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“Guerras de ayer y de hoy” de Mikel Ayestaran y Ramón Lobo

Conversación entre dos periodistas dedicados a contar lo que sucede desde allí donde tiene lugar. Guerras, conflictos y entornos profesionales relatados de manera diferente, pero analizados, vividos y recordados de un modo semejante. Crítica, análisis e impresiones sobre los lugares y el tablero geopolítico en el que han trabajado, así como sobre su vocación.

Hace veinte años comenzaba muchas jornadas haciéndome con el periódico del día y no lo dejaba hasta haber hojeado todas y cada una de sus páginas. Hoy lo hago repasando la edición online a la que estoy suscrito y mi timeline de Twitter. El ritual ha perdido romanticismo, pero es cierto que considero haber ganado amplitud de puntos de vista gracias a cuentas como las de Ramón Lobo, Mikel Ayestaran y Revista 5W. Al primero le escucho también los fines de semana en la radio y de este medio, recomiendo especialmente sus podcasts. Muestras de lo que Lobo y Ayestaran describen en el último capítulo de esta publicación, el ecosistema de la información ha cambiado, pero sigue habiendo necesidad de conocer y profesionales muy capaces y deseosos de hacerlo posible.

Previamente ponen en común y contrastan la experiencia de Ramón como enviado especial de El País desde principios de los 90 hasta su salida hace pocos años, y la de Mikel como freelance desde que decidiera dejar la comodidad de la redacción de El Diario Vasco en 2005. Trayectorias amplias, cada uno con su particular bagaje y visión, que les permiten opinar con criterio sobre aquello de lo que han informado y vivido en lugares tan convulsos como Siria, Gaza, Líbano, Bosnia o Sierra Leona.

La lectura de lo que ambos cuentan en Guerras de ayer y hoy exige pausa y atención. Está planteado, muy inteligentemente, como una conversación, pero podría pasar perfectamente como la transcripción de una clase magistral a dos voces en la que se exponen las coordenadas en las que realizan su labor los periodistas que informan desde zonas en conflicto. En primer lugar, el conocimiento sobre el contexto político y social, asunto sobre el que suele haber una gran distancia entre la realidad local y lo que nuestra oficialidad nos cuenta a los que vivimos a miles de kilómetros de allí. De ahí que después veamos cómo fracasa la supuesta democratización de Afganistán o el fin del terror en Irak.

A continuación, la demanda que gobernantes, empresas editoriales y público tenemos de actualidad continua y novedad disruptiva, hasta casi eliminar el espacio y los recursos para el seguimiento y el análisis. Esto lleva a que las coberturas sean cada vez más breves y menos profundas en su tratamiento, convirtiéndolas incluso, en una mera sucesión de imágenes y de frases casi iguales en todos los medios, escasamente basadas en el trabajo sobre el terreno y en la consideración de fuentes de información verdaderamente locales. Acaban por convertirse en un entretenimiento, hábilmente orquestado por las estrategias de comunicación de estados y organismos internacionales, que ocultan el verdadero alcance de muchas barbaries.

Por último, y la parte con la que más he disfrutado, es aquella en la que Lobo y Ayestaran muestran su manera de hacer y ser. De dónde nace su motivación informativa, el modo en que la han ido vehiculando con el paso de los años, la experiencia acumulada y los cambios tecnológicos, las personas en las que confían cuando trabajan en zonas de conflicto, prestando especial atención a la figura del fixer, y cómo digieren la intensidad e intimidad de esa experiencia cuando vuelven a casa.

Guerras de ayer y de hoy, Mikel Ayestaran y Ramón Lobo, 2017, Revista 5W.

“Manipulados: La batalla de Facebook por la dominación mundial” de Sheera Frenkel y Cecilia Kang

Investigación periodística que abarca desde la génesis de la compañía hasta su papel protagonista en la polarización de la opinión pública a nivel mundial. Entrando en el detalle, en los objetivos perseguidos por Marck Zuckerberg, los argumentos utilizados para justificar sus decisiones y las coordenadas políticas en que ha medrado para conseguir sus pretensiones. Un trabajo que nos advierte del extraordinario poder que proporciona la tecnología, sobre todo cuando no es bien gestionada.

El culmen fue el 6 de enero de 2021. Ese día Twitter y Facebook bloquearon las cuentas de Donald Trump. El uso que el presidente saliente de EE.UU. estaba haciendo de las redes sociales era la última muestra de que estas eran utilizadas para un fin completamente opuesto a su publicitada misión social, facilitar la comunicación entre personas de todo el mundo. Quien se suponía el máximo garante de la democracia de la primera potencia se estaba sirviendo de ellas para socavarla. Sin embargo, lo que ocurrió no era algo acotado a una persona, un momento y un lugar. Era la norma de en lo que se había convertido la plataforma Meta, con su marca más conocida a la cabeza, Facebook, y también propietaria de Instagram y Whatsapp. Una herramienta con la que se engaña y manipula, enfrentando y polarizando hasta límites insospechados con consecuencias sistémicas potencialmente irreversibles.

Tal y como Frenkel y Kang exponen en una redacción ordenada, sustentada en hechos públicos y opiniones privadas, era algo que se veía venir por la evolución de su modelo de negocio, las contradicciones entre su proceder y sus supuestas políticas internas y la incapacidad del marco normativo, con la aquiescencia de parte del espectro político, para ponerle coto. Las evidencias eran claras, la manera en que durante años había acumulado datos de sus usuarios valiéndose de los subterfugios de la letra pequeña de su política de privacidad, permitiendo una microsegmentación que después se vendía a cualquier entidad, como los bots rusos que se sirvieron de ella para intervenir en contra de Hillary Clinton en las elecciones presidenciales de 2016.  

De mar de fondo una serie de cuestiones que Zuckerberg y su empresa han utilizado a su favor y que me hacen acudir a otros autores. En primer lugar, la fricción entre la globalidad económica y tecnológica y las fronteras geopolíticas. Tal y como señalaba Eric Hobsbawn, los estados tienen que ser más rápidos y hábiles estableciendo los mecanismos que hagan que el poder que albergan algunas corporaciones con dimensiones planetarias no vaya en contra del interés común. Algo que pasa, sin duda alguna, por revertir la prioridad de la productividad y la maximización de la cuenta de resultados del neoliberalismo que nos gobierna.

A continuación, lo señalado por Frédéric Martel, la diferente aproximación al sector de las autoridades norteamericanas y las europeas. Facebook, Twitter o Google son empresas de contenidos, de generación y transmisión de información, y no solo plataformas tecnológicas, y como tal deben ser reguladas y supervisadas. Quizás sea esta la manera de evitar que se conviertan en el medio con el que consolidar la involución democrática que gobernantes y cargos públicos de distintas partes del mundo, incluida España, están intentando desde hace años, según denunciaba recientemente Anne Applebaum. Presunción con la que coinciden las dos periodistas de The New York Times, responsables de este interesante ensayo.

Manipulados: La batalla de Facebook por la dominación mundial, Sheera Frenkel y Cecilia Kang, 2021, Editorial Debate.

“Amor América” de Maruja Torres

Desde Puerto Montt, en el sur de Chile, hasta Laredo en EE.UU., observando cómo queda México al otro lado del Río Grande. Diez semanas de un viaje que nació con intención de ser en tren, pero obligado por múltiples obstáculos a servirse también de métodos alternativos. Una combinación de reportaje periodístico y diario personal con el que su autora demuestra su saber hacer y autenticidad observando, analizando, recordando y relacionando.

Los casi 30 años que han pasado desde la publicación de Amor América le han sentado muy bien. Como si se tratara de un buen vino, ha ganado sabor y hondura. Su relato impresiona, se fija en la memoria. No solo en esa que recuerda datos, sino en aquella otra más importante formada por las vivencias, en la que se gesta quién eres. Donde permanecen los referentes que te acompañan, motivan e inspiran. Maruja Torres es una todo terreno, y no solo por la ruta que siguió y la manera casi mochilera en que realizó muchas de sus etapas, sino por la mirada empática con lo local y la intuición sosegada con que lo interpreta que transmiten estas páginas, resultado de las muchas notas que tomó en multitud de cuadernos mientras atravesaba Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Guatemala y México.

Quien pocos años después escribiera Mujer en guerra enhebra con diligencia la subjetividad personal con la objetividad periodística. En ningún momento deja de facilitar datos y de ofrecer información, dejando claro cuánto de ello es resultado de la observación y qué proviene de fuentes -unas espontáneas, otras buscadas por ella-, confeccionando así un fresco sobre cómo se vive y se sobrevive en esta parte del mundo unida por su pasado español, pero al tiempo deslavazada por las múltiples formas con que la codicia colonialista la ha saqueado a lo largo de los últimos siglos.

El leit motiv de desplazarse en tren cuando le es posible le da a su experiencia una autenticidad que solidifica los múltiples pequeños relatos que acopla sobre él. Desde el origen y situación actual de las muchas líneas por las que transita a las dificultades e imposibilidades técnicas que la obligan a buscar itinerarios y medios de transporte alternativos. Lo que le revela la inmensidad de los paisajes que atraviesa y el urbanismo de las ciudades en las que hace escala. Y lo que le transmiten -ya sea de viva voz, ya sea por sus actos- las muchas personas de todo tipo y condición con que se encuentra y entabla contacto directo. Apariciones y compañías que hacen humano su relato, y que le dan pie a Maruja -unas veces con incisiva ironía, otras con una divertida acidez- a mostrarse a sí misma, a integrar en lo que está construyendo sus recuerdos y experiencias pasadas en el continente como medio con el que constatar y contrastar aquello de lo que está siendo testigo en este momento.

Amor América es un referente de lo que supone ser periodista, tanto por su manera de mostrar lo que no vemos o no queremos ver, como por las anécdotas y episodios personales que comparte. Los trucos con que consiguió salvar los obstáculos a la libertad de expresión e información de los soldados de Pinochet o de los terroristas de Sendero Luminoso. Los métodos que utilizaba para hacer llegar a Madrid sus crónicas en los tiempos en que no existía internet. O cuanto vio, sintió y tuvo que digerir trabajando en primera línea tras el desastre natural causado por la erupción del volcán Nevado del Ruiz (Colombia, 1985) o durante la invasión estadounidense de Panamá en 1989.

Al tiempo, es un ejemplo perfecto de literatura de viajes. Su lectura da ganas de ahora, décadas después y a la manera en que Ryszard Kapuscinski volvió sobre los pasos de Heródoto, ir tras los suyos para comprobar cuánto puede haber cambiado -y cuánto sigue igual- de lo que Torres expone sobre ese continente tan grande y diverso, a la par que desconocido e ignorado.

Amor América, Maruja Torres, 1993, Editorial DeBolsillo (Punto de Lectura).

«La desfachatez intelectual» de Ignacio Sánchez-Cuenca

Hay escritores y ensayistas a los que admiramos por su capacidad para imaginar ficciones e hilar pensamientos originales y diferentes que nos embaucan tanto por su habilidad en el manejo del lenguaje como por la originalidad de sus propuestas. Prestigio que, sin embargo, ensombrecen con sus análisis de la actualidad llenos de subjetividades, sin ánimo de debate y generalidades alejadas de cualquier exhaustividad analítica y validez científica.  

Lo malo de ser una figura reconocida es que te lo creas y te aproveches de ello. Ser bueno en unas facetas no implica necesariamente serlo en otras, aunque la herramienta de trabajo sea la misma, como puede ser el don de la escritura. Proceder con las oportunidades que te surjan como consecuencia de una recepción positiva de tu creatividad, si sabes que no estás preparado para ello o no le dedicas la preparación que necesitarías denota falta de ética. El resultado es que valiéndose de su prestigio -y del altavoz que les dan los medios de comunicación que recurren a ellos- Sánchez-Cuenca expone cómo hay autores que se construyen tribunas desde las que opinan y sentencian, en lugar de analizar y proponer.

Desde su punto de vista, la seriedad de muchas de las afirmaciones de estos acerca de la situación política, económica y social que tratan, requerirían datos contrastados que sostuvieran sus afirmaciones. No hacerlo les lleva a lugares comunes que estilizan convenientemente con su prosa, maquillaje tras el que se alberga si no la falsedad y la pontificación, sí el desajuste con la realidad y la creación de una marca personal sin mayor fin que el rédito pecuniario y el alimento del ego. Algo que expone con multitud de ejemplos en torno a tres temas muy habituales en las páginas de opinión de la prensa escrita y en las tertulias radiofónicas y televisivas de nuestro país, el nacionalismo, el terrorismo y la crisis económica.

Decir si se está de acuerdo o no con Sánchez-Cuenca requeriría leerse al completo las 150 referencias bibliográficas y hemerográficas en que sustenta su exposición, pero el ejercicio de síntesis y análisis que realiza de ellas hace pensar que su visión sobre el asunto está bien documentada y como tal, ha de ser tenida en cuenta. Por motivos como separar con pulcritud la faceta escritora y ensayística de los autores citados de la criticada, aquella cuando su trabajo es concebido, fundamentalmente, como contenido mediático. Por la claridad con que contrasta lo que los citados enuncian, señalando factores no considerados (como el contexto europeo y global del que formamos parte) que desmontan sus tesis, así como la posible banalidad y arbitrariedad (en su simplificación interpretativa del lenguaje y del entramado institucional y normativo) de los argumentos en los que se basan.

Discursos generalmente poco o nada elaborados, que toman de aquí y allá, que se retroalimentan y repiten, como si fuera una competencia por ver quién es el autor más brillante en lo prosaico y fino y sagaz en lo hiperbólico. Exposiciones pesimistas y catastrofistas, que señalan riesgos, advierten de peligros y auguran rupturas de nuestra sociedad y nuestro sistema político que nunca se han visto materializadas.  

Precisamente este es uno de los aspectos más interesantes de La desfachatez intelectual, su exposición de cómo este enfoque no corresponde tan solo a la etapa anterior a su publicación, en 2016, sino que viene dándose desde décadas previas. Un bucle de ensimismamiento que lleva a Fernando Savater, Félix de Azúa, Arturo Pérez Reverte, Javier Marías y a otros a actuar como si fueran hombres de la generación del 98, cuya honda e importante opinión fuera necesaria en todas las facetas de la vida pública, y sin atisbo de que tengan en cuenta cómo el paso del tiempo y la revolución tecnológica han cambiado nuestro espíritu crítico, así como el acceso a la información y nuestro consumo y uso de la misma.

La desfachatez intelectual, Ignacio Sánchez-Cuenca, 2016, Editorial Catarata.

“Arte (in)útil” de Daniel Gasol

Bajo el subtítulo “Sobre cómo el capitalismo desactiva la cultura”, este ensayo expone cómo el funcionamiento del triángulo que conforman instituciones, medios de comunicación y arte es contraproducente para nuestra sociedad. En lugar de estar al servicio de la expresión, la estética y el pensamiento crítico, la creación y la creatividad han sido canibalizadas por el mecanismo de la oferta y la demanda, el espectáculo mediático y la manipulación política.

La segunda aceptación de la RAE define el término “arte” como “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. La academia no entra en si el resultado se queda en el ámbito personal del autor o si pasa a ser algo compartido y entonces conocido y, presumiblemente, divulgado y valorado. En lo que supone pasar de una dimensión a otra, de un espacio acotado y restringido a uno social y abierto a la mirada y la opinión de los otros. Sobre todo, en el caso de aquellos que pretenden ganarse la vida con lo que pintan, esculpen, escriben, diseñan o componen.

El fin monetario que esta decisión conlleva -vital para quienes no tienen otros recursos con que llegar a final de mes- hace que entre en juego el mecanismo de la promoción y lo que este trae consigo, como es acceder a las plataformas desde las que dar a conocer lo realizado, los medios de comunicación y los espacios de exhibición. Algo que pasa, necesariamente, por establecer relaciones con las personas que las gestionan o seguir los procedimientos que marcan para que consideren si lo que se les propone se ajusta no solo a sus fines comerciales, formativos e informativos, sino a algo más nuclear, si es “arte”.

Ahí es donde entra de lleno Daniel y explica, poniendo el foco en las artes plásticas, cuán viciado está cuanto rodea a esta cuestión por la mercantilización de todo impulso humano que supone el neoliberalismo. El fin del arte ya no es transmitir belleza o subjetividad, provocar o sugerir, sino que se ha convertido en un medio a través del cual imponer una visión muy concreta de nuestro tiempo. Un medio instrumentalizado tanto por quienes ejercen el poder político como por quienes determinan los mensajes de los medios de comunicación con el fin de consolidar y seguir haciendo crecer el consumismo cortoplacista y el continuo cambio en el que estamos sumidos.

Con un lenguaje académico, pero riguroso y detallista en su análisis, Gasol argumenta cómo lo vivido en las últimas décadas ha sido, más que una evolución artística, una completa intervención en los resortes del arte por parte de quienes han visto en lo creativo un medio con el que enriquecerse aún más y con el que ejercer poder a través del control social. Se ha manipulado hasta el lenguaje, estableciendo categorías como la de arte emergente como etiqueta de lo que se supone actual e innovador, cuando la realidad es que no se le da esa opción, sino que se les exige para comerciar con él.

Un reconocimiento al que se llega con un doble respaldo. Haber sido expuesto en los museos, centros, salas y galerías consideradas como certificadoras de lo que es arte, etiqueta que otorgan a través de sus criterios de programación y selección. Y haber aparecido en los medios de comunicación, altavoces que fijan su importancia y valor en términos casi exclusivamente cuantitativos, cuántos visitantes ha atraído una muestra y qué precios ha alcanzado una pieza en ferias o subastas.

Y entre un punto y otro la cohorte de figuras que ha surgido en torno a los artistas y sus obras como comisarios, críticos, periodistas, programadores y asesores, generadores de una actividad en la que se colocan como filtros con una función también mediatizadora de lo que es arte y determinadora de quién es artista. Por último, el fenómeno que han potenciado las redes sociales con el que se le hace creer a todo ciudadano no solo que él mismo es un artista, un creador, sino también un jurado que decide y valora qué es arte y qué no.   

Arte (in)útil. Sobre cómo el capitalismo desactiva la cultura, Daniel Gasol, 2021, Rayo Verde Editorial.

“La verdad ignorada” de Emilio Peral Vega

Explicitación de la homosexualidad de algunos de los autores más reconocidos de la literatura española a la hora de leer, analizar y relacionar su obra. No solo como una consideración biográfica sino como una característica personal que determinó los temas y enfoques de sus creaciones. Ensayo que ejemplifica la necesidad de ir más allá de lo establecido a la hora de determinar, considerar y valorar a nuestros referentes.

A Federico García Lorca le gustaban los hombres. Al igual que a Vicente Aleixandre o a Luis Cernuda. A estas alturas nadie se atreve a negar esto, pero en demasiadas ocasiones se deja aun a un lado a la hora de hablar sobre ellos, presentar su escritura o introducirnos en lo que pretendían relatarnos a través de esta. Por este motivo es importante contar con ensayos como este que se presenta bajo el subtítulo Homoerotismo masculino y literatura en España (1890-1936). Como señala su autor en su introducción, no se trata de una propuesta exhaustiva, pero sí de una muestra de lo que podemos descubrir si nos acercamos a los nombres a estudiar y conocer desde una perspectiva más íntima y honesta con quienes y cómo fueron, sintieron y vivieron.

Como ejemplo, me ha resultado muy interesante la confluencia entre las veladuras de los sonetos de William Shakespeare y los poemas de Jacinto Benavente que propone Peral Vega, así como entre las obras teatrales de ambos. En cuanto a su estructura, pero también en el papel que cumplen algunos personajes por su manera de proponerse y manifestarse. Asunto en el que se puede deducir aún más cuando se recurre a lo que sucedía en la vida personal de nuestro Premio Nobel, tal y como evidencian los fragmentos seleccionados de su correspondencia.

Tomo nota de las tres novelas galantes en las que se profundiza, El martirio de San Sebastián (1917) de Antonio de Hoyos y Vicent, Las locas de postín (1919) de Álvaro Retana y El ángel de Sodoma (1928) de Alonso Hernández Catá. Títulos que leer para indagar en lo que La verdad ignorada expone. Cómo se entraba de lleno en aquella época en la cuestión homosexual, las motivaciones y excusas con que se le daba protagonismo, y los prejuicios -y, en alguna ocasión, finalidad moralizante- con que se abordaba su tratamiento argumental. Otro tanto haré con Sortilegio, texto teatral de 1930 de Gregorio Martínez Sierra y María de la O Lejárraga, inédito editorialmente hasta ahora e incluido como apéndice en este volumen.

La certeza de que lo literario es personal queda claro en los capítulos dedicados a Luis Cernuda y Eduardo Blanco-Amor. En ellos, Emilio formula un triángulo explicativo conformado por lo escrito por ambos poetas, las relaciones que tuvieron y las conexiones entre uno y otro ángulo. No trata de establecer únicamente orígenes y consecuencias, sino de mostrar cómo su vida sentimental y los estados emocionales asociados a esta, además de la influencia del entorno social en el que se desenvolvían, marcó la obra por la que son conocidos. He ahí el contraste entre Los placeres prohibidos (1931) y Donde habite el olvido (1933), en el caso del sevillano, o lo que expuso el orensano en Horizonte evadido (1936).

La verdad ignorada, Emilio Peral Vega, 2021, Ediciones Cátedra.

«La masa enfurecida» de Douglas Murray

“Cómo las políticas de identidad llevaron al mundo a la locura” analiza la manera en que el discurso público de los activismos homosexual, feminista, racial y transexual se ha ido supuestamente de madre, hasta el punto de que los colectivos que dicen defenderlos actúan con la misma intolerancia que aquellos a los que critican. ¿Es así? Un correcto punto de partida, pero un desarrollo el que su autor cae en las mismas simplificaciones que aquellos a los que acusa.

Habrá quien esté de acuerdo y quién no y ambas respuestas encontrarán mil y un ejemplos con los que argumentar su punto de vista. La cuestión doble, como en todo debate, es cuán representativo es el ruido que escuchamos de uno y otro lado, y dónde está el punto medio en el que reconocer lo que hemos progresado y al tiempo asumir lo que nos queda por recorrer para ser una sociedad verdaderamente igualitaria y respetuosa con su diversidad. Interrogantes a las que se podrían añadir otras como en qué medida este debate supone una evolución o una exacerbación del comportamiento de nuestra sociedad; cuáles son las coordenadas, el tono y los puntos de vista en torno a los cuales se ha de desarrollar y cómo se puede reconducir lo que se esté alejando peligrosamente de los lugares de encuentro.

A los que no seguimos la actualidad social, mediática y académica con la exhaustividad y minuciosidad que exige tener una opinión crítica formada, nos faltan estas propuestas en el análisis -entre sociológico y político- de Douglas Murray. Más que una hipótesis argumentada y contrastada hasta llegar a una tesis, su exposición resulta una teoría edificada a base de casos concretos -aunque no por ello despreciables- que no permiten saber cuán frecuentes y significativos son, haciendo de la suya una exposición cercana a la manera en que supuestamente lo hacen aquellos a los que señala.

Su planteamiento es acertado, quedan prejuicios, mitos y falsedades que eliminar y corregir para que la igualdad sea una realidad, y cuanto más cerca estamos de ella más nos damos cuenta de los detalles que aún quedan por reconducir, muchos de ellos subjetividades tan establecidas que se han hecho sistémicas. Cuestiones que antes, con una visión macro, resultaban secundarias, pero ahora, producto de ser las protagonistas, son convertidas por el primer plano con el que son tratadas en la máxima representación de asuntos que quizás debieran ser gestionados con una perspectiva, al contrario de como se hace, más pedagógica que política. Más aún cuando se combina este enfoque con el reduccionismo populista y el ánimo polarizador de nuestro tiempo, a lo que se suman métodos cercanos al totalitarismo como la censura, la práctica de la cancelación o el secretismo de los algoritmos, aprovechando el sobredimensionamiento y la visceralidad que fomentan y transmiten a una velocidad inusitada las redes sociales.

Sin embargo, Murray no va más allá de señalar estos excesos, lo que hace que su exposición caiga en la retórica de la sátira, la hipérbole y la repetición, si proponer cómo reconducirla. Se echa en falta que la contraste con la visión de agentes que sí actúen como él cree que debiera hacerse y al no hacerlo, surge la duda de si realmente tiene una propuesta -más allá de la generalidad liberal de dejar que las cosas encuentren por sí mismas su cauce o hacer de la debilidad, oportunidad, y no seña de identidad- con la que conseguir el propósito de que llegue el día en que nuestras diferencias externas (como el sexo, la orientación sexual, la identidad de género o el color de piel) dejen de ser algo que nos califique, separe y jerarquice.

La masa enfurecida, Douglas Murray, 2020, Ediciones Península.  

“Otra historia del arte” de El Barroquista

Aproximación a la disciplina que combina la claridad de ideas con la explicación didáctica. Ensayo en el que su autor desmonta algunos de sus mitos a la par que da a conocer los principios por los que considera se ha de regir. Una propuesta de diálogo a partir del cambio de impresiones y de la suma de puntos de vista, sin intención alguna de asombrar o imponerse con su acervo académico.

Obra maestra, genio, adelantado a su tiempo, claves ocultas… Y así hasta la extenuación. La difusión, divulgación y comunicación de la historia del arte que realizan museos, prensa, profesionales del gremio, artistas y aficionados de toda índole está plagada de etiquetas que, bien utilizadas pueden ayudar, pero que también simplifican en exceso hasta llegar a tergiversar y falsear. Tras ello, el gusto por la retórica, la búsqueda de narrativas y la necesidad de imprimir su huella personal por parte de algunos intermediarios entre los creadores, las obras y el público. Y nuestro lío porque no siempre coincide lo que nos gusta o motiva con lo que se nos dicen una y otra vez que es excelente.

Miguel Ángel Cajigal desvela la larga estela de esa triada (ejemplificado, por ejemplo, en las vidas de Vasari, el marketing de muchas instituciones o académicos con afán de protagonismo) señalando sus puntos positivos (estructura, genera recuerdo y establece relaciones), para a partir de ahí construir una visión propia tan sólida como fluida. Bien fundamentada y ejemplificada -introduciendo y explicando nombres, pero sin elaborar listados interminables-, a la par que abierta a ser contrastada y complementada con otras maneras de mirar, analizar, elaborar y relatar.

Desde un punto de vista exclusivamente literario, su texto resulta ordenado y progresivo. Presenta sus ideas correctamente, explicando cómo se complementan y van conformando su tesis: la diferencia entre la excelencia técnica de lo que vemos, la originalidad e innovación de quien lo firma y la impresión que la combinación de ambas cuestiones nos puede generar teniendo en cuenta nuestras circunstancias (tanto a nivel macro -marco cultural- como micro -casuísticas personales-).

Si a esto se le une el conocimiento del contexto en el que dicha pieza -ya fuera lienzo, escultura, grabado, cerámica…- fue concebida, creada y expuesta en el momento de su creación, entonces entramos de lleno en la labor de la historia del arte. Ejes que los espectadores no tenemos por qué conocer -como las coordenadas de tiempo y lugar políticas, artísticas y sociales- y que suelen ser utilizados por el mundo académico y museístico más como barrera con la que perpetuar sus planteamientos que como un elemento que guíe la experiencia de quien se acerca a sus propuestas y a los legados que atesoran.

Resultan muy útiles las analogías que El Barroquista establece con disciplinas no plásticas, como entre la abstracción y la música, o la sencillez con que desvela las convenciones en que caemos una y otra vez, tanto especialistas como aficionados, para después revelarnos cómo la realidad se da de bruces con ellas. He ahí el hecho de ponerle fechas a movimientos y estilos para después catalogar a quienes los practicaron de alguna medida antes que ellos como precursores e innovadores. O el cómo hemos humanizado y naturalizado dimensiones y seres de los que no tenemos constancia real alguna, como es cuanto tiene que ver con lo espiritual y los representantes de las distintas religiones.

Y tras todo esto, la doble exigencia que Miguel Ángel recalca una y otra vez. El rigor y la disciplina con que los historiadores han de realizar y dar a conocer su trabajo -explicando las claves de su aproximación e interpretación-, y la libertad con que el público nos hemos de acercar a las manifestaciones artísticas. A sabiendas de que nunca conoceremos todo lo que sería deseable de las creaciones del pasado, de que muchas de las actuales no tendrán una larga vida, y que tanto nuestros gustos personales como las aproximaciones profesionales a la historia del arte son caminos paralelos, no necesariamente convergentes, y que, sea como sea, seguirán evolucionando.

Otra historia del arte, Miguel Ángel Cajigal Vera (El Barroquista), 2021, Penguin Libros.

10 ensayos de 2021

Reflexión, análisis y testimonio. Sobre el modo en que vivimos hoy en día, los procesos creativos de algunos autores y la conformación del panorama político y social. Premios Nobel, autores consagrados e historiadores reconocidos por todos. Títulos recientes y clásicos del pensamiento.

“La sociedad de la transparencia” de Byung-Chul Han. ¿Somos conscientes de lo que implica este principio de actuación tanto en la esfera pública como en la privada? ¿Estamos dispuestos a asumirlo? ¿Cuáles son sus beneficios y sus riesgos?  ¿Debe tener unos límites? ¿Hemos alcanzado ya ese estadio y no somos conscientes de ello? Este breve, claro y bien expuesto ensayo disecciona nuestro actual modelo de sociedad intentando dar respuesta a estas y a otras interrogantes que debiéramos plantearnos cada día.

“Cultura, culturas y Constitución” de Jesús Prieto de Pedro. Sea como nombre o como adjetivo, en singular o en plural, este término aparece hasta catorce veces en la redacción de nuestra Carta Magna. ¿Qué significado tiene y qué hay tras cada una de esas menciones? ¿Qué papel ocupa en la Ley Fundamental de nuestro Estado de Derecho? Este bien fundamentado ensayo jurídico ayuda a entenderlo gracias a la claridad expositiva y relacional de su análisis.

“Voces de Chernóbil” de Svetlana Alexévich. El previo, el durante y las terribles consecuencias de lo que sucedió aquella madrugada del 26 de abril de 1986 ha sido analizado desde múltiples puntos de vista. Pero la mayoría de esos informes no han considerado a los millares de personas anónimas que vivían en la zona afectada, a los que trabajaron sin descanso para mitigar los efectos de la explosión. Individuos, familias y vecinos engañados, manipulados y amenazados por un sistema ideológico, político y militar que decidió que no existían.

«De qué hablo cuando hablo de correr» de Haruki Murakami. “Escritor (y corredor)” es lo que le gustaría a Murakami que dijera su epitafio cuando llegue el momento de yacer bajo él. Le definiría muy bien. Su talento para la literatura está más que demostrado en sus muchos títulos, sus logros en la segunda dedicación quedan reflejados en este. Un excelente ejercicio de reflexión en el que expone cómo escritura y deporte marcan tanto su personalidad como su biografía, dándole a ambas sentido y coherencia.

“¿Qué es la política?” de Hannah Arendt. Pregunta de tan amplio enfoque como de difícil respuesta, pero siempre presente. Por eso no está de más volver a las reflexiones y planteamientos de esta famosa pensadora, redactadas a mediados del s. XX tras el horror que había vivido el mundo como resultado de la megalomanía de unos pocos, el totalitarismo del que se valieron para imponer sus ideales y la destrucción generada por las aplicaciones bélicas del desarrollo tecnológico.

“Identidad” de Francis Fukuyama. Polarización, populismo, extremismo y nacionalismo son algunos de los términos habituales que escuchamos desde hace tiempo cuando observamos la actualidad política. Sobre todo si nos adentramos en las coordenadas mediáticas y digitales que parecen haberse convertido en el ágora de lo público en detrimento de los lugares tradicionales. Tras todo ello, la necesidad de reivindicarse ensalzando una identidad más frentista que definitoria con fines dudosamente democráticos.

“El ocaso de la democracia” de Anne Applebaum. La Historia no es una narración lineal como habíamos creído. Es más, puede incluso repetirse como parece que estamos viviendo. ¿Qué ha hecho que después del horror bélico de décadas atrás volvamos a escuchar discursos similares a los que precedieron a aquel desastre? Este ensayo acude a la psicología, a la constatación de la complacencia institucional y a las evidencias de manipulación orquestada para darnos respuesta.

“Guerra y paz en el siglo XXI” de Eric Hobsbawm. Nueve breves ensayos y transcripciones de conferencias datados entre los años 2000 y 2006 en los que este historiador explica cómo la transformación que el mundo inició en 1989 con la caída del muro de Berlín y la posterior desintegración de la URSS no estaba dando lugar a los resultados esperados. Una mirada atrás que demuestra -constatando lo sucedido desde entonces- que hay pensadores que son capaces de dilucidar, argumentar y exponer hacia dónde vamos.

“La muerte del artista” de William Deresiewicz. Los escritores, músicos, pintores y cineastas también tienen que llegar a final de mes. Pero las circunstancias actuales no se lo ponen nada fácil. La mayor parte de la sociedad da por hecho el casi todo gratis que han traído internet, las redes sociales y la piratería. Los estudios universitarios adolecen de estar coordinados con la realidad que se encontrarán los que decidan formarse en este sistema. Y qué decir del coste de la vida en las ciudades en que bulle la escena artística.

«Algo va mal» de Tony Judt. Han pasado diez años desde que leyéramos por primera vez este análisis de la realidad social, política y económica del mundo occidental. Un diagnóstico certero de la desigualdad generada por tres décadas de un imperante y arrollador neoliberalismo y una silente y desorientada socialdemocracia. Una redacción inteligente, profunda y argumentada que advirtió sobre lo que estaba ocurriendo y dio en el blanco con sus posibles consecuencias.

“Con todo. De los años veloces al futuro” de Iñigo Errejón

Relato en primera persona sobre cómo ha evolucionado su concepción y práctica de la política, así como la manera en que se ha propuesto materializarla en las distintas etapas por las que ha pasado. Desde el impulso juvenil con el ánimo de comerse el mundo, su formación académica complementada por su experiencia nacional-popular en Sudamérica y la posterior creación de Podemos hasta dar con la fórmula ecologista y feminista con la que propone escuchar, unir y acompañar desde Mas País.

¿De qué hablan los políticos? Interrogante que nos planteamos mil y una veces cuando les escuchamos o leemos cada día. ¿No se aburren de sí mismos? ¿Hasta donde llega su ego o el bucle en el que están sumidos? Por eso son necesarios títulos como este, en el que nos expliquen de primera mano el prisma, la profundidad y los matices de las consignas y los discursos que nos lanzan en sus muchas intervenciones. Para demostrarnos que su práctica política no es un ejercicio de marca personal, sino un medio con el que hacer que nuestra sociedad sea cada día mejor. Conscientes de lo que hemos vivido hasta llegar a nuestro aquí y ahora, pero, sobre todo, ilusionados con lo que podemos llegar a conseguir, convencidos de que, en nuestra diferencia y diversidad, están nuestras capacidades y posibilidades.  

Ese es el ánimo que Errejón transmite en Con todo. Qué ha vivido, conocido y experimentado desde antes de que se diera a conocer a la opinión pública como uno de los fundadores de Podemos hasta ser hoy, además del líder de Más País, la cara visible de propuestas políticas como el cuidado de la salud mental o la semana laboral de 32 horas, instrumentos con los que construir una sociedad más sana y ecuánime. Y lo hace equilibrando experiencia y reflexión, mencionando a los que formaron parte de cada etapa y exponiendo los éxitos y los errores que, a su juicio, tuvieron tanto él mismo como los que le acompañaban o participaban de sus mismos propósitos y convicciones. Y aunque la objetividad solo sería posible conociendo la visión y la opinión de los otros, quien busque sangre, chascarrillos irrisorios o dianas, este no es su libro.

Lo más interesante, además de conocer su trayectoria y su explicación del concepto nacional-popular, es su análisis de lo más reciente. En cómo explica la eclosión de la ola reaccionaria, visceral y canceladora que estamos viviendo en la actualidad a partir de lo sucedido en 2015. En el momento en que Podemos optó por convertirse en una fuerza política a la antigua usanza -a la izquierda de la izquierda- en lugar de convertirse en un medio con el que materializar las demandas de los cinco millones de votantes que consiguió en aquellas elecciones generales. Ciudadanos insatisfechos con un Estado al que sentían, más que ajeno, casi contrario a sus necesidades y demandas.

La apuesta de Pablo Iglesias por romper el bipartidismo y compensar el pasado, en lugar de ofrecer hechos que materializaran su discurso, le convirtió en parte del tablero izquierda-derecha en lugar de romperlo para implantar el de arriba-abajo u oligarquía-clases populares. Por su parte, muchos de los que apostaron por los morados no volvieron a darles su confianza. Un asunto de gran calado al que Iñigo dedica muchas páginas, a la par que explica cómo aquella organización se burocratizó a imagen de unos y desemejanza de otros a los que, como a él, acabó expulsando.

Lo que supuso el fin de la carrera política de muchos, para él fue el punto y aparte que necesitaba para formular el proyecto que hoy representa y que, según él, nació en el último momento posible para conseguir entrar en noviembre de 2019 en el Congreso de los Diputados, aunque con mucho menor porcentaje de votos y número de escaños de los que él mismo esperaba. Un punto de inflexión que, a su juicio, se ha convertido en la oportunidad de realizar lo que él creía iba a ser su anterior formación política, pero adaptada a las exigencias, necesidades y modos del ciclo actual, a las que hay que sumar las consecuencias, aún por definir, de la pandemia del covid-19.

Un tiempo en el que, según él, la propuesta ha de pivotar en mirar hacia adelante, en hacer que el Estado no sea solo un instrumento regulatorio sino también un medio proveedor de las estructuras que nos faciliten unos servicios adecuados, en forma y tiempo, que garanticen verdaderamente no solo nuestro bienestar, sino también el de las generaciones futuras. De ahí que incida en el ecologismo, no solo por su lado medioambiental, sino como manera de habitar -en términos de producción y consumo- las coordenadas en que vivimos. Y también en el feminismo, en la necesidad de hacer que la democracia tenga en cuenta la igualdad de todos sus ciudadanos, sin la que es imposible la libertad, y se libere de la estrechez prejuiciosa del filtro masculino, blanco y heterosexual con el que aún sigue actuando en demasiadas ocasiones.    

Por la parte estilística señalar la prosa cercana de Errejón, se nota su faceta académica y su hábito intelectual, aunque un poco de síntesis no hubiera estado de más, al igual que haber dejado fuera de la redacción final los coloquialismos propios de conversaciones informales entre amigos. Más allá de esto, está por ver tanto su futuro político como el de Más País, pero como él mismo dice, lo importante es el posible acierto de su análisis de la sociedad española y la adecuación de las medidas con que propone mejorar lo corregible y potenciar lo posible. El tiempo nos dirá hasta dónde llega su capacidad y la de los suyos de hacer y de influir.  

Con todo. De los años veloces al futuro, Iñigo Errejón, 2021, Editorial Planeta.