“Una barba para dos” de Lawrence Schimel

Pequeñas dosis narrativas que condensan con gran acierto la esencia de hasta cien momentos en los que el palpitar del deseo y las expectativas, sexuales o afectivas, por separado o unidas, conducen a la acción a los hombres que sienten su llamada interior. Un ejercicio de visibilidad de los instintos primarios que, gracias a la naturalidad con que está escrito, trasciende sus posibles aspectos morbosos para convertirse en concentradas píldoras de creatividad literaria.

UnaBarbaParaDos

Lawrence Schimel entra al grano directamente, el primer microrrelato de esta colección tiene tan solo dos líneas, veintidós palabras con las que relata el cambio de modelo relacional en una pareja y los motivos que le obligan a ello. Resulta difícil concebir una capacidad mayor para sugerir acontecimientos y despertar la imaginación de un lector. En el breve cuento que le sucede, un diálogo de dos frases deja patentes las barreras que limitan la relaciones humanas en muchas ocasiones, bastaría un poco de espontaneidad para descubrir que las posibilidades de disfrutar y gozar están más cerca de lo que creemos si reveláramos exteriormente lo que interiormente nos dicta el impulso de la atracción.

Esta unión de creatividad narrativa y transmitir sin pudor alguno las acciones a las que nos llevan las pulsiones sexuales constituye la esencia de Una barba para dos. Con el límite máximo de quinientas palabras autoimpuesto por Schimel para estas breves historias, su ficción abarca todo tipo de momentos: comedias, dramas, intrigas, suspenses,… Pero sobre todo, lo que más domina es el retrato costumbrista del imaginario homosexual de una gran urbe como podría ser el Madrid en el que él vive. Ciudad en la que residen solteros que buscan el amor y evitan la soledad a través del sexo; parejas monógamas, falsamente fieles y abiertas. Una metrópoli en la que las horas libres se van en aplicaciones móviles, en visitas a casas de desconocidos y de habituales, en encuentros inesperados con antiguos novios, en toda clase de juegos con los que mantener viva la llama con el actual partenaire o en desahogarse libremente y sin prejuicio en saunas, bares o direcciones que localizar en Google Maps.

Un mural expositivo en el que también se reflexiona sobre los pros y contras que internet ha traído a los modos de relacionarse entre hombres homosexuales, o los prejuicios dentro del colectivo gay en función de la edad, la condición física o tribu (oso, cachas,…), o cualquier otra característica individual.  Por último, señalar también la acidez e ironía de algunos escritos, que de manera inteligente nos hacen plantearnos cuales son los principios que nos guían en el relato social que hacemos de nuestras experiencias sexuales y la diferencia que hay entre este discurso y la realidad de lo vivido. Un debate entre el postureo y el personajismo de un lado y la incapacidad para reconocer y transmitir las emociones que sentimos del otro. Punto importante que hace que aunque Una barba para dos trate historias de hombres que desean a hombres, pueda ser perfectamente leído y comprendido por hombres que desean, también o en exclusividad, a mujeres, así como por mujeres que desean a hombres, a mujeres, o a hombres y mujeres a la par.

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