“11-S: Así se vivió en la Casa Blanca”

Han pasado veinte años de aquel día en el que todos recordamos dónde estábamos y cómo nos sentimos al enterarnos de que un avión se había estrellado contra una de las torres del World Trade Center de Nueva York. Desde entonces hemos escuchado la cronología de los acontecimientos una y otra vez, así como múltiples hipótesis sobre cómo lo vivieron quienes debían tomar las decisiones más importantes. Quizás no sea toda la verdad, pero este documental de Apple TV sí ofrece una respuesta convincente.

Hasta aquella fatídica jornada, quien fuera a esperarte en cualquier ciudad de EE.UU. a la terminal de vuelos nacionales podía recogerte en la misma puerta por la que desembarcabas. Eso cambió. Una vez que se restableció el tráfico aéreo días después del 11-S, las terminales aeroportuarias se convirtieron en recintos tan restringidos como monitorizados. Cuanto tiene que ver con la seguridad dejó de ser igual. Entre medias una sensación difícil de describir, de que todo se tambaleaba, de una incertidumbre para la que no teníamos referentes ni recursos a los que asirnos. Algo que no nos ocurrió solo a los mortales que seguíamos la realidad a través de los medios de comunicación, sino también a aquellos con el deber legal y moral de decidir qué y cómo hacer.

George W. Bush era el Presidente de la nación más poderosa del planeta, todas las miradas estaban pendientes de él, así que nadie mejor que él mismo para contar cómo vivió aquella jornada, qué pasó por su mente y cómo fue formándose una imagen de lo que estaba ocurriendo –“el primer avión fue un accidente, el segundo fue un ataque y el tercero una declaración de guerra”- para, tanto con el equipo que le acompañaba como con el que estaba a distancia, comenzar a tomar decisiones. Adam Wishart lo hace combinando lo retransmitido por los medios de comunicación, entrevistas al 43 Presidente de los EE.UU. y a distintas personas de su gabinete, así como con un material especialmente valioso, las fotografías con que su personal de prensa dejó documentadas aquellas frenéticas horas.

El resultado es un equilibrado trabajo por lo bien manejadas que están cada una de sus piezas. La videoteca es explícita pero no escabrosa. Los testimonios personales son claros, no van más allá del discurso institucional o corporativo, pero no eluden la incomprensión de lo que estaba ocurriendo ni la impotencia al no disponer de los protocolos adecuados ni los medios necesarios para hacerle frente -ni siquiera a nivel técnico para la correcta coordinación del gabinete de crisis-. Y la edición conseguida en la mesa de montaje es la apropiada. Secuencias más rápidas en los pasajes en que se coinciden varias líneas narrativas y ritmo pausado en los que la pesadumbre y la falta de información se adueñaba de la atmósfera. Ni un silencio innecesario, ni una mirada prolongada de más, ni un acorde estresante en su banda sonora. Y un diseño de producción, sobre todo en lo referente a los recursos gráficos, que estructura la información y le saca el máximo provecho a la imagen fija.

Y sobre todo, 11-S: Así se vivió en la Casa Blanca es fiel a su propósito. Su desarrollo va desde las 8:48, hora en que el vuelo AA11 Boston-Los Ángeles se estrelló contra la torre norte del World Trade Center, hasta las 20:30, momento en el que George W. Bush se dirigió por televisión a la nación desde el despacho oval de la Casa Blanca. No entra en el antes y solo da dos pinceladas de la respuesta del después, algo sobre lo que tenemos otros muchos trabajos a los que acudir para conocer cómo se argumentó, formuló y gestionó.

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