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10 ensayos de 2021

Reflexión, análisis y testimonio. Sobre el modo en que vivimos hoy en día, los procesos creativos de algunos autores y la conformación del panorama político y social. Premios Nobel, autores consagrados e historiadores reconocidos por todos. Títulos recientes y clásicos del pensamiento.

“La sociedad de la transparencia” de Byung-Chul Han. ¿Somos conscientes de lo que implica este principio de actuación tanto en la esfera pública como en la privada? ¿Estamos dispuestos a asumirlo? ¿Cuáles son sus beneficios y sus riesgos?  ¿Debe tener unos límites? ¿Hemos alcanzado ya ese estadio y no somos conscientes de ello? Este breve, claro y bien expuesto ensayo disecciona nuestro actual modelo de sociedad intentando dar respuesta a estas y a otras interrogantes que debiéramos plantearnos cada día.

“Cultura, culturas y Constitución” de Jesús Prieto de Pedro. Sea como nombre o como adjetivo, en singular o en plural, este término aparece hasta catorce veces en la redacción de nuestra Carta Magna. ¿Qué significado tiene y qué hay tras cada una de esas menciones? ¿Qué papel ocupa en la Ley Fundamental de nuestro Estado de Derecho? Este bien fundamentado ensayo jurídico ayuda a entenderlo gracias a la claridad expositiva y relacional de su análisis.

“Voces de Chernóbil” de Svetlana Alexévich. El previo, el durante y las terribles consecuencias de lo que sucedió aquella madrugada del 26 de abril de 1986 ha sido analizado desde múltiples puntos de vista. Pero la mayoría de esos informes no han considerado a los millares de personas anónimas que vivían en la zona afectada, a los que trabajaron sin descanso para mitigar los efectos de la explosión. Individuos, familias y vecinos engañados, manipulados y amenazados por un sistema ideológico, político y militar que decidió que no existían.

«De qué hablo cuando hablo de correr» de Haruki Murakami. “Escritor (y corredor)” es lo que le gustaría a Murakami que dijera su epitafio cuando llegue el momento de yacer bajo él. Le definiría muy bien. Su talento para la literatura está más que demostrado en sus muchos títulos, sus logros en la segunda dedicación quedan reflejados en este. Un excelente ejercicio de reflexión en el que expone cómo escritura y deporte marcan tanto su personalidad como su biografía, dándole a ambas sentido y coherencia.

“¿Qué es la política?” de Hannah Arendt. Pregunta de tan amplio enfoque como de difícil respuesta, pero siempre presente. Por eso no está de más volver a las reflexiones y planteamientos de esta famosa pensadora, redactadas a mediados del s. XX tras el horror que había vivido el mundo como resultado de la megalomanía de unos pocos, el totalitarismo del que se valieron para imponer sus ideales y la destrucción generada por las aplicaciones bélicas del desarrollo tecnológico.

“Identidad” de Francis Fukuyama. Polarización, populismo, extremismo y nacionalismo son algunos de los términos habituales que escuchamos desde hace tiempo cuando observamos la actualidad política. Sobre todo si nos adentramos en las coordenadas mediáticas y digitales que parecen haberse convertido en el ágora de lo público en detrimento de los lugares tradicionales. Tras todo ello, la necesidad de reivindicarse ensalzando una identidad más frentista que definitoria con fines dudosamente democráticos.

“El ocaso de la democracia” de Anne Applebaum. La Historia no es una narración lineal como habíamos creído. Es más, puede incluso repetirse como parece que estamos viviendo. ¿Qué ha hecho que después del horror bélico de décadas atrás volvamos a escuchar discursos similares a los que precedieron a aquel desastre? Este ensayo acude a la psicología, a la constatación de la complacencia institucional y a las evidencias de manipulación orquestada para darnos respuesta.

“Guerra y paz en el siglo XXI” de Eric Hobsbawm. Nueve breves ensayos y transcripciones de conferencias datados entre los años 2000 y 2006 en los que este historiador explica cómo la transformación que el mundo inició en 1989 con la caída del muro de Berlín y la posterior desintegración de la URSS no estaba dando lugar a los resultados esperados. Una mirada atrás que demuestra -constatando lo sucedido desde entonces- que hay pensadores que son capaces de dilucidar, argumentar y exponer hacia dónde vamos.

“La muerte del artista” de William Deresiewicz. Los escritores, músicos, pintores y cineastas también tienen que llegar a final de mes. Pero las circunstancias actuales no se lo ponen nada fácil. La mayor parte de la sociedad da por hecho el casi todo gratis que han traído internet, las redes sociales y la piratería. Los estudios universitarios adolecen de estar coordinados con la realidad que se encontrarán los que decidan formarse en este sistema. Y qué decir del coste de la vida en las ciudades en que bulle la escena artística.

«Algo va mal» de Tony Judt. Han pasado diez años desde que leyéramos por primera vez este análisis de la realidad social, política y económica del mundo occidental. Un diagnóstico certero de la desigualdad generada por tres décadas de un imperante y arrollador neoliberalismo y una silente y desorientada socialdemocracia. Una redacción inteligente, profunda y argumentada que advirtió sobre lo que estaba ocurriendo y dio en el blanco con sus posibles consecuencias.

10 novelas de 2021

Dos títulos a los que volví más de veinte años después de haberlos leído por primera vez. Otro más al que recurrí para conocer uno de los referentes del imaginario de un pintor. Cuatro lecturas compartidas con amigos y sobre las que compartimos impresiones de lo más dispar. Uno del que había oído mucho y bueno. Y dos más que leí recomendados por quienes me los prestaron y acertaron de pleno.

«Venus Bonaparte» de Terenci Moix. Una biografía que combina la magnanimidad de las múltiples facetas de la historia (política, arte, religión…) con lo más mundano (el poder, el amor, el sexo…) de los seres humanos. Un trabajo equilibrado entre los datos reales, basados en la documentación, y la libertad creativa de un escritor dotado de una extraordinaria capacidad expresiva. Una narrativa fluida que ahonda, analiza, describe y explica y unos diálogos ingeniosos y procaces, llenos de respuestas y sentencias brillantes.

«A sangre y fuego» de Manuel Chaves Nogales. Once episodios basados en otras tantas situaciones reales que demuestran que la violencia engendra violencia y que la Guerra Civil fue más que un conflicto bélico entre nacionales y republicanos. Los relatos escritos por este periodista en los primeros meses de 1937 son una joya narrativa que dejan claro que esta fue una guerra total en la que en muchas ocasiones los posicionamientos ideológicos fueron una disculpa para arrasar con todo aquel que no pensara igual.

«El lápiz del carpintero» de Manuel Rivas. Una narración que, además de los hechos, abarca las emociones de sus protagonistas y sus preguntas y respuestas planteándose el por qué y el para qué de lo que está ocurriendo. Un viaje hasta la Galicia violentada en el verano de 1936 por el alzamiento nacional y embrutecida por lo que derivó en una salvaje Guerra Civil y una despiadada dictadura.

«Drácula» de Bram Stoker. Novela de terror, romántica, de aventuras, acción e intriga sin descanso. Perfectamente estructurada a partir de entradas de diarios y cartas, redactadas por varios de sus personajes, con los que ofrece un relato de lo más imaginativo sobre la lucha del bien contra el mal. El inicio de un mito que sigue funcionando y a cuya novela creadora la pátina del tiempo la hace aún más extraordinaria.

“Alicia en el país de las maravillas” y «Alicia a través del espejo», de Lewis Carroll. No es la obra infantil que la leyenda dice que es. Todo lo contrario. Su protagonista de siete años nos introduce en un mundo en el que no sirven las convenciones retóricas y conceptuales con que los adultos pensamos y nos expresamos. Una primera parte más lúdica y narrativa y una segunda más intelectual que pone a prueba nuestras habilidades para comprender las situaciones en las que la lógica hace de las suyas.  

«Feria» de Ana Iris Simón. Narración entre la autobiografía, el fresco costumbrista y la mirada crítica sobre las coordenadas de nuestro tiempo desde la visión de una joven de treinta años educada para creer que cuando llegara a los treinta tendría el mundo a sus pies. Un texto que, jugando a la autenticidad de lo espontáneo, bordea el artificio de lo naif, pero que plasma muy bien la inmaterialidad que conforma nuestra identidad social, familiar y personal.

“A su imagen” de Jérôme Ferrari. La historia, el sentido, el poder y la función social del fotoperiodismo como hilo conductor de una vida y como medio con el que sintetizar la historia de una comunidad. Una escritura honda que combina equilibradamente puntos de vista y planos temporales, que descifra con precisión lo silente y revela la realidad de los vínculos entre la visceralidad y la racionalidad de la naturaleza humana.

«La ridícula idea de no volver a verte» de Rosa Montero. Lo que se inicia como una edición comentada de los diarios personales de Marie Curie se convierte en un relato en el que, a partir de sus claves más íntimas, su autora reflexiona sobre las emociones, las relaciones y los vínculos que le dan sentido a nuestra vida. Una prosa tranquila, precisa en su forma y sensible en su fondo que llega hondo, instalándose en nuestro interior y dando pie a un proceso transformador tras el que no volveremos a ser los mismos.

“Lo prohibido” de Benito Pérez Galdós. Las memorias de José María Bueno de Guzmán van de 1880 a 1884. Cuatro años de un fresco de la alta sociedad madrileña, de apariencias y despropósitos, dimes y diretes y tejemanejes sociales, políticos y económicos de los supuestamente adinerados y poderosos. Una superficie de lujo, buen gusto y saber estar que oculta una buena dosis de soberbia, corrupción, injusticia y perversión.

“Segunda casa” de Rachel Cusk. Una novela introvertida más que íntima, en la que lo desconocido tiene mayor peso que lo explícito. Ambientada en un lugar hipnótico en el que la incomunicación resulta ser la atmósfera en la que tiene lugar su contrario. Una prosa intensa con la que su protagonista se abre, expone y descompone en su intento por explicarse, entenderse y vincularse.

“El ocaso de la democracia” de Anne Applebaum

La Historia no es una narración lineal como habíamos creído. Es más, puede incluso repetirse como parece que estamos viviendo. ¿Qué ha hecho que después del horror bélico de décadas atrás volvamos a escuchar discursos similares a los que precedieron a aquel desastre? Este ensayo acude a la psicología, a la constatación de la complacencia institucional y a las evidencias de manipulación orquestada para darnos respuesta.

El currículo de Anne Applebaum no es sospechoso de ser el de una persona tendenciosa y amiga del tremendismo. En las primeras páginas de este título deja claras las coordenadas ideológicas del centroderecha con las que se identifica para, a continuación, demostrar la neutralidad e imparcialidad de su aproximación a la deriva autoritaria, total o parcial, de muchas democracias liberales occidentales. Evita la innecesaria obviedad de toda crítica y centra su argumentación, selección de fuentes y exposición de ejemplos (personas, momentos y declaraciones) en identificar, analizar y comprender las motivaciones y medios con que se iniciaron -así como la manera en que fueron evolucionando y adaptándose exitosamente a las circunstancias- movimientos que han acabado haciéndose con el poder (en Polonia, Hungría o Reino Unido), que lo han ostentado (en EE.UU. o Italia) o que lo amenazan tras entrar en el sistema institucional (en España o Francia).

Ya son demasiadas ocasiones en las que el común de la ciudadanía de distintos países se sorprende cuando un día comienza a escuchar los exabruptos absurdos, anacrónicos y recalcitrantes de un partido político hasta entonces desconocido o de discurso moderado y poco después descubre que han recibido una buena parte del voto en unas elecciones. Pero tal y como indica la ganadora del Premio Pulitzer en 2003, esto no surge repentinamente, sino que se inicia mucho tiempo antes. En el caso de Hungría y Polonia sitúa ese punto en el fiasco que muchos aspirantes a políticos -aquellos que conciben los despachos como sede de su ego, más que como lugar desde el que trabajar por el bien común- sufrieron cuando la caída del muro y la integración en Europa no les dio los réditos personales que esperaban obtener. Únase a esto la insatisfacción que sintió una parte de la sociedad al no ver transformadas sus vidas en la manera en que les habían prometido por el sistema de la democracia liberal.

A partir de aquí, los primeros elaboran un relato simplificador (identificación de la nación con un grupo étnico y religión, baluarte de su identidad, y simplificación épica de la historia), plagado de conspiraciones y enemigos inexistentes (el inmigrante que pone en riesgo la pureza étnica, los colectivos que ejemplifican la diversidad como amenaza de la integridad de los valores, el poderoso extranjero que maneja los hilos en la sombra) y se valen de su mayoría legislativa (interviniendo cuanto sector económico y social sea necesario, destruyendo la separación de poderes) y su control de los medios de comunicación para hacer de su discurso la única, posible y arrasadora verdad. O con ellos o contra ellos, y en ese caso, silenciados, represaliados o expatriados. Una telaraña que se ha ido extendiendo hasta llegar a la situación presente en la que la toxicidad interna de estos dos países se proyecta en el ámbito supranacional, pretendiendo luchar incluso contra los principios del proyecto europeo.

Lo interesante de la exposición de Applebaum es la manera en que demuestra cómo surgieron estas tendencias sin que nos percatáramos en qué derivarían. Es el caso del Brexit, cuando determinados gobernantes londinenses hacían creer a los habitantes de la Inglaterra rural -más que a los del resto del Reino Unido- que sus males no eran producto de sus decisiones, sino de las que se tomaban entre todos los estados miembro de la Unión Europea en Bruselas. Una labor en la que se vieron apoyados por periodistas que, en lugar de señalar su incompetencia, amplificaron -con flema británica y aires de un imperio ya inexistente- sus falsedades. Uno de ellos fue el hoy primer ministro Boris Johnson.

Señalando que el autoritarismo no responde a cuestiones ideológicas, sino que se escuda en ellas -el de izquierdas en la defensa de la clase trabajadora, el de derechas en el de un grupo étnico determinado- y que siempre ha existido, aunque de manera reducida y supuestamente controlada, y por eso se le dejaba estar, el caso de EE.UU. es diferente. Aquí la estrategia que Trump lideró -y con la que arrastró al Partido Republicano- fue la de negar el valor de la democracia. De ahí que se opusiera a que su país siguiera liderando el panorama internacional y a que criticara sin criterio cuanto organismo público necesitara para reafirmar su posicionamiento. Dejó claro en demasiadas ocasiones que su propuesta de regenerar su corrupto sistema pasaba por destruirlo para reinventarlo siguiendo nuevos estándares y normas de convivencia. Inevitable recordar el asalto al Capitolio del pasado 6 de enero.

Algo similar a lo que propone la ultraderecha en España, falseando e inventando cuanto sea necesario y sin ofrecer propuestas ya no solo reales sino, al menos, bien argumentadas desde un punto de vista discursivo con las que demostrar que tienen un proyecto político. Un absurdo ante el que las instituciones no respondieron durante mucho tiempo, pensando que su incoherencia y falta de lógica les impediría asentarse. Sin embargo, este partido ha sabido utilizar las posibilidades que ofrece hoy en día la tecnología (tanto en generación de contenidos como en su distribución a través de internet, redes sociales y ecosistema mediático) para embaucar en su proyecto sin aparente rumbo no solo a muchas más personas de lo esperado, sino a colectivos cuya formación, conocimiento y experiencia son, a priori, totalmente incompatibles.  

Lo que Anne Applebaum propone no son teorías o hipótesis, sino hechos consolidados que tienen tras de sí una solidez bien cimentada y ante sí una proyección de futuro que no parece que vaya a ser de corto recorrido. El año y medio de pandemia les ha dado la oportunidad de hacer más ruido, lo que les ha servido para ganar adeptos o contagiar a quienes hasta ahora parecían o suponíamos moderados. No es ninguna broma. Estamos advertidos. Toca actuar.

El ocaso de la democracia, Anne Applebaum, 2021, Editorial Debate.

«Feria» de Ana Iris Simón

Narración entre la autobiografía, el fresco costumbrista y la mirada crítica sobre las coordenadas de nuestro tiempo desde la visión de una joven de treinta años educada para creer que cuando llegara a los treinta tendría el mundo a sus pies. Un texto que, jugando a la autenticidad de lo espontáneo, bordea el artificio de lo naif, pero que plasma muy bien la inmaterialidad que conforma nuestra identidad social, familiar y personal.

Saber quiénes somos pasa por reconocer de dónde venimos. No solo el lugar en el que nacimos y crecimos, también las personas que lo habitaban y protagonizaban, junto a quienes nos formamos y a quienes les debemos el modo en que hemos llegado hasta aquí. Un cúmulo de circunstancias que puede dar pie a tantas historias como personas, a cada cual más diferente, particular y reseñable. Ana Iris nos cuenta la suya tomando como punto de partida la frustración de tener treinta años y no saber muy bien si no tiene proyecto vital o si no tiene bases sobre las que construirlo, lo que le lleva a plantearse la hipótesis de si vive mejor o peor que sus padres cuanto estos tenían su edad. 

Una combinación de sentirse engañada mirando institucionalmente hacia el pasado (estudia para formarte y tener un trabajo acorde; trasládate a Madrid, ciudad de las oportunidades) y confusión cuando toca imaginar el futuro (mi sueldo no me da para más que mal llegar a final de mes; cuanto me ofrece la sociedad -Netflix, billetes de avión low cost y Primark- no tiene mayor fin que maquillar la precariedad) de la que busca evadirse a la par que encontrar un punto sobre el que estabilizarse. 

Para ello Simón se traslada a aquel tiempo en el que no concebía más mundo que el que le rodeaba y reglas que las que deducía de los hábitos e informalismos de su vecindario, familia y padres. Un absoluto que moldeó su personalidad, expectativas y actitudes de una manera mucho más profunda de lo que somos capaz de concebir. Un análisis y balance que tiene mucho de generacional con el telón de fondo de la espectacular transformación de nuestro país en las últimas décadas, sus desigualdades crecientes y las abismales distancias que ha generado la apuesta de nuestros gobernantes por el desarrollo urbano y su denostación de lo rural, lo costumbrista y lo folklórico. 

Más allá de las de las peculiaridades de los Simón y los feriantes, las dos ramas de la familia de Ana Iris, y su convergencia en la localidad toledana de Ontígona en sus progenitores postales (carteros), aparentemente Feria no aporta nada que no sepamos o que muchos no hayamos constatado en carne propia. Sin embargo, su recapitulación emocional de coloquialismos y modismos, así como su descripción diáfana de lo ambiental y recreación sensorial de lo ambiental no resulta una exaltación edulcorada del pasado sino un alegato por mantener la vigencia del legado, las tradiciones y los valores en los que fuimos educados. No con ánimo mitificador con cuyo reverso renegar del presente, pero sí como baluarte con el que no dejarnos arrastrar por la vacuidad, el cortoplacismo y el materialismo de los mensajes, ideales y promesas de nuestra empecinada contemporaneidad. 

Feria, Ana Iris Simón, 2020, Editorial Círculo de Tiza.

“Identidad” de Francis Fukuyama

Polarización, populismo, extremismo y nacionalismo son algunos de los términos habituales que escuchamos desde hace tiempo cuando observamos la actualidad política. Sobre todo si nos adentramos en las coordenadas mediáticas y digitales que parecen haberse convertido en el ágora de lo público en detrimento de los lugares tradicionales. Tras todo ello, la necesidad de reivindicarse ensalzando una identidad más frentista que definitoria con fines dudosamente democráticos.

Donald Trump, Vladimir Putin, Jair Bolsonaro, Viktor Orban,… mandatarios internacionales recientes y actuales que apelan una y otra vez a la cultura e identidad de su nación. Pero no solo ellos. He ahí el movimiento independentista catalán, el Brexit o la imagen tras la que se escudan los mecanismos del partido único chino. ¿Qué hay tras todo ello? ¿Cuánto es natural y cuánto artificio? ¿Y qué hace que tantas personas se identifiquen con esos supuestos valores y narrativas? Fukuyama ofrece una doble respuesta, una más psicológica, ego y resentimiento. Y otra más económica, la gran crisis que para mucha población ha supuesto verse sobrepasada por alguna o varias de las consecuencias del espectacular desarrollo de la globalización.

Una visión a la que une el análisis histórico desde una perspectiva filosófica para entender a qué nos referimos con el término identidad. En su génesis está el hecho de tomar conciencia de uno mismo, de ser alguien diferente a los demás y que busca ser valorado y apreciado tanto por los que considera semejantes como especialmente por aquellos que están más arriba en la escala jerárquica. En esta línea señala que Lutero ya indicó en el s. XVI que los fieles no necesitan la institución católica para estar en contacto con Dios, como la Revolución Francesa tomó como estandarte en 1789 la igualdad de todos los individuos frente a los desmanes de las élites y la manera en que la revolución industrial del s. XIX fijó lo material -y todo a lo que esto da acceso- como prisma que articula el prestigio y la reputación en la sociedad a la que dio pie.

Ya más cerca de nuestro presente pone el foco en cómo el neoliberalismo ha traído consigo desde 1980 la progresiva delgadez del estado del bienestar, a la par que la globalización ha venido acompañada de una progresión tecnológica inimaginable poco tiempo atrás. Ambas tendencias han hecho que muchos países se hayan sentido nuevamente colonizados y las desigualdades entre los que más y los que menos tienen en casi todo el mundo se hayan hecho más patentes aún. En el lado positivo hay que señalar los grandes logros sociales que se han conseguido, sobre todo en el reconocimiento de la diversidad. Primero fue la integración de la mujer, después las reivindicaciones hicieron que el racismo y la lgtbifobia dejaran de ser legales o alegales en muchos países, la inmigración trajo consigo la vecindad con personas de otras razas, culturas y lenguas…

Pero todo esto ha generado una combinación explosiva. Muchos de los que alcanzaron y consolidaron el estatus de clase media en la segunda parte del siglo XX ven que lo están perdiendo y que los políticos socialdemócratas que antes le apoyaban abiertamente ahora centran su atención en otros colectivos más específicos. A los que a miles de kilómetros de nosotros confiaban en iniciar su propio proyecto personal por sí mismos, sin metrópoli de la que estar pendientes, no solo les fue imposible allí donde nacieron, sino también donde fueron a buscarlo al ser tolerados, pero no integrados. Valga como muestra el no haber dado oportunidades laborales a sus hijos, lo que les hace sentir doblemente fuera de lugar.

Una insatisfacción de la que se han nutrido grupos y dirigentes extremistas para hacerse con el poder o instalarse en posiciones de influencia. Ya sean terroristas bajo excusa religiosa, ya partidos y responsables políticos que exaltan unos presuntos valores nacionales y articuladores de la convivencia en supuesto riesgo de desaparición por elementos amenazantes que hasta hace nada eran bien vistos como el proyecto de la Unión Europea o que suponían una bocanada de esperanza como lo fue la primavera árabe para sirios, libios o egipcios.

Frente a este diagnóstico, ¿qué y cómo hacer? Entre otras opciones, Fukuyama propone en La demanda de dignidad y las políticas de resentimiento ir a la esencia de la democracia liberal en la que vivimos y darla a conocer una y otra vez, tanto por la vía de la palabra como de los hechos. No solo desmintiendo los discursos mentirosos y manipuladores, sino poniendo en práctica políticas que demuestren abiertamente las virtudes, ventajas y posibilidades del sistema teórico de gobierno que se inició hace más de dos siglos, que se consolidó en Occidente tras la II Guerra Mundial y que desde entonces fue poco a poco extendiéndose a otras regiones. Esto requiere diálogo y cambios normativos, organizativos y económicos, estadistas capaces de modular las aspiraciones de los grupos de presión de sus propios países y de coordinarse con otros líderes internacionales a nivel supranacional para hacer un frente común. ¿Será posible? ¿Lo llegaremos a ver?

Identidad, Francis Fukuyama, 2019, Editorial Deusto.

“Eterna España” de Marco Cicala

58 capítulos que nos dan a conocer los porqués de algunos episodios de la Historia de nuestro país, así como las peculiaridades que han convertido en protagonistas de nuestro imaginario a personajes de todo tipo y actividad. Una lectura que aúna lo académico y lo popular, bien documentada y expuesta, y con una redacción entre el ensayo literario y el reportaje periodístico.

Nunca conocemos suficiente. Siempre hay detalles que cuando escuchamos o leemos por primera vez nos ayudan a entender un poco más cómo hemos llegado al hoy del mundo en el que vivimos. Eso es lo que ocurre con estas piezas de Marco Cicala. Podrían abordarse de manera independiente, ya que pasan perfectamente por reportajes realizados a lo largo del tiempo para distintas publicaciones, pero muy bien unidas por el modo en que a partir de un pormenor derivan en un intrigante ovillo de fechas, lugares y nombres que conectan con nuestro recuerdo, más o menos vivo, de la Historia de España.

Cicala deja claro que cuanto relata está fundamentado en fuentes bibliográficas, entrevistas directas y visitas in situ. Así, y con un tono tranquilo y cercano con aires entre explicativos y pedagógico, niega mitos como el de la pacífica convivencia entre árabes, cristianos y judíos durante el medievo; contrasta la imagen que tenemos de La Mancha actual con aquella que recorrió el Quijote; y ahonda en las contrariedades de Miguel de Unamuno. Al tiempo, se hace eco de lo popular, de aquello que los libros de Historia no incluyen pero que también construye un país como son las madame y las casas de citas, episodios que aún están por ser digeridos como el de los robos de bebés a madres solteras y familias humildes durante décadas, o de los sucesos que inspiraron a los que se hicieron eco de ellos, como el que le sirvió a Federico García Lorca para escribir Bodas de sangre.

La información está ordenada con suma eficacia cuando tiene como origen un proceso de documentación, llevándonos de un asunto a otro en una relación de causa efecto que nos guía por sí sola. En los casos en que es obtenida de manera directa por Marco -como en las semblanzas de Camarón de la Isla o Manuel Vázquez Montalbán-, su relato es más vivencial. Se convierten en reportajes periodísticos que van desde la toma de contacto inicial a la profundización guiado por aquellos que comparten con él su experiencia, estudio y reflexión.

Considérese también la manera deliberada y explícita en que está presente en muchos de ellos la nacionalidad italiana de Cicala. Unas veces como prisma, dándonos una visión desde la distancia, diferente a la que podríamos tener cualquier nacional, pero también afectada por los vínculos con su país de algunos de los protagonistas y por la imagen que desde Italia se tiene de nosotros. Ese sentido de visión y experiencia personal, sin partir de hipótesis ni pretender establecer tesis alguna sobre la conformación de la identidad de nuestra nación o de sus habitantes, aunque generando argumentos para quien así quiera hacerlo. Eso es precisamente lo que hace interesante y recomendable la lectura de Eterna España.

Eterna España, Marco Cicala, 2017 (2020), Arpa Editores.

La imagen humana: arte, identidades y simbolismo

La intención de cada representación humana puede ser tan diversa y múltiple como su posible resultado visual y uso final, tal y como podemos ver estos días en Caixaforum Madrid. Vanidad, ya sea la de aquel a quien miramos como la del responsable de su autoría subrayando su maestría técnica. Como ejercicio de autoconocimiento, nada mejor que una externalización para enfrentarnos a nosotros mismos. O como herramienta de comunicación, ya sea política, espiritual o social, aunque no necesariamente con intención de diálogo.

El bombardeo de imágenes al que estamos sometidos a diario es tan cotidiano que la mayor parte del tiempo nos pasa completamente desapercibido. O tienen algo extra que nos enganche generándonos alguna emoción que nos abstraiga del ritmo estructurado y el sentir monótono con el que vivimos, o las desechamos como si se trataran de otro producto mercantil más de un solo uso. Pero antes de esta bulimia audiovisual, la observación de una imagen constituía una experiencia extraordinaria, y su posesión un elemento de estatus y reputación social.

Sobre todo esto versa esta exposición organizada por Caixaforum en colaboración The British Museum. Su primer capítulo, La belleza ideal, nos traslada hasta las primeras culturas y civilizaciones, como la helénica y su canon clásico, proporciones y simetrías seguidas después por los romanos que continúan marcando las coordenadas de lo estético y lo armónico en el mundo occidental. Cuerpos masculinos y femeninos mayormente desnudos, como los de Adán y Eva (grabado de Durero, 1504) estimulando la imaginación y la fantasía de sus observadores, pero que en tiempos más recientes han sido también criticados por la irrealidad que transmite su uso por actividades económicas como la de la moda, la cosmética o el deporte (Christopher Williams, 2004).  

La subjetividad del autor se hace más presente en La expresión de la personalidad. Ya no se trata solo de lo que se ve, sino lo de que ha proyectado sobre ello para plantearnos asuntos que de otra manera probablemente nos pasarían desapercibidos. Bien porque nuestra mirada está en nuestras cuestiones, bien porque no compartimos ni las coordenadas ni las experiencias de su creador. En Belleza americana, poder americano: Miss Iraq No.3, Farhad Ahrarnia (Irán, 1971) expone cómo la agresiva banalidad del individualismo de la nación de la libertad bombardeó, invadió y arrasó su país vecino. Una acumulación de elementos que en manos de otro iraní, Khosrow Hassanzadeh (1963), tiene un resultado completamente diferente cuando la intención es la ensalzar la figura y los logros de un héroe popular como es entre los suyos el de este boxeador, Gholamreza Tajti, creando en torno a él esta vitrina-santuario iluminada por luces centelleantes y objetos referentes a su biografía.

Pero si hay algo profundamente humano es nuestro deseo, aspiración y búsqueda de trascendencia espiritual. La necesidad de darle un sentido a nuestra existencia, una explicación a los devenires que nos acontecen, nos lleva una y otra vez a interrogantes a las que no sabemos responder. De ahí que desde el principio de los tiempos imaginemos quiénes pueden estar tras el gobierno de lo que nos sucede y que en épocas más recientes nos hayamos atrevido a poner en duda o versionar las iconografías bajo los que El cuerpo divino es representado.

Figura que representa a Yuanshi Tianzun (Dinastía Ming, 1488-1644) y Black Madonna (Vanessa Beecroft, 2006)

Sin embargo, centrados en la tierra, en el aquí y en el ahora y en el deseo de proyectarnos hacia el futuro, la imagen ha sido a lo largo de la historia un elemento sinigual en La representación del poder. Faraones egipcios, emperadores romanos, monarcas, dictadores y presidentes de hasta hoy mismo aspiran a ser la encarnación del poder no solo cuando dictan las normas y reglamentos que regulan la vida de sus conciudadanos, sino también a hacerse presentes cuando no están a través de retratos, bustos, monedas y fotografías, únicas una veces, seriadas otras y reproducidas a gran escala para estar allí donde físicamente no pueden, ya sea vía imperdible en la camiseta de sus seguidores, presidiendo salones de plenos de ayuntamientos o luciendo en las muros y farolas de las calles por las que transitamos.

Cabeza de reina, procedente de Sais (Egipto, hacia 1390 a.C.) e Isabel La Católica (Luis de Madrazo, 1848, Museo del Prado).

Por último, El cuerpo transformado nos proponer dilucidar hasta donde podemos llegar con nuestra presencia física, qué queremos hacer con ella o qué podríamos conseguir con su manipulación (tal y como plantean Antoni Tapiès, Maquillaje, 1998 y Juan Navarro Baldeweg, Cabeza, negro y plata, 1983). Proceso en el que lo estético no es el fin, sino el medio para elaborar mentalmente, para imaginarnos en un más allá, al menos por ahora, de coordenadas oníricas, en las que suponer quiénes y cómo seríamos, con quién y cómo nos relacionaríamos y, sobre todo, con qué fin. Quizás una tabula rasa apocalíptica que arrasara con todo. Quizás la arcadia de una utopía en que nos hayamos liberado de prejuicios, estigmas e imposibles.

La imagen humana: arte, identidades y simbolismo, Caixaforum Madrid, hasta el 16 de enero de 2022.

10 ensayos de 2020

La autobiografía de una gran pintora y de un cineasta, un repaso a las maneras de relacionarse cuando la sociedad te impide ser libre, análisis de un tiempo histórico de lo más convulso, discursos de un Premio Nobel, reflexiones sobre la autenticidad, la dualidad urbanidad/ruralidad de nuestro país y la masculinidad…

“De puertas adentro” de Amalia Avia. La biografía de esta gran mujer de la pintura realista española de la segunda mitad del siglo XX transcurrió entre el Toledo rural y la urbanidad de Madrid. El primero fue el escenario de episodios familiares durante la etapa más oscura de la reciente historia española, la Guerra Civil y la dictadura. La capital es el lugar en el que desplegó su faceta creativa y la convirtió en el hilo conductor de sus relaciones artísticas, profesionales y sociales.

“Cruising. Historia íntima de un pasatiempo radical” de Alex Espinoza. Desde tiempos inmemoriales la mayor parte de la sociedad ha impedido a los homosexuales vivir su sexualidad con la naturalidad y libertad que procede. Sin embargo, no hay obstáculo insalvable y muchos hombres encontraron la manera de vehicular su deseo corporal y la necesidad afectiva a través de esta práctica tan antigua como actual.  

“Pensar el siglo XX” de Tony Judt. Un ensayo en formato entrevista en el que su autor recuerda su trayectoria personal y profesional durante la segunda mitad del siglo, a la par que repasa en un riguroso y referenciado análisis de las causas que motivaron y las consecuencias que provocaron los acontecimientos más importantes de este tiempo tan convulso.

“La maleta de mi padre” de Orhan Pamuk. El día que recibió el Premio Nobel de Literatura, este autor turco dedicó su intervención a contar cómo su padre le transmitió la vivencia de la escritura y el poder de la literatura, haciendo de él el autor que, tras treinta años de carrera y siete títulos publicados, recibía este preciado galardón en 2006. Un discurso que esta publicación complementa con otros dos de ese mismo año en que explica su relación con el proceso de creación y de lectura.

“El naufragio de las civilizaciones” de Amin Maalouf. Un análisis del estado actual de la humanidad basado en la experiencia personal, profesional e intelectual de su autor. Aunando las vivencias familiares que le llevaron del Líbano a Francia, los acontecimientos de los que ha sido testigo como periodista por todo el mundo árabe, y sus reflexiones como escritor.

“A propósito de nada” de Woody Allen. Tiene razón el neoyorquino cuando dice que lo más interesante de su vida son las personas que han pasado por ella. Pero también es cierto que con la aparición y aportación de todas ellas ha creado un corpus literario y cinematográfica fundamental en nuestro imaginario cultural de las últimas décadas. Un legado que repasa hilvanándolo con su propia versión de determinados episodios personales.

“Lo real y su doble” de Clément Rosset. ¿Cuánta realidad somos capaces de tolerar? ¿Por qué? ¿De qué mecanismos nos valemos para convivir con la ficción que incluimos en nuestras vidas? ¿Qué papel tiene esta ilusión? ¿Cómo se relaciona la verdad en la que habitamos con el espejismo por el que también transitamos?

“La España vacía” de Sergio del Molino. No es solo una descripción de la inmensidad del territorio nacional actualmente despoblado o apenas urbanizado, “Viaje por un país que nunca fue” es también un análisis de los antecedentes de esta situación. De la manera que lo han vivido sus residentes y cómo se les ha tratado desde los centros de poder, y retratado en medios como el cine o la literatura.

“Un hombre de verdad” de Thomas Page McBee. Reflexión sobre qué implica ser un hombre, cómo se ejerce la masculinidad y el modo en que es percibida en nuestro modelo de sociedad. Un ensayo escrito por alguien que no consiguió que su cuerpo fuera fiel a su identidad de género hasta los treinta años y se topa entonces con unos roles, suposiciones y respuestas que no conocía, esperaba o había experimentado antes.

“La caída de Constantinopla 1453” de Steven Runciman. Sobre cómo se fraguó, desarrolló y concluyó la última batalla del imperio bizantino. Los antecedentes políticos, religiosos y militares que tanto desde el lado cristiano como del otomano dieron pie al inicio de una nueva época en el tablero geopolítico de nuestra civilización.

“Lo real y su doble” de Clément Rosset

¿Cuánta realidad somos capaces de tolerar? ¿Por qué? ¿De qué mecanismos nos valemos para convivir con la ficción que incluimos en nuestras vidas? ¿Qué papel tiene esta ilusión? ¿Cómo se relaciona la verdad en la que habitamos con el espejismo por el que también transitamos? ¿Qué ocurre si no somos capaces de distinguir entre unas y otras coordenadas? ¿Qué pasa si vivimos lo imaginado como si fuera lo auténtico y viceversa?

Carpe diem decimos. Aprovecha, disfruta el momento, deja atrás el pasado, que te estás perdiendo el presente y no te vas a dar cuenta de que llega el futuro. Una manera como tantas otras de no vivir, experimentar y protagonizar el aquí y ahora en que se está desarrollando nuestras vidas. ¿Por qué lo hacemos? Podríamos suponer mil y un motivos, la presión de los objetivos (personales, laborales), los estímulos del entorno (las promesas afectivas, publicitarias), la insatisfacción vital (con nuestra pareja, familia, amigos, trabajo) o incluso por desequilibrios internos (emocionales, aunque si adquieren tintes psiquiátricos quedan fuera de lo que se analiza en este título).

Clément Rosset comienza su exposición relatándonos que, en ocasiones, actuamos conscientemente con la pretensión de ir en contra del destino, para que no se cumpla aquello que este nos ha anunciado como si fuera un oráculo. Y paradójicamente todo cuanto hacemos, pensando que vamos en dirección contraria, provoca que ocurra sin darnos cuenta hasta que ya es demasiado tarde. Huyendo de la realidad, hemos construido otra que ha resultado ser la que tenía que ser. ¿Tenía sentido intentar escapar de ella? ¿Es imposible lograrlo? ¿Cuál era la auténtica, la que vivíamos o aquella de la que escapábamos y que ha terminado siendo la que se ha impuesto?

También puede ser que creamos o nos situemos en otra realidad, en un mundo paralelo. ¿Cómo se activa ese mecanismo? ¿Cómo vivimos aquí mientras estamos allí? ¿Qué efecto causa aquí lo que creemos hacer allí? ¿Cómo nos tomaremos el día que descubramos dónde está lo original y dónde la copia? ¿Seremos capaces de tolerarlo, de desmontar lo falso y reconstruir lo verdadero?

Es posible incluso que la manera de huir del presente no sea desdoblando el acontecimiento profetizado o la realidad que nos incluye, sino duplicándonos a nosotros mismos. Que el yo que siento ser tome por otro, y no por un reflejo, a ese que ve en el espejo, y que incluso tome a ese ser que percibe por el yo que cree encarnar. ¿Qué efecto tendrá en su mundo su comportamiento? ¿Cuál de los dos yoes es el que se propone y cuál el que responde? ¿Qué le ocurre al que se muestra y le sucede al que queda ocultado? ¿Es cada uno de ellos consciente de la existencia del otro? ¿Cómo se relacionan entre ellos?

Una exposición filosófica sobre la existencia y la identidad individual, y un ejercicio de reflexión incluso psicológica sobre el comportamiento humano que Rosset expone con gran profundidad intelectual. Pero también con suma transparencia gracias a su hábil manejo del lenguaje, de la claridad de su exposición narrativa y de los referentes literarios, artísticos y del pensamiento que utiliza para ejemplificar su propuesta.

Lo real y su doble, Clément Rosset, 1976, Editorial Hueders.

“Perro semihundido” (Goya, 1820-1823)

La modernidad comienza aquí, nunca antes la subjetividad había sido tan protagonista como en esta obra”, afirmación catedrática con la esta imagen se quedó grabada en mi memoria décadas atrás y vuelve una y otra vez a primer plano cuando dialogo y discuto conmigo mismo.   

Aparentemente, nadie se atreve a afirmar qué representa esta escena ni el rol que el mejor amigo del hombre desempeña en ella. Tampoco qué quería transmitir, expresar o reflejar el de Fuendetodos. A lo mejor no lo sabía ni él. O sí. Sabe Dios qué pensamiento existencial, asociación surrealista o necesidad expresionista bramaba en su cabeza, cuál de todas las emociones que dieron pie al conjunto de las Pinturas negras tomó protagonismo en esta. Si fue la esperanza, la ansiedad, la aceptación, la depresión, el optimismo o el más absoluto pesimismo.

Los académicos y los historiadores dicen que Goya estaba harto. De todo y de todos. De los desastres y horrores de los que había sido testigo durante la Guerra de la Independencia, así como de esa otra guerra diaria, sin más motivación que el control social y el poder político, en la que resultaban perdedores la mayoría de sus compatriotas. De haber visto comportarse a los hombres y las mujeres de su tiempo como animales, como seres primarios y viscerales, violentos, asesinos y miserables, poseídos por la lujuria, la gula y la avaricia, también por la pereza, la envidia, la soberbia y la ira. Quién sabe, lo mismo este último pecado capital fue el que le inspiró, le impulsó a la acción y le marcó el trazo en la realización de esas catorce obras.

Pintadas sobre las paredes de su casa, esa Quinta del Sordo en la que se recluyó, refugiándose tanto en ella como en su sordera del ruido y los estragos del absolutismo. Arrancadas y trasladadas a lienzo décadas después para convertirse en parada, estación y pasaje del recorrido de obras maestras del Museo del Prado. Convertidas por obra y gracia de la labor divulgativa de la institución museística que las alberga, y de la educativa de nuestro sistema del bienestar, en icono, símbolo, ejemplo y muestra de nuestra historia, cultura e identidad, de quienes fuimos y somos, de como pensamos y actuamos, de lo que nos describe y nos define.

Por eso este Perro semihundido está fijado en mi pensamiento desde aquel momento en que lo vi proyectado en una clase de Estética en la Facultad de Ciencias de la Información. Desde aquel día posterior en que mi mirada, ya con otros ojos, se volvió a fijar en él en el edificio Villanueva. Impresión renovada cada vez que vuelvo a la bicentenaria pinacoteca y me acerco, según marque mi estado de ánimo, a recordarlo, observarlo o a seguir descubriéndolo. Recurso al que acudo mentalmente cuando establezco diatribas con las que reflexionar e intentar alcanzar algún tipo de lucidez.

La sobriedad y austeridad de su cromaticidad me resulta árida, adusta, castellana, interior, seca, como si ya hubiera transitado por ella o siguiera haciéndolo. La simplicidad de su composición va más allá de lo visible. Impacta, desnuda, trasciende lo físico hasta llegar a lo espiritual, lo esencial, lo nuclear, allí donde ya no hay refugio ni posibilidad de esconderse, donde no hay otra opción más que la de mostrarse o morir. Un anclaje a la tierra y una infinitud en la que asoma inquietantemente ese perro que somos todos y cada uno nosotros, espectadores, protagonistas, víctimas y figurantes, como él, a medio camino entre el anhelo de la supervivencia y la abnegación por un sueño, una ilusión o una realidad imposible ya de alcanzar.

Perro semihundido, Francisco de Goya, 1820-1823, Museo del Prado (Madrid).