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“Privacidad es poder” de Carissa Véliz

Hemos asumido con tanta naturalidad la perpetua interconexión en la que vivimos que no nos damos cuenta de que esta tiene un coste, estar continuamente monitorizados y permitir que haya quien nos conozca de maneras que ni nosotros mismos somos capaces de concebir. Este ensayo nos cuenta la génesis del capitalismo de la vigilancia, el nivel que ha alcanzado y las posibles maneras de ponerle coto regulatorio, empresarial y social.

El 11 de septiembre de 2001 puso sobre la mesa la necesidad de una actualización de los sistemas preventivos de seguridad para evitar atentados como los que aquel día acabaron con la vida de tres mil personas. Argumento con el que gobiernos como el de EE.UU. demandaron tener acceso a nuestros correos electrónicos, llamadas y mensajes telefónicos y cuanta transacción comercial realizáramos para, supuestamente, detectar intenciones terroristas. Al tiempo, tomaban forma compañías como Google que, tras comenzar como taxonomista de contenidos, tornó su modelo de negocio para convertirse en la mayor plataforma publicitaria del mundo y monetizar el conocimiento que obtenía de nuestros hábitos, intereses y personalidad con el uso que hacemos de su buscador.

Silicon Valley no se quedó ahí, surgieron otras empresas como Facebook y crecieron exponencialmente las maneras de obtener datos sobre nosotros. Domotizamos nuestros hogares, nos geolocalizamos a través de nuestros smartphones, compramos on line, vemos películas por streaming y manifestamos qué pensamos, gusta y desagrada a través de las redes sociales. Mientras tanto, las autoridades no hacían nada al respecto, la revolución digital era el perfecto aliado para avanzar en su propósito de controlar cuanto fuera necesario para seguir en el poder. Hasta que este tornó en su contra, como quedó demostrado en las elecciones estadounidenses de 2016, y evidenció el grave riesgo que puede suponer para la pervivencia de nuestras democracias.

En lo que respecta a nuestra cotidianidad individual, hemos comprobado cómo el progreso que conlleva esta tecnificación tiene un lado oscuro. Espían nuestras conversaciones (recuerda ese anuncio que te surgió en el navegador tras una charla informal), se nos evalúa laboral (procesos de selección) y médicamente (las compañías de seguros lo hacen) por algoritmos que tienen los mismos sesgos que las personas que quienes les programaron y se está obligando a muchas personas (he ahí los bancos con nuestros mayores) a pasar por el aro de la productividad en lugar de seguir relacionándose bajo coordenadas de diálogo, cercanía y empatía.

A pesar de todo esto, la obtención y comercio de datos sigue siendo un campo de actuación casi libre, en el que las empresas actúan impunemente por la falta de regulación y la escasa capacidad (y voluntad) de acción al respecto de las administraciones públicas. Desconocemos la exactitud de los datos que obtienen de nosotros, así como los medios que utilizan para ello, menos aún del tratamiento que hacen de los mismos, a quién se los facilitan. Lo que supone no solo un atentado a nuestra privacidad presente, sino un riesgo para nuestro futuro al no saber cómo se gestionan ni con qué fines.

Y tal y como afirma Véliz, la falta de transparencia nunca es una buena señal, no hay más que ver la creciente polarización en la que estamos sumidos y las situaciones de alto riesgo para nuestra convivencia que llevamos acumuladas en los últimos años. Por eso aboga por una regularización en la que prime la opción de ceder datos en lugar de solicitar que no se nos tomen, en la imposibilidad de poder utilizarlos para diseñar publicidad hiper personalizada, en no poder tomar más que aquellos estrictamente necesarios para fines tecnológicos y solo durante un tiempo limitado. En definitiva, hacer del mundo digital un entorno seguro en el que podamos movernos con el mismo anonimato y certezas que en el físico o presencial.

Privacidad es poder, Carissa Véliz, 2021, Editorial Debate.  

10 ensayos de 2021

Reflexión, análisis y testimonio. Sobre el modo en que vivimos hoy en día, los procesos creativos de algunos autores y la conformación del panorama político y social. Premios Nobel, autores consagrados e historiadores reconocidos por todos. Títulos recientes y clásicos del pensamiento.

“La sociedad de la transparencia” de Byung-Chul Han. ¿Somos conscientes de lo que implica este principio de actuación tanto en la esfera pública como en la privada? ¿Estamos dispuestos a asumirlo? ¿Cuáles son sus beneficios y sus riesgos?  ¿Debe tener unos límites? ¿Hemos alcanzado ya ese estadio y no somos conscientes de ello? Este breve, claro y bien expuesto ensayo disecciona nuestro actual modelo de sociedad intentando dar respuesta a estas y a otras interrogantes que debiéramos plantearnos cada día.

“Cultura, culturas y Constitución” de Jesús Prieto de Pedro. Sea como nombre o como adjetivo, en singular o en plural, este término aparece hasta catorce veces en la redacción de nuestra Carta Magna. ¿Qué significado tiene y qué hay tras cada una de esas menciones? ¿Qué papel ocupa en la Ley Fundamental de nuestro Estado de Derecho? Este bien fundamentado ensayo jurídico ayuda a entenderlo gracias a la claridad expositiva y relacional de su análisis.

“Voces de Chernóbil” de Svetlana Alexévich. El previo, el durante y las terribles consecuencias de lo que sucedió aquella madrugada del 26 de abril de 1986 ha sido analizado desde múltiples puntos de vista. Pero la mayoría de esos informes no han considerado a los millares de personas anónimas que vivían en la zona afectada, a los que trabajaron sin descanso para mitigar los efectos de la explosión. Individuos, familias y vecinos engañados, manipulados y amenazados por un sistema ideológico, político y militar que decidió que no existían.

«De qué hablo cuando hablo de correr» de Haruki Murakami. “Escritor (y corredor)” es lo que le gustaría a Murakami que dijera su epitafio cuando llegue el momento de yacer bajo él. Le definiría muy bien. Su talento para la literatura está más que demostrado en sus muchos títulos, sus logros en la segunda dedicación quedan reflejados en este. Un excelente ejercicio de reflexión en el que expone cómo escritura y deporte marcan tanto su personalidad como su biografía, dándole a ambas sentido y coherencia.

“¿Qué es la política?” de Hannah Arendt. Pregunta de tan amplio enfoque como de difícil respuesta, pero siempre presente. Por eso no está de más volver a las reflexiones y planteamientos de esta famosa pensadora, redactadas a mediados del s. XX tras el horror que había vivido el mundo como resultado de la megalomanía de unos pocos, el totalitarismo del que se valieron para imponer sus ideales y la destrucción generada por las aplicaciones bélicas del desarrollo tecnológico.

“Identidad” de Francis Fukuyama. Polarización, populismo, extremismo y nacionalismo son algunos de los términos habituales que escuchamos desde hace tiempo cuando observamos la actualidad política. Sobre todo si nos adentramos en las coordenadas mediáticas y digitales que parecen haberse convertido en el ágora de lo público en detrimento de los lugares tradicionales. Tras todo ello, la necesidad de reivindicarse ensalzando una identidad más frentista que definitoria con fines dudosamente democráticos.

“El ocaso de la democracia” de Anne Applebaum. La Historia no es una narración lineal como habíamos creído. Es más, puede incluso repetirse como parece que estamos viviendo. ¿Qué ha hecho que después del horror bélico de décadas atrás volvamos a escuchar discursos similares a los que precedieron a aquel desastre? Este ensayo acude a la psicología, a la constatación de la complacencia institucional y a las evidencias de manipulación orquestada para darnos respuesta.

“Guerra y paz en el siglo XXI” de Eric Hobsbawm. Nueve breves ensayos y transcripciones de conferencias datados entre los años 2000 y 2006 en los que este historiador explica cómo la transformación que el mundo inició en 1989 con la caída del muro de Berlín y la posterior desintegración de la URSS no estaba dando lugar a los resultados esperados. Una mirada atrás que demuestra -constatando lo sucedido desde entonces- que hay pensadores que son capaces de dilucidar, argumentar y exponer hacia dónde vamos.

“La muerte del artista” de William Deresiewicz. Los escritores, músicos, pintores y cineastas también tienen que llegar a final de mes. Pero las circunstancias actuales no se lo ponen nada fácil. La mayor parte de la sociedad da por hecho el casi todo gratis que han traído internet, las redes sociales y la piratería. Los estudios universitarios adolecen de estar coordinados con la realidad que se encontrarán los que decidan formarse en este sistema. Y qué decir del coste de la vida en las ciudades en que bulle la escena artística.

«Algo va mal» de Tony Judt. Han pasado diez años desde que leyéramos por primera vez este análisis de la realidad social, política y económica del mundo occidental. Un diagnóstico certero de la desigualdad generada por tres décadas de un imperante y arrollador neoliberalismo y una silente y desorientada socialdemocracia. Una redacción inteligente, profunda y argumentada que advirtió sobre lo que estaba ocurriendo y dio en el blanco con sus posibles consecuencias.

“La sociedad de la transparencia” de Byung-Chul Han

¿Somos conscientes de lo que implica este principio de actuación tanto en la esfera pública como en la privada? ¿Estamos dispuestos a asumirlo? ¿Cuáles son sus beneficios y sus riesgos?  ¿Debe tener unos límites? ¿Hemos alcanzado ya ese estadio y no somos conscientes de ello? Este breve, claro y bien expuesto ensayo disecciona nuestro actual modelo de sociedad intentando dar respuesta a estas y a otras interrogantes que debiéramos plantearnos cada día.

No hay política de comunicación, sino de imagen. El sexo es hoy más fast-food que lenguaje. Los algoritmos de las redes sociales te muestran una falsa realidad, solo ves lo que quieres ver y te ocultan todo aquello que podría sorprenderte o abrirte los ojos y la mente a nuevas circunstancias. Estas son algunas de las reflexiones, mías o de otros, que he recordado al leer los nueve capítulos en que Han analiza hasta dónde hemos llevado nuestro modelo de organización social. Un presente al que hemos llegado retorciendo los valores democráticos, anestesiando el espíritu crítico inundándolo de información sin contenido y monetizando cuanto hacemos, vivimos, logramos y ofrecemos.

Asunto complejo con múltiples influencias cruzadas y retroalimentándose que hacen difícil establecer un principio o causa iniciadora. Pero entre las diferentes cuestiones que señala, destaco la exigencia de transparencia como muestra de falta de confianza en los principios, procedimientos y logros de los gestores del sistema político. Cuestión que pretendemos solventar pretendiendo que cuantos intervienen en su diseño, funcionamiento y auditaje estén sometidos continuamente al escrutinio público, olvidando que de esta manera negamos el retiro, la privacidad y la intimidad que exige todo proceso de creatividad, innovación y estrategia.

Súmese a este asunto otro más abstracto, pero tan o más importante. El desarrollo de internet y el alcance de las redes sociales han traído consigo la hipercomunicación y la hiperinformación. El resultado es que nos inunda lo cuantitativo y somos incapaces de valorar, priorizar y relacionar cualitativamente, de encontrar lo que verdaderamente necesitamos o queremos en ese maremágnum de datos, fuentes y versiones. La posibilidad de elegir qué ver, escuchar y leer, así como el convertirnos en autores y emisores de piezas que formen parte de ese ecosistema textual y/o audiovisual se ha vuelto en nuestra contra. Hemos creído que el mecanismo capitalista de la oferta y la demanda estaba de nuestro lado, cuando lo que realmente estaba sucediendo es que le facilitábamos cuanto requiere para convertirnos en clientes de una mercancía que somos también nosotros. He ahí la paradoja.

A su vez, la digitalización ha hecho que las imágenes construidas -el cine, la publicidad, las fotografías tomadas con nuestras cámaras- pasen de ser cotidianas a banales por la facilidad y bajo coste de su elaboración, registro y divulgación. Ya no las visualizamos, sino que las consumimos. Hemos reducido su existencia a esos escasos segundos en que tardan en recibir -o no- un “me gusta”, prostituyendo tanto su supuesto mensaje como su contenido. Con la derivada de que nosotros mismos nos hemos convertido en contenido bajo la modalidad de selfies, robados y posados con los que atestiguar el ego y el cortoplacismo del protagonismo de nuestra existencia, así como nuestro cumplimiento de los cánones de éxito del momento confiando en ser reconocidos socialmente y recompensados económicamente por ello.

¿Daremos marcha atrás en este proceso de sobreexposición y ruido en el que vivimos hoy en día? ¿Ayudaría que tuviéramos gobiernos y representantes públicos más eficaces y mejores comunicadores? ¿Volverán los medios de comunicación a practicar un periodismo con contenido crítico en lugar de estar pendientes de los seguidores, descargas y visitas de sus cuentas 2.0 y páginas web? ¿Tomaremos conciencia los ciudadanos de los pros y contras de nuestro actual modelo de sociedad y actuaremos en consecuencia? Que siga el debate y la reflexión.

La sociedad de la transparencia, Byung-Chul Han, 2012, Herder Editorial.

“El amor desordenado” de Alex Pler

A vueltas con el amor. ¿Otra vez? Sí. ¿Acaso no es el amor lo que nos mueve de continuo? Pero siempre desde la inconformidad. Cuando lo vivimos formalmente por lo que nos podemos estar perdiendo. Cuando no lo tenemos, por el vacío que evidencia su continuo deseo. Y mientras tanto, esa cortina de humo que es, o no, el sexo. 39 brevedades en las que Alex Pler combina la transparencia, la espontaneidad y la ingenuidad en una realidad que está a mitad de camino entre la verdad y la ficción de uno mismo.

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Que Alex no tiene ningún problema en compartirse ya quedó claro en La noche nos alumbrará y que el amor, el eterno amor, está tan presente en su imaginario como en las letras de las canciones que escuchamos y los guiones de las películas que vemos, resultó patente en El mar llegaba hasta aquí. Uniendo lo uno y lo otro, junto con la inspiración generada por amantes y (des)amantes (como dice en la página final de agradecimientos), surgen estos relatos breves que también podrían considerarse apuntes de un escritor.

Conatos de grandes historias que, como no lo fueron en la vida real, tampoco lo van a ser en la literaria y a los que dedica sobre el papel el mismo tiempo que tuvieron ese día ya pasado en que sucedieron. Golpes de sinceridad emocional que una vez que toman forma escrita se cierran con un punto y final. Cada uno de ellos podría haber sido el inicio de algo que se quedó en un ensayo y error más, otra dosis de experiencia, un suma y sigue en eso que se llama vida, búsqueda, madurez o crecimiento. Aunque a veces dé la sensación de que estos términos sean eufemismos de lo que, impotentemente, sentimos como fracaso e imposibilidad.

Tiempo atrás vi una video entrevista en la que Pler decía que le interesaba practicar “el haiku” –será la influencia nipona de la que es tan fan-, ir a la esencia y la autenticidad, liberarse de adornos y circunloquios. Viendo que Alex se ha aplicado este principio a sí mismo –siempre nos quedará la duda de cuánto hay de autobiografía y cuánto de realidad ficcionada en estas escenas-, se ha de deducir que El amor desordenado tiene mucho de desnudez, pero de la difícil, la de la intimidad. En sus páginas queda claro que quitarse la ropa frente a un desconocido (o ante dos) es fácil, lo complicado es mostrar el corazón, sinónimo de algo mucho más delicado, de saber, aceptar y estar dispuestos a mostrar que somos vulnerables.

Me atrevo a decir que si eres esa clase de persona, disfrutarás como lector de El amor desordenado y percibirás la sensibilidad de las ilustraciones de Luitego, que le van como anillo al dedo (vaya, una imagen alegórica de ese término tan tremendo que es “compromiso”) a cada uno de sus episodios. Si no es tu caso, puede que seas una persona como esos hombres que, como en estas narraciones, ves dos o tres veces, encuentras una noche de fiesta, te hablan a través de una aplicación de contactos, te invitan a su casa o te visitan en la tuya y para los que sientes que al día siguiente no eres más que, si acaso, un vago recuerdo.

“Algún día este dolor te será útil” de Peter Cameron

Tener 18 años no ha sido fácil para casi nadie. Y escribir sobre ello con honestidad menos aún. Con Peter Cameron lo primero queda bien claro. De su mano, lo segundo se convierte en una historia llena de respeto y cercanía, sin condescendencia ni juicio alguno. «Algún día…” resulta una lectura apasionante por su estilo directo y sin adornos y unos diálogos ágiles, frescos y prolíficos con los que nos hace llegar el conflicto que es la vida cuando no se dispone de experiencia ni de conocimientos contrastados para hacer frente ni a las interrogantes ni a las expectativas de los demás.

AlgunDiaEsteDolorTeSeraUtil

Normalmente, la adolescencia suele ser reflejada en el cine, en la literatura o en la prensa como años de confusión en los que el niño se niega a aceptar los principios de corrección y utilidad bajo los que ha de tomar las decisiones con las que labrarse un proyecto de vida adulta. De ahí que los relatos que nos podemos encontrar con protagonistas en estas edades sean en muchas ocasiones de rebeldes sin causa (condenados a claudicar ante lo que es inevitable) que luchan contra sus progenitores, o de simpáticos y excesivamente edulcorados jóvenes naif, para deleite y beneplácito de sus mayores.

Ese es el mundo al que se enfrenta cada día James Sveck, un chaval inteligente y perspicaz, agudo y despierto, con pocos prejuicios y demasiada valentía. Por todo esto choca con el mundo de los adultos, el de las respuestas sin preguntas, el de las decisiones tomadas sin tener definidos los objetivos, el de recorrer caminos sin saber a dónde llevan,… En su relato en primera persona demuestra una visión sagaz que convierte las incongruencias y las paradojas de las que es testigo en una historia que va más allá de su aparente acidez e ironía. La realidad y la fuerza de su narración están en el verismo y la transparencia con la que refleja ese mundo del que no se siente parte y que le exige integrarse en él acatando unos valores y asumiendo unos comportamientos concretos sin explicarle sus porqués ni los para qués.

La familia y los modelos de relaciones afectivas, la incomunicación en persona y la exhibición de la desnudez interior a través de la pantalla de un ordenador, el postureo de los mundos del arte y de las finanzas, los estudios universitarios como un fin en sí mismo en lugar de como un medio hacia la formación personal y profesional, los convencionalismos en torno a la orientación sexual,… No hay escenario de la vida de James, de la vida real de alguien con 18 años que no sea tratado en la profundidad, relatividad y peso que le corresponda en las páginas de esta novela.

El responsable de este tratamiento tan completo es Peter Cameron, un escritor que respeta la autonomía de su protagonista, no haciendo de él ni un adolescente inadaptado ni un medio para ofrecer una visión sarcástica de la sociedad neoyorquina y americana. Cameron se pone en los pies de su personaje y deja a un lado su visión personal para poner su capacidad como escritor al servicio del alguien que por su edad, algo quizás también por genética y puede que otro tanto por lo ya vivido, tiene las habilidades de un adulto, pero al que le falta la experiencia y la capacidad para, en determinados momentos, resolver las situaciones que su entorno le plantea.

El otro recurso de Cameron y en el que revela una gran valía es en los diálogos que hace establecer a James con las personas con que comparte este lánguido verano (padres, hermana, jefe en la galería de arte, abuela, psicóloga,…) y que fluyen con una viveza y riqueza expresiva que ya quisiéramos ver en muchas de las situaciones de las que somos testigos o protagonistas en nuestra vida cotidiana.

Tennessee Williams que estás en los cielos

Tan irónico, ácido, sarcástico, descarado y deslenguado como intenso, profundo, inteligente y fascinante. Así es este relato autobiográfico, como así debía ser el protagonista de estas memorias. Un hombre tan atractivo y sugerente como los personajes de sus textos, tan hipnótico como las obras que han hecho de él un maestro del teatro y la literatura del s. XX.

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Como dice en sus primeras páginas, Tennessee Williams se comprometió en 1972 a escribir sus “Memorias” por dinero, pero ya puestos a ello, decidió hacerlo bien, dando rienda suelta, (durante los tres años que le llevó el proyecto) a su creatividad literaria. Y se nota que disfrutó poniendo en negro sobre blanco anécdotas, reflexiones y vivencias del ámbito familiar, social y profesional. Probablemente no lo muestre todo, pero no hay faceta de su vida –amor, sexo, amistad, trabajo,…- en la que no nos deje ver con su ágil pluma, su verbo recurrente y su espléndida prosa cómo se relacionaba y el espacio que en todas ellas ocupaban la soledad infinita, el dolor y la angustia que a todas partes le acompañaban.

            «Mi mayor aflicción y quizás el tema principal de cuanto he escrito: la aflicción de una soledad que me persigue como una sombra, una sombra agobiante, demasiado pesada para arrastrarla de continuo a lo largo de días y noches».

De familia con aires nobiliarios –nada menos que del Reino de Navarra- y pretensiones  políticas venida a menos, Thomas Lanier Williams III (1911-1983) vivió la vida al máximo desde que fuera un niño. Siendo adolescente tuvo la oportunidad de viajar por Europa, donde tuvo sus primeras crisis de ansiedad que se resolvieron felizmente por episodios místicos, sin ser él especialmente creyente. Con el tiempo intentaría resolver estas situaciones con alcohol y somníferos de todo tipo, hasta que llegó el momento de pasar una temporada en una institución psiquiátrica. Pudo haber algo de genética familiar – su hermana Rose se pasó más de media vida bajo tratamiento- pero tal y como cuenta, el carrusel de la crítica y de la aceptación del público al que debían someterse sus obras, así como el paso previo de dar con la combinación correcta de actores, directores y productores, le tuvo siempre al borde de la histeria.

Lo suyo fue una continua necesidad de escribir, esa era su manera de ser libre, de sentirse vivo. Su manera de comenzar cada día era ponerse manos a la obra frente a la máquina de escribir y dejar que fluyeran poemas, cuentos, novelas y textos teatrales que tanta gloria, fama y reconocimiento le dieron. Pero de por medio, siempre con quebraderos de cabeza en una mente capaz de hilar tan fino como para crear los geniales universos de “El zoo de cristal” o “Un tranvía llamado deseo”, pero al tiempo, incapaz de soportar una palabra en contra o la media hora de espera en que tardaban en conocerse la opinión de los críticos que habían asistido a la representación la noche del estreno.

Siempre exudando deseo como manera de ocultar su petición a gritos –como los de “De repente, el último verano”- de sentirse amado y valorado. Viviendo su sexualidad sin pudor ni prejuicio alguno, tras unos intentos de heterosexualidad en su más pronta juventud, a lo largo de toda su vida, practicando una transparencia y naturalidad que muchos llamarían entonces exhibicionismo. Y aun así, hubo espacio y tiempo para el compromiso y para construir relaciones más o menos duraderas. Coordenadas en las que Mr. Williams y sus diversas parejas y amantes también tuvieron ocasión de vivir como propias las circunstancias y escenas que incluía en sus obras (he ahí “La gata sobre el tejado de zinc caliente”): gritos, portazos, abandonos, amenazas, llantos, lamentos en público, visitas de la policía, noches en el calabozo,…

Por las páginas de estas memorias desfilan muchos de los nombres del cine, el teatro o la literatura con los que a lo largo de su carrera se cruzó Tennessee. Sobre todos ellos tiene algo que decir y que contar, aplicando ironía y sarcasmo de la misma manera que admiración y reconocimiento según de quien se trate. Las noches locas que vivió con su admirada Anna Magnani en su adorada Roma (la ciudad de sus sueños), la honda impresión que le produjo Marlon Brando al conocerle, la conexión que con su Frankie –con el que compartió catorce años- tuvo Vivien Leigh, su amistad y relación profesional durante décadas con Elia Kazan, o momentos de lo más variopinto con autores como Gore Vidal o Thornton Wilder o políticos como Fidel Castro o JFK.

De San Luis a Nueva York pasando por Chicago, La Habana, México, Los Angeles, París, Londres, Bangkok y multitud de lugares como los que encierran títulos como “Out cry”, “Dulce pájaro de juventud”, “La noche de la iguana”, “Camino real” o “La primavera romana de la señora Stone”, la vida, obra y persona de Tennessee Williams es un experiencia total que contada por él resulta de lo más apasionante, vibrante y estimulante.

Participando en la #MuseumWeek

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Esta semana pasada museos de España, Italia, Reino Unido y Francia formaron parte de esta iniciativa con el fin de acercarse a sus públicos e interactuar con ellos de una manera más intensa a lo que es habitual. Vivimos nuevos tiempos y la comunicación fluida, directa y transparente es necesaria en todas las instituciones, incluidas las culturales, para fidelizar a sus públicos existentes y conectar con aquellos potenciales. En este último hay que destacar sobre todo a los jóvenes, ellos son (¿somos?) quizás los más importantes porque el futuro de los museos dependerá algún día de los hábitos de este colectivo.

Comunicación directa y público joven, dos objetivos que conseguir a través del que hoy es el mejor medio para ello, las redes sociales, y Twitter la más idónea para ello.

Cada día de la semana se ha dedicado a un aspecto en concreto bajo los siguientes hashtags:

Lunes 24 – #DayInTheLife
Martes 25 – #MuseumMastermind
Miércoles 26 – #MuseumMemories
Jueves 27 – #BehindTheArt
Viernes 28 – #AskTheCurator
Sábado 29 – #MuseumSelfies
Domingo 30 – #GetCreative

Aunque hay diversidad en como cada museo ha dirigido la conversación según los hashtag, se podría generalizar diciendo que unos días han sido más interactivos recibiendo preguntas (#DayInTheLife y #AskTheCurator) , proponiendo adivinanzas (#MuseumMasterMind) o solicitando propuestas (#GetCreative) y autofotos (#MuseumSelfie), y otros han resultado jornadas de puertas abiertas en que los museos daban a conocer su pasado (#MuseumMemories) o su día a día (#BehindTheArt).

Y en este maremágnum de temas de conversación, ahí va una selección de mi participación y diálogo con distintos museos en #ADayInTheLife, #MuseumSelfie y #GetCreative. Muchas gracias a todos ellos.

#ADayInTheLife

Desde su inicio son el «icono» de la ciudad de Bilbao, ¿influye esto en su gestión? @MuseoGuggenheim Imprime un plus de responsabilidad, pero Bilbao tiene más activos que influyen en su actual reconocimiento mundial.

Sois un museo adscrito a un espacio físico muy concreto/reducido, ¿qué pros y contras tiene? @MuseoDelRomanticismo El principal pro es que las colecciones expuestas se adecuan a la época y el estilo del edificio. Y el principal contra es que al estar ubicados en un edificio histórico, no tenemos posibilidad de crecimiento. ¡En estos links puedes encontrar más info sobre la adaptación de nuestro espacio!

¿Qué porcentaje de exposiciones y actividades organizáis a partir de propuestas de personal ajeno al CCCB? @cececebe No podemos dar una cifra exacta porque no nos movemos por % Hay parte de programación propia como #Xcèntric, propuestas mixtas como #BCNmp7 (idea propia con programadores externos) y programación 100% externa, que es bastante

¿Cómo surge la idea de una exposición? ¿Cuánto tiempo transcurre desde la idea hasta la expo? @museoreinasofia Una exposición es el resultado de la articulación entre la investigación del museo y las realidades que se encuentran en el arte. Pueden pasar 3 años o más entre la idea y la exposición» João Fernandes, Subdirector Artístico del Museo

¿Estáis abiertos a incorporaciones de nuevas piezas donadas por filántropos como Lázaro Galdiano? @Museo_Lazaro Hasta el momento el museo exhibe solo el legado de José Lázaro ¡gracias por la pregunta y la recomendación!

Se habla del diálogo de los museos con sus públicos, pero, ¿qué rol desempeña la comunicación interna en vosotros? @museothyssen (a través de @jmgoico) La comunicación interna en @museothyssen implica a los empleados con Colección, con expos y con actividades. ¡Y funciona!

¿Qué perfil de investigadores reciben? ¿Y peticiones de asesoramiento documental, ej. teatro, cine? @museocasalis Recibimos peticiones y solicitudes de doctorandos, estudiantes y expertos sobre #arte, museos, piezas…

«¿Te acuerdas de tu primera visita al Museo?” Por su parte el Museo del Prado pedía que le respondiéramos a esta pregunta,  y yo le conté como fue la mía: “Tendría 15 años, aún no vivía en Madrid, las obras me parecían fotogramas de películas que se animarían en cualquier momento.”

#GetCreative

Museo de la BNE ‏@BNE_museo Hoy concluye la #MuseumWeek y nos toca oír tus propuestas. Ponte estupendo, #GetCreative y dinos qué cambiarías o mejorarías en tu museo. @lucasfh1976 Crear nuevas piezas, un libro/relato que se va formando con las aportaciones de los visitantes@BNE_museo algo de eso vamos a tener en Un cadáver y 5 ilustradores

Museo Carmen Thyssen ‏@thyssenmalaga ¿Si fueras comisario, qué exposición plantearías para el Museo? @lucasfh1976 Sobre la pintura «oficial» (como la del Salón Cano) que se dio en España de los 40 a los 70

Museo Lázaro ‏@Museo_Lazaro Ayúdanos a que el #Museo esté más cerca de ti: ¿Qué harías para mejorarlo? @lucasfh1976 Talleres d la hª del propio museo, de la formación de la colección y de filantropía de su fundador. Junto con otros museos impulsar curso d verano en universidad «La filantropía en el arte ayer y hoy» @Museo_Lazaro ¡interesante! ¿Crees que habría mucha gente interesada en ellos? @lucasfh1976 Por supuesto q sí, ¡yo mismo! Conocer las colecciones está bien, pero nos falta saber cómo nos han llegado para interpretarlas Tomamos nota de tu propuesta (y de todas las demás). @Museo_Lazaro Reflexionaremos sobre ellas ¡os lo prometemos! ¿alguna más? @lucasfh1976Llevar los storify de estas conversaciones a vuestra página web y que queden como foros en los q seguir recogiendo ideas @Museo_Lazaro ¡Nos gusta! Además encaja bien con nuestro lema «Un #Museo para el #Coleccionismo »

mapfreFcultura ‏@mapfreFcultura ¿Cómo llamarías tú a la exposición «Picasso. En el taller«?¿Por qué? @lucasfh1976 «Picasso, making-off», es la trastienda, los planteamientos, la creación de la creación en la que el artista prueba qué hacer.

#MuseumSelfie

MuseumSelfie