“El asombroso viaje de Pomponio Flato” de Eduardo Mendoza

AsombrosoViaje

Diálogo entre yo y yo, o sea, conmigo mismo.

–          ¡Vaya sonrisa que llevas! ¿A qué se debe?

A la novela que acabo de terminar, “El asombroso viaje de Pomponio Flato”, de Eduardo Mendoza, me lo he pasado en grande leyéndola.

–          ¿Un libro que te hace reír?

Y mucho, tanto por lo que le acontece al protagonista, el mencionado Pomponio Flato, como por la manera de contártelo el mismo, el susodicho Pomponio Flato quien no es más que, como es de suponer, Eduardo Mendoza, creador tanto del personaje como de la novela a través de él.

–          ¿Y cómo lo cuenta? Que hay que preguntártelo todo…

Todavía tengo la cabeza y las sensaciones del cuerpo en Nazaret, déjame que vuelva a la realidad poco a poco. Calma, por favor, calma.

–          Pues nada, tómate tu tiempo.

En ello estoy, saboreando el instante. No todos los días te trasladan a 2000 años atrás a un lugar donde aparecen como si pasaran por allí Jesus (de niño, por eso no digo Jesucristo), sus padres José y María; Isabel, la prima de María, y su marido Zacarías; creo que incluso Barrabás y hasta menciona un tal Ben-Hur, que me dio por pensar si se parecería a Charlton Heston.

–          ¡Vaya colección de personajes! Como si estuviéramos en Semana Santa cuando se emiten por televisión todas las películas bíblicas.

Religión sí, pero como base histórica, no te equivoques, no como ideología o credo. Y sobre esto una historia detectivesca en modo Agatha Christie o Hercules Poirot a la manera de Eduardo Mendoza.

–          ¿A la manera de Eduardo Mendoza? ¿Cómo es esa manera?

Con sorna, con divertimento, con gracia, por lo que sucede, por cómo sucede, por cómo lo cuenta él –o Pomponio Flato como te decía antes-. Por el estilo en que lo redacta y las palabras que escoge, ¡qué verbo el suyo! ¡Qué don de la retórica y del arte epistolar el de Pomponio y Eduardo! Que lo mismo me da decir que nos lo están contando de viva voz que lo están escribiendo como si se tratara de una carta dirigida a ti, a mí o a cualquier otro.

–          Verbo y retórica la tuya, que dices y dices y no me cuentas nada, ¡no me entero! ¡No te entiendo!

¡Ay madre! A ver, abre la mente o mejor, ¡lee la novela! ¿No has leído nada antes de Eduardo Mendoza?

–           “La verdad sobre el caso Savolta” hace mil años, cuando aún iba al instituto, recuerdo que me gustó mucho y que era una novela policiaca. Y así que me vengan a la cabeza, hace años me regalaron “Sin noticias de Gurb” me reí con locura con aquella historia del extraterrestre que era como Marta Sánchez o algo así, y “Las aventuras del tocador de señoras” me produjo una continua sonrisa.

¡Pues eso mismo es “El asombroso viaje…”! ¿No he comenzado yo diciéndote que me he reído sin parar? Pues de la risa a la sonrisa no hay mucho trecho. Y detectivesco, policíaco, ¡lo mismo es!

–          Vale, vale, me queda claro, pero eso de “el verbo”, “la retórica”, ¡qué manera de hablar la tuya!

¡Manera de hablar o  de escribir la de Eduardo! Con explicaciones de todo cuando acontece llenas de circunloquios ilustrativos y derroche de adjetivos en cada descripción y acontecimiento. Te enreda y te embauca a seguir leyendo para saber qué vive y descubre Pomponio, qué piensa y divaga.

–          ¿Divaga?

De vez en cuando, pero quizás no deba decir que divaga sino que reflexiona. ¿No es lo mismo?

–          No sé, ¿lo es para ti?

Ni idea, no sé, no me preguntes más que me enredo y no sé a dónde quiero llegar.

–          ¿Y a dónde quieres llegar?

Pues a decirte que “El asombroso viaje de Pomponio Flato” es una buena y divertida novela. Que merece la pena leer a Eduardo Mendoza, no te deja indiferente, te divierte y entretiene con sus historias, te deleita con su uso del lenguaje, hasta te hace pensar y al final te deja ¡sonriente!

–          Lo que te enrollas para algo tan sencillo como decir “te la recomiendo”. Muy bien, pues pásamela que me la lea.

¿A ti? ¡Tú eres yo! SI yo ya la he leído, ¡tú también la has leído! No te la voy a pasar a ti ni a mí de nuevo que ya la tengo. A mí llegó a través de bookcrossing y o bien la dejo en algún sitio o se la doy directamente a alguien para que una vez que la haya leído se la pase a alguien más.

–          ¿Algo más que decirme?

Mmmm, déjame pensar… Te dejo una pregunta de las que se plantea Pomponio Flato: “¿Qué está sobre el hombre y bajo el hombre, antes de la vida y después de la muerte?” A ver qué respuesta me das.

–          ¡Vaya pregunta! Ni idea… Tendré que pensar sobre ello.

A mí no me digas nada, díselo a Eduardo Mendoza o a Pomponio Flato.

(imagen tomada de amazon.es)

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