Archivo de la etiqueta: Grecia

“Ushuaia” de Alberto Conejero

De la misma manera que la Historia vuelve a repetirse si nos negamos a aprender de ella, el pasado personal no acepta ser ocultado y nos obligará a cometer una y otra vez los errores que nos avergüenzan si no los reconocemos y curamos las heridas causadas. Un trayecto no siempre lineal, desde Grecia hasta el sur de Argentina, desde los años 40 hasta los 80 del s. XX, guiado por el amor, la conciencia y el deseo de reconciliación.

Ushuaia tiene un primer plano de lectura, ese en el que el ermitaño y ya anciano Mateo recibe en su casa en Tierra de Fuego a Nina, una mujer que va a trabajar cuidando de él y uno paralelo en el que la joven judía Rosa y el oficial nazi Mattheus hablan idiomas distintos cuarenta años antes en Tesalónica. Pero hay otro nivel, otra dimensión que enlaza ambas parejas y sus coordenadas geográficas y temporales, que inicialmente no acertamos a saber cuál es, pero que poco a poco -y a medida que avancen sus historias individuales, combinadas y cruzadas- se irá descubriendo. Más allá de los 13.000 km y las cuatro décadas que les distancian, lo que les separa y les une a la vez es la fuerza de un pecado por expiar, de una falsa libertad pidiendo ser cancelada, de una verdad que clama por ocupar su lugar.

Conejero expone con suma claridad el punto de partida de cada una de sus tramas, haciéndolas avanzar con la ayuda de unos diálogos precisos y una expresividad sencilla que, más que asertiva, resulta honesta con la personalidad y el sentir de sus personajes. Su delicado lirismo que todo lo cubre en otros de sus trabajos queda aquí reservado para los elementos que nos van dando las claves con que se disuelven las brumas de lo que enlaza a sus protagonistas y a nosotros nos intriga. Los versículos del Apocalipsis, los pasajes del Moby Dick de Melville y las piezas musicales germánicas y otomanas aludidas son los pliegues de la conciencia en los que se refugian la culpa, la vergüenza y el remordimiento. Manifestaciones de una soledad árida y un dolor seco, casi crónico, que tiñe cada una de las líneas de este texto.

Todo ello en una atmósfera que tienen algo de la nebulosa del cine clásico a la que se alude en algún momento y mucho del thriller de aquellas películas bélicas que años después del fin de la II Guerra Mundial nos ayudaron a descubrir la barbarie del nazismo y el horror del Holocausto. Coordenadas que enmarcan lo que sucede en Ushuaia, pero en las que su autor no se encorseta, sino que se sirve de ellas para observar y analizar la conducta humana en un intento de entender cuál es el motor que nos mueve. No solo en un momento concreto como individuos o en una época más amplia como sociedad, sino como civilización que ha sido capaz de lo mejor, pero también de lo peor desde el principio de los tiempos.

Sin llegar a las cotas de La piedra oscura o Todas las noches de un día, este trabajo de Alberto es más que notable y ojalá vuelva a ser llevado a las tablas con más acierto que el que tuvo el montaje con el que se estrenó en el Teatro Español en 2017. Lo merece.

Ushuaia, Alberto Conejero, 2013, Asociación de Directores de Escena de España.

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10 novelas de 2018

Títulos publicados tanto a lo largo de los últimos meses como en años anteriores. Autores españoles y residentes en EE.UU. Recuerdos de la infancia, frescos históricos, crónicas sobre el amor y el desamor y denuncias de la injusticia y la desigualdad.

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“V y V. Violación y venganza” de Pilar Bellver. Con la estructura y el desarrollo tranquilo y de amplio alcance de los clásicos de la literatura del XIX a los que hace referencia, uniéndole una profunda exposición de sus personajes protagonistas a través de unos diálogos –conversados, redactados a mano o tecleados como e-mail- escritos de manera maestra. La historia de dos hermanas de apellido noble a lo largo de un tiempo –desde la pequeña España de los 80 hasta el mundo global del s. XXI- bajo el eterno freno y la pesada sombra del siempre omnipresente yugo invisible del heteropatriarcado.

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“Sol poniente” de Antonio Fontana. Volver la mirada a la Málaga de cuando se era niño para dejar aflorar los recuerdos de aquellos años en que se forjó nuestra identidad. Un ejercicio de intimidad en el que las palabras son el medio para llegar a las sensaciones que se quedaron grabadas en la piel, las verdaderas protagonistas de esta delicada novela. Un relato auténtico, que desprende nostalgia con simpatía y buen humor pero sin añoranzas sentimentales, celebrando que somos el resultado de quienes fuimos y de cuanto nos aconteció.

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“Las tres bodas de Manolita” de Almudena Grandes. Con su habitual saber hacer literario, Grandes desarrolla una serie de tramas en las que los acontecimientos históricos se combinan a la perfección con los dramas personales de sus protagonistas. El tercer episodio de su saga sobre el conflicto interminable que fue la Guerra Civil es una novela que nos permite conocer cómo era la vida de aquellos que intentaron mantener la ilusión a pesar de haber sido derrotados por el fascismo y continuar torturados por el franquismo.

LasTresBodasDeManolita

“El invitado amargo” de Vicente Molina Foix y Luis Cremades. El recuerdo del amor vivido visto con la perspectiva de las tres décadas transcurridas desde entonces. Del ímpetu, el desconocimiento y la experimentación de los que se inician como adultos al reposo, la retirada y el balance de los ya instalados en la madurez. Un intercambio folletinesco con dos voces narradoras, capítulos escritos por separado que enfrentan y complementan dos puntos de vista sobre un enamoramiento difuso y una relación que nunca terminó de cuajar pero que tampoco llegó a disolverse.

ElInvitadoAmargo

“Llámame por tu nombre” de André Aciman. Una lograda expresión del deseo y la pasión a los diecisiete años. Una narración obsesiva que quiere entender lo que está sucediendo, anárquica en su búsqueda de palabras con las que expresarse, desesperada por convertirlas en hechos que hagan que las emociones individuales se conviertan en sensaciones compartidas. Una historia guiada por el latido del corazón y el impulso de la libido de sus protagonistas.

LlamamePorTuNombre

“Un incendio invisible” de Sara Mesa. La bancarrota y hecatombe de Detroit le inspiran a Sara Mesa una historia sobre una ciudad apocalíptica en la que no quedan más que personas abandonadas o sin lugar al que ir. Una urbe en la que todo lo que conforma nuestro modelo de bienestar alcanza tal nivel de degradación que peligra hasta la convivencia y el carácter humano de las personas. Una inteligente y sugerente ficción que juega con logrado acierto a exponer, sin enjuiciar, la deriva moral de lo que está relatando.

UnIncendioInvisible

“Lecciones de abstinencia” de Tom Perrotta. A caballo entre la sátira y un despiadado realismo, esta novela muestra el control que el fundamentalismo religioso pretende tener de todo individuo convirtiendo su vida privada -el sexo, el consumo o los hábitos lúdicos- en un continuo campo de batalla. Un sarcástico retrato de la clase media estadounidense y de la decadencia de su modelo de sociedad, de su falta de cohesión, de sus endebles valores y de su falta de rumbo.

LeccionesDeAbstinencia

“Middlesex” de Jeffrey Eugenides. Varias buenas novelas en una única y genial. Un muy bien guiado recorrido por el mundo global que va de los conflictos entre Turquía y Grecia tras la I Guerra Mundial al Berlín posterior a la reunificación alemana pasando por el EE.UU. acogedor de miles de refugiados en los años 30 hasta la extensión del movimiento hippie en los 70. Dentro de él una saga familiar que aúna a la perfección lo antropológico y lo sociológico con lo vivencial y lo emocional. Y también un relato valiente, pedagógico, sensible y acertado sobre la verdad y la realidad de la intersexualidad.

Middlesex

“Honrarás a tu padre” de Gay Talese. Excelente crónica publicada en 1971, entre la ficción literaria y la objetividad periodística, sobre la evolución de la Mafia en la ciudad de Nueva York –y sus ramificaciones en otras partes de EE.UU.- en la que las influencias y las luchas de poder se combinan con la vida personal y familiar de Bill Bonanno. Un sobresaliente retrato de las raíces, las motivaciones y los fines de aquellos que hacían de la ilegalidad –cuando no, la criminalidad- las coordenadas en las que desarrollaban sus trayectorias vitales.

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“Haz memoria” de Gema Nieto. La historia de tres generaciones de mujeres que es también la no contada de muchas familias de nuestro país. De un tiempo aun convulso que pide volver a él para calmar los asuntos pendientes, para darle luz a aquellos pasajes vividos a escondidas y después condenados al olvido. Una sentencia de negación que anuló el futuro de los que sobrevivieron y lastró a sus descendientes.

HazMemoria

“Middlesex” de Jeffrey Eugenides

Varias buenas novelas en una única y genial. Un muy bien guiado recorrido por el mundo global que va de los conflictos entre Turquía y Grecia tras la I Guerra Mundial al Berlín posterior a la reunificación alemana pasando por el EE.UU. acogedor de miles de refugiados en los años 30 hasta la extensión del movimiento hippie en los 70. Dentro de él una saga familiar que aúna a la perfección lo antropológico y lo sociológico con lo vivencial y lo emocional. Y también un relato valiente, pedagógico, sensible y acertado sobre la verdad y la realidad de la intersexualidad.

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Middlesex bien podría tomarse como una muestra actual de la influencia de la cultura clásica griega, como una narración que ficciona algunas de las múltiples caras de la realidad del siglo XX. Sin embargo, en sus páginas no hay mitos explicativos de situaciones y circunstancias que necesiten de un halo de magia y ficción para ser comprendidos. Lo que en ellas se relata son historias, circunstancias y vivencias que podrían contar muchas más personas que las que conforman la familia Stephanides.   El acierto está en hacerlo como si fueran una sucesión de muñecas rusas, con la salvedad de que entre estas matrioskas hay una serie de vasos comunicantes que hace que al tiempo que conforman un relato lineal, todas ellas sean protagonistas y secundarias a la vez, continentes y contenido a la par.

Eugenides inicia su novela relatando uno de los últimos ocasos históricos de los helenos, cuando las tropas turcas les expulsaron, finalmente, en 1922 de su territorio asiático. Un prólogo que sirve para explicarnos la formación de EE.UU. como una nación crisol de orígenes, culturas y etnias. Millones de personas acudieron hasta allí a lo largo de mucho tiempo por un doble motivo, huyendo de los conflictos y la pobreza de sus lugares de origen y atraídos por su promesa de ser la tierra de las oportunidades. Un eslogan permanente, con luces y sombras también perennes, tal y como muestra la evolución del país a lo largo de episodios como la ley seca, la participación en la II Guerra Mundial, el consumismo capitalista, la eclosión de los movimientos de igualdad racial o el inicio de la apertura y el conocimiento sexual y la socialización de las drogas que llegó con los hippies en los años 60.

Ese es el hilo temporal que recorren las tres generaciones de los Stephanides a los que conocemos. Los primeros, los abuelos, griegos desplazados; los segundos, los padres, americanos con raíces extranjeras; los terceros, los hijos, ciudadanos plenamente estadounidenses. A través de ellos somos testigos de cómo viven las personas de a pie los grandes acontecimientos, cómo se transforma su entorno, evolucionan sus valores y hábitos de consumo, se amplía su catálogo de referentes, las maneras de relacionarse y, por tanto, sus propias vidas.

Pero la maestría de Middlesex está en cómo profundiza en el recorrido cronológico de las vivencias para adentrarse de lleno en la construcción de la identidad individual, concepto en el que se aúnan la herencia cultural, la influencia ambiental y la disposición genética. Una descripción del universo micro de las emociones y las sensaciones, de aquello que es individual e íntimo, invisible para los demás y que solo se puede vivir, expresar y compartir con autenticidad cuando se conoce y acepta plenamente.

La habilidad narrativa de Jeffrey Eugenides se hace aún más patente con su certera descripción de ese viaje más amplio y vertiginoso, arduo y complicado que cualquier otro cuando la circunstancia con la que toca convivir (intersexualidad) no solo no tiene modelos que la ejemplifiquen ni palabras actuales para ser identificada correctamente (tan solo el término clásico de hermafrodita), sino que las pocas alusiones al respecto (monstruosidad) son más que confusas y erróneas, son insultantes e hirientes. Una travesía paralela a las anteriores a la par que alegoría amplificada de los retos, logros y luchas pendientes de aquellas.

“Y las montañas hablaron” de Khaled Hosseini

YLasMontañasHablaron

La dicotomía entre el hoy y el ayer es la línea temporal y narrativa en la que discurren las historias escritas hasta ahora por Khaled Hosseini sobre Afganistán a través de relatos cargados de una gran emocionalidad. A la visión de los niños de “Cometas en el cielo” y la de las niñas de “Mil soles espléndidos” le ha seguido “Y las montañas hablaron”. Esta vez la historia comienza con un niño y una niña, hermanos, unidos en el Afganistán rural de principios de la década de los 50 por el vínculo más irracional y más fuerte posible, el de la sangre, el genético. Queda así planteado el componente e hilo emocional de la historia.

A partir de ahí y al modo de un mapa de novela decimonónica surgen otros personajes cuya historia se prolonga temporal y geográficamente en “Y las montañas hablaron” como ríos, cauces que en muchos momentos luchan contra la intervención del hombre para discurrir por la senda que la naturaleza les tiene asignada. Así es como conocemos  con la precisión de un guión cinematográfico los detalles que según Hosseini definían la autenticidad rural afgana y el esplendor del Kabul que asombraba a sus habitantes y visitantes a mediados del s. XX y el que atemoriza a los actuales en el s. XXI.

Desde aquí, vamos y venimos en el tiempo con los distintos personajes a otros lugares como la actual California (donde reside una importante comunidad de afganos que emigraron tras la entrada de los soviéticos en el país en la década de los 80), el París de los revolucionarios años 60 y 70, o las islas griegas de antes y después del boom del nacimiento de la industria del turismo. En estos emplazamientos nos encontramos a su vez con otras identidades, lo que aunque constituye pequeñas historias bien construidas (podrían ser origen incluso de otras novelas), influye sobre el conjunto de la historia haciendo que esta se aleje del que presupones su centro argumental y narrativo, las emociones asociadas a determinados lugares, las de los personajes que te atraparon en las primeras páginas como originadores y articuladores de esta historia.

Por momentos se plantea la duda de qué o quién es el eje central de la lectura, quién nos lo narra –si el autor o determinados personajes- y qué ha sido de aquellos flecos narrativos que en el avance de las páginas se han quedado atrás. Aunque al estilo de las grandes novelas, todo está planteado para que las piezas confluyan y el resultado sea más que la suma de sus partes, esa magia en la que uno más uno resultan tres no surge en “Y las montañas hablaron”.

En cualquier caso, un relato entretenido con el que prolongar la lectura de las obras anteriores de Khaled Hosseini  y acceder desde su sensible punto de vista a la realidad humana, cultural y social de un país que no vemos por el conflicto y la violencia en que viven desde hace ya más de tres décadas.

(imagen tomada de amazon.es)