“El santo al cielo” de Carlos Ortega Vilas

Un muerto al que nadie reclama y un nombre que no aparece en ningún registro, estas son las dos claves con la que se inicia una novela que cubre los frentes humanos, policiales y criminales de una investigación. Una historia emocionante que nos introduce poco a poco en un complejo y bien planteado entramado de delitos que engancha con su buen ritmo, hábiles diálogos y sobria narración, provocando la necesidad de leer sin parar para saber qué ha sucedido y qué está ocurriendo realmente.

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El santo al cielo se inicia en los primeros días de diciembre con la aparición de un cadáver con evidencias de haber fallecido varias semanas atrás, sin huella alguna de qué puede haberle causado la muerte y en un domicilio del que no aparece contrato de alquiler alguno a nombre de su peculiar residente. Al tiempo, sabemos de la existencia de una mujer sin familia ni amigos, profesora, impresionada, casi angustiada, por un encuentro fortuito con alguien de quien huyo mucho tiempo atrás y con quien no llega a intercambiar palabra alguna. Un instante que supone el punto de inflexión a partir del cual se suceden en su vida una serie de acontecimientos  que no solo la traerán a ella de cabeza, sino también a un inspector de la Policía Nacional y a un teniente de la Guardia Civil. Dos hombres que se complementan en sus diferencias, pero que se distancian a través de la ambigüedad y de lo supuesto, pero no expresado, en sus puntos en común.

La tensión y la intriga aumentan a medida que vamos conociendo el grado de relación de cada uno de los personajes –tanto los iniciales como los que surgen a medida que avanzan los días del último mes del año- en las distintas líneas argumentales que –siempre en el momento adecuado, como si fueran cauces naturales- se cruzan, convergen y se separan, o se retroalimentan entre sí. Así es como lo que comienza con el objetivo de identificar a un hombre y dar con su asesino se va convirtiendo en un caso que se extiende en todas direcciones, abarcando no solo la dimensión personal de las personas involucradas y la relación entre ellas, sino que va más allá y se ve afectado por un contexto de corrupción y degradación moral, social y política que les trasciende.

Un thriller en el que Ortega –al igual que hiciera, por ejemplo Lorenzo Silva con sus conocidos agentes Bevilacqua y Chamorro- crea unos protagonistas con rasgos propios, como es el caso de Aldo con su evocación al santoral de cada día –de ahí el título de la novela- y la relación que establece de lo más destacado de sus hagiografías con los acontecimientos que están investigando. Además del inicio de un vínculo con Julio, su partenaire de la Benemérita, lazo relacional que pide una segunda entrega de sus andanzas y pesquisas conjuntas al servicio del bien y de la justicia. ¿Habrá una continuación de El santo al cielo? A la espera de la respuesta de su autor.

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