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“Nubosidad variable” de Carmen Martín Gaite

La bruma del título es también la de la mente de las dos protagonistas de mediana edad de esta ficción que no aciertan a saber cómo enfocar correctamente sus vidas. Una revisión de pasado, entre epistolar y monologada, y un poner orden en el presente a través de una prosa menuda y delicada con la que llegar mediante las palabras hasta lo más íntimo y sensible. De fondo, un retrato social de la España de los 80 finamente disuelto a lo largo de una historia plagada de acertadas referencias literarias.

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Cuando dabas por hecho que ya no iba a ocurrir, cuando habías dejado de desear que tu vida experimentara el cambio que anhelabas, sucede algo nimio y pequeño, casi sin importancia, que genera una onda expansiva que lo sacude todo. Primero llega hasta el fondo de ti mismo, descolocándolo todo, rompiendo inercias y estancamientos, dejándote hueco y vacío, desnudo y vulnerable. Condenado, y sin alternativa alguna, a comenzar de nuevo, a reconstruirte y reinventarte por ti mismo.

Ese instante es el que se produce cuando Sofía Montalvo y Mariana León coinciden en la inauguración de una exposición tras décadas sin verse, desde que ambas comenzaran la universidad y el enamorarse del mismo hombre pusiera fin a una amistad de infancia que hasta entonces las había hecho relacionarse de manera casi fraternal. La distancia temporal hace que dejen a un lado las diferencias que tuvieron y recuperen la memoria de aquello que las unió como tabla de salvación de un presente en el que ambas se sienten solas y tristes, sin proyecto de futuro y con un lánguido pasado tras de sí.

Se enciende entonces una débil llama que ambas deciden cuidar retomando su relación, pero de una manera delicada, abriéndose recíprocamente, pero también reflexionando, haciendo un profundo examen de conciencia y de consciencia. La forma elegida para contar quién soy y dónde estoy, quién he sido y de dónde vengo, quién quiero ser y a dónde ir y con quién, es la epistolar. Así, no solo se desnudan la una frente a la otra, dejándose ver en lugar de obligar a suponerse, sino que a la par hacen un profundo ejercicio de introspección, que no es solo un viaje de ida, también lo es de vuelta al ponerle seleccionadas y medidas palabras a la completa narración de los acontecimientos que han vivido, a la detallada explicación de lo que les ha marcado y a la precisa definición de lo que han sentido y les ha dejado huella.

Un recorrido en el que se diseccionan con gran fineza las diversas capas que conforman la trayectoria personal y la situación actual de cada una de ellas. Por un lado, la dedicación al trabajo y la pseudo dependencia de Mariana de un hombre que no la desea y, por otro, la casa vacía de Sofía con un marido al que no quiere y tres hijos que hace tiempo dejaron el nido familiar. De fondo, la España de los 70, deseosa de nuevos horizontes, y la de los 80, en la que los jóvenes buscaban aire fresco y los más adultos ambicionaban el pelotazo económico. Esa que en lo social coqueteaba con los porros y comenzaba a aceptar la visibilidad de la homosexualidad.

Nubosidad variable es una novela escrita para ser saboreada y disfrutada de manera templada frase a frase, capítulo a capítulo, al mismo ritmo que avanza la sosegada exposición de las reflexiones, recuerdos y cuestionamientos de sus protagonistas. Yendo y volviendo en una narración que progresa linealmente a la par que lo hace también en círculos, aportando profundidad con nuevos sentidos y significados a lo ya conocido hasta entonces. Un complicado y duro camino, pero también reconfortante y enriquecedor, en busca del autoconocimiento y de la paz interior con multitud de guiños literarios. Mencionando explícitamente, entre otros, a Patricia Highsmith y Kafka, a Peter Pan y Ana Karenina, sugiriendo las Cinco horas con Mario de Miguel Delibes y declarando su devoción por El Quijote, el Poema del Mío Cid y las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique.

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“Del revés (Inside out)”, dos películas en una

Para mayores y para niños. Los primeros van a ver una historia con mucho más fondo del que esperarían de una película de animación. Los más pequeños de la casa disfrutarán con una proyección llena de ritmo, personajes divertidos y una ficción muy bien construida con sus dosis justas de intriga y de tensión. Resultado: todos juntos disfrutando sin quitar ojo de la pantalla.

InsideOut

Cada película de Pixar es esperada para ver cuál es el nuevo y último hito técnico conquistado por la industria del cine de animación. Esta vez, estos aspectos quedan a un lado y donde se gana es en el terreno en el que se puede competir en la liga de los grandes títulos, el guión. Esta es la clave para conseguir enganchar al espectador, sea cual sea el género, y durante sus noventa minutos de duración, “Del revés” hace disfrutar con una historia perfectamente estructurada y contada en su desarrollo. Primero, introduciéndonos en el universo de sus protagonistas, las sensaciones, y una vez dadas todas las claves, provocando la situación cuya resolución nos tendrá enganchados hasta el final. Añádase a esto unos personajes bien definidos y diálogos sencillos, pero frescos y hasta ingeniosos, en un despliegue de lo más creativo para dar forma visual a ese entramado abstracto que son las emociones (alegría, tristeza, miedo, asco e ira) y su actuación y convivencia en nuestro cerebro.

Hay una narración para adultos y otra para niños, un relato doble y único a la par entrelazado de una manera muy inteligente y que sin separarse del entretenimiento tiene un importante punto pedagógico. De la mano de los más sabios queda por decir su supuesta base científica. Disney, Pixar es filial suya, deja de transmitir solo valores (el cuidado de la naturaleza en “Pocahontas”, la familia en “Los increíbles” o el trabajo en equipo en “Ratatouille”) y adopta un punto de vista con un aire educativo con el que se abre a un público más universal. Un planteamiento resuelto con gran imaginación, el despliegue visual creado para representar las distintas facetas del consciente, la memoria y la comunicación interpersonal, siendo actual y moderno, tiene aires de cine clásico, de aquel de la locura surrealista de “Alicia en el país de las maravillas”.

“Del revés” genera la magia que hace que el cine sea más que entretenimiento, que sea arte. Apenas ha comenzado la proyección se crea en la sala una atmósfera que acoge a todos los espectadores en una perfecta comunión con lo que están viendo en la pantalla. La simpatía, empatía e identificación con los personajes, con sus aciertos y meteduras de pata, su cercanía y naturalidad hacen de ellos acertados interrogantes a través de los cuales plantearnos cosas de nosotros mismos. El logro es que dejamos de ser espectadores para pasar a vernos dentro de la acción, ese es el gran éxito de uno de los títulos estrellas de este verano.

En 2001 Hollywood creó el premio a la mejor película de animación en sus conocidos Oscar, dicen las malas lenguas que para evitar que este género comiera el terreno a los largometrajes y los actores de carne y hueso tras el susto que les supuso la nominación a mejor película en 1991 de “La bella y la bestia” (la ganadora fue “El silencio de los corderos”). Quizás habría que volver a dejar que todas las películas compitieran por igual en una misma categoría y permitir que la creatividad, la perfecta ejecución y el saber conectar con el público que tiene “Del revés” fuera valorado –y quizás recompensado- tal y como merece.

“Creep, una historia de amor… o no… entre hombres”

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Dieciséis personas sentadas expectantes por saber qué va a suceder. De repente, y gracias a la magia escénica lo que era una sala de microteatro resulta ser la sala de espera de un dentista en la que coinciden dos hombres, uno le pide un favor al otro y este le responde seduciéndole. A partir de aquí “Creep” es su historia, el relato de lo que le acontece a esta pareja que hemos visto iniciarse. Pero como sucede en la realidad, y el teatro lo que hace es potenciarla al destilar su esencia, no hay modelo en el que referenciarse para dilucidar lo que está por venir más que la imaginación y el bucear en la propia memoria entre las pocas o muchas experiencias que cada uno de los allí observadores hayamos tenido en nuestro recorrido vital.

Como en casi toda historia de amor, incluidas muchas de la vida real, hay tristeza, drama y ansiedad, al igual que alegría, humor y risas. En la vivencia de cada espectador está ponderar cuánto de cuantitativo y cuánto de cualitativo, cuánto de verdad y cuánto de autoengaño hay de cada parte.  Factores combinados en una receta que también contempla dosis de sexo, piel y sudor. A merced de los allí de paso queda entender cuándo como lenguaje de compartición y construcción y cuándo como arma arrojadiza y de (auto) destrucción.

Doriam Sojo junta todos esos ingredientes y los hila en un texto que muestra y esconde entre unas escenas y otras creando unos personajes que destilan química en sus escenas conjuntas e intimidad en sus monologados debates internos. Héctor Gutiérrez y Javier Sotorres se encargan de hacerlos auténticos, de que respiren y vibren durante todo el recorrido emocional de la representación, al igual que lo hacen los espectadores desde las butacas al sentirse identificados con ellos (algunos dirán que no, que les recordaban –ironía- a un amigo suyo). Un libreto con referencias a la universalidad del amor -brillante el momento “Romeo y Julieta”- que se hace inteligente incluyendo el cabaret encarnado por la desvergüenza y el descaro artístico tan bien desempeñado por Supremme de Luxe.

Tras la muy buena impresión que me llevé en esta misma sala con “El casting. Solo para mayores de 18 años”, también escrita y dirigida por Doriam Sojo (quien también es empresario, él es el gestor de “El burdel a escena”, además de actor), diré que creo nos encontramos ante un profesional con talento al que seguir en su recorrido futuro por el mundo teatral.

“Creep, una historia de amor… o no… entre hombres”, los miércoles a las 20:30 en “El burdel a escena”.

(Fotografía tomada de kedin.es)

“Mariposas en la nieve” de Lola Beccaria

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¿En qué momento dejaste de ser niño para pasar a ser adulto? ¿Por qué ese paso ocurrió en un momento concreto y no fue una transición, una evolución natural? ¿Qué lo provocó? ¿Qué dejaste atrás que está pidiendo ser recuperado, que se le dé el espacio, el oxígeno que nunca le debió faltar? Porque el adulto que tú eres tiene el hueco, el vacío, de aquella parte de su ser que en un determinado instante decidió dejar atrás. Una decisión, quizás sin criterio, quizás forzada, pero tristemente materializada. La añoranza te persigue, se convierte en un vacío que forma parte de todas tus decisiones y el resultado es obvio, tu vida no te satisface, no te llena. Y eres incapaz de ser feliz. Se nota en cómo vives, en tu estilo de vida, en cómo te relacionas, cómo te vistes, cómo miras, tu cuerpo, tu rostro, tu rictus es un reflejo de ello. Eres infeliz. Y lo llevas tan asimilado que das por hecho que la vida es así. Que no eres tú, que son los otros, que son las circunstancias. Pero muy dentro de ti sabes que no es cierto, que en algún lugar etéreo e incierto de tu interior puedes dar con ese lugar en que todas las piezas hagan clic, que formes correctamente el puzle de la persona que eres.

“Mariposas en la nieve” no es un título que abrir buscando solo entretenimiento y compañía. Su propuesta es la de adentrarse en su historia y echarle valor y coraje, empeño para emprender esa búsqueda, ese viaje en el que buscar quién eres realmente, quién dejaste de ser. Con su formación gestáltica de fondo, Lola Beccaria construye una propuesta literaria y terapéutica muy bien estructurada –tanto en su forma narrativa como en su intención psicológica- que te hará reflexionar sobre tu trayectoria personal, el niño que fuiste y el adulto que eres, el tránsito de uno a otro y los asuntos pendientes.

Necesitas paciencia para una vez comenzado, aunque ya quedes enganchado, avanzar en este recorrido personal y en la lectura de “Mariposas en la nieve”, para asimilar lo que irás descubriendo en los momentos de shock. Tesón para seguir hacia adelante en los pasajes en que no comprendas qué estás descubriendo y reviviendo –las sensaciones preceden a veces a los recuerdos-, esos en los que Beccaria parece avanzar despacio, insistir en los símiles y añadir piezas aparentemente ilógicas a su relato. Y una vez cogido ritmo, serás como una bola de nieve descendiendo por una ladera, embalado hasta reposar en el tranquilo valle, devorando las páginas al descubrir que todo encaja, que uno más uno suman tres, y que lo que no entendías ahora crece al adquirir su sentido en el momento en que has estado preparado para descubrírselo y darle su significado

En definitiva, decisión. Una vez iniciado el camino, esta es una aventura que se comienza para llegar hasta el final, tanto la lectura de “Mariposas en la nieve”, como la de reflexionar sobre uno mismo cuando hay ganas de mejorarse y superarse.

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