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“Manipulados: La batalla de Facebook por la dominación mundial” de Sheera Frenkel y Cecilia Kang

Investigación periodística que abarca desde la génesis de la compañía hasta su papel protagonista en la polarización de la opinión pública a nivel mundial. Entrando en el detalle, en los objetivos perseguidos por Marck Zuckerberg, los argumentos utilizados para justificar sus decisiones y las coordenadas políticas en que ha medrado para conseguir sus pretensiones. Un trabajo que nos advierte del extraordinario poder que proporciona la tecnología, sobre todo cuando no es bien gestionada.

El culmen fue el 6 de enero de 2021. Ese día Twitter y Facebook bloquearon las cuentas de Donald Trump. El uso que el presidente saliente de EE.UU. estaba haciendo de las redes sociales era la última muestra de que estas eran utilizadas para un fin completamente opuesto a su publicitada misión social, facilitar la comunicación entre personas de todo el mundo. Quien se suponía el máximo garante de la democracia de la primera potencia se estaba sirviendo de ellas para socavarla. Sin embargo, lo que ocurrió no era algo acotado a una persona, un momento y un lugar. Era la norma de en lo que se había convertido la plataforma Meta, con su marca más conocida a la cabeza, Facebook, y también propietaria de Instagram y Whatsapp. Una herramienta con la que se engaña y manipula, enfrentando y polarizando hasta límites insospechados con consecuencias sistémicas potencialmente irreversibles.

Tal y como Frenkel y Kang exponen en una redacción ordenada, sustentada en hechos públicos y opiniones privadas, era algo que se veía venir por la evolución de su modelo de negocio, las contradicciones entre su proceder y sus supuestas políticas internas y la incapacidad del marco normativo, con la aquiescencia de parte del espectro político, para ponerle coto. Las evidencias eran claras, la manera en que durante años había acumulado datos de sus usuarios valiéndose de los subterfugios de la letra pequeña de su política de privacidad, permitiendo una microsegmentación que después se vendía a cualquier entidad, como los bots rusos que se sirvieron de ella para intervenir en contra de Hillary Clinton en las elecciones presidenciales de 2016.  

De mar de fondo una serie de cuestiones que Zuckerberg y su empresa han utilizado a su favor y que me hacen acudir a otros autores. En primer lugar, la fricción entre la globalidad económica y tecnológica y las fronteras geopolíticas. Tal y como señalaba Eric Hobsbawn, los estados tienen que ser más rápidos y hábiles estableciendo los mecanismos que hagan que el poder que albergan algunas corporaciones con dimensiones planetarias no vaya en contra del interés común. Algo que pasa, sin duda alguna, por revertir la prioridad de la productividad y la maximización de la cuenta de resultados del neoliberalismo que nos gobierna.

A continuación, lo señalado por Frédéric Martel, la diferente aproximación al sector de las autoridades norteamericanas y las europeas. Facebook, Twitter o Google son empresas de contenidos, de generación y transmisión de información, y no solo plataformas tecnológicas, y como tal deben ser reguladas y supervisadas. Quizás sea esta la manera de evitar que se conviertan en el medio con el que consolidar la involución democrática que gobernantes y cargos públicos de distintas partes del mundo, incluida España, están intentando desde hace años, según denunciaba recientemente Anne Applebaum. Presunción con la que coinciden las dos periodistas de The New York Times, responsables de este interesante ensayo.

Manipulados: La batalla de Facebook por la dominación mundial, Sheera Frenkel y Cecilia Kang, 2021, Editorial Debate.

10 ensayos de 2021

Reflexión, análisis y testimonio. Sobre el modo en que vivimos hoy en día, los procesos creativos de algunos autores y la conformación del panorama político y social. Premios Nobel, autores consagrados e historiadores reconocidos por todos. Títulos recientes y clásicos del pensamiento.

“La sociedad de la transparencia” de Byung-Chul Han. ¿Somos conscientes de lo que implica este principio de actuación tanto en la esfera pública como en la privada? ¿Estamos dispuestos a asumirlo? ¿Cuáles son sus beneficios y sus riesgos?  ¿Debe tener unos límites? ¿Hemos alcanzado ya ese estadio y no somos conscientes de ello? Este breve, claro y bien expuesto ensayo disecciona nuestro actual modelo de sociedad intentando dar respuesta a estas y a otras interrogantes que debiéramos plantearnos cada día.

“Cultura, culturas y Constitución” de Jesús Prieto de Pedro. Sea como nombre o como adjetivo, en singular o en plural, este término aparece hasta catorce veces en la redacción de nuestra Carta Magna. ¿Qué significado tiene y qué hay tras cada una de esas menciones? ¿Qué papel ocupa en la Ley Fundamental de nuestro Estado de Derecho? Este bien fundamentado ensayo jurídico ayuda a entenderlo gracias a la claridad expositiva y relacional de su análisis.

“Voces de Chernóbil” de Svetlana Alexévich. El previo, el durante y las terribles consecuencias de lo que sucedió aquella madrugada del 26 de abril de 1986 ha sido analizado desde múltiples puntos de vista. Pero la mayoría de esos informes no han considerado a los millares de personas anónimas que vivían en la zona afectada, a los que trabajaron sin descanso para mitigar los efectos de la explosión. Individuos, familias y vecinos engañados, manipulados y amenazados por un sistema ideológico, político y militar que decidió que no existían.

«De qué hablo cuando hablo de correr» de Haruki Murakami. “Escritor (y corredor)” es lo que le gustaría a Murakami que dijera su epitafio cuando llegue el momento de yacer bajo él. Le definiría muy bien. Su talento para la literatura está más que demostrado en sus muchos títulos, sus logros en la segunda dedicación quedan reflejados en este. Un excelente ejercicio de reflexión en el que expone cómo escritura y deporte marcan tanto su personalidad como su biografía, dándole a ambas sentido y coherencia.

“¿Qué es la política?” de Hannah Arendt. Pregunta de tan amplio enfoque como de difícil respuesta, pero siempre presente. Por eso no está de más volver a las reflexiones y planteamientos de esta famosa pensadora, redactadas a mediados del s. XX tras el horror que había vivido el mundo como resultado de la megalomanía de unos pocos, el totalitarismo del que se valieron para imponer sus ideales y la destrucción generada por las aplicaciones bélicas del desarrollo tecnológico.

“Identidad” de Francis Fukuyama. Polarización, populismo, extremismo y nacionalismo son algunos de los términos habituales que escuchamos desde hace tiempo cuando observamos la actualidad política. Sobre todo si nos adentramos en las coordenadas mediáticas y digitales que parecen haberse convertido en el ágora de lo público en detrimento de los lugares tradicionales. Tras todo ello, la necesidad de reivindicarse ensalzando una identidad más frentista que definitoria con fines dudosamente democráticos.

“El ocaso de la democracia” de Anne Applebaum. La Historia no es una narración lineal como habíamos creído. Es más, puede incluso repetirse como parece que estamos viviendo. ¿Qué ha hecho que después del horror bélico de décadas atrás volvamos a escuchar discursos similares a los que precedieron a aquel desastre? Este ensayo acude a la psicología, a la constatación de la complacencia institucional y a las evidencias de manipulación orquestada para darnos respuesta.

“Guerra y paz en el siglo XXI” de Eric Hobsbawm. Nueve breves ensayos y transcripciones de conferencias datados entre los años 2000 y 2006 en los que este historiador explica cómo la transformación que el mundo inició en 1989 con la caída del muro de Berlín y la posterior desintegración de la URSS no estaba dando lugar a los resultados esperados. Una mirada atrás que demuestra -constatando lo sucedido desde entonces- que hay pensadores que son capaces de dilucidar, argumentar y exponer hacia dónde vamos.

“La muerte del artista” de William Deresiewicz. Los escritores, músicos, pintores y cineastas también tienen que llegar a final de mes. Pero las circunstancias actuales no se lo ponen nada fácil. La mayor parte de la sociedad da por hecho el casi todo gratis que han traído internet, las redes sociales y la piratería. Los estudios universitarios adolecen de estar coordinados con la realidad que se encontrarán los que decidan formarse en este sistema. Y qué decir del coste de la vida en las ciudades en que bulle la escena artística.

«Algo va mal» de Tony Judt. Han pasado diez años desde que leyéramos por primera vez este análisis de la realidad social, política y económica del mundo occidental. Un diagnóstico certero de la desigualdad generada por tres décadas de un imperante y arrollador neoliberalismo y una silente y desorientada socialdemocracia. Una redacción inteligente, profunda y argumentada que advirtió sobre lo que estaba ocurriendo y dio en el blanco con sus posibles consecuencias.

“El ocaso de la democracia” de Anne Applebaum

La Historia no es una narración lineal como habíamos creído. Es más, puede incluso repetirse como parece que estamos viviendo. ¿Qué ha hecho que después del horror bélico de décadas atrás volvamos a escuchar discursos similares a los que precedieron a aquel desastre? Este ensayo acude a la psicología, a la constatación de la complacencia institucional y a las evidencias de manipulación orquestada para darnos respuesta.

El currículo de Anne Applebaum no es sospechoso de ser el de una persona tendenciosa y amiga del tremendismo. En las primeras páginas de este título deja claras las coordenadas ideológicas del centroderecha con las que se identifica para, a continuación, demostrar la neutralidad e imparcialidad de su aproximación a la deriva autoritaria, total o parcial, de muchas democracias liberales occidentales. Evita la innecesaria obviedad de toda crítica y centra su argumentación, selección de fuentes y exposición de ejemplos (personas, momentos y declaraciones) en identificar, analizar y comprender las motivaciones y medios con que se iniciaron -así como la manera en que fueron evolucionando y adaptándose exitosamente a las circunstancias- movimientos que han acabado haciéndose con el poder (en Polonia, Hungría o Reino Unido), que lo han ostentado (en EE.UU. o Italia) o que lo amenazan tras entrar en el sistema institucional (en España o Francia).

Ya son demasiadas ocasiones en las que el común de la ciudadanía de distintos países se sorprende cuando un día comienza a escuchar los exabruptos absurdos, anacrónicos y recalcitrantes de un partido político hasta entonces desconocido o de discurso moderado y poco después descubre que han recibido una buena parte del voto en unas elecciones. Pero tal y como indica la ganadora del Premio Pulitzer en 2003, esto no surge repentinamente, sino que se inicia mucho tiempo antes. En el caso de Hungría y Polonia sitúa ese punto en el fiasco que muchos aspirantes a políticos -aquellos que conciben los despachos como sede de su ego, más que como lugar desde el que trabajar por el bien común- sufrieron cuando la caída del muro y la integración en Europa no les dio los réditos personales que esperaban obtener. Únase a esto la insatisfacción que sintió una parte de la sociedad al no ver transformadas sus vidas en la manera en que les habían prometido por el sistema de la democracia liberal.

A partir de aquí, los primeros elaboran un relato simplificador (identificación de la nación con un grupo étnico y religión, baluarte de su identidad, y simplificación épica de la historia), plagado de conspiraciones y enemigos inexistentes (el inmigrante que pone en riesgo la pureza étnica, los colectivos que ejemplifican la diversidad como amenaza de la integridad de los valores, el poderoso extranjero que maneja los hilos en la sombra) y se valen de su mayoría legislativa (interviniendo cuanto sector económico y social sea necesario, destruyendo la separación de poderes) y su control de los medios de comunicación para hacer de su discurso la única, posible y arrasadora verdad. O con ellos o contra ellos, y en ese caso, silenciados, represaliados o expatriados. Una telaraña que se ha ido extendiendo hasta llegar a la situación presente en la que la toxicidad interna de estos dos países se proyecta en el ámbito supranacional, pretendiendo luchar incluso contra los principios del proyecto europeo.

Lo interesante de la exposición de Applebaum es la manera en que demuestra cómo surgieron estas tendencias sin que nos percatáramos en qué derivarían. Es el caso del Brexit, cuando determinados gobernantes londinenses hacían creer a los habitantes de la Inglaterra rural -más que a los del resto del Reino Unido- que sus males no eran producto de sus decisiones, sino de las que se tomaban entre todos los estados miembro de la Unión Europea en Bruselas. Una labor en la que se vieron apoyados por periodistas que, en lugar de señalar su incompetencia, amplificaron -con flema británica y aires de un imperio ya inexistente- sus falsedades. Uno de ellos fue el hoy primer ministro Boris Johnson.

Señalando que el autoritarismo no responde a cuestiones ideológicas, sino que se escuda en ellas -el de izquierdas en la defensa de la clase trabajadora, el de derechas en el de un grupo étnico determinado- y que siempre ha existido, aunque de manera reducida y supuestamente controlada, y por eso se le dejaba estar, el caso de EE.UU. es diferente. Aquí la estrategia que Trump lideró -y con la que arrastró al Partido Republicano- fue la de negar el valor de la democracia. De ahí que se opusiera a que su país siguiera liderando el panorama internacional y a que criticara sin criterio cuanto organismo público necesitara para reafirmar su posicionamiento. Dejó claro en demasiadas ocasiones que su propuesta de regenerar su corrupto sistema pasaba por destruirlo para reinventarlo siguiendo nuevos estándares y normas de convivencia. Inevitable recordar el asalto al Capitolio del pasado 6 de enero.

Algo similar a lo que propone la ultraderecha en España, falseando e inventando cuanto sea necesario y sin ofrecer propuestas ya no solo reales sino, al menos, bien argumentadas desde un punto de vista discursivo con las que demostrar que tienen un proyecto político. Un absurdo ante el que las instituciones no respondieron durante mucho tiempo, pensando que su incoherencia y falta de lógica les impediría asentarse. Sin embargo, este partido ha sabido utilizar las posibilidades que ofrece hoy en día la tecnología (tanto en generación de contenidos como en su distribución a través de internet, redes sociales y ecosistema mediático) para embaucar en su proyecto sin aparente rumbo no solo a muchas más personas de lo esperado, sino a colectivos cuya formación, conocimiento y experiencia son, a priori, totalmente incompatibles.  

Lo que Anne Applebaum propone no son teorías o hipótesis, sino hechos consolidados que tienen tras de sí una solidez bien cimentada y ante sí una proyección de futuro que no parece que vaya a ser de corto recorrido. El año y medio de pandemia les ha dado la oportunidad de hacer más ruido, lo que les ha servido para ganar adeptos o contagiar a quienes hasta ahora parecían o suponíamos moderados. No es ninguna broma. Estamos advertidos. Toca actuar.

El ocaso de la democracia, Anne Applebaum, 2021, Editorial Debate.