Rabat, la capital

Un conjunto histórico designado en 2012 Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco, elegido capital –primero por los colonos franceses en 1912 y tras la independencia en 1956 por el monarca alauí- para erigirse como sede del poder político frente al protagonismo histórico-religioso de Fez, la actividad económico-financiera de Casablanca y la atracción turística y cultural de Marrakech.

De oeste a este y en ligera diagonal de norte a sur es como se suceden sobre su callejero las etapas históricas de Rabat. En el punto más occidental, entre el océano y la desembocadura del río Bu Regreng está la kasbah, el recinto fortificado donde en el s. XII se establecieron los almohades que iniciaron la urbanización de la ciudad. Hoy es un pequeño recinto amurallado de paredes ocres e interior de callejuelas estrechas y paredes encaladas en blanco y azul desde el que poder acceder a las playas en las que hoy se practica el surf y la natación.

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La medina

A continuación y avanzando hacia el este, cinco siglos después se levantó la medina, calles angostas dedicadas al comercio en lo que a diferencia de otras urbes del país (Fez o Marrakech) no es fácil perderse debido a su reducido tamaño y escasa sinuosidad. Podría parecer desde el cielo que es un intento de cuadrícula diseñado por unas manos temblorosas entre unas murallas que siguen hoy en pie con absoluta solvencia.

Tres vías destacan en su entramado, la rue Souika, paralela al lienzo este de su muralla, en la que predominan los puestos textiles a través de los cuales conocer las marcas más falsificadas del momento. En su fin norte, Souika hace esquina con la rue des Consuls –así llamada por tener en ella su residencia muchos de los cónsules extranjeros residentes hasta 1912- en la que descubrir la artesanía local (alfombras, ebanistería, cerámica y marroquinería, entre otras pequeñas artes).

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En su vertiente sur la rue Souika da pie al inicio de la rue Sidifatah, en la que encontrar toda clase de puestos ofreciendo carne y pescado tanto para llevar como cocinado allí mismo, pan y dulces varios, además de puestos de zumos exprimidos al momento (naranja, pomelo, caña de azúcar, aguacate,…). No se puede dejar de visitar en esta zona el pequeño mercado central en cuyo exterior se encuentran varios restaurantes con lo más típico de la gastronomía local (a destacar las frituras variadas de pescado) a precios económicos.

La ciudad nueva

La historia pega al salirnos de la medina para llegar hasta el siglo XX. En 1912 españoles y franceses se repartieron Marruecos, quedando Rabat en la zona del protectorado francés. Los galos decidieron hacer de Rabat su capital por su salida al mar y para escapar de los círculos de Fez o Marrakech, anteriores capitales del reino en distintos momentos históricos.

La llamada ciudad nueva es un ensanche urbano de planificación occidental, vías anchas a ritmo de un gran edificio por manzana con amplios soportales en sus plantas bajas para permitir el paseo a los expatriados en los días de calor y en los que hoy poder adquirir la prensa local en los puestos improvisados sobre su suelo.

Protagonizando esta parte de Rabat está la Avenida Mohammed V, un gran boulevard que la cruza al completo de noroeste a sureste. Naciendo en la medina comienza dando ubicación a los comercios de mayor categoría y a grandes cafés con terrazas ocupadas exclusivamente por hombres y le sigue la zona de servicios con la antigua sede de Correos y Telégrafos, cines y bancos hasta la que es desde 1923 el punto de llegada del ferrocarril a la ciudad (Rabat Ville) con un fantástico edificio racionalista de los años 30 con decoración de motivos árabes como estación.

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Cerca de la llegada del tren queda el recién inaugurado Museo Mohammed VI de Arte Contemporáneo de Rabat, el primero del país y del continente africano, nacido el pasado mes de octubre con el fin de convertirse en un referente cultural y turístico tanto a nivel nacional como internacional. Y un poco más allá la imponente catedral católica de San Pedro con su esbelta fachada blanca y sus dos torres-aguja.

La dinastía alauí

Más allá de este punto y siguiendo hacia el este se concentra la capital administrativa de Marruecos con grandes complejos de edificios que dan sede a distintos ministerios. En la zona más residencial y de alto nivel se encuentran las representaciones diplomáticas de los países extranjeros.

La ciudad nueva se levantó en el terreno que dejó libre las murallas que unían la medina con el Palacio Real construido  en la segunda mitad del s. XIX. Este lugar es la residencia habitual del monarca alauí, Mohammed VI, rey de Marruecos desde 1999. Sus antecesores, padre y abuelo, Hassan II y Mohammed V, quien volvió a reinar tras la independencia del país en 1956, yacen enterrados en el mausoleo que se construyó a tal fin al norte de la ciudad nueva, junto a la Torre Hassan. Edificación del siglo XII junto a la que se pretendió construir entonces la mayor mezquita del mundo y de la que hoy solo quedan algunos pilares tras ser derruida por el terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755.

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En el inicio: Challeh

Desde este lugar se puede ver el gran puente que salva el río Bu Regreng para unir Rabat con Salé, la urbe situada a su otra orilla. La de Salé era la denominación que tuvo durante la dominación romana (40 a.C – 250 d.C) un asentamiento situado en el punto más oriental de Rabat, en lo que entonces debía ser una localización estratégica (situado sobre un promontorio junto al mencionado río en un punto donde entonces debía ser navegable en su salida hacia el océano).

Chellah, el nombre que los benimérines dieron posteriormente a aquel lugar es hoy un yacimiento arqueológico en el que intuir el arco del triunfo y los baños romanos y ver las ruinas de la mezquita, la necrópolis, la madraza y el hammam árabe erigidos en el s.XIII junto a los anteriores cuando ya eran ruinas. Todo ello en un paraje ya situado en pleno campo entre arboles de todo tipo: magnolios, higueras, olivos,…

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Cotidianeidad

En el núcleo urbano en cambio los árboles más frecuentes en sus avenidas son las palmeras y los naranjos, una nota de color entre edificios que, al margen de los dejados por los franceses, carecen de encanto alguno.

Por aquí y por allá amplia presencia policial y militar armada con absoluta cotidianeidad entre hombres trajeados, jóvenes al estilo occidental –en el caso de las mujeres casi siempre con pañuelo- y mayores con chilaba. Todos ellos desenvolviéndose a paso ligero entre el ruido del tráfico continuo, las llamadas a la oración y las conversaciones a viva voz, entre los anchos espacios de la ciudad nueva y las estrecheces de la medina.

Si no fuera la capital de Marruecos, Rabat probablemente pasaría desapercibida para los que quieren conocer lo más representativo en cuanto a arte, cultura e historia de este país. Pero los tiempos actuales la han situado en estas coordenadas, motivo más que suficiente para acercarse a vivirla y experimentarla de primera mano.

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Un pensamiento en “Rabat, la capital

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