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“El gran mercado”, dando forma al teatro

Una propuesta interesante, generosa y arriesgada. Ensayar una adaptación de una obra de Calderón de la Barca, combinada con momentos de Shakespeare, ante un patio de butacas ocupado. Una oportunidad única de ver cómo se convierten las palabras impresas de un texto en expresiones verbales, gestos y movimientos con que generar y transmitir un amplio y diverso abanico de sensaciones y sentimientos al público asistente. Un gran logro de los veinticuatro actores del Teatro de la Reunión dirigidos con gran acierto por Juan Carlos Corazza.

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El día del estreno de una obra teatral supone el eslabón final de un amplio trabajo que comenzó mucho tiempo atrás. Sin entrar en lo complicado del proceso de escritura, podríamos establecer el inicio de la producción del montaje en la selección –y si procede, adaptación- del texto. Posteriormente vendría la selección de intérpretes para cada papel y el desarrollo en paralelo de los ensayos actorales con el diseño escenográfico. Proceso éste en el que quedan incluidos capítulos muy exigentes en creatividad como escenografía, iluminación o música. El gran mercado nos da la posibilidad de ver cómo se pulen y encajan estas piezas para hacer que el resultado final sea más que la suma de todas ellas.

Momento delicado en el que lo que queda por hacer es una labor muy fina y delicada, como cuando Juan Carlos Corazza se levanta de su asiento para decirle a un actor que repita su última frase de una manera diferente, con un tono más extrovertido, elevando la mirada y utilizando su cuerpo como palanca de expresión. Instrucciones muy precisas y cuyo cumplimiento consigue que el significado de lo escuchado cambie totalmente y tras ello, tanto la percepción de la historia ya vista como las expectativas de la que aún está por conocer. Es entonces cuando al público asistente le queda claro la meticulosidad y artesanía que hay detrás de una buena actuación, el duro y constante trabajo en equipo que esta supone, así como el papel del director –exigiendo a la par que guiando- y del intérprete –cumpliendo con lo encomendado, dejándose moldear por su maestro, pero también aportando su impronta personal-.

Lo vibrante de este taller de creación escénica es que cada personaje es interpretado por varios actores, lo que nos permite ver cómo cuerpos y voces tan diferentes entre sí pueden resultar igualmente convincentes a la hora de ejecutar la misma misión. Esta tarea en grupo nos da también la oportunidad de ver sobre el escenario situaciones como la de un diálogo entre dos contendientes encarnado a la par por dos parejas, lo que le da pie a que este ensayo, que también es una clase práctica, nos permita experimentar momentos únicos, como si el teatro fuera una caja de resonancia que integra tanto a su eco como otras posibles maneras de ser.

Un efecto incrementado por las entradas y salidas de los actores desde y hacia el patio de butacas. Un elemento más del movimiento escénico con que está planteado El gran mercado (del mundo), en el que la continua fluidez de sus veinticuatro intérpretes se acrecienta con individualidades flamencas y coreografías en grupo con música en directo. Un minucioso trabajo con el que esta promoción del Teatro de la Reunión resulta exitosa en su objetivo de darle a cada uno de los versos de Calderón y de Shakespeare interpretados un dinamismo y una frescura con los que extraer de ellos tanto su profundidad narrativa como sus posibilidades poéticas.

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El gran mercado, en el Centro Cultural Conde Duque (Madrid).

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10 funciones teatrales de 2016

Obras representadas por primera vez y otras que ya han tenido varias temporadas a sus espaldas; textos actuales y clásicos; montajes convencionales e innovadores; autores españoles, ingleses, canadienses, italianos, argentinos,…

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Hamlet. Actores que hacen suya la fuerza de un texto considerado clave en la historia del teatro universal. Una puesta en escena que encadena escenas con una fluidez asombrosa. Un montaje que respeta lo escrito por Shakespeare, pero sabiéndole introducir momentos de modernidad que revelan tanto su atemporalidad como la grandeza de la dirección de Miguel del Arco.

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Home. Parecen inalcanzables cuando están sobre el escenario de un gran teatro, sin embargo, los bailarines de la Compañía Nacional de Danza resultan tan o más grandes, y su trabajo aún más bello, hipnótico y seductor cuando puede ser disfrutado en un reducido espacio como es el de La Pensión de las Pulgas. En su interior no existen distancias ni jerarquías entre intérpretes y espectadores y todos juntos se integran en este hermoso espectáculo.

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Tierra del fuego. Los conflictos –ideológicos, religiosos, nacionales,…- acaban muchas veces por convertirse en absurdos delirios de violencia en un intercambio continuo entre víctimas y verdugos de sus roles hasta llegar a una mortal simbiosis. Ese viaje de ida al odio y de vuelta al difícil intento de la empatía con el opuesto y la reconciliación con el vecino, es el que propone Claudio Tolcachir en un texto tan brutal como cruda su puesta en escena e interpretación.

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Cinco horas con Mario. Miguel Delibes fue un genial escritor, plasmaba la realidad y sus personajes en sus páginas con una naturalidad asombrosa, quedándose él en un segundo y discreto plano como narrador. Lola Herrera es inconmensurable, no hay papel que interprete que no haga que el público se ponga en pie para aplaudirla. La unión de ambos, hace ya 37 años, hizo que una de las mejores novelas de la literatura española se convirtiera en un montaje teatral en el que texto y actriz se entrelazan en una simbiosis que solo se puede definir como perfecta.

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El laberinto mágico. Impactante de principio a fin. Un texto que repasa perfectamente las mil caras que tuvo nuestra guerra civil desde el lado de los violentados y finalmente perdedores. Un compenetrado elenco actoral que da vida a esos compatriotas que se sentían nación y acabaron siendo miles de víctimas anónimas enterradas nadie sabe dónde. Un soberbio uso de un casi vacío espacio escénico que se convierte en todos los lugares en los que desarrolló la contienda, desde el frente y los despachos policiales a los dormitorios, los museos y los teatros.

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Los desvaríos del veraneo. Un texto clásico hecho actual con elementos que le aportan ritmo, gracia y frescura. Una compenetración entre sus nueve intérpretes que consigue que todo cuanto sucede sobre el escenario esté lleno de vida, que sea fluido y espontáneo, como si no tuviera otra manera de ser. ¿Resultado? Un público entregado y dos horas de sonrisas, risas y carcajadas sin parar.

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Incendios. El pasado está ahí, pidiendo ser conocido y clamando convivir con nuestro presente. Mientras no le demos el tiempo y espacio que reclama, el futuro será imposible, no tendrá raíces ni base sobre la que crecer. Enfrentarse a él y bucear en sus entrañas puede llegar a ser un proceso difícil y complicado, lleno de momentos no solo amenazantes, sino de realidades desconocidas de gran crueldad. Un texto brutal y una eficaz puesta en escena con un reparto que se deja la piel sobre el escenario y en el que destaca por su maestría Nuria Espert.

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Reikiavik. Lo que sucedió, lo que vimos y lo que la leyenda posterior ha decidido que quede, auténtico o no, de todo aquello. Con la misma precisión del ajedrez, con la combinación de estrategia, dinamismo y paciencia que exige su juego, como con la pasión con que lo viven sus jugadores y aficionados, así fluye esta obra. Una ficción que condensa de manera ágil y precisa las múltiples facetas de aquella mítica partida, así como de su antes y después, entre Bobby Fischer y Boris Spasski en la capital islandesa en 1972. Así son este texto y su puesta en escena de Juan Mayorga.

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La función por hacer. El teatro dentro del teatro como si se tratara de una imagen reflejada en un sinfín de espejos. La diferencia entre la realidad y la representación, entre lo verdadero y lo verosímil. Personajes que dejan de ser arcilla moldeada por su autor y pasan a ser seres independientes, pero que aún están en busca de un público que les dé carta de identidad. Este es el interesante planteamiento y el estimulante juego de esta propuesta que resulta casi más una ceremonia de inmersión teatral que una función de arte dramático.

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Todo el tiempo del mundo. Un texto que es presente, pasado y futuro, capaz de condensar todo aquello que nos ha dado carta de identidad. Las personas que nos engendraron, las que nos acompañaron a lo largo de los años y las que prorrogarán nuestro legado. Los acontecimientos que nos hicieron ser quienes somos, los que siguen provocándonos una sonrisa y los que nos ponen los ojos vidriosos. Las ilusiones de un futuro que está por venir, que ya sucedió o que estamos viviendo. Haciéndonos reír, llorar y suspirar, Pablo Messiez y sus actores logran emocionarnos  de una manera delicada y cercana, como si estuvieran estrechando su mano con la nuestra, como si nos abrazaran.

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Un “Hamlet” de muy alto nivel

Actores que hacen suya la fuerza de un texto considerado clave en la historia del teatro universal. Una puesta en escena que encadena escenas con una fluidez asombrosa. Un montaje que respeta lo escrito por Shakespeare, pero sabiéndole introducir momentos de modernidad que revelan tanto su atemporalidad como la grandeza de la dirección de Miguel del Arco.

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Ser o no ser es una sentencia que, a pesar de ser tan recurrente y tan recurrida, no ha sido capaz de trascender al hombre que la pronunció por primera vez, Hamlet, el príncipe de Dinamarca. Tan intensos, personales y llenos de emoción resultan los textos que el británico fallecido hace cuatrocientos años escribía para sus personajes, que parece que lo suyo fue más ejercer de intermediario de estas personas de tinta sobre papel que ser el creador de las mismas. Un material tan vivo y lleno de fuerza que cuando cae en las manos adecuadas, pasa del terreno de la imaginación al de la más absoluta realidad, tal y como sucede en esta puesta en escena a cargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Kamikaze Producciones.

El Hamlet que encarna Israel Elejalde es el verbo hecho carne, la orfandad convertida en presencia, el deseo de justicia que ocupa invisiblemente todo el espacio alimentado por la doble traición sufrida, tanto la de su tío al matar a su padre, como la de su madre al casarse con semejante asesino. Su cuerpo y su voz son el vehículo a través del cual se manifiesta la montaña rusa interior por la que discurre su vida: la devoción al progenitor ausente, la rabia que lleva al deseo ciego de venganza, el odio, la confusión por la intensidad de lo que le está ocurriendo, la incapacidad para gestionar ninguna otra relación, la renuncia al amor, la sospecha, la desconfianza,… Una suma y un discurrir tan veloz e interrelacionado que hace que el resto de los personajes que comparten tiempo, lugar y función con él, la tomen por locura. En su error, el proceso digestivo emocional del heredero al trono les arrastra en un huracán de acción y sensaciones múltiples en el que quedan también envueltos e involucrados sus espectadores.

Un torrente narrativo en el que no hay un segundo de tregua, en el que las escenas están entrelazadas siendo todo final también un principio. Las palabras marcan el ritmo con el que se mueven los intereses cruzados en las sombras de la corte danesa y su fluir da la pauta de las entradas y salidas de sus habitantes y de los cambios de escenografía sobre el escenario. Un flujo que demuestra la imposibilidad de establecer la fórmula de estímulo-causa, castillos de naipes e ilógica sinrazón que construyen y deconstruyen las relaciones humanas y que están también tras la difícil sencillez del deseo y el ejercicio del poder.

Una esencia tan bien conseguida en la que es posible introducir recursos del siglo XXI –una canción, un chiste, un quiebro lingüístico- en el siglo XIII que Shakespeare imaginó a principios del XVI. Una representación que es como la locura de Hamlet, aparentemente ilógica en su formalidad, pero llena de sensatez, deseosa de romper moldes y de recoger un legado sobre el que seguir edificando un reino y un teatro que honre a su pasado y lo proyecte hacia el futuro. Dos horas y cuarenta y cinco minutos de función que tienen tanto de catarsis como de maestría.

“Hamlet”, en el Teatro de la Comedia (Madrid).

Verona, mucho más que Romeo y Julieta

Llegas corriendo porque esperas salvar a los amantes del entuerto en el que se han metido para poder vivir su amor libremente y al llegar a la ciudad te enteras de que no tienes nada que hacer porque resultan haber muerto. A pesar de la desgracia, su imponente pasado romano, su arquitectura románica abrazada por el Río Adigio o sus vinos, hacen que la visita a Verona sea un placer para los amantes de las sensaciones a fuego lento y paso tranquilo.

PanoramicaVerona

Desde la estación del tren emprendí camino por el Coso Puorta Nuova –el área por la que creció Verona cuando el ferrocarril paró en ella- y siguiendo las indicaciones me adentré en el corazón de la ciudad hasta llegar a la casa de Julieta. Allí no había nadie, tan solo decenas de turistas en el patio, haciéndose fotos con una estatua que la representa, mal sacándole brillo con una costumbre que seguro nació de alguien que quiso buscar un motivo para justificar su mala suerte. ¡Todos se fotografían tocándole el pecho a la joven enamorada!

CasaJulieta

Pagué seis euros para poder adentrarme en su hogar, una construcción del siglo XIV. Varios pisos con colecciones de grabados reproduciendo momentos de la vida de los amantes, el dormitorio que les escenificó en el cine y los trajes que les diseñaron para la película de Franco Zefirelli en 1968. Pero allí no estaban. Me asomé al balcón y solo vi a los foráneos fotografiándome, ¡esperaban que fuera ella! Al salir, observé en el pasaje de entrada como los que allí estaban dibujaban corazones en el que incluían su nombre y el de su amado. No quiero ser mal pensado, pero me da que algunos eran simulados, tan solo una excusa para poder decir que estuvieron aquí ¡y que tienen el corazón ocupado!

PatioJulieta

Dos calles más atrás está la casa de Romeo, pero allí no había nadie, cerrada a cal y canto. Salí del centro urbano por una de las puertas de su muralla y en pocos minutos estaba –previo peaje de cinco euros- en el museo que alberga los restos de un antiguo monasterio del siglo XIII. Colecciones de restos de frescos aparte en su edificio principal, en su patio central accedí escaleras abajo al lugar identificado como la tumba, la que no está claro si es de ella sola o de los dos, de Romeo y de Julieta.

TumbaJulieta

Al acceder nuevamente al exterior, un busto de Shakespeare me explicó que todo era una ficción literaria del genial inglés. Que a sus oídos llegaron dos relatos previos que ya hablaban de las luchas entre familias de raigambre y posibles, y él las hizo pasar por su tamiz trágico convirtiendo a los Cappelletti y los Cagnolo Nogarola en los Capuleto y los Montesco, dos dinastías enfrentadas a muerte y causantes de desgracia infinita por los siglos de los siglos.

Una ficción literaria por la que Verona es más conocida fuera que dentro y que asombra al foráneo el poco protagonismo que se le da en sus calles. Debe ser que los veroneses consideran que lo suyo ha de ser, al margen de disponer de una conocida ambientación literaria, ofrecer hechos reales: dos milenios de historia, buenos vinos y música en vivo con una acústica excelente.

La Verona real

Fundados por el imperio romano, de aquellos tiempos a Verona le queda un fantástico anfiteatro, la Arena. Un asombroso teatro con capacidad entonces para 30.000 personas y una acústica excepcional que este verano, la primera ocasión fue en 1913, ha acogido la 93 edición de su festival lírico con óperas como Romeo y Julieta (Gounod), Nabucco (Verdi) o Don Juan (Mozart), espectáculos de ballet y conciertos sinfónicos. Entrar a visitarlo es un doble espectáculo. Por un lado, y gracias a su excepcional estado de conservación, retroceder a los tiempos del Imperio, hasta el año 30 d.C. cuando se completó su construcción. En segundo lugar, poder ver durante el horario de visitas turísticas, si así coincide,  cómo se desmonta o pone en pie el escenario de la siguiente representación. Como si de una película de estética péplum se tratara, algo que se siente también en el exterior con imágenes como las aquí adjuntas de las esfinges de la verdiana Aida en la Piazza Bra.

ArenaRomanaVerona

Caminando por la comercial Vía Giuseppe Mazzini se pude llegar hasta la Piazza Erbe, lugar de pequeño mercado y terrazas para tomar un vino de la cercana denominación de origen de la Valpolicella entre edificios nobiliarios del medievo como la torre y el Palazzo della Regione, también vecino de la Piazza dei Signore donde la estatua de un solemne Dante recuerda que esta ciudad le acogió tras ser expulsado de Florencia por sus posiciones políticas. Un callejero que sin embargo no resulta nada medieval, apenas hay calles estrechas, producto de haber sido una urbe habitada de continuo –gobernada desde Milán, Venecia, por el Sacro Imperio Romano-Germánico o el Imperio Austro-Húngaro, entre otros- desde que fuera trazada por los romanos como cruce de caminos en las líneas que unían Milán y Venecia con Modena y Trento.

Plazas

Un antiguo casco histórico rodeado por norte, este y oeste por el agua del Río Adigio. Pasando al otro lado se puede dar un paseo agradable junto a su cauce desde su punto más occidental, ese que deja al otro lado el Castelvecchio medieval. En su punto medio uno se puede desviar a la colina vecina para dejando el teatro romano abajo disfrutar de una preciosa vista de toda la ciudad. Si se sigue por la orilla más oriental, las fachadas de las viviendas que dan al río constituyen un precioso mural de colores iluminado de manera directa en las primeras horas del día.

Rio

Ricardo III es Juan Diego


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Quizás está todo dicho sobre Shakespeare, genio en el resultado, maestro en la forma y universal en el fondo, en la exposición de los motivos que mueven a sus personajes y crean sus historias. El ansia de poder es una de esas motivaciones, un anhelo que no entiende de justicia ni de derechos, sino de soberbia y juego sucio, capaz de todo, de lo que sea y como sea, sin respeto alguno por la dignidad y la integridad humana.

Desde hace semanas, cada tarde en el Teatro Español, se abre el telón y a la par que cae la noche, con las luces débiles y todo en penumbra, aparece un personaje envidioso, un aspirante a monarca receloso de todo y de todos desde hace casi cuatro siglos. Un personaje que nos produce repulsión por sus andares de maleante, su mirada retorcida y nunca a los ojos, sus proposiciones sin escrúpulos y su lenguaje ácido e irrespetuoso con todo y todos cuantos le rodean. Y mientras Ricardo III se cree que lo puede todo en el reino de Inglaterra a pesar del temor y rechazo que provoca en los suyos con su endeble caminar y su agrio lenguaje, Juan Diego se hace dueño y señor de un patio de butacas a rebosar que cae rendido ante su interpretación.

Su actuación sí que cuenta con el absolutismo que quisiera para sí Ricardo III, las dos horas de función son un recital de maestría por su parte. No hay quiebro, ironía, matiz, miedo, exceso, capricho o escondite del personaje creado por Shakespeare que se le escape al actor sevillano. Todo lo contrario, él lo desnuda y lo hace realidad en un continuum que arrastra consigo al montaje técnico y actoral de estos “Sueños y visiones del Rey Ricardo III”. La magia de su trabajo hace que lo que podría restarle brillantez no lo logre, como es una escenografía que parece no ser tal al quedarse reducida tan solo a unos juegos de luces y proyecciones entre oscuridades; o el correcto recitar, aunque sin brillo maestro, del resto del reparto, a pesar del silente potencial en bruto pidiendo más de las grandes Terele Pávez,  Asunción Balaguer y Ana Torrent. Sin embargo, esto no resta ni pesa sobre Juan Diego, sino que hace más evidente los méritos de su protagonismo y la genialidad de su interpretación.

El pasado 14 de diciembre al acabar la función, con todos los espectadores  en pie aplaudiendo a Juan Diego por su derroche y su 72 cumpleaños él tuvo unas palabras que de manera aproximada recuerdo así: “Hoy ha sido uno de esos días en que los que hemos estado sobre las tablas hemos sentido la magia maravillosa del teatro, cuando escenario y patio de butacas se funden todo en uno, y este lugar se llena de una energía tremenda y especial bajo la quedamos unidos actores y espectadores. Hoy es de esos días en que esa profesión merece realmente la pena, en que se ve el valor de la cultura, a pesar de los tiempos que vivimos en donde esta es tan pisoteada y maltratada por los que nos gobiernan.”

Shakespeare escribió una obra que recoge con deslumbradora naturalidad lo despiadado que puede llegar a ser el hombre, ver a Juan Diego en el escenario del Teatro Español representando a Ricardo III es una buena manera de tomar conciencia sobre lo bárbaro que puede llegar a ser un hombre en el mal, así como de reflexionar sobre su grandeza cuando se propone compartir y ofrecer sus cualidades y capacidades.

“Sueños y visiones del rey Ricardo III”, hasta el 28 de diciembre en el Teatro Español (Madrid).

“Creep, una historia de amor… o no… entre hombres”

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Dieciséis personas sentadas expectantes por saber qué va a suceder. De repente, y gracias a la magia escénica lo que era una sala de microteatro resulta ser la sala de espera de un dentista en la que coinciden dos hombres, uno le pide un favor al otro y este le responde seduciéndole. A partir de aquí “Creep” es su historia, el relato de lo que le acontece a esta pareja que hemos visto iniciarse. Pero como sucede en la realidad, y el teatro lo que hace es potenciarla al destilar su esencia, no hay modelo en el que referenciarse para dilucidar lo que está por venir más que la imaginación y el bucear en la propia memoria entre las pocas o muchas experiencias que cada uno de los allí observadores hayamos tenido en nuestro recorrido vital.

Como en casi toda historia de amor, incluidas muchas de la vida real, hay tristeza, drama y ansiedad, al igual que alegría, humor y risas. En la vivencia de cada espectador está ponderar cuánto de cuantitativo y cuánto de cualitativo, cuánto de verdad y cuánto de autoengaño hay de cada parte.  Factores combinados en una receta que también contempla dosis de sexo, piel y sudor. A merced de los allí de paso queda entender cuándo como lenguaje de compartición y construcción y cuándo como arma arrojadiza y de (auto) destrucción.

Doriam Sojo junta todos esos ingredientes y los hila en un texto que muestra y esconde entre unas escenas y otras creando unos personajes que destilan química en sus escenas conjuntas e intimidad en sus monologados debates internos. Héctor Gutiérrez y Javier Sotorres se encargan de hacerlos auténticos, de que respiren y vibren durante todo el recorrido emocional de la representación, al igual que lo hacen los espectadores desde las butacas al sentirse identificados con ellos (algunos dirán que no, que les recordaban –ironía- a un amigo suyo). Un libreto con referencias a la universalidad del amor -brillante el momento “Romeo y Julieta”- que se hace inteligente incluyendo el cabaret encarnado por la desvergüenza y el descaro artístico tan bien desempeñado por Supremme de Luxe.

Tras la muy buena impresión que me llevé en esta misma sala con “El casting. Solo para mayores de 18 años”, también escrita y dirigida por Doriam Sojo (quien también es empresario, él es el gestor de “El burdel a escena”, además de actor), diré que creo nos encontramos ante un profesional con talento al que seguir en su recorrido futuro por el mundo teatral.

“Creep, una historia de amor… o no… entre hombres”, los miércoles a las 20:30 en “El burdel a escena”.

(Fotografía tomada de kedin.es)

“Shakespeare Lane” de Zoubeir Ben Bouchta

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Durante varios días he paseado por “Shakespeare Lane”, la  calle que en su imaginación Zoubeir Ben Bouchta ha situado a principios del siglo XXI en la antigua zona británica del Tánger internacional. En este escenario teatral he sido testigo lector de acontecimientos movidos por dos de las grandes pasiones humanas, el amor y el poder. Esas que también se daban en las obras del gran dramaturgo inglés del mismo nombre, William Shakespeare.

Resulta sorprendente la cercanía personal que tienen los diálogos y anotaciones del texto del marroquí Ben Bouchta. ¿Será su maestría en hacer suyas las maneras en construir acontecimientos y personajes a través del diálogo del mismo Shakespeare? ¿Será la universalidad del teatro? ¿O simplemente que la expresión literaria de calidad es así tal cual independientemente del origen cultural de cada autor?

Amor y poder…

En el Tánger de Shakespeare Lane hay amor inevitable, ese que es espontáneo, que surge y se manifiesta sin razón lógica ni garantía de correspondencia. Está el amor que se vive con pasión, con la alegría y satisfacción que causa su vivencia, aunque a veces falte el valor de asumirlo. Y está el falso amor, el que es maquillaje de búsqueda de estatus o de tapadera de la soledad. Amor exigencia que cuando no es correspondido da pie a celos, a envidias, a mentiras y venganzas.

Ahora bien, en esta calle también hay personajes con poder, ese que se sustenta en el dinero y en la posesión material, al que se puede llegar por comportamientos inmorales o delictivos y que conlleva consigo las desigualdades entre personas, tanto en posibilidades presentes como en expectativas de futuro. Poder que es abuso y desprecio, chantaje y atropello moral.

… en la vida real

En estas coordenadas de variantes de amor y poder tenemos a dos protagonistas con familias enfrentadas desde generaciones atrás cuando cada una optó por un distinto bando colonial, un personaje relacionado con Paul Bowles, otro que dice trabajar (sobre el papel) para Unicef, extranjeros con suspicacias del mundo árabe tras el 11-S, enfermos que para un buen tratamiento han de recurrir a hospitales de pago.

La combinación de universalidad shakesperiana –amor y poder- con el momento presente da como resultado la absoluta naturalidad de las secuencias y diálogos que se suceden en “Shakespeare Lane”. Ahora sólo me queda desear que lo que ha sido una gran lectura pueda llegar a ver algún día representada esta obra en la ciudad en la que me encuentre. Y si es en español que el texto esté tan bien traducido como parece estarlo del árabe al inglés en la edición que adquirí el pasado 30 de diciembre en la ciudad en que sucede su ficción.

(imagen tomada de amazon.es)