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“Material de contrabando” de José Gutiérrez Román

Las palabras son una herramienta con la que evocar el pasado. No con ánimo de ensoñamiento, sino de fijar los puentes que lo unen con el presente. Pero también un deleite, una manera de gozar con la posibilidad que nos dan de fijar imágenes e imaginar y soñar realidades paralelas, así como transmitir emociones y sensaciones tan etéreas y frágiles como sólidas y perdurables.

Los 34 poemas de Material de contrabando están agrupados en tres bloques. En el primero, En este impreciso instante, entramos en un mundo de detalles externos, aparentemente imperceptibles, pero que resultan significativos por lo que despiertan en José Gutiérrez Román (Burgos, 1977). Hay algo de su personalidad, de su manera de ser y estar en el mundo que se materializa en los elementos que atraen su atención, despiertan su verbo y le llevan a articular la retórica con la que los convierte en alegorías de sí mismo. Perennes uno, como el clavo en la pared, caducos otros, como la hoja del árbol que cae cada otoño. Testigos mudos, pruebas fehacientes del paso de la vida, lo mismo da que la contemplemos como una línea narrativa obligada a ir hacia adelante que como una continua sucesión de ciclos.

Los más emotivos son aquellos en los que también se observa a sí mismo, poemas en los que une sin costuras pasado y presente, contrastando lo que fue y hoy no es en un ejercicio de elucubración de lo que podría haber sido. Asertividades con las que transmite el pálpito de su corazón y las pulsiones de su cuerpo, aquel que compartió con voluntad de trascendencia durante la absolutidad de su adolescencia y primera adultez, ya fuera en el descampado que hoy observa desde su centro de salud, en el recordado salón de los padres de aquel amor y pasión de juventud o en el portal y la escalera del piso en el que se celebraron tantas fiestas.

Tiempo que no utiliza como recurso simbólico o filtro épico o romántico, sino como una prueba objetiva de que hay elementos que nos muestran que evolucionamos a la par que seguimos siendo los mismos. Muertes incompletas, el segundo grupo de poemas, incide en esa mirada que quizás tenga más de interrogante sobre el presente. Manera con la que el ganador del Premio Adonais de Poesía en 2010 busca reconocer quién fue y de dónde viene, al tiempo que despertar en nosotros la curiosidad de por qué lo hace, ¿para disfrutar sin más? ¿para aclarar las coordenadas de su aquí y ahora?

Por último, en Pila de palabras, José despliega su saber hacer con el elemento que le da título, desvelando a su vez su esencia, su deleite con el proceso de elaboración y construcción literaria, medio con el que viaja dentro de sí y revela su particular manera de vincularse con el mundo que habita y las personas con que se relaciona (deducible que buena parte de ellas sean aquellas a las que van dedicadas hasta catorce de estas creaciones).  Tras haberse referido a Garcilaso (delicioso soneto el de Otra vuelta de tuerca) y a Rilke en los bloques anteriores, estos últimos poemas tienen un tono más hondo y lírico, ya no son una expresión diáfana, sino una apertura desde la que dejar intuir su concepción de lo efímero, lo doloroso y lo desconocido, pero también de lo ilusionante y lo esperanzador.

Material de contrabando, José Gutiérrez Román, 2020, Editorial Difácil.

“Oslo”, narración de un acuerdo imposible

Los historiadores valorarán cuán fiel es esta reciente producción de HBO a las negociaciones que condujeron al acuerdo entre israelíes y palestinos en 1993. Los amantes del séptimo arte, la calidad de la adaptación a la gran pantalla de un texto teatral multipremiado. Para el común del público queda tomar nota de las claves con que dos partes enfrentadas pueden construir un futuro en común a pesar de sus muchas diferencias y recelos recíprocos.

La premisa es clara, relatarnos cómo comenzaron y prosiguieron los encuentros entre palestinos e israelíes que desembocaron en los Acuerdos de Oslo firmados en 1993. Conversaciones iniciadas de forma clandestina bajo el amparo de una discreta organización, la Fundación Fafo, con el apoyo de una funcionaria y el único conocimiento del Secretario de Estado de Exteriores del Gobierno de Noruega. La clave, y en lo que incide la película, es que se iniciaron alejadas de los focos mediáticos, sin el conocimiento de las burocracias estatales y poniendo el foco en el factor humano, en el encuentro entre personas sin intermediarios ni taquígrafos, al margen de cualquier influencia externa.  

Contactos, encuentros y varias rondas de intensas conversaciones, discusiones y debates que se saldaron con el fin de la primera intifada y con la esperanza de una convivencia pacífica entre Israel y Palestina que el paso del tiempo se ha encargado de romper una y otra vez. Acontecimiento importante que inspiró a J.T. Rogers una obra teatral estrenada en Nueva York en 2016 , ganadora del Premio Tony un año después, y que ahora llega a nosotros en versión cinematográfica. Una adaptación firmada también por él, que funciona perfectamente a nivel de texto, pero con algunos elementos visuales que fallan por la simplicidad con que son plasmados.

El tono anaranjado de las secuencias localizadas en Israel parece más un filtro de Instagram que un planteamiento de dirección de fotografía. Los flashbacks a la escena de la intifada son introducidos con una obviedad conductista y su materialización con una dirección artística televisiva. El recurso, además, del abrigo amarillo que luce uno de los personajes protagonistas en las secuencias iniciales, en una ambientación de tonalidades frías, resulta manido y en las antípodas de cómo lo manejó en La lista de Schindler (1993) Steven Spielberg, curiosamente uno de los productores ejecutivos de esta película. Añádase la síntesis con que son presentados hebreos y árabes, para que nos hagamos una rápida imagen de su carácter, pensamiento y posicionamiento.

Desaciertos que la dirección de Bartlett Sher salva gracias a su sencillez. Su única intención es exponer qué sucedió en una mansión de Sarpsborg, a 90 kilómetros al sur de la capital noruega, lo que hace que su visionado resulte interesante. Logra que queramos ir más allá de lo plasmado en la pantalla, que analicemos lo que está sucediendo para deducir cómo fue el proceso de negociación, las fases que siguió y cuáles los elementos que lo permitieron evolucionar y los que lo pusieron en riesgo. De paso, y como subtexto, que realicemos una lectura paralela sobre el comportamiento humano, sus motivaciones, miedos y necesidades, así como de los asuntos externos que influyen sobre cualquier persona. A qué responde aquello que nos une y de dónde surgen las divergencias que nos separan y enfrentan, así como hasta dónde somos capaces de llegar impulsados por ellas.

“Identidad” de Francis Fukuyama

Polarización, populismo, extremismo y nacionalismo son algunos de los términos habituales que escuchamos desde hace tiempo cuando observamos la actualidad política. Sobre todo si nos adentramos en las coordenadas mediáticas y digitales que parecen haberse convertido en el ágora de lo público en detrimento de los lugares tradicionales. Tras todo ello, la necesidad de reivindicarse ensalzando una identidad más frentista que definitoria con fines dudosamente democráticos.

Donald Trump, Vladimir Putin, Jair Bolsonaro, Viktor Orban,… mandatarios internacionales recientes y actuales que apelan una y otra vez a la cultura e identidad de su nación. Pero no solo ellos. He ahí el movimiento independentista catalán, el Brexit o la imagen tras la que se escudan los mecanismos del partido único chino. ¿Qué hay tras todo ello? ¿Cuánto es natural y cuánto artificio? ¿Y qué hace que tantas personas se identifiquen con esos supuestos valores y narrativas? Fukuyama ofrece una doble respuesta, una más psicológica, ego y resentimiento. Y otra más económica, la gran crisis que para mucha población ha supuesto verse sobrepasada por alguna o varias de las consecuencias del espectacular desarrollo de la globalización.

Una visión a la que une el análisis histórico desde una perspectiva filosófica para entender a qué nos referimos con el término identidad. En su génesis está el hecho de tomar conciencia de uno mismo, de ser alguien diferente a los demás y que busca ser valorado y apreciado tanto por los que considera semejantes como especialmente por aquellos que están más arriba en la escala jerárquica. En esta línea señala que Lutero ya indicó en el s. XVI que los fieles no necesitan la institución católica para estar en contacto con Dios, como la Revolución Francesa tomó como estandarte en 1789 la igualdad de todos los individuos frente a los desmanes de las élites y la manera en que la revolución industrial del s. XIX fijó lo material -y todo a lo que esto da acceso- como prisma que articula el prestigio y la reputación en la sociedad a la que dio pie.

Ya más cerca de nuestro presente pone el foco en cómo el neoliberalismo ha traído consigo desde 1980 la progresiva delgadez del estado del bienestar, a la par que la globalización ha venido acompañada de una progresión tecnológica inimaginable poco tiempo atrás. Ambas tendencias han hecho que muchos países se hayan sentido nuevamente colonizados y las desigualdades entre los que más y los que menos tienen en casi todo el mundo se hayan hecho más patentes aún. En el lado positivo hay que señalar los grandes logros sociales que se han conseguido, sobre todo en el reconocimiento de la diversidad. Primero fue la integración de la mujer, después las reivindicaciones hicieron que el racismo y la lgtbifobia dejaran de ser legales o alegales en muchos países, la inmigración trajo consigo la vecindad con personas de otras razas, culturas y lenguas…

Pero todo esto ha generado una combinación explosiva. Muchos de los que alcanzaron y consolidaron el estatus de clase media en la segunda parte del siglo XX ven que lo están perdiendo y que los políticos socialdemócratas que antes le apoyaban abiertamente ahora centran su atención en otros colectivos más específicos. A los que a miles de kilómetros de nosotros confiaban en iniciar su propio proyecto personal por sí mismos, sin metrópoli de la que estar pendientes, no solo les fue imposible allí donde nacieron, sino también donde fueron a buscarlo al ser tolerados, pero no integrados. Valga como muestra el no haber dado oportunidades laborales a sus hijos, lo que les hace sentir doblemente fuera de lugar.

Una insatisfacción de la que se han nutrido grupos y dirigentes extremistas para hacerse con el poder o instalarse en posiciones de influencia. Ya sean terroristas bajo excusa religiosa, ya partidos y responsables políticos que exaltan unos presuntos valores nacionales y articuladores de la convivencia en supuesto riesgo de desaparición por elementos amenazantes que hasta hace nada eran bien vistos como el proyecto de la Unión Europea o que suponían una bocanada de esperanza como lo fue la primavera árabe para sirios, libios o egipcios.

Frente a este diagnóstico, ¿qué y cómo hacer? Entre otras opciones, Fukuyama propone en La demanda de dignidad y las políticas de resentimiento ir a la esencia de la democracia liberal en la que vivimos y darla a conocer una y otra vez, tanto por la vía de la palabra como de los hechos. No solo desmintiendo los discursos mentirosos y manipuladores, sino poniendo en práctica políticas que demuestren abiertamente las virtudes, ventajas y posibilidades del sistema teórico de gobierno que se inició hace más de dos siglos, que se consolidó en Occidente tras la II Guerra Mundial y que desde entonces fue poco a poco extendiéndose a otras regiones. Esto requiere diálogo y cambios normativos, organizativos y económicos, estadistas capaces de modular las aspiraciones de los grupos de presión de sus propios países y de coordinarse con otros líderes internacionales a nivel supranacional para hacer un frente común. ¿Será posible? ¿Lo llegaremos a ver?

Identidad, Francis Fukuyama, 2019, Editorial Deusto.

Nuevo ministro, ¿nuevo rumbo del Ministerio de Cultura?

De José Manuel Rodríguez Uribes a Miquel Iceta. Cambia el nombre, pero los retos siguen siendo los mismos. Gestionar una cartera con competencias altamente transferidas a las comunidades autónomas, sacar adelante legislaciones ancladas en despachos, apoyar a una confluencia de sectores muy afectados por la crisis y conseguir resultados tangibles más allá de protocolarios posados oficiales y correctas declaraciones institucionales.

José Manuel Rodríguez Uribes y Miquel Iceta

La llegada de Rodríguez Uribes en enero de 2020 fue recibida con sorpresa tras el buen sabor de boca que dejó José Guirao[1], aparentemente el Presidente del Gobierno quería para el puesto un perfil “más político y más relacionado con el deporte”[2]. Llegó el covid y ante las críticas que generó el silencio del nuevo ministrio, su primera intervención pública -bien por el desconcierto del momento, bien por su falta de conocimiento de las dinámicas del sector- no pudo ser más desafortunada , “primero va la vida y después el cine[3]. Lo que muchos consideraron una falta de tacto se vio acrecentado con su renuencia a buscar soluciones ad hoc y resolverlo con un  “hemos movilizado fondos generales”.

Actuación frente a la pandemia

Cuando por fin se decidió a hacerlo, comenzó una ronda de reuniones telemáticas con diferentes asociaciones (cine, artes escénicas, plásticas, música, libro…) en las que se comprometió a tomar medidas que ayudaran tanto en lo urgente, el corto plazo, como en lo importante. Las primeras llegaron el 5 de mayo de 2020[4], con un Real decreto-ley, resultando ser una adaptación a las circunstancias -ampliación temporal del alcance de los Acontecimientos de Excepcional Interés Público paralizados por la pandemia-, y la consideración de tales de otros que seguro lo hubieran sido aún no habiendo crisis sanitaria -como el 175 aniversario de la construcción del Teatro del Liceo o la participación de España como país invitado de honor en la Feria del Libro de Frankfurt en este 2021-. Así mismo, se amplió en un 5% de la deducción del IRPF de los donativos, donaciones y aportaciones a instituciones culturales. Algo irrisorio si tenemos en cuenta que la tremenda caída del PIB habrá generado un enorme descenso de este método de cofinanciación y que la Agencia Tributaria es incapaz de decir cuánto de lo que destinamos a este fin (estimación de 930 M€ en 2017) va específicamente al sector cultural.

Después llegarían otras que flexibilizaban algunas normativas como ayudas a películas que se estrenen en plataformas, y no solo en pantalla grande, o para la promoción del arte contemporáneo español, cuya lista de destinatarios fue anunciada en el mes de noviembre, pero que meses después aún no las habían recibido[5].

En el fragor de vuelta a la aparente normalidad de hace un año llegó el anuncio del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, por el que nuestro Gobierno le proponía a la Unión Europea como invertiría 140.000 millones de euros para convertirnos en un país moderno bajo las claves de la transición verde, la digitalización y la cohesión social y territorial[6]. Tras su aprobación final, el Ministerio de Cultura y Deporte recibirá, entre 2021 y 2023, 825 millones de euros de los primeros 72.000, 525 si le restamos lo dedicado al deporte, es decir, el 0,07 % (cuando el sector supone el 3,2% del PIB). Cifras desalentadoras que tendrán como fin, algo que se concretó en “la revalorización de las industrias culturales, dinamizar la cultura como elemento de cohesión social y territorial y digitalizar e impulsar los grandes servicios culturales[7]. Veremos en qué queda una vez que todo ello se comience a ejecutar.

Tras lo urgente, lo importante

Eso en lo que respecta al terremoto que paralizó la vida de todos. Pero, al margen de esto, ¿qué ha hecho el Ministerio de Cultura en los últimos 18 meses? Uno de los proyectos que se quedó a medias por el fin de la legislatura anterior, fue la actualización de la Ley del Patrimonio Histórico Español, que data de 1985 y que tiene vacíos propios de las más de tres décadas transcurridas al no considerar realidades como las del universo digital, el videojuego o las posibilidades de internet. Lo que le impide ejercer, además, como norma jerárquicamente superior a las aprobadas por las comunidades autónomas desde entonces, con la consiguiente función armonizadora. Según el actual Plan Anual Normativo del Gobierno, está previsto que se actualice a lo largo de este año[8]. Por el momento se ha aprobado el anteproyecto de ley[9], incluyendo las categorías de patrimonio industrial, cinematográfico, audiovisual, subacuático y paisajístico.

Una de las promesas de Pedro Sánchez en su discurso de investidura el 4 de enero de 2020 fue el desarrollo del Estatuto del Artista[10]. Una ambición transversal que implica a otros ministerios como el de Trabajo, Haciendo o Seguridad Social y que, hoy por hoy, sigue estando en la categoría de compromisos[11] y no de logros[12].

Por el lado positivo, se cerró el acuerdo para que la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza siga estando alojada en el número ocho del madrileño Paseo del Prado, con el titular de que entre las más de cuatrocientas obras estará el Mata Mua de Paul Gauguin (1892)[13], que en un extraño movimiento fue trasladado desde el Palacio de Villanueva hasta Andorra en mayo del año pasado tras haber obtenido el permiso de exportación dos meses atrás[14].  A su vez, el Observatorio de Igualdad de Género -en el que participan distintas asociaciones- ofreció sus primeras recomendaciones.  

Lo pendiente

Muchos asuntos. Además de que todo lo señalado se convierta en resultados tangibles que consolidar con el tiempo, también está el hacer de ellos elementos tractores de nuestra sociedad y economía, y no solo un elemento con el que resolver la obligación de cumplir el artículo 44 de la Constitución (Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho) o con el que articular o complementar la oferta turística de nuestras ciudades o pueblos.

Los museos estatales[15] (más allá del Prado y el Reina Sofía que cuentan con leyes reguladoras propias o el Thyssen-Bornemisza, constituido como una fundación perteneciente al sector público estatal) piden una asignación de recursos superior que ayude a poner en valor sus colecciones.

No se entiende lo poco que giran por el país montajes de instituciones de carácter nacional como la Compañía Nacional de Danza, la Compañía Nacional de Teatro Clásico o los montajes del Centro Dramático Nacional. Afortunado aquel que viva en Madrid que tendrá acceso a todos ellos, pero los de fuera tendrán que conformarse con las migajas que les lleguen, algo que ya señaló Alfredo Sanzol, director del CDN, en la presentación de su próxima temporada[16].

Y ya puestos, Miquel Iceta podría plantear si la tauromaquia debe ser asunto que gestionar desde la cartera de Cultura en lugar de hacerlo, por ejemplo, desde Agricultura, Pesca y Alimentación. Habrá quien diga que los asuntos taurinos están considerados patrimonio cultural inmaterial (por obra y gracia del Gobierno de Mariano Rajoy que así lo aprobó por Ley en 2013[17], punto de vista con el que la Unesco no coincide[18]), pero también lo es la gastronomía y a nadie se le ocurre sugerir que deje de ser responsabilidad de este ministerio. Y otro tanto con Deporte, si lo enfocamos como un tema de promoción de valores, ¿no debiera estar bajo el paraguas de Educación? Así es como está en Portugal, en Francia es ministerio en sí (aunque eso haría que pasáramos de 22 a 23, quizás demasiados), en Italia lo es junto a Juventud (área que aquí está en Derechos Social y Agenda 2030), aunque también es cierto que en la Comisión Europea forma parte de la cartera de Educación, Cultura, Multilingüismo y Juventud.

Sea como sea, mucha suerte al nuevo ministro en su tarea. Sus éxitos no serán solo suyos, sino que redundarán en beneficio de todos nosotros.


[1] Blanes, Pepa. (11/01/2020). El cine recibe con ‘cautela y sorpresa’ el nombramiento de Rodríguez Uribes en Cultura. Cadenaser.com. https://cadenaser.com/ser/2020/01/11/cultura/1578780102_706324.html

[2] Corroto, Paula. (14/01/2020). “¿Vas a contar conmigo?”: así cayó Guirao, el ministro de Cultura que quería seguir. ElConfidencial.com. https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-01-14/guirao-pedro-sanchez-cultura-baloncesto-deportes-733_2410643/

[3] García, Fernando. (07/04/2020). El ministro de Cultura justifica la falta de ayudas concretas citando a Orson Welles: “Primero la vida y luego el cine”. LaVanguardia.com. https://www.lavanguardia.com/cine/20200407/48382830821/ministro-cultura-ayudas-cine-vida-orson-welles.html

[4] Boe.es. (06/07/2020). Real Decreto-ley 17/2020, de 5 de mayo, por el que se aprueban medidas de apoyo al sector cultural y de carácter tributario para hacer frente al impacto económico y social del COVID-2019. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2020-4832

[5] Marta Pérez Ibáñez (@mperezib). La lista de artistas a quienes se concedieron ayudas para creación de proyectos artísticos se publicó en noviembre de 2020… 8:20 AM · May 4, 2021. https://twitter.com/mperezib/status/1389464983411597315

[6] Gobierno de España. (20/04/2021). Plan de recuperación, transformación y resiliencia. https://www.lamoncloa.gob.es/temas/fondos-recuperacion/Documents/30042021-Plan_Recuperacion_%20Transformacion_%20Resiliencia.pdf

[7] Lamoncloa.gob.es. (14/05/2021). Rodríguez Uribes: “El plan fortalecerá las industrias culturales y deportivas como motor económico y de futuro de nuestro país”. https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/cultura/Paginas/2021/150421-plan-recuperacion-cultura.aspx

[8] Portal de la Transparencia. (11/09/2020). Plan anual Normativo 2020. Ministerio de Cultura y Deporte. https://transparencia.gob.es/transparencia/transparencia_Home/index/PublicidadActiva/Normativa/PlanAnualNormativo.html#MCUD

[9] Lamoncloa.gob.es (22/06/2021). El Gobierno toma conocimiento de la modificación de las leyes de Patrimonio Histórico y para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. https://www.culturaydeporte.gob.es/gl/actualidad/2021/06/210622-anteproyecto-leyes-patrimonio.html

[10] Lamoncloa.gob.es (04/01/2020). Discurso de investidura del candidato a la presidencia del Gobierno ante el Congreso de los Diputados. https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/intervenciones/Paginas/2020/prsp04012020.aspx

[11] Ministerio de Cultura y Deporte. (21/04/2021). Rodríguez Uribes: “El Estatuto del Artista es un compromiso y una prioridad de este Gobierno”. https://www.culturaydeporte.gob.es/actualidad/2021/04/210421-pleno-congreso.html

[12] Ballesteros, Inmaculada. (05/07/2021). La necesidad imperiosa del Estatuto del Artista. https://elpais.com/economia/2021/07/05/alternativas/1625481396_006415.html

[13] Ministerio de Cultura y Deporte. (29/01/2021). El ministro de Cultura y Deporte cierra un acuerdo por el que la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza permanecerá en España. https://www.culturaydeporte.gob.es/actualidad/2021/01/210129-acuerdo-thyssen.html

[14] Montañés, José Angel. (25/06/2020). El ‘Mata Mua’ de Carmen Cervera se verá en Andorra. https://elpais.com/cultura/2020-06-25/el-mata-mua-de-carmen-thyssen-se-vera-en-andorra.html

[15] Ministerio de Cultura y Deporte. ¿Cuáles son los museos de la Subdirección General de Museos Estatales? https://www.culturaydeporte.gob.es/cultura/museos/presentacion/preguntas-frecuentes/cuales-museos-sgme.html

[16] García, Rocío. (22/06/2021). El Centro Dramático Nacional invita a superar la pandemia a través del teatro. https://elpais.com/cultura/2021-06-22/el-centro-dramatico-nacional-invita-a-superar-la-pandemia-a-traves-del-teatro.html

[17] Boe.es. (13/11/2013). Ley 18/2013, de 12 de noviembre, para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural. https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2013-11837

[18] Elmundo.es. (01/12/2020). La Unesco rechaza considerar la tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. https://www.elmundo.es/cultura/toros/2020/12/01/5fc5e0f5fdddffc75e8b45c8.html

“The Royal Hunt of the Sun” de Peter Shaffer

La conquista española del Perú, la figura de Pizarro y el conflicto entre dos maneras de entender la vida humana y la espiritualidad. Un texto amplio y ambicioso, muy bien documentado y en el que todo queda perfectamente explicado. Una propuesta que exige una costosa producción para ser llevado a escena, pero que con el equipo correcto puede convertirse en un gran espectáculo teatral.

La localidad cacereña de Trujillo se enorgullece por ser el lugar en el que en 1475 nació el hombre que hizo español el imperio Inca. Sin embargo, y según Peter Shaffer, en el final de sus días Francisco Pizarro recordaba sus orígenes con el resquemor de quien siente que el rechazo, la pobreza y la soledad le han acompañado desde siempre. Un poso de amargura que teñía su personalidad, su visión y su posicionamiento ante los ideales supuestamente religiosos con que se regía el mundo de su época y las coordenadas militares al servicio de los Austrias en las que se ganó la vida.

Así es como lo muestra esta dramaturgia en el inicio de la campaña que acabaría con su conquista de lo que hoy conocemos como Perú. Tiempos en que más que soldados, los reclutados eran mercenarios y sus líderes no se atenían a más propósitos que a la obtención de recompensas materiales y la consecución de títulos de gobierno. Una realidad presentada con unos diálogos que exponen con claridad las claves de la época (1529-1533), describen con efectividad las coordenadas a que nos traslada -el páramo extremeño y la virginidad de la cordillera andina- y revelan los principios tan diferentes por los que se regían los hombres a uno y otro lado del mundo. Mientras que el catolicismo europeo imponía el miedo, la adoración astral promulgaba la igualdad, la colaboración y la reciprocidad.

Esto no implica que el autor de Amadeus (1979) se posicione del lado de los segundos, pero sí deja claro que los primeros nunca tuvieron intención de dialogar, conocer y compartir sino, únicamente, hacerse con el oro de aquel vasto territorio. Utilizaron la palabra, pero de manera cicatera y banal, desarrollando argumentarios justificativos y ensalzadores de lo que entonces se contemplaba no solo como normal, sino como procedente. Cuestiones que abren el debate de si podemos juzgar los hechos de ayer por la ética y la moral de hoy, materia en la que Shaffer no entra pero que sí plantea.

Los casi sesenta años transcurridos desde el primer montaje en 1964 de The Royal Hunt of the Sun por el National Theatre también influyen en este asunto. Debemos dar por hecho que la sociedad de entonces no debía ser tan sensible ni estar tan concienciada como lo estamos en la actualidad respecto a estos temas. Quizás sea este el motivo por el que el texto ponga más el foco en cómo visualizar el encuentro y choque de culturas y civilizaciones, que en las líneas rojas que surge en ese descubrimiento mutuo.

Las anotaciones en cursiva, así como algunas verbalizaciones de sus personajes, llevan a hacernos pensar en una espectacularidad que materializar sobre el escenario con un amplio elenco y despliegue técnico en términos de escenografía, iluminación, espacio sonoro y vestuario para recrear la presencia y magnanimidad del rey Sol (tanto el astral como el encarnado en la figura de Atahuallpa), así como de los diversos espacios naturales que marcan la atmósfera de muchas escenas y los abrumadores interiores y exteriores de la ciudad de Cajamarca que intensifican otras tantas.

The Royal Hunt of the Sun, Peter Shaffer, 1964, Penguin Books.

Sensibilidad y sostenibilidad: “Somos agua” de Isabel Muñoz

Dentro de la sección oficial de PhotoESPAÑA 2021, el Museo Lázaro Galdiano acoge esta sugerente muestra de la Premio Nacional de Fotografía producida por Acciona. Una instalación que aúna la efectividad de su autora para transmitir el riesgo en que están nuestros océanos como consecuencia de la acción del hombre, y el propósito empresarial -en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas- de la compañía mecenas.

En Somos agua confluyen una realidad innegable como es la del cambio climático, el saber hacer de una profesional de la imagen y la intención de trabajar con la máxima de la sostenibilidad fomentando el espíritu crítico a través de la creatividad y la excelencia artística.

En 2015 Naciones Unidas aprobó una serie de objetivos con los que, en 2030, erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad de todos los que lo habitamos. Una agenda de desarrollo sostenible con 17 áreas de actuación, siendo la número 14 de todas ellas la dedicada a la vida submarina, a conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos. Medio en riesgo de perder el 20% de sus grandes ecosistemas como consecuencia de factores como los múltiples residuos que se arrojan directamente a ellos o llegan vía fluvial, o la sobre explotación de sus caladeros, con la consiguiente afectación a la economía global y al empleo y la alimentación de millones de personas. Desconsideración total y maltrato, además, al que sometemos a las más de 200.000 especies identificadas que habitan los océanos (aunque según NN.UU., podrían ser muchas más).

Un argumentario que Isabel Muñoz ha vehiculado a través de una serie de imágenes tomadas en el Oceanogràfic de Valencia en las que varios buceadores visitan el espacio habitado por distintos organismos autóctonos del medio acuático. La sinuosidad, estética y fluidez coreográfica de sus presencias conviven con el movimiento fluido de medusas, tortugas, tiburones, algas y caballitos de mar, entre otros, creando un entorno de pacífica y respetuosa convivencia.

Una simbiosis que permite un protagonismo coral, sin relaciones de poder, agresiones ni mecanismos de defensa más allá de los que conlleva el equilibro natural entre especies. La envolvente instalación concebida por Blanca Berlín -proyección principal central, secundarias laterales y entrada a través de un oscuro telón a un espacio sin más luz que la íntima tenuidad que desprenden las pantallas- hace que la experiencia emocional del espectador sea netamente sensorial, despertando la empatía de su epidermis, hipnotizando su vista y seduciendo su escucha.

Un proyecto materializado gracias a Acciona y que encaja plenamente con el propósito que la compañía enuncia en su web: contribuir de manera positiva a la sociedad y al planeta, ofreciendo soluciones sostenibles a los desafíos más urgentes como el calentamiento global y la escasez de agua. Su misión empresarial queda así alineada con el mensaje artístico y social de Somos agua, permitiendo que el común del público entendamos de manera más sencilla y cercana la actividad y los logros de la empresa, lo que repercute positivamente en su imagen y reputación.

Si algún pero hay que ponerle a este objetivo, es el excesivo tamaño de los paneles que unos metros antes de la sensibilidad de la también Premio PHotoESPAÑA 2021, transmiten los mensajes corporativos de Acciona. Dan la sensación de ser una adenda al diseño de la exposición, un resultado que extraña en una empresa que tiene una línea de negocio, Cultural Engineering, destinada precisamente a conseguir la excelencia en el ámbito museístico y museográfico.

Isabel Muñoz. Somos agua, Museo Lázaro Galdiano (Madrid), hasta el 31 de agosto.

“El señor Fox” de Helen Oyeyemi

La combinación de vida y proceso creativo de un escritor es, a priori, un tema literario de lo más sugerente. Trazar la línea roja que separa su ficción de su realidad puede dar mucho juego desde un punto de vista creativo. Más aún si hay personajes que saltan de una a otra dimensión y nos llevan a lo metaliterario. Premisas muy excitantes con las que comienza esta novela, pero que luego no cumple.

El señor Fox inicia sus aventuras viéndose sorprendido en su estudio por la aparición repentina de una vieja conocida a la que hace años que no ve. Teniendo en cuenta que su esposa está también en casa, la situación es de lo más tensa. Sobre todo cuando comienzan los reproches por algo que sucedió en el pasado y que apenas se explica, dejándonos con una intriga que esperamos se resuelva en las siguientes páginas. Pero más que una continuación narrativa, lo que viene después es una combinación de relato cubista y juego de matrioskas en el que aquellos a los que conocimos no solo son ellos sino también personajes trasladados a coordenadas en las que lo costumbrista se combina con lo barroco, lo bizarro y hasta lo abyecto.

Pero en ese ir y venir entre el aquí y el allí, surge la duda de cuál es el mecanismo por el que quedan unidas ambas dimensiones y el sentido de dicha conexión. Lamentablemente yo no he conseguido encontrar la respuesta a ninguna de las dos interrogantes de la propuesta de Helen Oyeyemi. Y me frustra mucho cuando no conecto con un autor o no consigo entrar dentro de su universo. Doy por hecho que alguien con una carrera como la de Helen, con ocho títulos publicados, ganadora de varios premios y reconocida por la crítica, está lo suficientemente consolidada como para que este lector la ponga en duda. Supongo que no me queda otra que responder con esa manoseada sentencia exculpatoria que dice No eres tú, soy yo.  

Pero no lo enuncio con ánimo de victimismo, sino meramente explicativo. Aunque hay algo que me alivia, no he sido el único que se ha sentido así leyendo El señor Fox. Llegué a él a través de un club de lectura y este resultó el parecer mayoritario del grupo. La sensación casi unánime fue que el libro acaba siendo una acumulación de relatos en el que el matrimonio de Saint John y Daphne forman junto con la extraña Mary un triángulo al que se nos acerca desde prismas como la atracción, el deseo, la fantasía, la aceptación, el rechazo, el odio y el juego.

Quizás la intención de Oyeyeme fuera ofrecer una visión holística de cada uno de ellos, de su relación conjunta y de las cruzadas cuya imagen final resultara ser más que la suma de sus partes. Pero lo que se percibe y vive desde el otro lado del papel es una propuesta tonalmente plana y rítmicamente monótona que pierde la conexión con el origen -y eso que el capítulo del intercambio epistolar prometía-, generando desconcierto y desubicación al no saber no solo hacia donde nos lleva, sino por dónde transita.

El señor Fox, Helen Oyeyemi, 2013, Editorial Acantilado.

“Eterna España” de Marco Cicala

58 capítulos que nos dan a conocer los porqués de algunos episodios de la Historia de nuestro país, así como las peculiaridades que han convertido en protagonistas de nuestro imaginario a personajes de todo tipo y actividad. Una lectura que aúna lo académico y lo popular, bien documentada y expuesta, y con una redacción entre el ensayo literario y el reportaje periodístico.

Nunca conocemos suficiente. Siempre hay detalles que cuando escuchamos o leemos por primera vez nos ayudan a entender un poco más cómo hemos llegado al hoy del mundo en el que vivimos. Eso es lo que ocurre con estas piezas de Marco Cicala. Podrían abordarse de manera independiente, ya que pasan perfectamente por reportajes realizados a lo largo del tiempo para distintas publicaciones, pero muy bien unidas por el modo en que a partir de un pormenor derivan en un intrigante ovillo de fechas, lugares y nombres que conectan con nuestro recuerdo, más o menos vivo, de la Historia de España.

Cicala deja claro que cuanto relata está fundamentado en fuentes bibliográficas, entrevistas directas y visitas in situ. Así, y con un tono tranquilo y cercano con aires entre explicativos y pedagógico, niega mitos como el de la pacífica convivencia entre árabes, cristianos y judíos durante el medievo; contrasta la imagen que tenemos de La Mancha actual con aquella que recorrió el Quijote; y ahonda en las contrariedades de Miguel de Unamuno. Al tiempo, se hace eco de lo popular, de aquello que los libros de Historia no incluyen pero que también construye un país como son las madame y las casas de citas, episodios que aún están por ser digeridos como el de los robos de bebés a madres solteras y familias humildes durante décadas, o de los sucesos que inspiraron a los que se hicieron eco de ellos, como el que le sirvió a Federico García Lorca para escribir Bodas de sangre.

La información está ordenada con suma eficacia cuando tiene como origen un proceso de documentación, llevándonos de un asunto a otro en una relación de causa efecto que nos guía por sí sola. En los casos en que es obtenida de manera directa por Marco -como en las semblanzas de Camarón de la Isla o Manuel Vázquez Montalbán-, su relato es más vivencial. Se convierten en reportajes periodísticos que van desde la toma de contacto inicial a la profundización guiado por aquellos que comparten con él su experiencia, estudio y reflexión.

Considérese también la manera deliberada y explícita en que está presente en muchos de ellos la nacionalidad italiana de Cicala. Unas veces como prisma, dándonos una visión desde la distancia, diferente a la que podríamos tener cualquier nacional, pero también afectada por los vínculos con su país de algunos de los protagonistas y por la imagen que desde Italia se tiene de nosotros. Ese sentido de visión y experiencia personal, sin partir de hipótesis ni pretender establecer tesis alguna sobre la conformación de la identidad de nuestra nación o de sus habitantes, aunque generando argumentos para quien así quiera hacerlo. Eso es precisamente lo que hace interesante y recomendable la lectura de Eterna España.

Eterna España, Marco Cicala, 2017 (2020), Arpa Editores.

“Una noche sin luna”, pero llena de luz

Un texto redondo, una interpretación espléndida y una dirección extraordinaria de Sergio Peris-Menchetta que materializa con inteligencia y sensibilidad la profundidad, capacidad y múltiple expresividad del doble trabajo de Juan Diego Botto. Un homenaje a la figura, las palabras y el pensamiento de Federico García Lorca que demuestra la razón de su universalidad y el por qué de su vigencia. 

Para cuando el planteamiento se ha convertido en nudo, Juan Diego Botto tiene a sus espectadores en el bolsillo. Hipnotizados, seducidos, convencidos, entregados a su conversión en el poeta de Fuente Vaqueros para explicarnos cómo fue que, aunque muriera la noche del 18 de agosto de 1936, habían comenzado a matarle mucho tiempo antes y la manera en que siguieron haciéndolo tras abandonar su cadáver en un lugar aún por descubrir. Pero no se alarmen, el tono del texto escrito por Botto no es trágico. No niega el drama, no huye de la seriedad de la reflexión social ni evita la crítica en su análisis político, pero lo que priman en él es el buen talante y la comicidad, la ironía y el sagaz sentido del humor de su protagonista. 

A partir de fragmentos de entrevistas, anécdotas, conferencias, extractos de sus dramaturgias y estrofas de sus poemas, Una noche sin luna se erige como una síntesis genial de la personalidad vibrante, el pensamiento agudo y la biografía interior de Federico. Más allá de los lugares, las personas y los momentos concretos que recuerda, su máximo acierto está en hacerlo evocando lo que pensó y concibió, transmitiéndonos sus fortalezas y debilidades, y acercándonos a su manera de estar y relacionarse con el mundo. Un sentir alejado de la visceralidad, la estrechez de miras y la búsqueda de confrontación de la época que le tocó vivir y que desembocó en el fratricidio que estalló un mes antes de que le fusilaran por rojo y maricón. 

Una abundancia y profundidad de información y impresiones a la que el monólogo y la destrucción de la cuarta pared por parte de Botto le dan una fluidez que embauca al patio de butacas haciéndole olvidarse de estar ante una ficción. El deleite, el gozo y el disfrute es tal que genera la ilusión de estar ante una realidad en la que nos gustaría quedarnos a vivir por siempre, a la par que nos sentimos extrañamente cómodos al descubrir que los parlamentos de algunos de los múltiples secundarios de la España de décadas atrás que escuchamos -yendo del costumbrismo a la caricatura, del epítome al compendio- suenan tan irrespetuosos, tendenciosos y peligrosos como muchos de los que seguimos siendo testigos hoy en día.  

La soberbia dirección de Sergio Peris-Menchetta materializa con exquisito pormenor tanto la poesía que articula el texto, sus distintas escenas y pasajes emocionales, como la potencia exterior de su mirada y la elocuencia sensorial de sus hipótesis y especulaciones. Un logro resultado de la elegancia y minuciosidad de la iluminación de Valentín Álvarez, la galanura y las metáforas del vestuario de Elda Noriega, el eco del espacio sonoro de Pablo Martín Jones y de las canciones de Rozalén, Morente y Lagartija Nick, y las múltiples y potentes alegorías de la escenografía de Curt Allen. Todos ellos juntos, unidos, compenetrados y perfectamente ensamblados consiguen que Una noche sin luna sea un soberbio espectáculo teatral, un sentido homenaje a Federico y un sincero agradecimiento al eterno valor, atemporalidad y generosidad de su legado. 

Una noche sin luna, en el Teatro Español (Madrid).

“The God of Hell” de Sam Shepard

El Dios del inframundo en la mitología romana y el peligroso elemento radioactivo se unen para crear una atmósfera inquietante, abstracta y misteriosa en la que la tranquilidad de un matrimonio granjero en mitad de la nada estadounidense se ve turbada por la aparición de un desconocido y un viejo amigo.

Se podría considerar que The God of Hell está ambientada en coordenadas semejantes a las de las películas de los años sesenta, aquellas en que los fenómenos y visitas paranormales eran utilizados como metáforas del comunismo. Otra es dejarse llevar por su ánimo de sacudirnos y desestabilizarnos, de no permitirnos agarrar a ningún referente o coordenada que nos ofrezca un ápice de seguridad o de control sobre la situación en la que nos vemos inmersos. Por último, y por algunos detalles que no procede revelar, me planteo hasta qué punto Sam Shepard se inspiró en las torturas y abusos que agentes de la CIA y policías militares ejercieron en 2003 sobre los reclusos de la prisión militar de Abu Ghraib (Irak).

Caben más posibilidades, pero lo que está claro es que Shepard deja la ambientación de la puesta en escena a elección del director que se encargue de su montaje (estrenado originalmente en 2004 en Nueva York y en 2005 en Londres). Su escritura se centra en lo esencial. Los personajes anfitriones apenas están bocetados, solo se nos da a conocer su vínculo matrimonial y su rutina vital basada en el cuidado de los animales de su granja. De los otros dos se facilita menos información aún. Uno huye de algo que no acierta a definir y recala en este lugar sin vecinos en Wisconsin, cerca de la invisible frontera con Minnesota, por su antiguo vínculo con el esposo. El otro personifica ese agujero negro conceptual, vivencial y experimental que el ganador del Premio Pulitzer en 1979 por Buried Child no define ni describe, mostrándonos tan solo algunas de sus impactantes manifestaciones.

Aunque breves y secos, la asertividad y sencillez de sus diálogos hace que estén cargados de significado. Resultan muy explicativos del costumbrismo en el que se desenvuelven Emma y Frank, tornan en turbadores cuando aparece Haynes y se convierten en psicológicamente amedrentadores cuando Welch provoca con su actitud, preguntas y comportamiento con tintes patrióticos que nadie se sienta seguro. Su primera aparición genera una incomodidad de la que ya no se libera la representación, derivando progresivamente en un desasosiego físico y hasta un terror psicológico que Shepard traslada al espectador/lector apelando a su hipotálamo.

Así es como nos introduce doblemente en la historia. Invocando el pacto tácito de credibilidad que se establece en toda ficción y haciéndonosla vivir a través de las emociones más primarias, aquellas que se adueñan de nosotros sin ser siquiera conscientes de qué las despertó ni cómo fue que nos llevaron a ese estado. Una alerta que eriza el vello, tensa la postura corporal y acelera el pulso y la respiración generando un doble conflicto, el de luchar contra la indefinición de lo que está pasando y el mantener el control sobre nosotros mismos.

Buried Child, Sam Shepard, 2004, Methuen Drama.