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“Secretos de un matrimonio” de Ingmar Bergman

El guión de una teleserie convertido en un libreto teatral genial sobre los motivos y la esencia de las relaciones de pareja concebidas como proyecto de vida bajo la convención del matrimonio. Dos personajes que se expresan y se muestran tal y como son capaces de ser en cada momento de su vínculo, desde el desconocimiento y la ilusión inicial a la experiencia, la aceptación y la capacidad de ser honestos de mucho tiempo después.   

Tiempo atrás asistí a una adaptación teatral de esta obra dirigida por una grande de la escena y un actor que participa en películas ganadoras de Oscar. No me gustó. Lo que vi estaba planteado como una comedia ligera, pero lo que escuchaba me transmitía mucho más que costumbrismo y guerra de sexos, así que para comprobarlo me fui al texto original (1973) de Ingmar Bergman (1918 – 2007). Cineasta archiconocido, pero también escritor de dos títulos que recuerdo de manera especial, la novela Las mejores intenciones (1991) y Lámpara mágica (1987), sus memorias. En ambos demuestra una gran capacidad para ahondar en las relaciones humanas y exponer con claridad la conexión llena de quiebros, distancias y lagunas entre lo que sentimos y lo que mostramos.

Una realidad que consideramos lógica cuando nos es ajena, pero que negamos cuando nos afecta. Y ahí es donde Bergman da en el clavo en Secretos de un matrimonio. Su relato sobre cómo evoluciona la relación de Johan y Marianne, 42 y 35 años, resulta lógico y cercano. Su estructura es sólida y es inevitable no proyectarse en lo que expone con su escritura, ya sea para releer nuestro pasado, contrastar el presente en el que estamos o imaginar las diferencias que algún día podamos encontrar entre el futuro que deseamos vivir y el que realmente hemos construido.

Secretos comienza situándonos, él y ella posando para una revista y reunidos poco después con otros amigos que con sus gritos y manifestaciones de odio recíprocas parecen ser su antítesis. Pero los polos opuestos se atraen y lo que sigue es el inicio de un viaje que nos lleva de la imagen que aparentamos y nos creemos, a la realidad que somos y debemos aceptar. Primero dejándose llevar por la educación recibida, después buscando el conocerse a través de la introspección para finalmente llegar, más de una década después, a la madurez mediante la reflexión.

Un recorrido anímico y emocional que acaba en los años 70 habiendo tratado abiertamente temas como el aborto y la sexualidad antes y después y dentro y fuera del matrimonio. Reflexiones que van y vienen, variando la conclusión según el momento, para converger en la de qué es, qué conlleva y qué aporta el amor y su complementario, que no opuesto, el desamor. Si es algo que apela a nuestra razón, a nuestro corazón o a ambos a la vez. Si es una entelequia creada para frustrarnos o un estadio vital al que podemos aspirar como medio para desarrollarnos individualmente y crecer acompañado por ese otro u otra al que llamamos compañero o compañera de vida.

La libertad intelectual, moral y espiritual con que Bergman expresa y transmite sus reflexiones al respecto es total e incluso hoy, casi medio siglo después -y dejando al margen las cuestiones culturales de la Suecia en que vivió y el ambiente luterano en que creció-, su claridad para hilvanarlo dentro de una ficción, difícilmente superable.

Secretos de un matrimonio, Ingmar Bergman, 1973, Tusquets Editores.

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10 películas de 2017

Cintas españolas y estadounidenses, pero también de Reino Unido, Canadá, Irán y Suecia. Drama, terror y comedia. Aventuras originales y relatos que nacieron como novelas u obras de teatro. Ficciones o adaptaciones de realidades, unas grabadas en el corazón unas, otras recogidas por los libros de Historia. Ganadoras de Oscars, Césars o BAFTAs o nominadas a los próximos Premios Goya. Esta es mi selección de lo visto en la gran pantalla este año.

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Solo el fin del mundo“. Sin rodeos, sin adornos, sin piedad, sin límites, una experiencia brutal. Dolan va más allá del texto teatral del que parte para ahondar en la (in)consciencia de las emociones que tejen y entretejen las relaciones familiares. Las palabras cumplen su papel con eficacia, pero lo que realmente transmiten son los rostros, los cuerpos y las miradas de un reparto que se deja la piel y de una manera de narrar tan arriesgada y valiente como visualmente eficaz e impactante.

La ciudad de las estrellas (La La Land)“. El arranque es espectacular. Cinco minutos que dejan claro que lo que se va a proyectar está hecho con el corazón y que nos hará levitar sin límite alguno. La la land está lleno de música con la que vibrar, la magia de las coreografías y la frescura de las canciones consiguen que todo sea completo y felizmente intenso y la belleza, la fantástica presencia y la seducción que transmiten Ryan Gosling y Emma Stone que fluyamos, bailemos, soñemos y nos enamoremos de ellos ya para siempre.

Moonlight“. Un guión muy bien elaborado que se introduce en las emociones que nos construyen como personas, señalando el conflicto entre la vivencia interior y la recepción del entorno familiar y social en el que vivimos. Un acierto de casting, con tres actores –un niño, un adolescente y un adulto- que comparten una profunda mirada y una expresiva quietud con su lenguaje corporal. Una dirección que se acerca con respeto y sensibilidad, manteniendo realismo, credibilidad y veracidad al tiempo que construye un relato lleno de belleza y lirismo.

El viajante“. Con un ritmo preciso en el que se alternan la tensión con la acción transitando entre el costumbrismo, el drama y el thriller. Consiguiendo un perfecto equilibrio entre el muestrario de costumbres locales de Irán y los valores universales representados por el teatro de Arthur Miller. Un relato minucioso que expone el conflicto entre la necesidad de justicia y el deseo de venganza y por el que esta película se ha llevado merecidamente el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Verano 1993“. El mundo interior de los niños es tan rico como inexplorable para los adultos, todo en él es oportunidad y descubrimiento. El de sus mayores es contradictorio, lo mismo regala abrazos y atenciones que responde con silencios sin lógica alguna, conversaciones incomprensibles y comportamientos inexplicables.  Entre esas dos visiones se mueve de manera equilibrada esta ópera prima, delicada y sutil en la exposición de sus líneas argumentales, honesta y respetuosa con sus personajes y cómplice y guía de sus espectadores.

Dunkerque“. No es una película bélica al uso, no es una representación más de un episodio de la II Guerra Mundial. Christopher Nolan deja completamente de lado la Historia y se sumerge de lleno en el frente de batalla para trasladar fielmente al otro lado de la pantalla el pánico por la invisibilidad de la amenaza, la ansiedad por la incapacidad de poder salir de allí y la angustia de cada hombre por la incertidumbre de su destino. Un meticuloso y logrado ejercicio narrativo que sorprende por su arriesgada propuesta, abduce por su tensión sin descanso y arrastra al espectador en su lucha por el honor y la supervivencia.

Verónica“. Hora y media de tensión muy bien creada, contada y mantenida sin descanso. Genera tanto o más horror y angustia la espera y la sensación de amenaza que el mal en sí mismo en ese escenario kitsch que es 1991 visto desde ahora. Una historia muy bien dirigida por Paco Plaza y protagonizada brillantemente por una novel Sandra Escacena.

Detroit“. Kathryn Bigelow ahonda en los aspectos más sórdidos de la conciencia norteamericana por los que ya transitó en “La noche más oscura” y “En tierra hostil”. Esta vez la herida está en su propio país, lo que le permite construir un relato aún más preciso y dolorosamente humano al mostrar las dos caras del conflicto. Detroit no solo es el lado oscuro de la desigualdad racial del sueño americano, sino que es también una perfecta sinfonía cinematográfica en la que intérpretes, guión y montaje son la base de un gran resultado gracias a una minuciosa y precisa dirección.

The square“. Esta película no retrata el mundo del arte, sino el de aquel que nos dice y cuenta qué es el arte. Dos horas y media de ironía, sarcasmo y humor grotesco en las que se expone la falsedad de esas personas que se suponen sensibles y resultan ególatras narcisistas.  Una historia que muestra entre situaciones paradójicas y secuencias esperpénticas el lado más ruin de nuestro avanzado modelo de sociedad.

Tierra de Dios“. Con el mismo ritmo con el que avanza la vida en el mundo rural en el que sucede su historia y transmitiendo con autenticidad la claustrofobia anímica y la posibilidad de plenitud emocional que dan los lugares de horizontes infinitos. Una oda a la comunicación, al diálogo y al amor, a abrirse y exponerse, a crecer y conocerse a través de la entrega y de ser parte de un nosotros.

Las “Arenas movedizas” de Henning Mankell

A este famoso autor sueco de novela policíaca le diagnosticaron una fría mañana de enero un cáncer de pulmón. La noticia fue un shock que provocó un rebrote de recuerdos, vivencias y reflexiones que decidió plasmar en este título que, con una prosa tranquila, tiene más de viaje interior al que se nos deja asistir que de memorias compartidas.

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Que te indiquen el posible fin de tu vida debe producir tal catarsis que no hay manera de imaginarse o ponerse en el lugar de la persona que recibe semejante noticia. Ni siquiera aquel al que anuncian tal premonición es capaz de proyectarse en esa situación. Debe ser un viaje tan de vértigo como instantáneo a un lugar de nuestro interior al que no sabemos cómo se llega. En una décima de segundo nos vemos violentamente trasladados sin saber cómo hemos recorrido tan profundo y hasta entonces inimaginable camino.

Un punto desde el que sentir la cercanía, tangible y sensorial, de la muerte. Un abismo, una incertidumbre en la que toda reacción y respuesta deben presuponerse lógicas, aunque probablemente varíen en función de un cúmulo de factores que explican la biografía de cada persona: cultura, creencias religiosas, sistema social, estructura familiar, trayectoria sentimental,…

Todas esas, y muchas más, son las variables que conforman el interior de estas Arenas movedizas en las que inicialmente se ve atrapado Henning Mankell y de las que se propone tomar conciencia para desmontar mitos, afrontar el miedo a lo desconocido y descubrir cuánto hay de verdadera realidad en ellas.

Afloran en él aquellas falsas creencias que teníamos de niños, como la de que el fenómeno que da título a este libro suponía el ser engullido y asfixiado por el terreno que podríamos pisar caminando por la jungla africana. Se acentúan aquellas interrogantes utópicas siempre latentes como el de dónde venimos y a dónde vamos y cómo están ligadas las sentencias, que mirando al pasado y al futuro, le dan respuesta a ambas. El hombre apenas lleva unos miles de años sobre la tierra y algunas de nuestras acciones –como los residuos nucleares- hacen pensar que nuestras acciones tendrán posibles consecuencias negativas durante ¡cien mil años! Y sobre todo, se ahonda en la propia conciencia y el concepto de individualidad, en cómo se ha construido a sí mismo como persona y cómo cada uno de nosotros no somos más que un instante en el universo, continuación de aquellos que estuvieron antes que nosotros y predecesores de los que están por venir.

Un total de 67 pequeños capítulos en los que momentos puntuales se trazan con cuestiones que surgen y desaparecen a lo largo de sus más de 370 páginas. Unas veces lógicamente unidas, otras inconexas para cualquier persona que no fuera el propio Mankell. Vagando por Suecia, viajando por toda Europa y residiendo en África –continente en el que tanto tiempo vivió, trabajó y experimentó humanamente-. Y siempre con una aguda percepción y empatía a flor de piel que hicieron que la vida fuera para Henning Mankell –falleció en 2015, apenas año y medio después de la publicación de Arenas movedizas– un sinfín de múltiples momentos, personas y lugares que siempre dejaron una enriquecedora huella en su persona.