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“Bitch, she’s Madonna”

Marie Louise Veronica Ciccone es la reina del pop desde que lanzara su primer álbum en 1983. Un referente mundial no solo de este género musical, sino de una industria a la que ha hecho evolucionar con su empeño, trabajo y ambición y a la que ha utilizado como altavoz tanto para expresarse creativamente como para defender social y políticamente aquellas causas y principios en los que cree.

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Además de una cantante de gran éxito, Madonna es, o ha sido a lo largo de su ya larga carrera, actriz, bailarina, compositora, productora, empresaria,… y muchas cosas más en las que ha puesto siempre todo su empeño para conseguir el aplauso de su público a la par que ofrecer o transmitir algo de sí misma. Esto es lo que nos cuentan de manera perfectamente coordinada los distintos capítulos de este ensayo (bravo Dos Bigotes por vuestra primera incursión en este género) que analizan al personaje del que muchos somos fans, en todas aquellas facetas en las que ha sido protagonista.

La mujer que con 13 discos de estudio publicados, y un legado de decenas de canciones y videoclips excepcionales, más copias ha vendido en todo el mundo en la historia de la música; show woman con 10 exitosas giras realizadas por cantidad de países ante millones de personas; portavoz sin medias tintas de causas como la visibilidad de la diversidad sexual o la lucha contra el sida; referente para el feminismo; empresaria de éxito; productora, directora y actriz de cine. Logros indudables que muchas veces siguen quedando escondidos tras el ruido –en ocasiones interesadamente machista- de las etiquetas de escándalo y provocación con que su figura y carrera han sido criticadas, cuando no denostadas, sin descanso.

Pero como demuestra el múltiple enfoque de La reina del Pop en la cultura contemporánea, la brillante innovación que ha definido los éxitos artísticos de sus proyectos, el debate social generado en muchos momentos a lo largo de estas tres décadas y el buen efecto que la pátina del tiempo está dando a muchos de sus trabajos, deja claro que tras todo ello ha estado siempre una constante, exigente y perfeccionista profesional con una gran intuición y una excepcional visión creativa y comercial; una trabajadora que nunca descansa y que ha sabido acompañarse de otros creadores de talento excepcional para conseguir –o si no, quedarse cerca- los mejores resultados posibles; además de una persona siempre fiel a sí misma.

Si algo queda claro es que Madonna ha manejado con gran acierto desde que llegó a Nueva York en 1978 las claves del negocio en el que se propuso hacer carrera. Es por ello uno de los máximos exponentes e impulsora de la brutal transformación que el negocio de la música ha experimentado desde entonces.

Un sector que ha pasado de dedicarse a promocionar solistas o grupos para vender álbumes, a construir iconos que ofrecen espectáculos en vivo que beben de la ópera, el teatro, el cabaret o el circo, que se relacionan con su público convirtiéndose en protagonistas de un universo audiovisual que impacta tanto o más que el de las estrellas cinematográficas, obtienen ingresos por vías múltiples (merchandising, diseño de ropa, escribiendo libros, publicitando marcas,…) y utilizan su imagen pública para dar voz a aquellas causas con las que se identifican.

Con todo este bagaje, está claro que Madonna tiene mucho que decir sobre cómo será el futuro de la música y de la industria del espectáculo, así como del papel que ambas habrán de desempeñar en nuestra sociedad.

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10 novelas de 2017

Historias escritas en España, EE.UU., Francia o Panamá, cuentos de apenas unas páginas y relatos largos, narraciones sobre el amor y la amistad, sobre el deseo de conocer y la ilusión de un futuro mejor, habitadas por personas que fueron importantes y por otras que llegan de nuevas a ellas,…

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Las impuras” de Carlos Wynter Melo. Una mujer que no sabe quién es y otra que imagina por ella sus recuerdos. Un ejercicio de creatividad que a esta segunda le vale para alejarse de aquellas vivencias en que el derrumbe de su país, cuando fue ocupado por las tropas norteamericanas en 1989, le hizo sentir que su vida había perdido su sentido, obligándola a huir. Una pequeña novela escrita con la verdad del corazón y contada desde el deseo de honestidad con que se procesan las emociones en el estómago.

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El amor del revés” de Luis G. Martín. Bajo el formato de autobiografía, un relato de la vivencia de la homosexualidad en la España de las últimas décadas. En un país retrasado, trasnochado, nacional católico primero e insensible, embrutecido y no tan progre como se creía aún mucho tiempo después. Una narración íntima y desnuda que muestra sin pudor, pero también sin lástima ni compasión, el dolor, las lágrimas y el terror que conlleva aceptarse, mostrarse y vivirse cuando se inicia ese proceso en la más absoluta soledad. Un ejercicio literario de sinceridad y honestidad en el que queda plasmado cómo se pueden sanar las heridas y hacer de la debilidad, fortaleza y de la vergüenza sufrida, orgullo de ser como se es y ser quién se es.

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La conjura de los necios” de John Kennedy Toole. Una lectura tan divertida como estimulante. Una ácida y corrosiva narrativa que no deja títere con cabeza en su disección de cada personaje y situación en mil piezas. Una abrumadora construcción de una serie de situaciones y entornos en los que se pone patas arribas múltiples aspectos de la sociedad actual (la familia, el trabajo, la educación,…). Una ironía y una sátira brutales con las que quedan al descubierto todas nuestras imperfecciones, contradicciones y paradojas.

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La vida ante sí” de Romain Gary. Literatura de alto nivel, exquisita y elevada, pero accesible para todos los públicos. Por su protagonista, un niño árabe criado por una antigua meretriz judía, ahora metida a regente de una pequeña residencia de hijos de mujeres que ejercen la que fuera su profesión. Por su punto de vista, el del menor, espontáneo en sus respuestas y aplastantemente lógico en sus planteamientos. Pero sobre todo por la humanidad con que el autor nos presenta las relaciones entre personas de todo tipo, los retos cotidianos que supone el día a día y las dificultades de vivir al margen del sistema en el París de los años 60.

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La canción pop” de Raúl Portero. La música tiene el mágico poder de ser capaz de contar una historia en muy pocos minutos, presentándote los personajes involucrados, relatando qué sucede entre ellos, qué viven y qué sienten, de dónde vienen y a dónde desean ir. Todos tenemos una canción de nuestra vida, esa que imaginábamos que hablaba de nosotros y que con su ritmo nos llegó muy hondo la primera vez que la escuchamos, haciendo que afloraran a la superficie emociones cuya intensidad no creíamos ser capaces de sentir pero que deseábamos vivir. Un sueño que ya no perseguimos pero al que no renunciamos. Eso es esta novela contenida, auténtica, una partitura fresca y ágil, aparentemente liviana, pero que dispara de manera certera y da de pleno en el blanco.

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La noche del oráculo” de Paul Auster. El libro dentro del libro. El autor que se imagina la historia de un personaje que se propone iniciar una nueva vida, como si se colocara ante una hoja en blanco, tal y como hace desde este otro plano contrapuesto a la ficción que es la realidad. Un mundo de carne y hueso en el que suceden acontecimientos que adquieren un significado más allá cuando son contextualizados por un editor que sabe cómo relacionarlos entre sí. Ese es el laberinto mágico de paralelismos, espejos, verdades e irrealidades perfectamente trazado por el que nos hace transitar Paul Auster.

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La tierra convulsa” de Ramiro Pinilla. Del Getxo agrícola y ganadero de finales del siglo XIX al Gran Bilbao industrial, burgués y capitalista del XX. Del idealismo costumbrista con que se recuerda el pasado al que nos aferramos, al realismo social de un entorno cambiado tras un proceso de profunda agitación. La primera y bien planteada entrega de una trilogía, “Verdes valles, colinas rojas”, en la que su autor prima en ocasiones sus habilidades como escritor sobre la fluidez de su relato.

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Nubosidad variable” de Carmen Martín Gaite. La bruma del título es también la de la mente de las dos protagonistas de mediana edad de esta ficción que no aciertan a saber cómo enfocar correctamente sus vidas. Una revisión de pasado, entre epistolar y monologada, y un poner orden en el presente a través de una prosa menuda y delicada con la que llegar mediante las palabras hasta lo más íntimo y sensible. De fondo, un retrato social de la España de los 80 finamente disuelto a lo largo de una historia plagada de acertadas referencias literarias.

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Patria” de Fernando Aramburu. Una obra que toca todos los palos de lo que por distintos motivos unos y otros llamaron conflicto. La visión política, la realidad social y la vivencia personal en un entorno en el que todo se movía aparentemente en un amplio rango de grises tras el que se ocultaba la cruda realidad de la vida o la muerte, o conmigo o contra mí. Un relato ambicioso y muy bien estructurado al que se le echa en falta ir más allá de su hoja de ruta para emocionarnos no solo por lo que narra en su trama principal, sino también por lo que cuenta y propone en las secundarias.

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Un perro” de Alejandro Palomas. El bagaje de cuarenta años de biografía, el balance de todo lo vivido por Fer y de los capítulos que conforman el libro de su presente, el ajuste entre las distintas piezas que conforman el puzle de su familia. Alejandro Palomas plasma con gran belleza, equilibrio y naturalidad cuanto pasa por la mente de su protagonista durante unas horas de tensa y amarga, pero también sosegada y meditada espera. Desde lo más ligero y superficial, los lugares comunes en los que nos refugiamos, a los más íntimos y ocultos, aquellos que rehuimos para no volver a encontrarnos con el dolor que allí dejamos.

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“La canción pop” de Raúl Portero habla de ti

La música tiene el mágico poder de ser capaz de contar una historia en muy pocos minutos, presentándote los personajes involucrados, relatando qué sucede entre ellos, qué viven y qué sienten, de dónde vienen y a dónde desean ir. Todos tenemos una canción de nuestra vida, esa que imaginábamos que hablaba de nosotros y que con su ritmo nos llegó muy hondo la primera vez que la escuchamos, haciendo que afloraran a la superficie emociones cuya intensidad no creíamos ser capaces de sentir pero que deseábamos vivir. Un sueño que ya no perseguimos pero al que no renunciamos. Eso es esta novela contenida, auténtica, una partitura fresca y ágil, aparentemente liviana, pero que dispara de manera certera y da de pleno en el blanco.

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A los veinte años el futuro es una página en blanco sobre la que se puede escribir una y otra vez cómo creemos que vamos a ser, imaginando mil quiénes diferentes como compañía, otros tantos lugares en los que estar simultáneamente y cómos de lo más dispar. Pero el tiempo pasa y nada o muy poco de aquello ocurrió. La fantasía, el deseo, la ilusión de Simón no se convirtió en realidad. Quizás porque era irrealizable. Puede ser que él no fuera capaz de materializarla o que a sus 35 años aún no haya sido capaz de aceptar que la vida es esto que él tiene ahora, la nada, y no aquello que creía iba a poseer, el todo.

Hasta que el suicidio de uno de sus antiguos amigos, Carlos, le da la bofetada que le hace abrir los ojos y afrontar que ni ha cumplido nada de lo que se propuso ni consiguió retener lo bueno que un día creyó tener cerca de él, el amor y también la posibilidad de una manera de construir su propio futuro. La situación no es alegre, pero tampoco es un drama, es lo que toca, es lo que hay, resignación. ¿No es lo que le sucede a todos los de la generación educados y formados para ser capaces de lo que se propusieran y que después se vieron abocados sin anestesia ni remedio al fracaso y la decepción laboral, social, sentimental,…?

A eso vuelve Simón a Barcelona. Todo lo que le rodea, ya sea en Londres como en la ciudad condal, es la monotonía agridulce de las posibilidades imposibles, de los sueños irrealizados y de un presente resignadamente carpe diem porque el futuro no es más que incertidumbre. Eso es lo que cuenta la narrativa de Raúl Portero, que tiene forma de novela pero que se lee con la misma pasión con la que hasta hace unos años devorábamos los libretos de los cd’s para memorizar las letras de las canciones. Cada uno de sus capítulos es un tema trabajado meticulosamente, con el fin de que tenga entidad propia, que pueda llegar a funcionar por sí mismo, pero que cumple un papel fundamental en el conjunto que es este álbum, La canción pop.

Las expresiones y reflexiones que contienen sus diálogos y el espíritu con que fluyen sus descripciones tienen su génesis en ese punto en que la poesía se libera de las reglas de la literatura y se convierte en letras musicales que desde su aparente sencillez exudan una expresividad llena de garra y fuerza, sin aspavientos, pero que por su fina y eficaz elaboración resultan tremendamente atrayentes y pegadizas. Seguro que muchos de los lectores de esta canción pop sentirán que, de alguna manera, esta habla de ellos y quién sabe, puede ser que con el paso del tiempo vuelvan a ella para recordar quienes fueron un día.

“El ciclo del amor marica” de Gabriel J. Martín

Entender cómo funciona el sentimiento del amor es fundamental no solo si se quiere vivir una relación a largo plazo, sino si también se desea vivir plenamente, pero de manera individual, aquellas facetas personales que se comparten en una pareja.  De manera clara y didáctica, a la par que amena y hasta divertida, este título realiza un somero repaso de todos esos factores que hay que tener en cuenta para enunciar esa ecuación cuya verdadera fórmula y resultado, única en cada caso, solo conocerán de verdad los encargados de ponerla en marcha y reelaborarla continuamente a lo largo del tiempo.

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A priori el amor no debiera entender de género, identidad u orientación sexual, hombres y mujeres, cis y transexuales, homosexuales, bisexuales y heterosexuales somos susceptibles de enamorarnos, de ser correspondidos y de querer vivir ese afecto a través de un proyecto de vida a cuya construcción ambas partes nos comprometamos. Sin embargo, basta mirar el recorrido histórico que llevamos desde hace siglos hasta hoy mismo para saber que en la sociedad en la que vivimos se denigra a muchas personas por múltiples motivos. He ahí las obvias diferencias entre hombres y mujeres, pero igual de claras y evidentes, aunque mucho más silentes, son las también sufridas desde tiempos inmemoriales por –entre otros muchos colectivos- los hombres homosexuales.

Un legado que sigue vigente y contra el que, como Gabriel bien indica, se ha de luchar utilizando herramientas como la del lenguaje normalizador, entendido este no como una tabula rasa que elimina diferencias y homogeneiza características, sino como el que da los términos exactos a las realidades en las que vivimos. Un novio es un novio, y no un “amigo”, y a un marido no se le presenta como “mi pareja”.  El segundo pilar es hablar de cómo pueden ser las etapas de una relación afectiva entre dos hombres, como entre un hombre y una mujer o entre dos mujeres, desde un punto de vista realista, dejando a un lado todos los mitos, fantasías y leyendas que han empañado la educación que hemos tenido -si es que alguien nos la ha proporcionado- sobre el amor.

Así que si el amor no es a primera vista ni para siempre, no lo redime todo ni mueve montañas, ¿en qué consiste exactamente?

En primer lugar, para que el amor llegue a formularse y construirse necesita que las dos personas que intentan formar una pareja sean equilibradas, que se hayan aceptado a sí mismas y que vivan su orientación sexual de manera natural e integrada en todas las áreas de su vida, sin traza alguna –o estar en proceso de resolverla- de homofobia interiorizada. Un tema que ya trató Gabriel J. Martín en su también muy bien planteado y desarrollado Quiérete mucho maricón. Factor importante es, también, no tener pendientes de resolución otras cuestiones psicológicas que no solo impiden a esos hombres tener relaciones fructíferas, sino que les convierte en personas tóxicas con capacidad de herir a aquellos con quienes, aparentemente, lo intentan.

Dejando atrás las rémoras, para aquellos que lo desean y les surge la oportunidad de llevarlo a la práctica, el amor sigue una serie de fases que tienen un discurrir más o menos lineal y que cada persona -y por tanto, cada pareja- vive de una manera diferente en base a su personalidad, experiencia e, incluso, estructura neuronal.  Desde la pasión inicial en la que cada cuerpo es un torrente hormonal y el deseo físico es lo más protagonista, pasando por la etapa de la intimidad, de exponer y conocer las motivaciones y planteamientos personales del otro ante la vida para llegar a la posibilidad de plantearse un proyecto conjunto. Un compromiso que posteriormente hay que mantener y adaptar a las circunstancias cambiantes que vayan surgiendo. Y si llega el día en que este se acaba, hay que saber ver y aceptar las señales que lo indican y ponerle fin a la relación de la manera más adecuada para que no solo no deje mal recuerdo, sino para que no se convierta en un lastre que impida disfrutar del futuro.

Este es el eje más habitual del amor, entre dos personas, aunque Gabriel J. Martín también considera otras casuísticas existentes como la del poliamor, o las de relaciones con características propias como son las intergeneracionales o las de entre personas que viven distanciadas por muchos kilómetros.

Como bien dice su autor, El ciclo del amor marica no ofrece una receta mágica, pero sí una completo y claro mapa a partir del cual un hombre homosexual –aunque también a otros públicos con capacidad de empatía ante los ejemplos y supuestos prácticos expuestos,que se decidan a leer este libro- pueda plantearse y reflexionar cómo quiere vivir el amor de pareja y todos aquellos ingredientes que lo conforman, pero que también se pueden disfrutar fuera de ella.

“Imre: una memoria íntima” de Edward Prime-Stevenson

Hace más de un siglo que un hombre se aventuró a sobrepasar los límites que el esoterismo camuflado como ciencia le quería imponer a su capacidad de amar a otra persona, a otro que físicamente era como él, a otro hombre. Con una cuidada narrativa y un ritmo tranquilo, el norteamericano Prime-Stevenson diseccionó de manera precisa y delicada en esta novela cada una de las sensaciones y emociones en que consiste el gran y bonito sentimiento de “la amistad que es amor, el amor que es amistad”.

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En sus múltiples vertientes, la ciencia intenta que todo cuanto nos rodea sea objeto de su análisis y de su capacidad de establecer leyes que expliquen la lógica de lo estudiado. Unas veces lo logra aportándonos un mayor conocimiento del mundo en el que vivimos. Otras, en cambio, la incapacidad para reconocer sus límites de aquellos que se han considerado a sí mismo científicos, ha hecho que sus teorías sin constatar se hayan convertido en doctrinas absurdas y dogmas estigmatizadores de los sujetos objeto de estudio. Así sucedió durante mucho tiempo con los hombres y mujeres homosexuales, no solo por ser tales, sino también por no mostrar un comportamiento sujeto a la norma social y religiosa heterosexual convertida en reglamento legal.

Hasta que llegaron aquellos que no estaban dispuestos a dejarse avasallar, a negarse a sí mismos. Cada uno a su manera pasó por encima de los prejuicios e hizo frente al desconocimiento, la ignorancia y a lo insensatamente establecido para afrontar con naturalidad y espontaneidad lo que no es más que vivir lo que el destino te depara a nivel humano y relacional. Edward Prime-Stevenson (1858-1942) fue uno de estos hombres que con sus habilidades, la de saber escribir, se puso manos a la obra y relató bajo estos principios la ficción del encuentro de un viajero inglés y un militar del Imperio Austro-Húngaro en el Budapest del principios del s. XX.

Ambos, individuos solitarios a los que vamos conociendo a través de una serie de encuentros sociales impregnados de una gran formalidad. A medida que estos se suceden, surge una intimidad resultado de compartir tiempos diurnos y espacios públicos en los que la cercanía y el conocimiento mutuo crecen a través de diálogos con poco más que las palabras justas, pero tan precisas y sutiles que conllevan en los que las dicen, escuchan y leemos un calado de honda y profunda emoción. Ese es el juego que hábilmente crea y expresa el autor, complementado con las completas reflexiones de uno de sus protagonistas a cuya mente nos da acceso al hacer de él el narrador, dejándonos incluso la duda de cuánto hay en él de alter ego.

Primero nos atrapa hábilmente a través de la corrección formal de lo que escribe, y que es también la de la situación que nos describe. Pero llegado el momento en que la tensión de lo establecido no se soporta más en los parques, los puentes o los cafés de la ciudad de San Esteban, y que ésta ya ha alcanzado también su culmen sobre el papel, da el paso a la segunda parte de las memorias íntimas de Imre. Comienza entonces un torrente emocional de honestidad, verdad y transparencia con el que se derrumban prejuicios, se vencen miedos y se prepara el terreno para algo en cuya definición debiéramos utilizar términos como futuro, ilusión y libertad.

“Reencuentro” de Fred Uhlman

Quizás más un ejercicio de búsqueda interior –aunque sin dejar de ser una asombrosa y lograda creación literaria-, esta novela corta buscar fijar de manera clara y concisa las vivencias de un pasado del que se reniega, aun sabiendo que es el propio, y con el que se desea tener unión desde un presente que, aun queriendo entenderlo como natural, se sabe impostado.

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Hay algo inquietante en las comunidades en las que aparentemente todo está en orden a pesar de los ecos de inestabilidad que llegan de fuera de sus límites. Una sensación de etéreo, imposible y ajeno sobre aquello que aún no se ha hecho visible ni materializado de manera alguna en su cotidianeidad, en sus costumbres, en lo que registran sus sentidos a pesar de lo que puedan leer o escuchar al respecto. Lo que no es tangible no existe, lo que no se toca no se cree. En el fondo todos tenemos algo de Santo Tomás dentro de nosotros. Somos incrédulos y solo actuamos cuando nos vemos directamente afectados, ni siquiera somos capaces de hacer un ejercicio de previsión de futuro.

Quizás sean nuestras creencias religiosas –o sistemas de pensamiento similares a estas- las que nos hagan tener la cabeza en un más allá espiritual en el que se vive bajo unos valores y creencias con los que no podemos hacer frente aquí a la propuesta de (no) diálogo de nuestros convecinos. ¿Fue esto lo que hizo que tardaran en reaccionar los judíos que vivían en la Alemania nazi? ¿Pensaban que aquello no iba a derivar en un casi logrado intento de exterminio? Puede que sean preguntas similares a estas las que se hiciera Fred Uhlman y que, tanto desde un punto de vista personal como creativo, intentara darles respuestas escribiendo “Reencuentro”.

Hay algo profundamente vivencial en la narrativa de esta novela corta. Su autor parece tener la intención de fijar en su mente todos los momentos y detalles que le permitieran tener un recuerdo completo de los aspectos materiales y sensoriales de los que fueron aquellos primeros años de la década de 1930. Las palabras que utiliza son las justas, los términos son los correctos, los adjetivos de una gran precisión. No hay fisura alguna en la propuesta de Uhlman, deja bien claros quiénes eran las personas y cuáles los lugares en los que se desarrollaron en su Stuttgart natal esos pequeños sucesos –intercambios de miradas, diálogos con sutiles cambios de tono, fotografías y símbolos que surgían aquí y allá como de la nada- y que como señales de alarma avisaban de lo que estaba por venir.

Es muy fácil señalar desde nuestro punto de vista de hoy, a posteriori, las etapas y los puntos de inflexión con que fue creciendo y alimentándose la brutalidad nacionalsocialista. Pero, ¿cómo se percibía entonces? ¿Dónde estaban los límites de lo imaginable? ¿De lo soportable? Ese punto de incertidumbre, de falta de contextualización, es el que transmite maestramente Fred Uhlman y que complementa con una tensión similar a la de la literatura epistolar de “En paradero desconocido” (Kressmann Taylor, 1938). Título con el que comparte no solo ambientes y brevedad, sino también la dualidad de protagonista judío y amigo en el lado nazi.

A pesar de haber transcurrido 55 años desde su publicación, “Reencuentro” resulta una obra fresca y cercana por su estilo directo y sobrio, una creación universal por su hablar de necesidades humanas más que de acontecimientos históricos, un título vigente porque aun teniendo un pasado del que poder aprender si nos enfrentamos a él, no hacemos sino obviarlo ciegamente para seguir repitiendo una y otra vez la misma barbarie. Y si no, ¿cuánto hay de común entre el llamado Estado Islámico y el III Reich de Adolf Hitler? ¿Cuántos sirios no acabarán con el tiempo escribiendo su propia versión de “Reencuentro”?

“Los lugares pequeños” de Paco Tomás esconden un gran universo

Muchas vidas acaban siendo un gran círculo. Por mucho tiempo que pase hay que volver al inicio para cerrar lo que no quedó curado o para concluir un proyecto de extraño sentido que se hizo grande con el trabajo meticuloso de cada día durante semanas, meses y años, muchos años.

LosLugaresPequeños

Hay quien opina que los cuarenta es el momento de una gran crisis existencial. Uno se plantea quién es y hacia dónde va y a dónde podrá llegar, utilizando la respuesta como medio para detectar qué le faltó y quién no se lo dio, así como el vacío que esto produjo. Toca entonces decidir si aceptar quienes somos fruto del espíritu de supervivencia ante ese inevitable agujero negro o si le dedicamos energía a intentar edificar lo que no tuvimos, con la consiguiente duda de si no será ya demasiado tarde y de si tiene sentido alguno hacer ahora lo que debió ser realizado en el pasado. ¿Dónde se sitúa Fidel Ruesga, el hombre cuya vida está formada de espacios reducidos a los que solo accede él, la persona que protagoniza “Los lugares pequeños”?

Fidel es un ser de 41 años que vigila por la mirilla con suspicacia a sus vecinos al otro lado del rellano de la escalera, que cuida de una madre que le escribe íntimas masivas a amigas como María Teresa Campos o Belén Esteban y que trabaja en una papelería en la que el negocio se regenta con las costumbres y maneras de décadas atrás. Antes que adulto, Fidel fue un niño cuyo padre no le hablaba y con una madre que nunca aparecía sonriente en las fotografías junto a él, torpe como nadie y blanco de las bromas de mal gusto de sus compañeros de clase y vecinos. En el trayecto del joven que no sabe atarse los cordones de los zapatos al adulto que bebe vodka y que viaja a pueblos con nombres como el de Salvapenas, su lenguaje expresivo se forma por la unión de piezas visuales creadas por otros, pero modificadas y unidas bajo su criterio en un gran, gigante, complejo y a la par que deslumbrante, completo y elaborado collage que muestra quién es él y cómo evoluciona a lo largo del tiempo.

Por cuestiones como estas “Los lugares pequeños” resulta un relato muy sensorial. Sin embargo, el collage no es solo un recurso visual para el desarrollo de su historia. Es también un caleidoscopio musical, cinematográfico, literario y televisivo, frívolo y ácido en ocasiones pero descaradamente preciso e inteligente en su selección e hilvanado para formar la pequeña Capilla Sixtina íntima y personal que describe a su protagonista. En primera instancia impresiona, pero después va a más y da el salto que hace que un libro merezca ser leído, engancha despertando el deseo de conocer uno a uno los elementos que lo forman y cómo están tan creativa y compactamente hilados entre el drama, la comedia, el costumbrismo y hasta sus momentos de intriga, thriller y misterio por resolver. Cada referencia tiene un sentido, un significado, es icono de un estado de ánimo, del momento histórico y el público que lo creó. Quizás muchas no resistan el paso del tiempo, pero hoy por hoy son la lectura que tenemos del ayer y el hoy más cotidiano y colectivo de nuestras biografías.

Paco Tomás tiene el verbo fácil y cuenta con una riqueza de vocabulario que ya quisieran para sí los vendedores de humo. Este periodista de oficio, sufrido guionista televisivo y hombre profundamente observador, ejerce el trabajo de escritor y su doble propósito con convicción y honestidad: expresarse y hacerse entender, crear y darnos la posibilidad de introducirnos en un mundo, una mente y unas vivencias que ha construido para nosotros. Sumando a ambas cuestiones, su amplio bagaje intelectual y vivencial hacen de “Los lugares pequeños”, la primera novela publicada de Paco Tomás, una lectura entretenida por su desarrollo, inteligente por su estructura y apasionante por el universo de canciones, fotografías, películas, lugares y personajes reales e irreales que la forman.