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10 ensayos de 2021

Reflexión, análisis y testimonio. Sobre el modo en que vivimos hoy en día, los procesos creativos de algunos autores y la conformación del panorama político y social. Premios Nobel, autores consagrados e historiadores reconocidos por todos. Títulos recientes y clásicos del pensamiento.

“La sociedad de la transparencia” de Byung-Chul Han. ¿Somos conscientes de lo que implica este principio de actuación tanto en la esfera pública como en la privada? ¿Estamos dispuestos a asumirlo? ¿Cuáles son sus beneficios y sus riesgos?  ¿Debe tener unos límites? ¿Hemos alcanzado ya ese estadio y no somos conscientes de ello? Este breve, claro y bien expuesto ensayo disecciona nuestro actual modelo de sociedad intentando dar respuesta a estas y a otras interrogantes que debiéramos plantearnos cada día.

“Cultura, culturas y Constitución” de Jesús Prieto de Pedro. Sea como nombre o como adjetivo, en singular o en plural, este término aparece hasta catorce veces en la redacción de nuestra Carta Magna. ¿Qué significado tiene y qué hay tras cada una de esas menciones? ¿Qué papel ocupa en la Ley Fundamental de nuestro Estado de Derecho? Este bien fundamentado ensayo jurídico ayuda a entenderlo gracias a la claridad expositiva y relacional de su análisis.

“Voces de Chernóbil” de Svetlana Alexévich. El previo, el durante y las terribles consecuencias de lo que sucedió aquella madrugada del 26 de abril de 1986 ha sido analizado desde múltiples puntos de vista. Pero la mayoría de esos informes no han considerado a los millares de personas anónimas que vivían en la zona afectada, a los que trabajaron sin descanso para mitigar los efectos de la explosión. Individuos, familias y vecinos engañados, manipulados y amenazados por un sistema ideológico, político y militar que decidió que no existían.

«De qué hablo cuando hablo de correr» de Haruki Murakami. “Escritor (y corredor)” es lo que le gustaría a Murakami que dijera su epitafio cuando llegue el momento de yacer bajo él. Le definiría muy bien. Su talento para la literatura está más que demostrado en sus muchos títulos, sus logros en la segunda dedicación quedan reflejados en este. Un excelente ejercicio de reflexión en el que expone cómo escritura y deporte marcan tanto su personalidad como su biografía, dándole a ambas sentido y coherencia.

“¿Qué es la política?” de Hannah Arendt. Pregunta de tan amplio enfoque como de difícil respuesta, pero siempre presente. Por eso no está de más volver a las reflexiones y planteamientos de esta famosa pensadora, redactadas a mediados del s. XX tras el horror que había vivido el mundo como resultado de la megalomanía de unos pocos, el totalitarismo del que se valieron para imponer sus ideales y la destrucción generada por las aplicaciones bélicas del desarrollo tecnológico.

“Identidad” de Francis Fukuyama. Polarización, populismo, extremismo y nacionalismo son algunos de los términos habituales que escuchamos desde hace tiempo cuando observamos la actualidad política. Sobre todo si nos adentramos en las coordenadas mediáticas y digitales que parecen haberse convertido en el ágora de lo público en detrimento de los lugares tradicionales. Tras todo ello, la necesidad de reivindicarse ensalzando una identidad más frentista que definitoria con fines dudosamente democráticos.

“El ocaso de la democracia” de Anne Applebaum. La Historia no es una narración lineal como habíamos creído. Es más, puede incluso repetirse como parece que estamos viviendo. ¿Qué ha hecho que después del horror bélico de décadas atrás volvamos a escuchar discursos similares a los que precedieron a aquel desastre? Este ensayo acude a la psicología, a la constatación de la complacencia institucional y a las evidencias de manipulación orquestada para darnos respuesta.

“Guerra y paz en el siglo XXI” de Eric Hobsbawm. Nueve breves ensayos y transcripciones de conferencias datados entre los años 2000 y 2006 en los que este historiador explica cómo la transformación que el mundo inició en 1989 con la caída del muro de Berlín y la posterior desintegración de la URSS no estaba dando lugar a los resultados esperados. Una mirada atrás que demuestra -constatando lo sucedido desde entonces- que hay pensadores que son capaces de dilucidar, argumentar y exponer hacia dónde vamos.

“La muerte del artista” de William Deresiewicz. Los escritores, músicos, pintores y cineastas también tienen que llegar a final de mes. Pero las circunstancias actuales no se lo ponen nada fácil. La mayor parte de la sociedad da por hecho el casi todo gratis que han traído internet, las redes sociales y la piratería. Los estudios universitarios adolecen de estar coordinados con la realidad que se encontrarán los que decidan formarse en este sistema. Y qué decir del coste de la vida en las ciudades en que bulle la escena artística.

«Algo va mal» de Tony Judt. Han pasado diez años desde que leyéramos por primera vez este análisis de la realidad social, política y económica del mundo occidental. Un diagnóstico certero de la desigualdad generada por tres décadas de un imperante y arrollador neoliberalismo y una silente y desorientada socialdemocracia. Una redacción inteligente, profunda y argumentada que advirtió sobre lo que estaba ocurriendo y dio en el blanco con sus posibles consecuencias.

10 novelas de 2021

Dos títulos a los que volví más de veinte años después de haberlos leído por primera vez. Otro más al que recurrí para conocer uno de los referentes del imaginario de un pintor. Cuatro lecturas compartidas con amigos y sobre las que compartimos impresiones de lo más dispar. Uno del que había oído mucho y bueno. Y dos más que leí recomendados por quienes me los prestaron y acertaron de pleno.

«Venus Bonaparte» de Terenci Moix. Una biografía que combina la magnanimidad de las múltiples facetas de la historia (política, arte, religión…) con lo más mundano (el poder, el amor, el sexo…) de los seres humanos. Un trabajo equilibrado entre los datos reales, basados en la documentación, y la libertad creativa de un escritor dotado de una extraordinaria capacidad expresiva. Una narrativa fluida que ahonda, analiza, describe y explica y unos diálogos ingeniosos y procaces, llenos de respuestas y sentencias brillantes.

«A sangre y fuego» de Manuel Chaves Nogales. Once episodios basados en otras tantas situaciones reales que demuestran que la violencia engendra violencia y que la Guerra Civil fue más que un conflicto bélico entre nacionales y republicanos. Los relatos escritos por este periodista en los primeros meses de 1937 son una joya narrativa que dejan claro que esta fue una guerra total en la que en muchas ocasiones los posicionamientos ideológicos fueron una disculpa para arrasar con todo aquel que no pensara igual.

«El lápiz del carpintero» de Manuel Rivas. Una narración que, además de los hechos, abarca las emociones de sus protagonistas y sus preguntas y respuestas planteándose el por qué y el para qué de lo que está ocurriendo. Un viaje hasta la Galicia violentada en el verano de 1936 por el alzamiento nacional y embrutecida por lo que derivó en una salvaje Guerra Civil y una despiadada dictadura.

«Drácula» de Bram Stoker. Novela de terror, romántica, de aventuras, acción e intriga sin descanso. Perfectamente estructurada a partir de entradas de diarios y cartas, redactadas por varios de sus personajes, con los que ofrece un relato de lo más imaginativo sobre la lucha del bien contra el mal. El inicio de un mito que sigue funcionando y a cuya novela creadora la pátina del tiempo la hace aún más extraordinaria.

“Alicia en el país de las maravillas” y «Alicia a través del espejo», de Lewis Carroll. No es la obra infantil que la leyenda dice que es. Todo lo contrario. Su protagonista de siete años nos introduce en un mundo en el que no sirven las convenciones retóricas y conceptuales con que los adultos pensamos y nos expresamos. Una primera parte más lúdica y narrativa y una segunda más intelectual que pone a prueba nuestras habilidades para comprender las situaciones en las que la lógica hace de las suyas.  

«Feria» de Ana Iris Simón. Narración entre la autobiografía, el fresco costumbrista y la mirada crítica sobre las coordenadas de nuestro tiempo desde la visión de una joven de treinta años educada para creer que cuando llegara a los treinta tendría el mundo a sus pies. Un texto que, jugando a la autenticidad de lo espontáneo, bordea el artificio de lo naif, pero que plasma muy bien la inmaterialidad que conforma nuestra identidad social, familiar y personal.

“A su imagen” de Jérôme Ferrari. La historia, el sentido, el poder y la función social del fotoperiodismo como hilo conductor de una vida y como medio con el que sintetizar la historia de una comunidad. Una escritura honda que combina equilibradamente puntos de vista y planos temporales, que descifra con precisión lo silente y revela la realidad de los vínculos entre la visceralidad y la racionalidad de la naturaleza humana.

«La ridícula idea de no volver a verte» de Rosa Montero. Lo que se inicia como una edición comentada de los diarios personales de Marie Curie se convierte en un relato en el que, a partir de sus claves más íntimas, su autora reflexiona sobre las emociones, las relaciones y los vínculos que le dan sentido a nuestra vida. Una prosa tranquila, precisa en su forma y sensible en su fondo que llega hondo, instalándose en nuestro interior y dando pie a un proceso transformador tras el que no volveremos a ser los mismos.

“Lo prohibido” de Benito Pérez Galdós. Las memorias de José María Bueno de Guzmán van de 1880 a 1884. Cuatro años de un fresco de la alta sociedad madrileña, de apariencias y despropósitos, dimes y diretes y tejemanejes sociales, políticos y económicos de los supuestamente adinerados y poderosos. Una superficie de lujo, buen gusto y saber estar que oculta una buena dosis de soberbia, corrupción, injusticia y perversión.

“Segunda casa” de Rachel Cusk. Una novela introvertida más que íntima, en la que lo desconocido tiene mayor peso que lo explícito. Ambientada en un lugar hipnótico en el que la incomunicación resulta ser la atmósfera en la que tiene lugar su contrario. Una prosa intensa con la que su protagonista se abre, expone y descompone en su intento por explicarse, entenderse y vincularse.

«Algo va mal» de Tony Judt

Han pasado diez años desde que leyéramos por primera vez este análisis de la realidad social, política y económica del mundo occidental. Un diagnóstico certero de la desigualdad generada por tres décadas de un imperante y arrollador neoliberalismo y una silente y desorientada socialdemocracia. Una redacción inteligente, profunda y argumentada que advirtió sobre lo que estaba ocurriendo y dio en el blanco con sus posibles consecuencias.

La crisis económica y financiera de 2008 se llevó por delante a una parte de la clase media del mundo occidental. Curiosamente, los que disfrutaban de situaciones más sólidas apenas se vieron perjudicados. Es más, se enriquecieron, tal y como ha vuelto a ocurrir en los últimos meses. En una configuración del mundo en la que todo se mide única y exclusivamente por lo económico, esto les situó en la posición de ganadores. Doblemente, porque las cifras de sus cuentas de ahorro les permiten acceder a unos servicios a los que otros no tienen acceso, como son una sanidad o una educación de calidad prestada por operadores privados. Mientras tanto, la sanidad y educación facilitada por las administraciones públicas se han visto depauperadas y si la tendencia sigue así, llegará el día en que no serán ni la sombra de lo que fueron ni de lo que pudieron llegar a ser.

Ahora que parece que estamos dejando atrás la pandemia del covid, no está de más recordar lo que el también autor de Pensar el siglo XX nos contaba sobre los estragos que generó el egoísmo individualista y el arrinconamiento de la colectividad que supone la figura del Estado. Una situación cuyo inicio se remonta a los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan y su apuesta por las privatizaciones, que se consolida con la caída del muro de Berlín y la reducción de las ayudas públicas y toma velocidad de crucero con la globalización. Algunos creían que esta progresión se iba a corregir con la caída de Lehman Brothers, pero visto lo visto, no hay duda alguna de que se ha prolongado hasta nuestros días. Las medidas que la mayor parte de los gobiernos nacionales e instituciones supranacionales implementaron hace una década solo sirvieron para hacer aún más débil y dependiente a quien no tuviera más recursos que a sí mismo.  

Cierto es que el mundo es ahora mucho más rico que décadas atrás, pero desde finales de los años 70 las desigualdades entre acaudalados y necesitados han aumentado, los salarios de los primeros multiplican obscenamente los de los segundos. Resultado de un neoliberalismo que de liberalismo ha tenido bien poco. Su máxima ha sido la ley del más fuerte y servirse de los elementos de la democracia, de todo aquello que nos une. Más para controlarnos (invirtiendo en defensa, seguridad…) que para hacernos progresar (cultura, pensiones, transporte…).

Una apisonadora frente a la que la socialdemocracia, que gobernó buena parte de Europa durante décadas tras la II Guerra Mundial y que inspiró el New Deal que consolidó a EE.UU. como primera potencia del mundo, no ha sabido articular un discurso sólido y con visión de futuro. Arrastrada por sus errores, por la concreción de sus debates -más sobre cuestiones acotadas a determinados grupos sociales que sobre su conjunto-, su desorientación ideológica tras la caída del comunismo y por el aburguesamiento de sus líderes, no solo no se ha identificado como alternativa, sino que tampoco ha actuado como muro de contención.

De esta manera se dejaba completamente atrás el acuerdo, la entente y la convicción que surgió tras 1945 de que la creación de riqueza económica tiene que ir acompañada obligatoriamente de búsqueda de la igualdad social y de que el papel del Estado es hacer que así ocurra (redistribuyendo adecuadamente lo recaudado vía impuestos). Curioso que los que más han apostado por la globalización -señalando que son los mercados los que nos han de gobernar y no las administraciones públicas- ejemplificaban al tiempo un estilo de vida representativo del más absoluto individualismo; o que hayan seguido predicando la eficiencia y productividad del sector privado mientras clamaban el rescate público de sus bancarrotas (he ahí los miles de millones entregados para salvar de la ruina a constructoras de autopistas y entidades financieras).

Pero más allá de su aguda mirada al pasado, el valor extra que tiene Algo va mal leído hoy es su previsión de hacia dónde consideraba Tony Judt que íbamos en 2010. Un panorama en el que buena parte de la clase media se entregaría al discurso populista y nacionalista de la ultraderecha en la creencia de que ahí encontraría el apoyo y la solución al abandono sufrido por las instituciones y la clase política. Un vaciamiento de buena parte de la geografía rural como consecuencia de la descuidada e ineficaz gestión de las redes de comunicación. O la insatisfacción de una juventud educada bajo la creencia de que iba a vivir mejor que sus padres, pudiéndose dedicar a aquello para lo que se estaban formando y encontrándose años después, si acaso, con salarios mínimos a la sombra de aquellos que habían contado con fondos para pagarse una prestigiosa escuela de negocios y oportunidades gracias a su restringida red de contactos.

¿Hemos aprendido de los errores? ¿Están dispuestos a ceder los que se han beneficiado de la injusticia? ¿Se harán escuchar los perjudicados? ¿Tendrá nuestra clase política la honestidad, arrojo y valor suficiente para ponerle fin a esta situación?

Algo va mal, Tony Judt, 2010, Editorial Taurus.

“Eterna España” de Marco Cicala

58 capítulos que nos dan a conocer los porqués de algunos episodios de la Historia de nuestro país, así como las peculiaridades que han convertido en protagonistas de nuestro imaginario a personajes de todo tipo y actividad. Una lectura que aúna lo académico y lo popular, bien documentada y expuesta, y con una redacción entre el ensayo literario y el reportaje periodístico.

Nunca conocemos suficiente. Siempre hay detalles que cuando escuchamos o leemos por primera vez nos ayudan a entender un poco más cómo hemos llegado al hoy del mundo en el que vivimos. Eso es lo que ocurre con estas piezas de Marco Cicala. Podrían abordarse de manera independiente, ya que pasan perfectamente por reportajes realizados a lo largo del tiempo para distintas publicaciones, pero muy bien unidas por el modo en que a partir de un pormenor derivan en un intrigante ovillo de fechas, lugares y nombres que conectan con nuestro recuerdo, más o menos vivo, de la Historia de España.

Cicala deja claro que cuanto relata está fundamentado en fuentes bibliográficas, entrevistas directas y visitas in situ. Así, y con un tono tranquilo y cercano con aires entre explicativos y pedagógico, niega mitos como el de la pacífica convivencia entre árabes, cristianos y judíos durante el medievo; contrasta la imagen que tenemos de La Mancha actual con aquella que recorrió el Quijote; y ahonda en las contrariedades de Miguel de Unamuno. Al tiempo, se hace eco de lo popular, de aquello que los libros de Historia no incluyen pero que también construye un país como son las madame y las casas de citas, episodios que aún están por ser digeridos como el de los robos de bebés a madres solteras y familias humildes durante décadas, o de los sucesos que inspiraron a los que se hicieron eco de ellos, como el que le sirvió a Federico García Lorca para escribir Bodas de sangre.

La información está ordenada con suma eficacia cuando tiene como origen un proceso de documentación, llevándonos de un asunto a otro en una relación de causa efecto que nos guía por sí sola. En los casos en que es obtenida de manera directa por Marco -como en las semblanzas de Camarón de la Isla o Manuel Vázquez Montalbán-, su relato es más vivencial. Se convierten en reportajes periodísticos que van desde la toma de contacto inicial a la profundización guiado por aquellos que comparten con él su experiencia, estudio y reflexión.

Considérese también la manera deliberada y explícita en que está presente en muchos de ellos la nacionalidad italiana de Cicala. Unas veces como prisma, dándonos una visión desde la distancia, diferente a la que podríamos tener cualquier nacional, pero también afectada por los vínculos con su país de algunos de los protagonistas y por la imagen que desde Italia se tiene de nosotros. Ese sentido de visión y experiencia personal, sin partir de hipótesis ni pretender establecer tesis alguna sobre la conformación de la identidad de nuestra nación o de sus habitantes, aunque generando argumentos para quien así quiera hacerlo. Eso es precisamente lo que hace interesante y recomendable la lectura de Eterna España.

Eterna España, Marco Cicala, 2017 (2020), Arpa Editores.

“El mundo no es como crees”

Afirmaciones desmontadas con argumentos expuestos con precisión, fundamentados en datos y redactados con sencillez. Más de cincuenta creencias liberadas de los prejuicios y mitos asociados para hacernos conscientes de cómo construimos irrealidades que, en mayor o medida, lastran nuestra visión del mundo y nuestra manera de relacionarnos con él.

Conocí el blog de El Órden Mundial hace algo más de un año vía twitter. Un titular, Cuando el patrimonio cultural es víctima de la guerra, me llamó la atención. La lectura posterior, además de entretenida, me resultó muy ilustrativa. Tono correcto, artículo bien documentado e hilado y sin dogmatismo alguno, dejando claros los hechos, así como las cuestiones a las que no podía ni pretendía dar respuesta. Con esa misma impresión acabo ahora El mundo no es como crees.

Secciones y contenidos sobre economía, historia, geografía, política o religión. Desmontando conceptos tan escuchados que ni recuerdo si alguna vez puse en duda su supuesto significado, como el de huelga a la japonesa, o cuestiones que se dan por hecho una y otra vez en los medios de comunicación, como las presuntas injerencias de Rusia en muchas de las crisis occidentales. Con un enfoque mezcla de academicismo y didáctica que consigue un doble efecto de cercanía y pedagogía, y que no solo hace la lectura amena, sino también instructiva.

El punto de partida de todos ellos está en la interrogante del por qué, en qué se basa y cuánto hay de cierto en lo que asumimos. Hipótesis a partir de la cual busca las fuentes que le ofrezcan los datos con que rebatir o consolidar estas afirmaciones que hemos tomado como verdades universales. A continuación contextualiza ambas aproximaciones a la realidad, teniendo en cuenta la falsedad y la veracidad de una y otra, y propone los vínculos con otras cuestiones que influyeron para que lo erróneo o lo inexacto se estableciera en nuestro imaginario colectivo.   

Se le podría acusar de un acercamiento liviano, más centrado en relatar que en analizar, lo que siempre implica el riesgo de tener que posicionarse y argumentar el porqué de ese enfoque. Pero los redactores de El Órden Mundial sí que se mojan en temas tan candentes como el supuesto origen de laboratorio o la afectación a la globalización de la COVID-19, y en otros en los que nos queda mucho por (des)aprender como en todo lo relacionado con el mundo árabe, la religión del islam o las presunciones sobre la democracia.

Se agradecen libros así, libres de pretenciosidad y sin las injerencias ruidosas de los montajes editoriales, audiovisuales o radiofónicos de muchas cabeceras informativas que, supuestamente, pretenden informar. Medios de comunicación que se olvidan de la derivada deontológica que implica informar, formar a todo aquel que vea, escuche o lea su trabajo. Elaborar la información y exponerla de manera clara y ordenada, explicando los términos que no resulten familiares, señalando los factores que generan causalidades y ofreciendo indicadores o argumentos que permitan relativizar y ponderar la importancia y trascendencia de lo transmitido.

El Órden Mundial es un título al que volver, que (re)leer con modestia y humildad, dispuestos a enmendar y corregir cuanto sea necesario para tener una visión más correcta y menos tendenciosa del mundo en el que vivimos y de muchas de las personas con las que lo compartimos.      

El mundo no es como crees, VV.AA. (El Órden Mundial), 2020, Editorial Ariel.

«Venus Bonaparte» de Terenci Moix

Una biografía que combina la magnanimidad de las múltiples facetas de la historia (política, arte, religión…) con lo más mundano (el poder, el amor, el sexo…) de los seres humanos. Un trabajo equilibrado entre los datos reales, basados en la documentación, y la libertad creativa de un escritor dotado de una extraordinaria capacidad expresiva. Una narrativa fluida que ahonda, analiza, describe y explica y unos diálogos ingeniosos y procaces, llenos de respuestas y sentencias brillantes.

Paulina Bonaparte es un personaje de lo más interesante. Hermana de Napoleón, nació en Córcega y vivió en Marsella, París, Haití y Roma, pasando de la simpleza, la escasez y la humildad al exceso, el capricho y el lujo. Casada primero con un general francés y después con el representante de una de las familias más poderosas de Italia, además de ser amante de muchos hombres. Posó para el maestro Antonio Canova, encarnando a la diosa del amor, la belleza y la fertilidad en la que es una de las piezas maestras que se puede ver actualmente en la Galería Borghese, la misma que da imagen a la portada de la primera edición de esta novela publicada en 1994. Una testigo de excepción de las decisiones geopolíticas de quien se creía heredero de Julio César y Alejandro, del resurgir de Roma como ciudad neoclásica, de las prácticas colonialistas de la metrópoli francesa y del esplendor de la ciudad de la luz en una de sus épocas de mayor grandiosidad.

Terenci Moix comienza introduciéndose de lleno en la peculiar personalidad de su protagonista en una de las etapas más voluptuosas de su vida. Cuando ejercía como princesa Borghese en la hoy capital italiana y a su alrededor todo era fiesta y exceso y sus actos estaban marcados por el impulso del deseo, la pasión y la sensualidad. Ya fuera mediante encuentros sexuales con otros hombres, ser el centro de atención en cuantos eventos sociales participara o verse ensalzada por cuanto subrayara su hermosura y juventud. Un marco en el que la desatada prosa de Moix construye, expone y se deja impregnar por la continua tormenta sensorial que suponen la arrolladora personalidad, la altiva actitud y el siempre desvergonzado comportamiento de su retratada.

De alguna manera, es como si la novela arrancara bajo la impresión de asombro y seducción que en cualquier espectador causa la referida escultura del maestro Canova en la que este, gracias a la perfección de su genio, unió de manera indisoluble la excelencia del Olimpo con la naturalidad de lo humano. Tanto la personalidad de Paulina como la escritura de Terenci son un torrente de opulencia, exquisitez y brillantez en el que lo excelso, lo elegante y lo deslumbrante están indisolublemente unidos a lo descarado sin llegar a ser vulgar, lo carnal sin resultar obsceno y lo provocador sin caer en lo chabacano.

El espejo que ofrecen lo artístico y la formalidad social romana cambia completamente de prisma cuanto la acción viaja hasta Haití, isla en la que Paulina residió como esposa de Leclerc, destinado allí como general en jefe y máxima autoridad en el entonces territorio francés. Sin dejar de lado la frivolidad, descaro y ligereza de su conducta, actitud y planteamientos vitales, el ambiente natural y salvaje, casi selvático lleva a que la otrora mujer expansiva y extrovertida se vea obligada también a la introspección y la reflexión. Una adaptación forzosa en su caso, pero en la que el también autor de Mundo macho (1971) o El sexo de los ángeles (1992) se desenvuelve hábilmente para, sin cambiar el propósito biográfico de su narración, darle otros enfoques y puntos de vista que enriquecen tanto a su personaje como a su literatura.

Y como si se tratara de una progresión, la Historia, aunque ya presente gracias al que parece un sesudo trabajo de documentación materializado en multitud de nombres, lugares y sucesos referenciados, eclosiona con su vuelta a Francia y su vivencia del Imperio. Etapa de máximo poder y liderazgo de Napoleón en la que, sin olvidar la informalidad y liviandad de su vida personal una vez que la madurez comienza a hacer mella en su pensamiento y pesar en su proceder, nos permite atestiguar su papel en la formulación, puesta en práctica y desarrollo de la imagen que tenemos de su hermano como militar, estadista y gobernante. Un desenlace en el que la confluencia entre la investigación académica y la ficción literaria hacen más evidente la simbiosis que Terenci Moix tomó como punto de partida y que mantiene hasta su conseguido cierre y punto final.

Venus Bonaparte, Terenci Moix, 1994, Editorial Planeta.

10 ensayos de 2020

La autobiografía de una gran pintora y de un cineasta, un repaso a las maneras de relacionarse cuando la sociedad te impide ser libre, análisis de un tiempo histórico de lo más convulso, discursos de un Premio Nobel, reflexiones sobre la autenticidad, la dualidad urbanidad/ruralidad de nuestro país y la masculinidad…

“De puertas adentro” de Amalia Avia. La biografía de esta gran mujer de la pintura realista española de la segunda mitad del siglo XX transcurrió entre el Toledo rural y la urbanidad de Madrid. El primero fue el escenario de episodios familiares durante la etapa más oscura de la reciente historia española, la Guerra Civil y la dictadura. La capital es el lugar en el que desplegó su faceta creativa y la convirtió en el hilo conductor de sus relaciones artísticas, profesionales y sociales.

“Cruising. Historia íntima de un pasatiempo radical” de Alex Espinoza. Desde tiempos inmemoriales la mayor parte de la sociedad ha impedido a los homosexuales vivir su sexualidad con la naturalidad y libertad que procede. Sin embargo, no hay obstáculo insalvable y muchos hombres encontraron la manera de vehicular su deseo corporal y la necesidad afectiva a través de esta práctica tan antigua como actual.  

“Pensar el siglo XX” de Tony Judt. Un ensayo en formato entrevista en el que su autor recuerda su trayectoria personal y profesional durante la segunda mitad del siglo, a la par que repasa en un riguroso y referenciado análisis de las causas que motivaron y las consecuencias que provocaron los acontecimientos más importantes de este tiempo tan convulso.

“La maleta de mi padre” de Orhan Pamuk. El día que recibió el Premio Nobel de Literatura, este autor turco dedicó su intervención a contar cómo su padre le transmitió la vivencia de la escritura y el poder de la literatura, haciendo de él el autor que, tras treinta años de carrera y siete títulos publicados, recibía este preciado galardón en 2006. Un discurso que esta publicación complementa con otros dos de ese mismo año en que explica su relación con el proceso de creación y de lectura.

“El naufragio de las civilizaciones” de Amin Maalouf. Un análisis del estado actual de la humanidad basado en la experiencia personal, profesional e intelectual de su autor. Aunando las vivencias familiares que le llevaron del Líbano a Francia, los acontecimientos de los que ha sido testigo como periodista por todo el mundo árabe, y sus reflexiones como escritor.

“A propósito de nada” de Woody Allen. Tiene razón el neoyorquino cuando dice que lo más interesante de su vida son las personas que han pasado por ella. Pero también es cierto que con la aparición y aportación de todas ellas ha creado un corpus literario y cinematográfica fundamental en nuestro imaginario cultural de las últimas décadas. Un legado que repasa hilvanándolo con su propia versión de determinados episodios personales.

“Lo real y su doble” de Clément Rosset. ¿Cuánta realidad somos capaces de tolerar? ¿Por qué? ¿De qué mecanismos nos valemos para convivir con la ficción que incluimos en nuestras vidas? ¿Qué papel tiene esta ilusión? ¿Cómo se relaciona la verdad en la que habitamos con el espejismo por el que también transitamos?

“La España vacía” de Sergio del Molino. No es solo una descripción de la inmensidad del territorio nacional actualmente despoblado o apenas urbanizado, “Viaje por un país que nunca fue” es también un análisis de los antecedentes de esta situación. De la manera que lo han vivido sus residentes y cómo se les ha tratado desde los centros de poder, y retratado en medios como el cine o la literatura.

“Un hombre de verdad” de Thomas Page McBee. Reflexión sobre qué implica ser un hombre, cómo se ejerce la masculinidad y el modo en que es percibida en nuestro modelo de sociedad. Un ensayo escrito por alguien que no consiguió que su cuerpo fuera fiel a su identidad de género hasta los treinta años y se topa entonces con unos roles, suposiciones y respuestas que no conocía, esperaba o había experimentado antes.

“La caída de Constantinopla 1453” de Steven Runciman. Sobre cómo se fraguó, desarrolló y concluyó la última batalla del imperio bizantino. Los antecedentes políticos, religiosos y militares que tanto desde el lado cristiano como del otomano dieron pie al inicio de una nueva época en el tablero geopolítico de nuestra civilización.

“La caída de Constantinopla 1453” de Steven Runciman

Sobre cómo se fraguó, desarrolló y concluyó la última batalla del imperio bizantino. Los antecedentes políticos, religiosos y militares que tanto desde el lado cristiano como del otomano dieron pie al inicio de una nueva época en el tablero geopolítico de nuestra civilización. Una exposición académica, pero narrada con tanto orden -en lo que refiere a los datos- y pulcritud -para no desviarse ni un solo momento de ellos- que se lee con la misma pasión que si se tratara de una novela de aventuras.

Antes que Estambul fue Constantinopla, capital del imperio bizantino, sede de la iglesia ortodoxa y cosede junto a Roma de la cristiandad durante siglos. Sin embargo, el largo período que va desde el s. IV hasta el XV fue trayendo consigo un progresivo declive de Bizancio, y aunque su principal urbe fue una de las más importante de la Edad Media desde el punto de vista comercial e intelectual, esto no impidió que los otomanos acabaran haciéndose con ella.

Como muy bien expone Steven Runciman en los capítulos iniciales, esto fue resultado de un cúmulo de factores internos y externos. Entre los primeros estuvieron las luchas y los conflictos dinásticos entre sus gobernantes y dirigentes; la oposición entre los que estaban a favor y en contra de una unión cristiana entre ortodoxos y católicos; y la separación política de los pueblos rusos, aunque estos siguieran compartiendo su fe. Del lado externo la competitividad con repúblicas como Génova y Venecia por el control del comercio proveniente de Oriente; la falta de unión entre los distintos territorios del occidente europeo, sumidos en inestabilidades tanto dentro de sus fronteras como en la relación con sus vecinos (he ahí la Guerra de los Cien Años entre franceses e ingleses), la entrada de los turcos en los Balcanes a través del mar Negro y la consolidación del imperio otomano al otro lado del mar de Mármara.

Los muchos nombres expuestos y relaciones explicadas obligan a una lectura pausada. Pero una vez detallado el porqué de la situación, ésta coge ritmo con la entrada en el detalle sobre cómo Mehmed II desarrolló y ejecutó la estrategia para hacerse con Constantinopla y, de esta manera, integrar los antiguos territorios bizantinos en el imperio otomano y así extender el islam en sus nuevos dominios. Sin hacer una concesión a la ficción, el relato de Runciman va desde la formación de la armada con la que sitiaría su objetivo por mar, la construcción de la fortaleza de Rumali Husari desde la que evitaría que entraran víveres por tierra y la ingeniería con la que construyó los cañones que ayudarían a dañar su muralla, hasta el traslado de los miles de soldados que en marzo de 1453 se dispusieron a lograr su propósito.

Una estricta cronología aun mas minuciosa cuando se centra en las semanas de asedio. Las múltiples acciones con que, desde el 6 de abril, los otomanos intentaron salvar las defensas de su objetivo y como su diezmada población, sus limitadas tropas y un entregado Constantino IX consiguieron evitarlo una y otra vez hasta que ocurrió lo inevitable el 29 de mayo.

Una apasionante crónica -sustentada en múltiples fuentes- que transmite la tensión, amenaza y brutalidad que debieron vivir uno y otro bando. Una vibración que contagia al lector y a la que le sigue el desasosiego e incertidumbre posterior una vez que los conquistadores tomaron el dominio de lo que pasaba a ser suyo y buena parte de los hasta entonces residentes perdían sus propiedades, sus libertades e, incluso, su vida. En definitiva, un título con el que disfrutar y entender las claves y consecuencias de uno de los episodios con que se inicia la Edad Moderna de la historia universal.

La caída de Constantinopla 1453, Steven Runciman, 1965 (2017), Reino de Redonda.

“Españoles. Viaje al fondo de un país” de Rafael Torres

Bajo la premisa de que los manuales académicos no recogen la verdadera historia de nuestra nación por dejar fuera al común de sus ciudadanos, este autor se propone componer un caleidoscopio de la heterogeneidad española a través del retrato de distintos hombres y mujeres de lo más dispar de los dos últimos siglos. Relatos con los que intenta mostrar la verdad tras episodios que hasta ahora habían sido narrados como fábulas o que nos eran desconocidos.

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Las leyendas presentan a los piratas como lo que no fueron, hombres al margen de la ley que hicieron del robo y el asesinato su modo de vida. La historia del arte rara vez contempla a las personas que estaban tras las modelos anónimas de los lienzos de Julio Romero de Torres y cuando se habla de la revolución industrial o el crecimiento económico, la individualidad de los trabajadores desaparece bajo el concepto de masa obrera. Estas son algunas de las muchas simplificaciones y descartes que se realizan a la hora de elaborar el discurso oficial de la Historia, cuestión de síntesis según unos, fijación de una línea narrativa centrada exclusivamente en lo geopolítico según otros.

Rafael Torres dice estar entre los segundos, pero no me ha quedado claro si pretende demostrar que esa oficialidad tiene una cara B que ha de ser conocida –o ante la que debemos dejar de hacer oídos sordos- o si su intención es la de proponer una alternativa que amplíe o complemente a aquella. En algunos de sus capítulos aporta datos que hacen pensar en ello, como el medio millón de españoles que sufrió penas de cárcel por su ideología tras 1939. Pero lo que cuenta en otros no va más allá de lo curioso, como el pueblo que se pasó décadas sin ver morir a ninguno de los suyos en contienda alguna gracias a la protección de su Virgen o aquel en el que los noviazgos implicaban una tasa que ellos debían pagarle obligatoriamente a ellas.

En esta historia de historias se echa en falta un hilo conductor que nos guíe y nos muestre que los casos, sucesos y anécdotas elegidos tienen un propósito conjunto. Podría ser que su intención fuera ejemplificar una serie de aspectos sobre la evolución de nuestra sociedad, pero es algo que solo se intuye levemente, no pudiéndose afirmar con claridad que esa es su intención, y si así fuera, en qué ideas clave o propuestas de debate se concretaría.

La prosa de Torres se diluye entre su crítica a la oficialidad –como la puesta en escena que tuvieron tras de sí muchas de las imágenes que dieron testimonio de la visita de Alfonso XIII a la comarca de Las Hurdes-, los apuntes sociológicos y etnográficos y una narración entre la intención literaria no conseguida y la impostura periodística en la que las fuentes son casi más utilizadas como coautores que como referencias integradas. Viaje al fondo de un país podría pasar perfectamente por la recopilación de una serie de artículos publicados previamente en una o distintas cabeceras editoriales de tirada semanal.

Españoles. Viaje al fondo de un país, Rafael Torres, 2010, Ediciones B.

“Pensar el siglo XX” de Tony Judt

Un ensayo en formato entrevista en el que su autor recuerda su trayectoria personal y profesional durante la segunda mitad del siglo, a la par que repasa en un riguroso y referenciado análisis de las causas que motivaron y las consecuencias que provocaron los acontecimientos más importantes de este tiempo tan convulso.

PensarElSigloXX

Es curioso echar la vista atrás y comprobar cómo lo que hoy nos resulta importante o significativo no nos lo parecía cuando estaba ocurriendo, o cómo se han dejado por el camino puntos de vista que quizás nos darían respuestas más útiles que los prismas que utilizamos actualmente. Valga como ejemplo el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. Lo que hoy estamos convencidos que fue el elemento catalizador para acabar con el régimen nazi y el culmen de su barbarie, resultó ser un argumento casi inexistente en la decisión del Reino Unido, Estados Unidos y Rusia para luchar contra Hitler. O el uso de las etiquetas comunismo y capitalismo para definir la confrontación de bloques ideológicos durante varias décadas, cada uno con unos planteamientos políticos, económicos y sociales diferentes, cuando lo que se movía tras ello era el proceso de construcción de dos diseños de modelos de Estado (más o menos intervencionistas, servicios públicos, fiscalidad…).

Pensar el siglo XX es el resultado transcrito de una serie de conversaciones entre Tony Judt y Timothy Snyder, que toman siempre como hilo conductor la introducción biográfica que Tony realiza de sí mismo. De esta manera, y a partir de sus recuerdos personales y de sus pasos en el mundo académico de la investigación y la divulgación histórica, entra en cuestiones como su visión como hijo de inmigrantes judíos en el Londres de los años 50, el desarrollo y papel de las ideas socialistas (las de Marx, las que propulsaron la Revolución Rusa y el supuesto ideario posterior de Lenin o Stalin) en la evolución del mundo occidental, o las acciones del movimiento sionista para consolidar el Estado de Israel.

Asuntos en los que no solo expone sus conocimientos y relaciona sus fuentes, sino que vierte también su opinión. Basada incluso en su propia experiencia, como las temporadas que pasó en un kibutz durante los años 60 y sintió que aquello no tenía más propósito que el de adoctrinar. En su recorrido profesional se ha formado y trabajado en París, Oxford, Cambridge, Nueva York, Chicago o Berkley, un periplo que le ha impulsado a buscar siempre nuevos puntos de vista y referencias en los temas de estudio, como el papel determinante de la geografía a la hora de analizar el desarrollo del socialismo en la Provenza francesa a finales del siglo XIX, o el de contar con determinados servicios públicos (ej. sanidad o educación) a la hora de hacer que los ciudadanos se sientan o no miembros de una comunidad.

Tony Judt también reflexiona sobre el papel y la necesidad de la Historia, disciplina que considera en el campo de las Humanidades y no el de las ciencias sociales. Defiende afrontarla a partir de una base -una sucesión de acontecimientos- sobre la que, una vez conocidos, proyectar un espíritu crítico multidisciplinar (sociología, filosofía, economía…) que generalmente nos revela que no hay una única verdad, sino varias, ya que el propósito no es enjuiciar, sino entender las causas y las consecuencias de las decisiones, las renuncias, los conflictos y las palabras pronunciadas.

El formato entrevista hace que Pensar el siglo XX sea ágil en su forma, aunque en algunos de sus capítulos se haga denso por la cantidad de menciones (a personas, títulos, fechas y lugares) que incluye. Pero precisamente eso es lo que lo hace grande y lo convierte en un título al que volver para conocer y entender no solo nuestro pasado, sino también nuestro presente y servirnos de él para proyectarnos en el futuro.

Pensar el siglo XX, Tony Judt (con Timothy Snyder), 2012, Editorial Taurus.