novela de muchas páginas, sino también el prisma a través del cual ir adentrándose tanto en su impetuosa trama principal como en sus múltiples y desbordantes secundarias. Unas y otras llenas de sangre, semen y demás fluidos corporales, llegando incluso a lo más escatológico.

No hay nada comedido en la vida de este hombre que nace en tierras griegas bajo el dominio del Imperio Otomano. Hijo de un cornudo y de una madre que se le insinúa incluso a él, crecido como adolescente entre monjes que le forman en el arte de la medicina popular, consorte de un militar en la exótica Constantinopla, buscavidas en un Bucarest mísero que le catapulta a la capital del Imperio Austro-Húngaro desde donde después llegará al París revolucionario en el que se codeará incluso con pintores impresionistas.

Una colección de postales llenas de luz y color en las que se rozará, excitará, lubricará y eyaculará una y otra vez, sin decoro ni pudor alguno, con muchos hombres, pero también con alguna mujer. Sexo salvaje, casi animal, a caballo entre el hedonismo, lo incontrolable y el más brutal sentido de la posesión.

Una sucesión a velocidad de vértigo de episodios y anécdotas de todo tipo en los que no hay ni un segundo de descanso ni cortesía con el lector. La prosa de Saviany no concede un momento de tregua, manteniéndonos en continua tensión, entre la excitación y la exaltación gracias a su buen manejo del lenguaje, su estilo directo y su nula auto censura en todo lo referente a lo sexual, lo genital y lo visceral. Sin embargo, no se debe pensar que La vida de Kostas Venetis es una novela erótica, centrada en alcobas y camas, estas no son más que uno de los muchos emplazamientos en los que ocurren las aventuras y desventuras de este hombre que no se sabe si es ángel o diablo, víctima o verdugo.

Vivencias personales en un entorno en el que Venetis se viste en ocasiones de mujer, en otras realiza trucos de magia, y cuando no, practica el sadomasoquismo mientras los grandes imperios iniciaban un ocaso sin retorno, algunas monarquías eran sustituidas por repúblicas y el anarquismo político era incluso una opción considerada. Un todo muy bien combinado y mezclado que en ocasiones deja sin aliento por ser tan apabullante, pero al que lo único que puede echársele en cara sea que no nos deje ni un momento de respiro.