Archivo de la etiqueta: Kennedy

“El diario de Edith” de Patricia Highsmith

Un retrato de la insatisfacción personal, social y política que se escondía tras la sonrisa y la fotogenia de la feliz América de mediados del siglo XX. Mientras Kennedy, Lyndon B. Johnson y Nixon hacían de las suyas en Vietnam y en Sudamérica, sus ciudadanos vivían en la bipolaridad de la imagen de las buenas costumbres y la realidad interior de la desafección personal, familiar y social.

Patricia Highsmith es sinónimo de suspense y aunque pudiera parecer que esta es una novela costumbrista, que lo es, también responde a lo que se espera de ella. Desde el principio hay algo difícil de definir que hace desconfiar de la corrección con que se muestran los estadounidenses que se hicieron adultos entre el fin de la II Guerra Mundial y la dimisión de Richard Nixon. Ese es el objetivo de la también autora de El talento de Mr. Ripley, detectar y mostrar por dónde hace aguas una satisfacción que no es tal y sobre todo, qué efectos tiene en esa oscuridad, su ocultación y la imposición de un ejercicio continuado de sobreactuación para mantener el status quo del sueño y la supuesta identidad norteamericana.

El diario de Edith comienza con la mudanza de una joven pareja y su joven hijo desde su piso en Nueva York a una casa individual con parcela y camino de entrada en una pequeña población del estado de Pennsylvania. Lo que se presupone un hito en el progreso como clase media acomodada se convierte, poco a poco, en unas coordenadas de lo más opresivas a medida que dejan de verse materializadas unas expectativas que son, tal y como muestra Highsmith muy sutilmente, exigencias sistémicas.  

En el terreno profesional, Edith aspira a ser una periodista de opinión, pero su alto sentido crítico sobre las políticas liberales -a nivel nacional- e intervencionistas -en el plano internacional- de su gobierno no parece tener buena acogida ni entre los medios a los que ofrece sus artículos ni entre los lectores del diario local que pone en marcha. Con el tiempo, incluso, ni siquiera entre sus vecinos y los que ella consideraba sus amigos.

En lo familiar, su vástago poco a poco se revela como un joven sin intenciones ni motivaciones, convirtiéndose en algo así como la versión realista del esperpéntico Ignatius Reilly (el protagonista de La conjura de los necios), con quien Cliffie coincide en el tiempo (aquel fue escrito en 1962), pero que Highsmith no conocía porque la novela de John Kennedy Toole no sería publicada hasta 1980, tres años después que la suya. Súmese a ello un marido precoz en el cliché de hombre maduro que se fija en mujer joven y que huye haciendo un sangrante punto y aparte en su vida, dejándole a ella, incluso, con las cargas -en forma de tío mayor en cama- que le corresponden.

Una realidad de decepción frente a la que Edith intenta mantenerse firme, corrección que le provoca una doble reacción que Highsmith presenta con la asertividad propia del género de misterio sin llegar a desvelarnos la motivación que hay tras ella. Si el diario que escribe es producto de una mente bipolar o de una imaginación escapista. O si la de su distanciamiento con los que la rodean es la propia de alguien que se va haciendo asocial o la de una mujer valiente y una feminista pionera con opiniones avanzadas a su tiempo -y por ello incomprendida, contrariada y hasta perseguida- sobre asuntos como el aborto, la eutanasia, el adulterio, el divorcio, la homosexualidad, las drogas o el alcoholismo.

El diario de Edith, Patricia Highsmith, 1977, Editorial Anagrama.

“22/11/63”, Stephen King prueba el relato histórico-sociológico

El rey del terror intenta con sus habilidades narrativas una historia que aun con elementos fantásticos resulta más una crónica anodina de una época en que los americanos se consideraban incapaces de ser suspicaces, preventivos o malintencionados.

Martin A. La Regina

Stephen King lleva mucho tiempo deleitando a devotos y espantando a detractores. Para los primeros es literatura fresca, ágil y capaz de llegar a públicos lejanos a los entornos académicos. Para los segundos un autómata de las palabras que produce títulos en serie con el denominador común de un reducido lenguaje y repertorio de historias que buscan impresionar  lectores escapistas recurriendo al lado oscuro y oculto del ser humano, unas veces salvaje y violento, otras yéndose al lado de lo paranormal o lo racionalmente inexplicable. “Carrie”, “It”, “El misterio de Salem’s Lot”, “Christine”, “Cujo” o “Misery” son títulos que le situaron hace ya tres décadas en la élite de los escritores –esos pocos que viven de su trabajo y son traducidos a múltiples idiomas-, que han entretenido a muchos y apasionado a otros tantos desde entonces a través de las nuevas ficciones que ha lanzado al mercado, así como por sus adaptaciones cinematográficas y televisivas.

En “22/11/63” King propone la fantasía de un viaje en el tiempo al EE.UU. de finales de los 50 y principios de los 60 del siglo XX. Ahí es donde se desarrolla la mayor parte de esta ficción en una doble secuencia narrativa: el seguimiento del hombre que supuestamente iba a asesinar al político más poderoso del mundo junto con el arraigo emocional y afectivo que el hombre llegado de 2011 experimenta desde 1958 hasta 1963.

Años narrados a lo largo de varios cientos de páginas en un entramado que tiene como punto central el intento de evitar que Lee Harvey Oswald acabe con la vida de John Fitzgerald Kennedy en aquel fatídico día en Dallas y que de esta manera EE.UU. no intervenga bélicamente en Vietnam como lo haría tiempo después (conflicto que acabó con la vida de miles de estadounidense y cuyo coste económico y psicosocial supuso el fin del sueño americano para muchos). Capítulo tras capítulo se nos cuenta desde la perspectiva de hoy cómo se vivía hace más de medio siglo: los productos que comprar y consumir, las expresiones coloquiales, el modo de viajar, las modas, la segregación racial, el nivel tecnológico alcanzado, las maneras de relacionarse a nivel de vecinos, amigos y amantes,… En el plano de análisis histórico-político se ahonda en el individuo, entorno y vida familiar y social de Oswald como manera de plantear una postura sobre las múltiples teorías conspirativas del magnicidio.

Una larga sucesión de acontecimientos pequeños y cotidianos correctamente presentados que conforman una completa fotografía de aquellos años retratados como más humanos y relajados, a la par que conservadores y ya profundamente liberales. Quizás el sentido de este profuso retrato de una época está para conformar posibles respuestas a la frecuente diatriba de Jake Epping, el narrador en primera persona de “22/11/63”, ¿cómo sería el futuro –mi presente- si cambio el pasado?

Queda claro, sin duda, alguna que Stephen King sabe escribir y contar historias en las que unir a múltiples caracteres, cada uno con su propio pasado, estableciendo vínculos individuales y grupales entre ellos en historias que se pueden dilatar a lo largo del tiempo. Pero, ¿con qué fin? Su fuerte es crear atmósferas y episodios de tensión que hagan que nuestro corazón lata a velocidad de vértigo y disponga a nuestro sistema de nervioso en situación de alerta página tras página, desde la primera hasta la última en muchas ocasiones. Sin embargo, esto sucede aquí en muy contados momentos, nos encontramos con un relato bien estructurado y habitado por personajes que podrían dar más de sí, pero en un ambiente en el que sucedieran acontecimientos que dieran pie a una narración y diálogos con mucha más intriga. Algo que aquí ocurre, quedándonos tan solo en una lectura de mero entretenimiento. Los contrarios a Stephen King se verán reafirmados y sus fans seguro que le perdonarán este momento valle en su trayectoria.