“Y las montañas hablaron” de Khaled Hosseini

YLasMontañasHablaron

La dicotomía entre el hoy y el ayer es la línea temporal y narrativa en la que discurren las historias escritas hasta ahora por Khaled Hosseini sobre Afganistán a través de relatos cargados de una gran emocionalidad. A la visión de los niños de “Cometas en el cielo” y la de las niñas de “Mil soles espléndidos” le ha seguido “Y las montañas hablaron”. Esta vez la historia comienza con un niño y una niña, hermanos, unidos en el Afganistán rural de principios de la década de los 50 por el vínculo más irracional y más fuerte posible, el de la sangre, el genético. Queda así planteado el componente e hilo emocional de la historia.

A partir de ahí y al modo de un mapa de novela decimonónica surgen otros personajes cuya historia se prolonga temporal y geográficamente en “Y las montañas hablaron” como ríos, cauces que en muchos momentos luchan contra la intervención del hombre para discurrir por la senda que la naturaleza les tiene asignada. Así es como conocemos  con la precisión de un guión cinematográfico los detalles que según Hosseini definían la autenticidad rural afgana y el esplendor del Kabul que asombraba a sus habitantes y visitantes a mediados del s. XX y el que atemoriza a los actuales en el s. XXI.

Desde aquí, vamos y venimos en el tiempo con los distintos personajes a otros lugares como la actual California (donde reside una importante comunidad de afganos que emigraron tras la entrada de los soviéticos en el país en la década de los 80), el París de los revolucionarios años 60 y 70, o las islas griegas de antes y después del boom del nacimiento de la industria del turismo. En estos emplazamientos nos encontramos a su vez con otras identidades, lo que aunque constituye pequeñas historias bien construidas (podrían ser origen incluso de otras novelas), influye sobre el conjunto de la historia haciendo que esta se aleje del que presupones su centro argumental y narrativo, las emociones asociadas a determinados lugares, las de los personajes que te atraparon en las primeras páginas como originadores y articuladores de esta historia.

Por momentos se plantea la duda de qué o quién es el eje central de la lectura, quién nos lo narra –si el autor o determinados personajes- y qué ha sido de aquellos flecos narrativos que en el avance de las páginas se han quedado atrás. Aunque al estilo de las grandes novelas, todo está planteado para que las piezas confluyan y el resultado sea más que la suma de sus partes, esa magia en la que uno más uno resultan tres no surge en “Y las montañas hablaron”.

En cualquier caso, un relato entretenido con el que prolongar la lectura de las obras anteriores de Khaled Hosseini  y acceder desde su sensible punto de vista a la realidad humana, cultural y social de un país que no vemos por el conflicto y la violencia en que viven desde hace ya más de tres décadas.

(imagen tomada de amazon.es)

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