Archivo de la etiqueta: Homofobia

“El ciclo del amor marica” de Gabriel J. Martín

Entender cómo funciona el sentimiento del amor es fundamental no solo si se quiere vivir una relación a largo plazo, sino si también se desea vivir plenamente, pero de manera individual, aquellas facetas personales que se comparten en una pareja.  De manera clara y didáctica, a la par que amena y hasta divertida, este título realiza un somero repaso de todos esos factores que hay que tener en cuenta para enunciar esa ecuación cuya verdadera fórmula y resultado, única en cada caso, solo conocerán de verdad los encargados de ponerla en marcha y reelaborarla continuamente a lo largo del tiempo.

ElCicloDelAmorMarica.jpg

A priori el amor no debiera entender de género, identidad u orientación sexual, hombres y mujeres, cis y transexuales, homosexuales, bisexuales y heterosexuales somos susceptibles de enamorarnos, de ser correspondidos y de querer vivir ese afecto a través de un proyecto de vida a cuya construcción ambas partes nos comprometamos. Sin embargo, basta mirar el recorrido histórico que llevamos desde hace siglos hasta hoy mismo para saber que en la sociedad en la que vivimos se denigra a muchas personas por múltiples motivos. He ahí las obvias diferencias entre hombres y mujeres, pero igual de claras y evidentes, aunque mucho más silentes, son las también sufridas desde tiempos inmemoriales por –entre otros muchos colectivos- los hombres homosexuales.

Un legado que sigue vigente y contra el que, como Gabriel bien indica, se ha de luchar utilizando herramientas como la del lenguaje normalizador, entendido este no como una tabula rasa que elimina diferencias y homogeneiza características, sino como el que da los términos exactos a las realidades en las que vivimos. Un novio es un novio, y no un “amigo”, y a un marido no se le presenta como “mi pareja”.  El segundo pilar es hablar de cómo pueden ser las etapas de una relación afectiva entre dos hombres, como entre un hombre y una mujer o entre dos mujeres, desde un punto de vista realista, dejando a un lado todos los mitos, fantasías y leyendas que han empañado la educación que hemos tenido -si es que alguien nos la ha proporcionado- sobre el amor.

Así que si el amor no es a primera vista ni para siempre, no lo redime todo ni mueve montañas, ¿en qué consiste exactamente?

En primer lugar, para que el amor llegue a formularse y construirse necesita que las dos personas que intentan formar una pareja sean equilibradas, que se hayan aceptado a sí mismas y que vivan su orientación sexual de manera natural e integrada en todas las áreas de su vida, sin traza alguna –o estar en proceso de resolverla- de homofobia interiorizada. Un tema que ya trató Gabriel J. Martín en su también muy bien planteado y desarrollado Quiérete mucho maricón. Factor importante es, también, no tener pendientes de resolución otras cuestiones psicológicas que no solo impiden a esos hombres tener relaciones fructíferas, sino que les convierte en personas tóxicas con capacidad de herir a aquellos con quienes, aparentemente, lo intentan.

Dejando atrás las rémoras, para aquellos que lo desean y les surge la oportunidad de llevarlo a la práctica, el amor sigue una serie de fases que tienen un discurrir más o menos lineal y que cada persona -y por tanto, cada pareja- vive de una manera diferente en base a su personalidad, experiencia e, incluso, estructura neuronal.  Desde la pasión inicial en la que cada cuerpo es un torrente hormonal y el deseo físico es lo más protagonista, pasando por la etapa de la intimidad, de exponer y conocer las motivaciones y planteamientos personales del otro ante la vida para llegar a la posibilidad de plantearse un proyecto conjunto. Un compromiso que posteriormente hay que mantener y adaptar a las circunstancias cambiantes que vayan surgiendo. Y si llega el día en que este se acaba, hay que saber ver y aceptar las señales que lo indican y ponerle fin a la relación de la manera más adecuada para que no solo no deje mal recuerdo, sino para que no se convierta en un lastre que impida disfrutar del futuro.

Este es el eje más habitual del amor, entre dos personas, aunque Gabriel J. Martín también considera otras casuísticas existentes como la del poliamor, o las de relaciones con características propias como son las intergeneracionales o las de entre personas que viven distanciadas por muchos kilómetros.

Como bien dice su autor, El ciclo del amor marica no ofrece una receta mágica, pero sí una completo y claro mapa a partir del cual un hombre homosexual –aunque también a otros públicos con capacidad de empatía ante los ejemplos y supuestos prácticos expuestos,que se decidan a leer este libro- pueda plantearse y reflexionar cómo quiere vivir el amor de pareja y todos aquellos ingredientes que lo conforman, pero que también se pueden disfrutar fuera de ella.

“La cultura de la homofobia y cómo acabar con ella” de Ramón Martínez

La homofobia no es solo el odio y el desprecio a todo aquello relacionado con la homosexualidad. Es más, es un síntoma, un pilar del sistema inventado por el heteropatriarcado para justificar y sustentar su artificial supremacía. Un desequilibrio que viene de mucho tiempo atrás, del que son tan víctimas quienes lo ejercen como quienes lo sufren. Sin embargo, y tal como apunta Ramón,  es posible ponerle fin entre todos -sea cual sea nuestro género, identidad u orientación sexual- y dar paso a un nuevo modelo de sociedad y de cultura relacional basada en la equidad y la diversidad.  

LaCulturaDeLaHomofobia.jpg

Damos por hecho muchas cosas, como que está en nuestra naturaleza ser de una determinada manera y rechazamos la idea de que en realidad somos construcciones sociales. Transmitidas de generación en generación, sustentándose en conceptos falsos y prejuiciosos que no tienen otro fin más que crear jerarquías de poder generadoras de desigualdad.

Los seres humanos nos definimos como personas, término que nos engloba a todos, pero luego resulta que la historia, a la hora de mirar a nuestro pasado, y la legislación y las hemerotecas, al considerar nuestro presente, nos llevan la contraria con documentos de todo tipo que demuestran que en primer lugar nos consideramos, clasificamos y separamos bajo los términos de hombres y mujeres.

Una división en la que se establece que el mundo está formado por él y ella, indivisiblemente, complementariamente, pero con unas tareas muy marcadas que reflejan que él es más que ella. Sin embargo, y como no hay verdad alguna en esto, se necesita de una serie de mecanismos e interpretaciones que lo sustenten. Uno de estos terrenos es el simbolismo proyectado sobre nuestro cuerpo, entendido como un medio para ejercitar la posesión y el uso material, como objeto, del otro. Otro es el intelectual, negando el acceso a las fuentes del conocimiento y el ejercicio del mismo. Unos mandan, gobiernan y piden y otras sirven, acatan y se entregan.

Hasta aquí, y desde el punto de vista de hoy en día, nada que nos sorprenda. Pero resulta que esta aparente sencillez tiene una profundidad y una complejidad que abarca mucho más de lo que parece. Es la base del rechazo de cualquier comportamiento o expresión que no cumpla dicho canon, como al hombre que desea a otro hombre en lugar de a una mujer como se le presupone, o más bien se le ordena. Una persecución que sufren igualmente las mujeres que se sienten atraídas por otras mujeres, en lugar de estar a disposición de un varón; aquellos y aquellas que son capaces de entregarse tanto a hombres como mujeres o los que habiendo nacido con un sexo biológico viven conforme al que sienten y que no coincide con aquel.

Ellos (nosotros), homosexuales (gays y lesbianas), bisexuales y transexuales, el denominado colectivo LGTB, son (somos), además de las mujeres heterosexuales en su conjunto, la más clara y directa víctima de la homofobia generada por el heteropatriarcado.

Lo han (hemos) sido desde hace muchos siglos, gracias a, tal y como explica Ramón Martínez, la manipulación de las religiones, la medicina basada en creencias en lugar de en principios científicos, o los regímenes políticos, incluso los democráticos, sustentados en maneras totalitaristas. Un legado que hace unas décadas parecía insuperable, pero que en países como el nuestro hemos conseguido dejar, aparentemente, atrás gracias al compromiso y la movilización sin descanso de un activismo que se dejó la piel –además de la libertad e incluso la vida en muchos momentos- para conseguir derechos legales como el del matrimonio o la adopción.

Ahora bien, esto no quiere decir que la homofobia se haya acabado. He ahí los muchos casos de agresiones a maricas y bolleras que son noticia casi a diario, la condena al ostracismo social que sufren los transexuales y, por extensión, la violencia machista y la desigualdad en todos los ámbitos que sufren muchas mujeres. Esto demuestra que queda mucho por hacer frente a la homofobia, en planos muy amplios –como ese que, sugiere Ramón, debe unir al movimiento LGTB con el feminismo en su causa común- como otros más particulares y específicos de homosexuales, bisexuales y transexuales.

Motivo este por el que –y tras haber conseguido la equidad jurídica- el movimiento asociativo debe reelaborar su propuesta para dar a conocer cuáles son sus objetivos, tanto para sus potenciales integrantes, como para el conjunto de la sociedad. Un paso más hacia adelante para seguir avanzando hacia una colectividad más justa, más igual y donde antes y después que hombres y mujeres, heteros, homos o bisexuales, seamos personas, sin más. Ese es el propósito final hacia el que Ramón propone que vayamos y que tan clara y convincentemente queda expuesto y argumentado en este ensayo comprometido con la defensa, divulgación y verdadera vivencia de los derechos humanos.

“La conjura de los necios” de John Kennedy Toole

Una lectura tan divertida como estimulante. Una ácida y corrosiva narrativa que no deja títere con cabeza en su disección de cada personaje y situación en mil piezas. Una abrumadora construcción de una serie de situaciones y entornos en los que se pone patas arribas múltiples aspectos de la sociedad actual (la familia, el trabajo, la educación,…). Una ironía y una sátira brutales con las que quedan al descubierto todas nuestras imperfecciones, contradicciones y paradojas.

LaConjuraDeLosNecios

La conjura de los necios comienza aparentando ser un disparate, un chiste que no solo no se apaga, sino que se acrecienta envolviendo y dando seña de identidad a todo cuando sucede en sus páginas. La gracia no está solo en la situaciones que viven en Nueva Orleans este grupo de hombres y mujeres de los que somos testigos, sino en sus actitudes, pensamientos y expresiones verbales que hacen de lo que podría ser algo cotidiano, acontecimientos plagados de excentricidades casi imposibles de imaginar. Sin embargo, lo que el autor nos propone no es tan solo un ejercicio de humor rompiendo los moldes de la corrección política, lo políticamente formal y la educación convencional. Cada descripción y diálogo son una crítica certera y sin paliativos de algunos de los males de los que adolece nuestra sociedad: el racismo, la homofobia, el machismo, la explotación laboral,…

Ignatius, el protagonista, es un hombre sin orden ni concierto que vive al margen del mundo en el que habita. Despreciable, anacrónico, anárquico, irrespetuoso, desvergonzado, sucio, un dechado de virtudes y gracias que se podrían resumir en un único término, ego, y derivados como egoísta y egocéntrico.  Un ser nada atractivo, pero que nos causa una paradójica repulsión. A pesar del teórico desagrado que no suscita, nos puede el morbo de sus vivencias, de la simpleza de los argumentos bajo los que sostiene sus injustificables puntos de vista, así como sus disparatados objetivos, a cada cual más estúpido. Una complejidad que no se limita solo a este ser, sino que llega a todos y cada uno de los que le acompañan en el amplio elenco de esta novela.

Un astuto doble juego de John Kennedy Toole. En primer lugar nos pone frente a una serie de despropósitos para que nos planteemos cómo y en qué medida nuestro mundo, e incluso cada uno de nosotros, está servido de ellos. La otra clave es, sin duda alguna, la brillantez en el ritmo y estructura que de principio a fin tiene esta obra. La riqueza imaginativa de su autor resulta inagotable, cada capítulo está lleno de acontecimientos que se suceden de manera continua, sin descanso alguno, cuando no con una múltiple simultaneidad perfectamente plasmada sobre el papel. A su vez, cada una de sus secuencias está llena de instantes, aparentemente irrelevantes, pero que utiliza con gran habilidad para hacer referencias de lo más variopinto, tanto a lo que puede formar parte de la acción (personajes, lugar, historia previa) como a su contexto (social, económico, político,…).

Por todos estos motivos, La conjura de los necios resulta fresca y actual a pesar de llevar publicada más de 35 años y escrita más de 50. Se mire por donde se mire, la única obra que dejó escrita John Kennedy Toole, y cuya no publicación en vida le llevó al suicidio con tan solo 31 años, es magistral. Una alucinante experiencia que ningún amante de la buena lectura y de experimentar la ficción debiera dejar de probar.

“Moonlight”, tan valiente y arriesgada como delicada y hermosa

Un guión muy bien elaborado que se introduce en las emociones que nos construyen como personas, señalando el conflicto entre la vivencia interior y la recepción del entorno familiar y social en el que vivimos. Un acierto de casting, con tres actores –un niño, un adolescente y un adulto- que comparten una profunda mirada y una expresiva quietud con su lenguaje corporal. Una dirección que se acerca con respeto y sensibilidad, manteniendo realismo, credibilidad y veracidad al tiempo que construye un relato lleno de belleza y lirismo.

moonlight-232276883-large.jpg

Hay silencios que no se pueden llenar con palabras, no habría suficientes y ninguna de ellas, ni su mejor combinación, podrían conseguir su expresividad, fuerza y potencia. En la magistral secuencia final, uno de los protagonistas le replica al otro “nunca dices más de tres palabras seguidas”. No hace falta, Moonlight está contada mediante miradas que primeramente enfocan y encuadran con la cabeza, con la razón, para desplazarnos por calles en las que se trapichea con drogas, en casas de las que se te echa o en las que se te recibe, en institutos que son una jungla humana, en playas que son un remanso de paz,… Pero una vez situados, el objetivo desciende hasta el corazón y ese es el timón desde el que se dirige su recorrido en una ardua y difícil ruta  que comienza en una infancia sin referentes, una madre que no ejerce y un padre que no existe, y en el que se toma conciencia de la condición homosexual a través del insulto, el desprecio y la agresión (física y psicológica) de los compañeros de clase.

El buen trabajo de Barry Jenkins está en haber plasmado sobre la pantalla este recorrido de años sin tomar partido por ninguno de sus elementos. Los hechos hablan por sí mismos, son protagonistas absolutos, y como si fueran instrumentos de una orquesta, fotografía, escenografía, sonido, banda sonora,…, se ponen a su completa disposición. No solo para dar forma a lo que vemos y escuchamos, sino también para potenciar la belleza, poesía y lirismo que, a pesar de todo, puede haber en un mundo donde el lenguaje es rudo, las miradas son violentas y las relaciones se basan en una continua represión. Sin embargo, el guión –también de Jenkins- indaga en las fisuras del dolor para traer a la luz la humanidad que muestran las miradas de todos sus personajes. “Sé que no tienes motivos para quererme, pero no pongas en duda que te he querido y que te quiero”, con frases así es de entender que esta película haya llegado hasta la recta final de la próxima edición de los Oscar.

El relato de Moonlight es muy valiente, tanto desde el punto de vista cinematográfico como narrativo. Apuesta por ir en una dirección muy concreta y no se distrae en ningún momento de su objetivo, no hay tramas secundarias cuya función sea la dejar respirar al relato principal. La soberbia dirección de actores y la entrega total de estos a la misión encomendada hace que todo persiga y consiga el fin propuesto. Estar siempre al lado de la mirada de su protagonista, pero manteniendo una distancia prudencial que nos permite ver cuán llena de vida está; así como el derroche de amor del que es capaz su corazón, deseando encontrar un interlocutor, un lugar, un mundo en el que expresarse libremente y encontrar a alguien con quien abrazarse y entregarse plenamente.

10 textos teatrales de 2016

Autores españoles, americanos y chilenos; historias de siglos, décadas y años atrás; protagonizadas por familias, también por hombres y mujeres, en la mayoría de las veces, inmersos en una profunda soledad; sociedades en las que acampa la corrupción, el culto a las normas y donde también están aquellos dispuestos a ir en contra de los establecido; funciones que se han llevado al cine y que se han representado también en la calle,…

10TextosTeatrales2016.jpg

“Trescientos veintiuno, trescientos veintidós” de Ana Diosdado. A través de dos hombres y dos mujeres, la autora de “Anillos de oro” y “Los ochenta son nuestros” planteaba en 1991 algunos de los cambios que estaba experimentando la España de entonces. De un lado el matrimonio, que dejaba de ser un acontecimiento con el que adquirir un estatus social, y del otro la política, en la que los casos de corrupción planteaban la falta de ética que se presupone a los gestores de lo público.

AnaDiosdado

“A siete pasos del Quijote”. El pasado noviembre el Barrio de las Letras de Madrid se llenó durante varias tardes de momentos quijotescos en los que hasta el propio Don Miguel dio la cara. Él mismo y su creación más conocida hablaron por boca de siete brillantes dramaturgos, dejando claro que los maestros vivieron en un tiempo y espacio determinado, pero que –unas veces por la forma, otro por lo tratado- lo contado por ellos está tan vivo hoy como el día en que lo escribieron.

ASietePasosDelQuijote

“Las brujas de Salem” de Arthur Miller. Cuando la sinrazón acampa, la lógica y el sentido común desaparecen, dejando el terreno libre para el ejercicio de la violencia que conllevan los comportamientos motivados por el deseo de poder, la envidia y la soberbia. Una brutal retrato de lo viscerales, canallas y diabólicos que podemos llegar a ser en una alegoría con la que Miller retrató la caza de brujas del Hollywood de los 50. Una obra maestra que sigue estando vigente y que bien podría valer como símil del funcionamiento de nuestro sistema político-mediático.

LasBrujasDeSalem

“Nuestra ciudad” de Thornton Wilder. Una pequeña localidad de poco más de tres mil habitantes del noreste de EE.UU. a principios del s. XX resulta ser el reflejo de todas las edades, roles y dimensiones del ser humano, social y familiar. Un texto cuya maestría está en la transparente sencillez de su estructura, los limpios diálogos de sus escenas y el completo conjunto de personajes que lo habitan.

OurTown

“Nuts” de Tom Topor. El cine ha hecho que los juicios en EE.UU. nos parezcan una de las situaciones más teatrales que podemos encontrarnos en la vida cotidiana. La escenografía viene marcada por el sistema y los que intervienen pueden hacer de su discurso una construcción emocional más allá de los tecnicismos y formulismos del lenguaje jurídico. Tom Topor se vale perfectamente de lo primero para, a partir de lo segundo, profundizar hasta los aspectos más delicados de una historia “basada en hechos reales” en la que, bajo la apariencia de un asesinato y una prostituta, se encuentra una situación que no cuadra y un personaje herido y obligado a construirse a sí mismo.

Nuts.jpg

“Out cry” de Tennessee Williams. Dos hijos maltratados por sus padres, dos actores abandonados por su compañía, dos personajes unidos en el escenario por un lazo fraternal en un libreto sin un final claro. Una obra en la que su autor combina su mundo interior con la biografía de su familia en un doble plano de realidad y ficción tan íntimamente unidos y sólidamente escritos que en ningún momento sabemos exactamente dónde estamos ni hacia donde vamos.

220px-OutCry

“Las manos” de José R. Fernández, Yolanda Pallín y Javier G.Yagüe. Una perfecta disección de la España rural de los años 40 a través de un grupo de jóvenes con toda la vida por delante. Un tiempo y un lugar en el que el hambre, el miedo, la influencia omnipotente de la religión, la desigualdad social y la lucha por la supervivencia cubren cada rincón de cuanto existe y acontece. Un asfixiante presente que tiene tanto de brillantez literaria como de retrato político, social y cultural.

LasManos

“La fiesta de cumpleaños” de Harold Pinter. Un día anodino, una casa cualquiera y varias personas aburridas pueden ser el momento, el lugar y los protagonistas de una historia tan intrascendente y absurda como catártica. Veinticuatro horas que comienzan con la tranquilidad de los lugares donde no pasa nada para dejar paso a un desconcierto que nos atrapa como si estuviéramos esperando a Godot.

pinterparty

“Corpus Christi” de Terrence McNally. Al igual que Jesucristo fue crucificado por amar a todas las personas sin hacer diferencia alguna, Matthew Sheppard fue asesinado en EE.UU. en  1998 por sentirse atraído por los hombres. A partir de estos salvajes hechos, McNally hace un impresionante traslado a nuestros tiempos del relato católico de la vida y pasión de Cristo. En su valiente visión del Salvador como alguien con quien todos podemos identificarnos compone un cuadro en el que la homosexualidad es tanto manera de amar como excusa para la persecución y el castigo.

CorpusChristi_TerrenceMcNally

“Abandonada” de Fernando Sáez. La última conversación entre Pablo Neruda y Delia Del Carril tras dos décadas de relación, la esencia de lo que queda tras veinte años juntos recogida en un único acto teatral. Los motivos del fin, los diferentes puntos de vista sobre lo vivido y la manera de afrontar el presente de una manera verdaderamente desnuda, haciendo de la intimidad un campo abierto en el que se exponen con toda su verdad el dolor femenino y la libertad masculina.

abandonada05

“Corpus Christi” de Terrence McNally

Al igual que Jesucristo fue crucificado por amar a todas las personas sin hacer diferencia alguna, Matthew Sheppard fue asesinado en EE.UU. en  1998 por sentirse atraído por los hombres. A partir de estos salvajes hechos, McNally hace un impresionante traslado a nuestros tiempos del relato católico de la vida y pasión de Cristo. En su valiente visión del Salvador como alguien con quien todos podemos identificarnos compone un cuadro en el que la homosexualidad es tanto manera de amar como excusa para la persecución y el castigo.

CorpusChristi_TerrenceMcNally.jpg

El asesinato del joven Matthew Sheppard es uno de los muchos hitos que la homofobia y la crueldad humana nos han dado a lo largo de la historia. Tras golpearle duramente en la cabeza una tarde del mes de octubre de 1998, le abandonaron en el campo, atado a una cerca en la que fue encontrado muchas horas después, ya en estado de coma y sin posibilidad alguna de recuperación. Su asesinato quiso ser utilizado por algunos grupos supuestamente cristianos como muestra de que las personas homosexuales tienen negado el acceso al reino de los cielos. A tanto odio, sinrazón y brutalidad Terrence McNally respondió con este texto, con un prólogo en el expone la idea de que si Jesús existió, fue un hombre que se dirigió a todos nosotros con un mensaje de amor y aceptación mutua y no como alguien con reglas con las que alejar de una vida de bienestar y pacífica convivencia a la mayor parte de las personas.

Bajo esta máxima, McNally apunta que fuera cual fuera la biografía de Jesús, podemos verle e interpretarle bajo otras características similares con el fin de identificarnos con él desde nuestras características más personales. Esto no sería blasfemar, sino una muestra de su universalidad y capacidad de empatizar con todos nosotros.

El autor de, entre otras muchas, la genial Love! Valour! Compassion! o la íntima Mothers and sons, realiza un perfecto símil entre las etapas y algunos de los grandes momentos de la supuesta vida del hijo de Dios con aquellos que muchos homosexuales han de afrontar en su intento de vivir una vida conforme a su manera de sentir. Con esta premisa y con la superposición en la mente de las imágenes de Sheppard falleciendo atado y apaleado y Jesucristo crucificado hay que acercarse a Corpus Christi.

De la misma manera que el nacido en Belén no fue entendido por los sacerdotes del templo en su niñez, así le sucede al protagonista Joshua –nombre en hebreo de Jesús- en su etapa formativa, plasmada sobre todo en la fiesta de graduación del instituto cuando ha de afrontar tanto la exigencia de popularidad como con el supuesto hito de perder esa noche, si no lo ha hecho ya, la virginidad heterosexual. El Nuevo Testamento nos relata la travesía del desierto del destinado a redimirnos, un proceso similar a la huida que muchos jóvenes han de hacer para alejarse de las que fueron la coordenadas –geográficas, familiares y sociales- que no les aceptaron para buscarse unas en las que fijar su lugar en el mundo. En sus últimos años Cristo se dedicó a transmitir la palabra de Dios y su mensaje de amor, ese que decía que todos somos iguales y debemos ayudarnos, apoyarnos y darnos afectos sin filtro alguno. Una realidad que muchos hombres y mujeres no pueden vivir por ir de la mano con un igual y ser por ello objeto, no solo de crítica, sino de violencia física y psicológica que puede llegar a costarles la vida.

Esta obra centra toda su apuesta en la fuerza de sus diálogos, aunando estos una doble dimensión temporal, hacer referencia tanto a lo sucedido hace dos mil años como a la realidad de hoy en día, unas veces de manera simultánea y otras quedándose en el aquí y ahora, pero sin olvidar el relato y el referente bíblico. Para dar todo su protagonismo y máxima poder a la palabra, el autor plantea una puesta en escena sin escenografía, desnuda y limpia de elementos ajenos a su relato, tan solo un banco en el que los actores han de esperar sentados cuando no intervienen. Y con ecos del teatro griego, con un elenco solo masculino en el que buena parte de los actores han de interpretar varios papeles –independientemente de su género y edad, como a los apóstoles con profesiones del mundo actual o a compañeros del instituto- y todos ellos vestidos de la misma manera (camisa blanca, chinos de color beige y pies descalzos).

Se da la ironía de que el título tiene también múltiples dimensiones con un marcado simbolismo. No solo es el nombre de la ciudad del estado de Texas -uno de los más conservadores de EE.UU.-  en la que está ambientada la historia y en la que McNally vivió durante su infancia. Es también la fiesta católica que se celebra sesenta días después del Domingo de Resurrección para ensalzar la presencia de Jesucristo en la Eucaristía, momento en el que él señalo su entrega a los demás cortando el pan y diciendo aquello de “tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros.”

Un mensaje similar es el que Terrence McNally pretende hacernos llegar con esta gran obra, que ojalá muertes tan crueles como la de Matthew Shepard valgan para darnos cuenta de que las personas estamos destinadas –en nuestra diversidad, que no desde nuestras diferencias sociales, religiosas, culturales, educativas,…- a respetarnos, querernos y amarnos.

“Quiérete mucho, maricón” de Gabriel J. Martín

Una conversación, una charla, un soliloquio en voz alta,… una síntesis de las mil y una pautas, consejos y ejemplos que supongo Gabriel J. Martín propone en sus sesiones terapéuticas a hombres cuya trayectoria vital no solo fue atropellada por la homofobia durante un tiempo (quizás sigan estando en ese estadio), sino que sigue viéndose afectada por sus invisibles y paradójicas secuelas. Un completo ejercicio de empatía con el que cada hombre homosexual puede hacer una auto reflexión sobre el grado de naturalidad, visibilidad y plenitud con que siente y lleva a la práctica su deseo y capacidad de interactuar, disfrutar y enamorarse de otro hombre.

QuiereteMuchoMaricon.jpg

Hay dos cosas que Gabriel deja claro a lo largo de su obra. La primera es que Quiérete mucho, maricón habla de amor, de la capacidad y posibilidad de establecer relaciones afectivas que puedan derivar, si así lo queremos, en compromisos entendidos como proyectos de vida compartidos. Aclarar que también habla de sexo, pero no como el elemento que nos define, sino como un capítulo importante y fundamental, junto a otros muchos, del desarrollo de toda persona y relación. La segunda es que vivimos un momento en que se están derrumbando muchos de los falsos conceptos que a lo largo de años, décadas y hasta siglos se han alimentado sobre la homosexualidad. Ser conscientes de ello nos liberará de muchos de los prejuicios que hemos heredado, sufrido y hasta interiorizado, y nos permitirá construir un futuro en el que los que nos sucederán estarán, posiblemente, libres de semejante atrocidad.

Esta es una propuesta de un psicólogo, gay, sí, pero hombre de ciencias, con lo que todo lo que dice tiene tras de sí un dato contrastado. La suya no es una disertación libre y edulcorada para los que busquen un manual activista, un libro de auto ayuda para aquellos a los que les quede camino por hacer o un volumen con el que mentes autocomplacientes se sientan superiores por sí haberlo recorrido. Su oferta –con un estilo cercano, un lenguaje llano y plagado de ejemplificaciones y hasta confidencias sobre sí mismo- va dirigida a todos y a cada uno de nosotros, dejando claro que el proceso de normalización de la orientación sexual y afectiva comienza por una primera etapa de auto aceptación, pero que necesita también del ejercicio de nuestra dimensión social para desplegar, entrenar y ejercitar nuestras habilidades y capacidades afectivas. Somos seres individuales, pero formamos parte de una sociedad con la que convivimos, en la que nos comunicamos e interactuamos, accediendo así a unas posibilidades que nos hacen más plenos. Y no se trata solo de relacionarnos con otros homosexuales con lo que compartimos orientación sexual y afectiva –y en consecuencia, posibilidad de ejercitarlas- sino también con el amplio y diverso mundo sexual –heterosexualidad, bisexualidad, transexualidad,…- en el que vivimos.

Una realidad ya existente para muchos y un objetivo para aquellos que todavía no han llegado a ella y a los que se dirige especialmente Quiérete mucho, maricón. La homofobia es uno de esos grandes males tan extendido como invisible entre el género humano. No se trata solo de países en los que ser homosexual implica cárcel o pena de muerte, es también el recuerdo de lugares y tiempos recientes en los que era (o sigue siendo) habitual que ser identificado –o revelarse- como homosexual implicara ser despreciado y sufrir toda clase de vejaciones físicas y psicológicas por compañeros de colegio y de trabajo, vecinos, e incluso padres y hermanos.

Las profundas heridas que aquellos abusos causaron no son solo algo del pasado o que se acabará en el momento en que nos alejemos de las personas y del lugar en el que lo estamos recibiendo. Son una semilla y un irónico legado por el que el rechazado por gay, por homosexual, por marica, no solo se despreciará inconscientemente a sí mismo por ello –homofobia interiorizada-, sino que también ejercerá la violencia sobre otros por serlo o por parecerlo utilizando uno y mil prejuicios (ej. promiscuidad, afectación de infecciones de transmisión sexual, femineidad,…). Esa es la zona sensible a la que Gabriel J. Martín se propone ayudar a llegar a cada uno de sus lectores, si estos así lo desean y están dispuestos a trabajar siendo sinceros consigo mismos, para reconocer en qué medida esto les sucede o ha ocurrido y proponerles medidas con las que solucionar ese dolor –camuflado bajo síntomas como ansiedad, adicciones o comportamientos compulsivos- que sigue latente y eliminar las barreras y limitaciones que de tan consolidadas ya resultan invisibles.

La certeza de una vida mejor, de un presente lleno de posibilidades y de un futuro sereno y pleno está ahí, al alcance de todos. No solo debe ser un sueño, sino que es un derecho innato a toda persona, independientemente de su orientación afectiva. No siempre es fácil, a veces hasta es duro, pero está claro que se puede conseguir –con más o menos calma, con ayuda de psicólogos, amigos con que ya contemos o personas aún por conocer. Una nueva etapa de nuestras biografías cuyos logros demostrarán que realmente ha merecido la pena trabajar por llegar a ella y en la que decir alto y claro a uno mismo y a los demás, tranquilo y sonriente, eso de Quiérete mucho, maricón.