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“Lo que pasa de noche” de Peter Cameron

Narración, personajes e historia tan fríos como desconcertantes en su actuación, expresión y descripción. Coordenadas de un mundo a caballo entre el realismo y la distopía en el que lo creíble no tiene porqué coincidir con lo verosímil ni lo posible con lo demostrable. Una prosa que inquieta por su aspereza, pero que, una vez dentro, atrapa por su capacidad para generar una vivencia tan espiritual como sensorial.

Una pareja residente en Nueva York acude a un punto del ártico europeo para recoger al hijo que se disponen a adoptar. Un lugar en el que el invierno es más su estado mental y físico que una estación del año. Habitantes y personas de paso tan peculiares y auténticas como difíciles de definir y de prever. Esos son los tres pilares con los que Peter Cameron juega a ser una suerte de David Lynch literario, acercándose en ocasiones al artificio de lo ilógico sostenido por la sobriedad de su prosa, pero equilibrándolo con la correcta combinación de luces y sombras en la aséptica presentación que realiza de la personalidad, motivaciones y comportamiento de sus personajes.

En ningún momento conocemos los nombres ni la edad de los esposos protagonistas, personas que, provenientes del mundo real, se adentran en una fantasía en la que priman el silencio, la soledad y la incomunicación. Una geografía que no solo enmarca y ambienta, sino que también influye y condiciona lo que sucede en sus coordenadas, quizás situadas en ese punto septentrional en el que convergen las fronteras de Noruega, Finlandia y Rusia. Una localización determinada, más por su espíritu kafkiano que por su fijación en un mapa, y en cuyos asépticos interiores y exteriores dominados por el blanco de la nieve se respira una indudable sensación de irrealidad. Un mundo que responde a principios imposibles de transmitir a través de la palabra, solo comprensibles para aquellos que lo habitan desde tiempos pretéritos y que mantienen con él un vínculo umbilical.

Cameron plasma la magnitud de este universo, y su concreción temporal, a través de una escritura parca y con aires de objetividad en la que priman los hechos, las presencias y los contactos interpersonales sobre los valores con que actúa cada individuo, los objetivos que persigue y la moral que determina su manera de proceder. Traslada a su estilo la displicencia que nos relata con una edición estilística en la que no identifica los diálogos, sino que los imbrica en la narración como si fueran un discurrir en el que no hay separación ni distancia entre lo visible y compartido y lo interior y reservado.

Nos contagia así la desubicación que sienten los aspirantes a padres, confundidos por no entender las claves que determinan el funcionamiento de esta ciudad tan significativa y crucial para el futuro de sus vidas. En ella ven puestas a prueba tanto su capacidad de adaptación a nivel individual, como la solidez y los fundamentos de su unión. Podría ser que quien diseccionara el inicio de la adultez en Algún día este dolor te será útil (2007), se hubiera propuesto reflexionar alegóricamente sobre lo que suponen la maternidad y la paternidad y el rol que esta tienen en el compromiso matrimonial. Dudas que Lo que pasa de noche no resuelve, pero que dejan un eco que hace que su lectura perdure en el ánimo y en la memoria de su lector.

Lo que pasa de noche, Peter Cameron, 2020 (2022 en castellano), Libros del Asteroide.

10 novelas de 2021

Dos títulos a los que volví más de veinte años después de haberlos leído por primera vez. Otro más al que recurrí para conocer uno de los referentes del imaginario de un pintor. Cuatro lecturas compartidas con amigos y sobre las que compartimos impresiones de lo más dispar. Uno del que había oído mucho y bueno. Y dos más que leí recomendados por quienes me los prestaron y acertaron de pleno.

«Venus Bonaparte» de Terenci Moix. Una biografía que combina la magnanimidad de las múltiples facetas de la historia (política, arte, religión…) con lo más mundano (el poder, el amor, el sexo…) de los seres humanos. Un trabajo equilibrado entre los datos reales, basados en la documentación, y la libertad creativa de un escritor dotado de una extraordinaria capacidad expresiva. Una narrativa fluida que ahonda, analiza, describe y explica y unos diálogos ingeniosos y procaces, llenos de respuestas y sentencias brillantes.

«A sangre y fuego» de Manuel Chaves Nogales. Once episodios basados en otras tantas situaciones reales que demuestran que la violencia engendra violencia y que la Guerra Civil fue más que un conflicto bélico entre nacionales y republicanos. Los relatos escritos por este periodista en los primeros meses de 1937 son una joya narrativa que dejan claro que esta fue una guerra total en la que en muchas ocasiones los posicionamientos ideológicos fueron una disculpa para arrasar con todo aquel que no pensara igual.

«El lápiz del carpintero» de Manuel Rivas. Una narración que, además de los hechos, abarca las emociones de sus protagonistas y sus preguntas y respuestas planteándose el por qué y el para qué de lo que está ocurriendo. Un viaje hasta la Galicia violentada en el verano de 1936 por el alzamiento nacional y embrutecida por lo que derivó en una salvaje Guerra Civil y una despiadada dictadura.

«Drácula» de Bram Stoker. Novela de terror, romántica, de aventuras, acción e intriga sin descanso. Perfectamente estructurada a partir de entradas de diarios y cartas, redactadas por varios de sus personajes, con los que ofrece un relato de lo más imaginativo sobre la lucha del bien contra el mal. El inicio de un mito que sigue funcionando y a cuya novela creadora la pátina del tiempo la hace aún más extraordinaria.

“Alicia en el país de las maravillas” y «Alicia a través del espejo», de Lewis Carroll. No es la obra infantil que la leyenda dice que es. Todo lo contrario. Su protagonista de siete años nos introduce en un mundo en el que no sirven las convenciones retóricas y conceptuales con que los adultos pensamos y nos expresamos. Una primera parte más lúdica y narrativa y una segunda más intelectual que pone a prueba nuestras habilidades para comprender las situaciones en las que la lógica hace de las suyas.  

«Feria» de Ana Iris Simón. Narración entre la autobiografía, el fresco costumbrista y la mirada crítica sobre las coordenadas de nuestro tiempo desde la visión de una joven de treinta años educada para creer que cuando llegara a los treinta tendría el mundo a sus pies. Un texto que, jugando a la autenticidad de lo espontáneo, bordea el artificio de lo naif, pero que plasma muy bien la inmaterialidad que conforma nuestra identidad social, familiar y personal.

“A su imagen” de Jérôme Ferrari. La historia, el sentido, el poder y la función social del fotoperiodismo como hilo conductor de una vida y como medio con el que sintetizar la historia de una comunidad. Una escritura honda que combina equilibradamente puntos de vista y planos temporales, que descifra con precisión lo silente y revela la realidad de los vínculos entre la visceralidad y la racionalidad de la naturaleza humana.

«La ridícula idea de no volver a verte» de Rosa Montero. Lo que se inicia como una edición comentada de los diarios personales de Marie Curie se convierte en un relato en el que, a partir de sus claves más íntimas, su autora reflexiona sobre las emociones, las relaciones y los vínculos que le dan sentido a nuestra vida. Una prosa tranquila, precisa en su forma y sensible en su fondo que llega hondo, instalándose en nuestro interior y dando pie a un proceso transformador tras el que no volveremos a ser los mismos.

“Lo prohibido” de Benito Pérez Galdós. Las memorias de José María Bueno de Guzmán van de 1880 a 1884. Cuatro años de un fresco de la alta sociedad madrileña, de apariencias y despropósitos, dimes y diretes y tejemanejes sociales, políticos y económicos de los supuestamente adinerados y poderosos. Una superficie de lujo, buen gusto y saber estar que oculta una buena dosis de soberbia, corrupción, injusticia y perversión.

“Segunda casa” de Rachel Cusk. Una novela introvertida más que íntima, en la que lo desconocido tiene mayor peso que lo explícito. Ambientada en un lugar hipnótico en el que la incomunicación resulta ser la atmósfera en la que tiene lugar su contrario. Una prosa intensa con la que su protagonista se abre, expone y descompone en su intento por explicarse, entenderse y vincularse.

“Segunda casa” de Rachel Cusk

Una novela introvertida más que íntima, en la que lo desconocido tiene mayor peso que lo explícito. Ambientada en un lugar hipnótico en el que la incomunicación resulta ser la atmósfera en la que tiene lugar su contrario. Una prosa intensa con la que su protagonista se abre, expone y descompone en su intento por explicarse, entenderse y vincularse.

Hay quien pretende determinar qué es arte a través de una definición que configure lo que hace que una creación sea considerada o no como tal. Sin embargo, para otros muchos esta clasificación corresponde, sin más, a aquellas materializaciones con afán expresivo o estético por las que se sienten interpelados. Porque les generan una experiencia, unos sentimientos y sensaciones que les agitan y complacen, les repelen y agradan. A veces de manera pareja, de un modo no siempre fácil de comprender y, menos aún, de transmitir con palabras.

Eso es lo que le sucede a M. cuando una mañana en la que siente que su vida se derrumba mientras vaga por las calles de París, descubre las pinturas de L. Un antes y un después en su biografía, ligada desde entonces a esas imágenes que se convirtieron en parte de su imaginario personal. Una suerte de espejo de quien era y sigue siendo, quizás la llave de acceso a esa parte de sí misma dolida y humillada en el pasado a la que no tiene claro si no sabe cómo acceder o si la rehúye para deleitarse en la complacencia de su victimismo.

Hasta que años después el destino le ofrece la oportunidad de alojar a L en la Segunda casa del título. Un entorno concebido por Rachel Cusk como una perfecta alegoría de su personaje. Un lugar tranquilo junto a unas marismas, allí donde la tierra y el agua salada se combinan en unas coordenadas sin concretar, con una residencia principal en la que vive con su pareja, Tony, un hombre que hace del silencio virtud, y una edificación metros más allá. Una construcción preparada para alojar a invitados a los que les da la oportunidad de tener su propia intimidad. Un ofrecimiento que muestra, a la vez, lo que ella pide. Cercanía, pero con tacto y cuidado. Puertas abiertas, pero con una distancia que permita ver el tono, la actitud y la intención con que el otro acude.  

La escritura en primera persona de M, dirigida a alguien externo, Jeffers, hace que la continua reflexión y análisis de su prosa suene sincera en su intención de ir más allá en su descripción y disección de lo que está ocurriendo. La intervención de su creadora literaria hace factible su complejidad y su propósito de exponer con precisión la abstracción de un temperamento agitado por la presencia de quien siente como un traductor de su alma, pero que resulta ser también alguien con sus propias, oscuras y contradictorias particularidades.

Punto de partida a partir del cual traza y desarrolla las diferencias y distancias entre las personalidades y comportamientos de los habitantes de Segunda casa, así como en las relaciones cruzadas que se establecen en el pequeño universo que conforman entre todos ellos. La hondura que supone su lectura está motivada en la aproximación de Cusk, centrada más en quiénes y cómo son que en qué hacen y por qué. Su opción de construirlo a través de la mirada de M. estrecha el ángulo de su propuesta, pero también le permite lograr una profunda y terapéutica virtuosidad, la de llegar a ella misma a través de los otros y ser consciente de cómo los utiliza como identificación y proyección de sus propias necesidades y neurosis.

Segunda casa, Rachel Cusk, 2021, Libros del Asteroide.

“A su imagen” de Jérôme Ferrari

La historia, el sentido, el poder y la función social del fotoperiodismo como hilo conductor de una vida y como medio con el que sintetizar la historia de una comunidad. Una escritura honda que combina equilibradamente puntos de vista y planos temporales, que descifra con precisión lo silente y revela la realidad de los vínculos entre la visceralidad y la racionalidad de la naturaleza humana.

Toda isla es un microcosmos el que la vida se condensa como resultado de los límites de su geografía, barrera que condiciona las posibilidades individuales y las dinámicas de las relaciones colectivas de sus residentes. Así fue Córcega para Antonia, la joven fotógrafa que vivó en ella durante 38 años hasta que una mañana de agosto de 2003 falleció en un accidente de coche. Pero su vida no acaba ahí, sino que le queda el cierre que le darán los demás en el funeral que conducirá su tío y padrino y que da pie al torrente narrativo que es esta elaborada novela.

Un oficio atestado de gente, y en el que -entre el dolor, el calor y la humedad- surgirán los recuerdos -filtrados por sus experiencias, actitudes y expectativas vitales- de aquellos en los que se apoyó la trayectoria de esta joven siempre insatisfecha cuando miraba a su alrededor y que anhelaba fijar en imágenes la esencia y la lógica del mundo en el que vivía. Evocaciones en la que Ferrari se sumergirá para llegar hasta su fondo, revelándonos no solo lo que nadie nunca dijo en voz alta, sino lo que muy pocos intuyeron y ninguno de ellos supo a ciencia cierta.

Proceso similar al de la niña que décadas antes dedicaba horas a revisar las fotografías familiares en blanco y negro y que hará que su trayectoria personal y profesional (trabajará en un diario regional, se embarcará en su propia aventura en el frente de guerra de una Yugoslavia en descomposición) tenga como hilo conductor su ánimo de comprender la realidad observándola a través de un objetivo fotográfico.

Un deseo de conocer y saber interpretar para, acto seguido, informar y formar -tal y como pretende el periodismo, tanto cuando es escrito como visual o una simbiosis de ambos lenguajes- que A su imagen incorpora a su intención y a su ficción haciendo de buena parte de sus secundarios miembros del Frente de Liberación Nacional de Córcega, trama que le sirve para recrear la evolución organizativa y criminal, así como la imbricación social, de esta organización terrorista. Misión narrativa, a su vez, complementada con el muy bien expuesto y didáctico relato de las experiencias reales de distintos fotorreporteros, así como con la asertiva descripción de las instantáneas de otros profesionales de la imagen fija en frentes de guerra y de las que Ferrari se ha valido (tal y como señala en su epílogo) para imaginar las que pudiera haber tomado su protagonista.

Un exterior que el ganador del Premio Goncourt en 2012 complementa con la búsqueda interior -ya sea en modo de introspección continua, de intento de renuncia a lo aprendido, o de huida ante la falta de alicientes- de sus personajes. Planos vivenciales y existenciales en los que engarza el costumbrismo de las tradiciones y hábitos locales junto con el inmovilismo coactivo de sus valores, el contraste entre el libre sentir espiritual y la exigencia formal de las convenciones católicas, así como el cargado simbolismo y el enorme poder evocador de sus ceremonias.

A su imagen, Jérôme Ferrari, 2018 (2020 en español), Libros del Asteroide.

“A sangre y fuego” de Manuel Chaves Nogales

Once episodios basados en otras tantas situaciones reales que demuestran que la violencia engendra violencia y que la Guerra Civil fue más que un conflicto bélico entre nacionales y republicanos. Los relatos escritos por este periodista en los primeros meses de 1937 son una joya narrativa que dejan claro que esta fue una guerra total en la que en muchas ocasiones los posicionamientos ideológicos fueron una disculpa para arrasar con todo aquel que no pensara igual.

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El trabajo en la redacción de un medio de comunicación da acceso a múltiples fuentes de información sobre un suceso o acontecimiento. El buen profesional de la materia, bajo el prisma de la ética y la objetividad periodística, toma buena nota de lo que escucha y ve y a través de ello ahonda en lo que está ocurriendo para intentar comprender qué sucede realmente bajo esa superficie y cuáles son los motores que lo provocan. En este sentido y desde su puesto como director desde 1931 del diario Ahora, Manuel Chaves no solo fue testigo privilegiado de la tensión in crescendo que se fue generando entre las distintas facciones políticas durante la II República hasta el levantamiento del 18 de julio de 1936, sino también de las divergencias a partir de esa fecha en la respuesta de los movimientos de izquierda –socialistas, comunistas, anarquistas,…- tanto a la hora de organizar su bando como de combatir al enemigo.

Chaves escribió estos relatos pocos meses después del inicio del fratricidio, cuando llegó a París en el inicio de su particular exilio. En ellos se puede leer a partes iguales la precisión del informador y su imperiosa necesidad como ciudadano de un país que se resquebrajaba de contarle al mundo la debacle humana que estaba teniendo lugar en España. Dejando claro que la Guerra Civil no fue un conflicto que pretendiera sustituir un régimen político por otro, sino una contienda en la que cada bando no se propuso rendir a su adversario, sino destruirlo hasta arrasarlo completamente, sin diferenciar a los combatientes y los objetivos militares de la población civil y sus lugares de residencia y modos de ganarse la vida.

El destino quiso que Manuel estuviera en el Madrid republicano cuando comenzó lo que entonces no se sabía que acabaría siendo el prólogo de la II Guerra Mundial, por lo que los testimonios particulares que nos ofrece son los que le llegaron, o de los que fue testigo, de ese lado. Crónicas cuyos protagonistas y tramas no son los de los libros de historia ni los episodios, tácticas o estrategias explicadas en estos, sino aquellos ciudadanos anónimos que se ofrecieron espontáneamente para armarse y acudir al frente, quedaron al frente de la intendencia en la capital, asistían a los heridos o, sencillamente, fueron víctimas inocentes de los ataques y los bombardeos.

Un maremágnum de voluntariosos, más impulsados por la utopía –cuando no por el odio y el ánimo de revancha-, faltos de organización y de un mando único que aunara sus energías con el propósito de defender el sistema democrático frente a los que luchaban con el apoyo de las tropas alemanas e italianas en su contra. Sin embargo, el caos era tal que la violencia engendró otras violencias como la crueldad que algunos de los llamados rojos volcaron contra todo aquel de cuya fidelidad a la causa dudaban.

A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España aporta un diferente y muy necesario punto de vista sobre un tiempo que no es únicamente un pasado sobre el que aplicar una lectura académica. Lo que Manuel Chaves Nogales logra en este título es poner el foco sobre el drama humano que tuvo lugar en nuestro país de 1936 a 1939, prolongado durante 40 años más de dictadura. Algo que hoy en día se sigue rehuyendo, lo que hace aún más fundamental este título, además de por sus excelentes valores literarios (la precisión de su prosa, la riqueza de su vocabulario, la tensión de su ritmo, la fina construcción de sus tramas, el retrato de sus personajes,…).

A sangre y fuego, Manuel Chaves Nogales, 2017, Libros del Asteroide.