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“Guerra y paz en el siglo XXI” de Eric Hobsbawm

Nueve breves ensayos y transcripciones de conferencias datados entre los años 2000 y 2006 en los que este historiador explica cómo la transformación que el mundo inició en 1989 con la caída del muro de Berlín y la posterior desintegración de la URSS no estaba dando lugar a los resultados esperados. Una mirada atrás que demuestra -constatando lo sucedido desde entonces- que hay pensadores que son capaces de dilucidar, argumentar y exponer hacia dónde vamos.  

Todos recordamos dónde estábamos el 11 de septiembre de 2001. Aquella jornada fue un punto de inflexión en la vida de muchas personas, aunque según Hobsbawm (Alejandría, 1917-Londres, 2012) no debiéramos considerarlo un momento histórico en los términos en que se transmitió inicialmente. Fue la muestra de un terrorismo que alcanzaba formas y resultados hasta entonces inimaginables, pero también dejó patente que por muy desestabilizadores que sean sus efectos -como los habían sido los de ETA en España o los del IRA en Reino Unido-, no tienen nada que hacer frente a la fuerza de las democracias liberales gracias a las capacidades de los Estados-nación en que estas se sostienen.

A su juicio, el verdadero peligro para sus instituciones y ciudadanos estaba en la megalomanía de sus dirigentes y su incapacidad o dejadez para no hacer frente a la contradicción de un mundo globalizado tecnológica, financiera y comercialmente, pero que en términos normativos sigue considerando las fronteras territoriales como su primer rasgo definidor. Una combinación paradójica desde que se decidiera resolver las ineficiencias del Estado del Bienestar optando por las máximas del capitalismo, autorregulación y priorización de la cuenta de resultados, sin considerar que hay actores, como las empresas multinacionales, que gracias a su poder son capaces de superar los límites regulatorios.   

Súmese a esto, el haber pasado -como consecuencia del fin de la guerra fría- de un esquema de enfrentamiento entre dos potencias en el tablero internacional, pero que también trajo consigo estabilidad y equilibrio entre los bloques ideológicos que ambas encabezaban, a la hegemonía única de EE.UU. (aunque la actualidad más reciente pone esto en duda). Sin embargo, en lugar de tomar el sendero de la diplomacia para dar continuidad a su liderazgo, los herederos de George Washington optaron por el imperialismo bélico y el militarismo unilateral sin valorar sus consecuencias allí donde dejaba caer sus bombas, rompiendo la entente existente desde hacía décadas de no intervención directa en el territorio de otro país. He ahí lo sucedido en Afganistán o Irak, utilizando excusas que se sabían falsas (las armas de destrucción masiva) o prostituyendo el lenguaje (guerra contra el terror, defensa de nuestro estilo de vida).

Actuación similar a la ejercida por otros países del bloque occidental (como Reino Unido) dentro de sus fronteras, dejando en manos del sector privado mucho de aquello en lo que se había basado el papel y sentido del estado (ej. sanidad, educación y seguridad), reduciendo así la sensación de pertenecer a una sociedad formada por personas con intereses comunes y generando nuevas brechas de desigualdad que, tal y como evidenció la crisis de 2008, no han hecho más que incrementarse. Sin olvidar que esto ha incentivado un individualismo que encuentra su aliado en el nacionalismo, no como manera de crear comunidad, sino de buscar a un diferente entre los propios y de señalar al llegado de fuera para culparle de sus insatisfacciones e ineficacias. El ascenso de los discursos (homófobos y xenófobos) y resultados electorales de opciones de ultraderecha dejan claro que Hobsbawn no estaba nada desacertado.

El mundo sigue cambiando a velocidad de vértigo, nadie sabemos a ciencia cierta hacia dónde ni cómo hay que actuar para que lo haga en la dirección correcta y se vean favorecidas el mayor número de personas posibles, cada una en la manera más adecuada a sus coordenadas de origen y a su visión de futuro. Guerra y paz en el siglo XXI no propone soluciones, no las tiene, pero sí demuestra que hay historiadores que son capaces de ver cuáles son las variables a tener en cuenta y la manera en que no se han de aplicar, que no es poco.

Guerra y paz en el siglo XXI, Eric Hobsbawn, 2007, Editorial Booket.

10 ensayos de 2020

La autobiografía de una gran pintora y de un cineasta, un repaso a las maneras de relacionarse cuando la sociedad te impide ser libre, análisis de un tiempo histórico de lo más convulso, discursos de un Premio Nobel, reflexiones sobre la autenticidad, la dualidad urbanidad/ruralidad de nuestro país y la masculinidad…

“De puertas adentro” de Amalia Avia. La biografía de esta gran mujer de la pintura realista española de la segunda mitad del siglo XX transcurrió entre el Toledo rural y la urbanidad de Madrid. El primero fue el escenario de episodios familiares durante la etapa más oscura de la reciente historia española, la Guerra Civil y la dictadura. La capital es el lugar en el que desplegó su faceta creativa y la convirtió en el hilo conductor de sus relaciones artísticas, profesionales y sociales.

“Cruising. Historia íntima de un pasatiempo radical” de Alex Espinoza. Desde tiempos inmemoriales la mayor parte de la sociedad ha impedido a los homosexuales vivir su sexualidad con la naturalidad y libertad que procede. Sin embargo, no hay obstáculo insalvable y muchos hombres encontraron la manera de vehicular su deseo corporal y la necesidad afectiva a través de esta práctica tan antigua como actual.  

“Pensar el siglo XX” de Tony Judt. Un ensayo en formato entrevista en el que su autor recuerda su trayectoria personal y profesional durante la segunda mitad del siglo, a la par que repasa en un riguroso y referenciado análisis de las causas que motivaron y las consecuencias que provocaron los acontecimientos más importantes de este tiempo tan convulso.

“La maleta de mi padre” de Orhan Pamuk. El día que recibió el Premio Nobel de Literatura, este autor turco dedicó su intervención a contar cómo su padre le transmitió la vivencia de la escritura y el poder de la literatura, haciendo de él el autor que, tras treinta años de carrera y siete títulos publicados, recibía este preciado galardón en 2006. Un discurso que esta publicación complementa con otros dos de ese mismo año en que explica su relación con el proceso de creación y de lectura.

“El naufragio de las civilizaciones” de Amin Maalouf. Un análisis del estado actual de la humanidad basado en la experiencia personal, profesional e intelectual de su autor. Aunando las vivencias familiares que le llevaron del Líbano a Francia, los acontecimientos de los que ha sido testigo como periodista por todo el mundo árabe, y sus reflexiones como escritor.

“A propósito de nada” de Woody Allen. Tiene razón el neoyorquino cuando dice que lo más interesante de su vida son las personas que han pasado por ella. Pero también es cierto que con la aparición y aportación de todas ellas ha creado un corpus literario y cinematográfica fundamental en nuestro imaginario cultural de las últimas décadas. Un legado que repasa hilvanándolo con su propia versión de determinados episodios personales.

“Lo real y su doble” de Clément Rosset. ¿Cuánta realidad somos capaces de tolerar? ¿Por qué? ¿De qué mecanismos nos valemos para convivir con la ficción que incluimos en nuestras vidas? ¿Qué papel tiene esta ilusión? ¿Cómo se relaciona la verdad en la que habitamos con el espejismo por el que también transitamos?

“La España vacía” de Sergio del Molino. No es solo una descripción de la inmensidad del territorio nacional actualmente despoblado o apenas urbanizado, “Viaje por un país que nunca fue” es también un análisis de los antecedentes de esta situación. De la manera que lo han vivido sus residentes y cómo se les ha tratado desde los centros de poder, y retratado en medios como el cine o la literatura.

“Un hombre de verdad” de Thomas Page McBee. Reflexión sobre qué implica ser un hombre, cómo se ejerce la masculinidad y el modo en que es percibida en nuestro modelo de sociedad. Un ensayo escrito por alguien que no consiguió que su cuerpo fuera fiel a su identidad de género hasta los treinta años y se topa entonces con unos roles, suposiciones y respuestas que no conocía, esperaba o había experimentado antes.

“La caída de Constantinopla 1453” de Steven Runciman. Sobre cómo se fraguó, desarrolló y concluyó la última batalla del imperio bizantino. Los antecedentes políticos, religiosos y militares que tanto desde el lado cristiano como del otomano dieron pie al inicio de una nueva época en el tablero geopolítico de nuestra civilización.

“El naufragio de las civilizaciones” de Amin Maalouf

Un análisis del estado actual de la humanidad basado en la experiencia personal, profesional e intelectual de su autor. Aunando las vivencias familiares que le llevaron del Líbano a Francia, los acontecimientos de los que ha sido testigo como periodista por todo el mundo árabe, y sus reflexiones como escritor. Un texto que destaca todo lo bueno que hemos conseguido a nivel global, pero advierte de las tendencias nacionalistas y totalitarias que nos lastran desde finales del pasado siglo.

El naufragio de las civilizaciones es un relato cronológico en el que Amin Maalouf relaciona fechas, lugares y personajes públicos, expone cómo sus intuiciones se transforman en hipótesis y estas en ideas que contrasta, confronta y complementa. Sin establecer causas fijas ni sentenciar consecuencias, pero dando forma a un argumentario sólido con el que explica cómo hemos pasado de un panorama geopolítico a principios de los 50 en el que parecíamos ir, sino hacia la cohesión colectiva, sí al menos hacia la convivencia tras la II Guerra Mundial, a un cúmulo de naciones y colectivos de toda índole -religiosa, social, política- enfrentados en una feroz y salvaje carrera por el control individual, el dominio ideológico y el poder económico.  

Su punto de partida es el origen egipcio de su familia materna y cómo lo perdieron todo con el cambio de monarquía a república en Egipto, como sistema de gobierno, en 1952. Un acontecimiento al que se sumaron las tensiones, luchas y presiones internas entre unos grupos y otros, tanto en cada uno de los nuevos estados árabes -antiguas colonias inglesas y francesas, hasta con un pasado otomano previo- como entre sí, y entre ellos con Israel (especialmente tras la Guerra de los Seis Días en 1967) que derivó en una exaltación identitaria ligada a la religión. Lo que habían sido territorios de creatividad, diálogo y convivencia entre distintas creencias y orígenes étnicos, mutaron en casos como su Líbano natal, en escenarios de combate que acabaron con toda posibilidad de desarrollar una vida plena.  

Un proceso al que se sumaron otros como la guerra fría entre EE.UU. y la URSS por la hegemonía mundial, ejecutado por ambos más a golpe de intervencionismo que de alianzas, pero en el caso de los soviéticos transformando los ideales del comunismo en una senda de decadencia moral, económica y social para los países en que ejercían su influencia. Pero si hay un año que Maalouf destaca especialmente en su análisis es el de 1979, denominándolo el de las revoluciones conservadoras, en el que las casualidades y las causalidades convergieron para hacer llegar al poder al Ayatolá Jomeini en Irán y a Margaret Thatcher en el Reino Unido, a quien seguiría meses después Ronald Reagan en EE.UU. La confrontación total con el mundo occidental y la exaltación radical del primero, y el desprestigio que hicieron los segundos del papel del Estado como garante de la igualdad de todos los ciudadanos en pro del individualismo y la competitividad económica, supuso el definitivo punto de inflexión que nos ha llevado hasta donde estamos hoy.

A partir de ahí, la historia de nuestras últimas décadas no va pasando de un capítulo a otro, sino que parece ir cuesta abajo, cogiendo velocidad y sin pulsar el pedal del freno, sirviéndose incluso de los espectaculares desarrollos tecnológicos, científicos y técnicos que hemos alcanzado. La caída del muro de Berlín, la desintegración de la URSS, el surgimiento del terrorismo islamista, los movimientos independentistas y populistas, el Brexit, el control de las redes de telecomunicaciones, el cambio climático, las aspiraciones de las nuevas grandes potencias (Rusia, China)… Amin no es pesimista, pero ve riesgos y advierte de que debemos hacer algo si no queremos que, aunque nuestro estilo de vida siga bajo coordenadas de modernidad y tecnificación, esté más ligado a sistemas en los que tengamos que protegernos de la represión institucional que en los que poder desarrollarnos libre y plenamente.

Amin Maalouf, El naufragio de las civilizaciones, 2019, Alianza Editorial.

“La noche es virgen”, pero tiene muchas ganas, de Jaime Baily

Más que las andanzas de Gabriel Barrios, cómo es su vida en Lima, su trabajo en la tele y sus peripecias nocturnas, lo apasionante de esta novela es cómo lo cuenta su autor. Combinando acertadamente el relato profuso de lo que ven sus ojos con el dictado acelerado de su cerebro alterado por el consumo de estupefacientes. Una prosa casi salvaje, manejada sin frenos y dando como resultado una novela tan arriesgada como valiente en su planteamiento y resolución.

Jaime Baily se incrusta en la piel, los ojos y la mente de su personaje y deja de ser autor para convertirse en transcriptor de lo que aquel ve, habla, escucha, piensa y siente. No aplica filtro, juicio ni prejuicio, y nos traslada con fidelidad absoluta sus vivencias de joven pudiente, hijo de buena familia y presentador de televisión de éxito, a caballo entre el ocio, la fiesta y el disfrute. Hasta que una noche conoce en el bar al que suele acudir, El Cielo, a un músico, un muchacho que se le sitúa entre ceja y ceja, en el pecho y entre las piernas, como una obsesión total. Un deseo físico, un pálpito genital y un latido en el corazón que le harán comportarse con menos vergüenza aún de la que nunca tuvo.

Sólo hay dos asuntos que impiden que sus correrías no se conviertan en un tobogán de caída libre, el peso de la fama y que su homosexualidad no es aún algo público y normalizado. Circunstancia que no vive como un gran pesar, más bien como un elemento más de su hartura por las limitaciones que supone el contexto de una sociedad tan pacata, pueril y poco formada como la peruana; residir en una capital sin atractivo urbano, artístico o social y ser ciudadano de un país sumido en la corrupción y el terrorismo (el Perú de mediados de la década de los 90).

Por eso es que en su día a día lo que prima son los impulsos, expresados como caprichos, vehiculados a golpe de visceralidad y materializados por sus posibilidades materiales y su procaz comportamiento. Una manera de sentir, pensar y actuar a la que Jaime Baily le pone una voz cargada de la sexualidad que exuda Gabrielito en todo momento, y de la sugerencia, sensualidad y entrega que le provoca cuanto le atrae (principalmente hombres, pero también mujeres). Una fabulación filtrada por los efectos físicos, psíquicos y psiquiátricos de cuanto consume de manera continua (lo mismo es alcohol que marihuana o cocaína) y con una forma literaria de lo más expresiva, sin letras mayúsculas, con tipografía cursiva para los diálogos y regular para lo que es narración.

Pero más allá de su protagonista, La noche es virgen ofrece también un retrato ácido y sarcástico de la clase alta de su país, obsesionada a la manera norteamericana por las marcas, anulada intelectualmente por la vacuidad de los contenidos y mensajes de sus medios de comunicación, anárquica en el cumplimiento de las normas que favorezcan la convivencia comunitaria, xenófoba con los pueblos indígenas, materialmente clasista, intolerante con todo aquello que no cumpla lo marcado por los principios del heteropatriarcado e hipócritamente católica.

La noche es virgen, Jaime Bayly, 1997, Editorial Anagrama.

“Sumisión” de Michel Houellebecq

No es esta una novela sobre la islamización de Europa, sino sobre el fin de su identidad cultural cristiana -base de su supremacía intelectual durante más de un milenio- por sustentarse desde hace siglo y medio sobre un sistema social y económico cuya deriva en el contexto actual de globalidad le ha llevado a una ruina no solo material sino también, y fundamentalmente, moral.

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Desde la primera página Houellebecq quiere dar un poso de reflexión real a “Sumisión” y para ello dota a su relato de un fondo intelectual, haciendo protagonista a un profesor universitario estudioso del escritor Huysmans, autor que en su época manifestó desacuerdo con un mundo compuesto por “bribones e imbéciles”. De esta manera nos retrotrae en el inicio hasta las ideas y principios de la segunda mitad del siglo XIX, ese momento de la historia en que se formaron los grandes imperios. El prólogo sobre el que, tras dos guerras mundiales, surgió el mapa geopolítico que conocemos desde 1945 y el estado del bienestar social europeo que dan coordenadas a nuestras vidas hoy en día.

Sin embargo, la entrada en ese tablero de decisión de China y de los países árabes, junto a la crisis financiera y económica iniciada en 2007, no solo han alterado el orden mundial altamente estable desde hacía décadas, sino que también han infundido una profunda sensación de inseguridad e inestabilidad en el entorno micro en que habitamos cada ciudadano occidental. Se ha puesto en duda todo, desde la sostenibilidad de los sistemas públicos (educación, sanidad, transporte,…) hasta la supuesta igualdad de todas las personas (inmigración ilegal, convivencias entre culturas, religiones y razas en ciudades como París) pasando por poner en duda si vivimos en regímenes verdaderamente democráticos. No solo por el nivel de corrupción de nuestros gestores, sino por los movimientos en las sombras de los abstractos y anónimos poderes económicos.

Tomando esta situación como caldo de cultivo, el autor lanza una serie de hipótesis que encadena sucesivamente hasta llegar a un imaginario escenario político y social para la Francia de 2022. Fecha en la que el país de la Liberté! Egalité! Fraternité! contaría con un gobierno musulmán y la Unión Europea tendría ya entre sus miembros a Turquía. Una imagen de futuro a medio plazo con ánimo de generar interrogante al respecto. ¿Pura ficción literaria? ¿Una realidad con mayor o menor grado de probabilidad? ¿O un acontecimiento ya iniciado e irreversible?

En su exposición, Houellebecq deja claro que todo régimen es conquistado porque previamente se ha canibalizado, ha caído derrotado por sí mismo. Una debacle de la que hace responsable al sistema capitalista, que en un lugar de ser un mecanismo proporcionado y equitativo de reparto de la carga del trabajo y de sus beneficios, ha acabado por convertirse en un sistema de explotación y de acopio egoísta por parte de unos pocos. Avaricia que ha traído consigo el fin de la familia como modo de organización de las personas y de las creencias espirituales con el individualismo generado. Supuestos con los que podemos estar más o menos de acuerdo, pero que seguro que no dejan indiferente a nadie y provocan debate.

Sensación en la que el escritor francés ahonda de manera inteligente retratando a un protagonista poco dotado para las relaciones sociales, un hombre que transforma su incapacidad social e insatisfacción íntima en misoginia y clasismo. Un profesional supuestamente humanista que en sus diatribas intelectuales consigo mismo según avanza la acción recurre a otro polémico referente, Nietzsche (“… si el Islam desprecia el cristianismo, tiene mil veces derecho a hacerlo, el Islam tiene como presupuesto suyo varones… el cristianismo nos arrebató la cosecha de la cultura antigua, más tarde volvió a arrebatarnos la cosecha de la cultura islámica…”), ese mismo del que se dice que pudo inspirar a Hitler. En definitiva, François es una clara e inteligente alegoría del entorno en el que ha crecido y se ha formado a lo largo de varias décadas y de la situación que le toca vivir en el hoy.

En lo estrictamente formal, “Sumisión” es literatura muy bien planteada, con una estructura que avanza de manera clara en su exposición de supuestos, hechos y consecuencias prácticas. Una narrativa en la que se alternan los diálogos de exposición de ideas, principios y teorías, con monólogos interiores. Sin pudor alguno, desnudos y descarnados, agrestes, primarios, casi animales en algunos momentos, Michel Houellebecq deja claro que hay quien no tiene mayor interés por la vida que el del beneficio propio en el día a día y el de la supervivencia, cueste lo que cueste, llegada una situación límite.