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“Cerda”

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La decoración de La casa de la portera (c/Abades 24, bajo derecha, Madrid) sugiere a sus visitantes con su color, decoraciones geométricas, tapizados e imaginería haber retrocedido en el tiempo 40 años. Sumergidos así en un ambiente retro comienza “Cerda” con la procesión de la cofradía del Santo Membrillo, evocando aquella colección de monjas de nombres absurdos que era la “Entre tinieblas” de Pedro Almodóvar. A partir de aquí comienza una función en la que tienen su protagonismo la Madonna de “Like a prayer”, la Mina de “Parole parole” y la Raffaella Carra de “Fiesta”; hay reflejos de “La mala educación” –otra vez el manchego-, “El sexto sentido” y Woody Allen; además de ecos mediáticos –o trending topics ya que estamos en la era de twitter- de la retórica Esperanza Aguirre, la transformada Renee Zellweger o la judicial Isabel Pantoja.

Todas estas referencias se mimetizan con el espacio kitsch en el que se desarrolla la acción para crear una irrealidad que tiene mucho de drag y de divismo, de absurdo y de naif a la par que de exageración hasta llegar a la hilaridad (¿seré yo o he visto también por un instante a la Rossy de Palma de la “Kika” de Almodóvar?). Atmósferas que confluyen en un espacio tan reducido como es un salón y un estudio de apenas unos metros cuadrados entre los que los espectadores van y vienen riendo y sonriendo, al igual que en otros instantes quedarse más silentes al ver como el delirio se pasa de rosca. Esa confluencia de muchos momentos álgidos con algún valle son los que provocan la sensación de que “Cerda” es, más que una historia, una recurrente e inteligente combinación de gags ideada y escrita por Juan Mairena.

El pequeño espacio de “La casa de la portera” es un sitio ideal para ver “Cerda”, hace de su experiencia escénica algo especial. No se cuenta con la magnificación de un escenario, pero se tiene a cambio la intensidad de vivir la acción desde dentro, percibiendo a apenas unos centímetros la fuerza del buen trabajo de los actores. En estas circunstancias todo efecto es multiplicador, como sucede con las carcajadas entre los espectadores por la divertida locura a la que están asistiendo o la admiración que provocan las sólidas interpretaciones de sus cinco intérpretes.

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¡Nos están mirando! (El y ella, sonrisas en metro de Madrid)

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ELLA: Nos están mirando. Lo noto, es evidente, no es que los asientos estén situados justo enfrente de nosotros, ¡es que nos están mirando de manera descarada!

EL: ¡Y qué más da! ¡Tú y yo a lo nuestro! Sabes qué, que si nos miran es porque les gustamos, algo les atraerá de nosotros, quizás sea tu sonrisa, o la mía, o tus ojos, o los míos,…

ELLA: O lo que decimos, ¡nos están cotilleando!

EL: ¡Vamos! ¡Fijo! ¡Lo que tú y yo comentamos es secreto de estado! Lo aburrido que es el nuevo novio de Natalia, el vestido tan bonito que te compraste ayer para la fiesta del próximo sábado o la pereza que te da pensar que mañana es lunes y hay que ir a trabajar. Todo eso le interesa mogollón a esta gente.

ELLA: ¡Bah, déjalo! Para mí que nos están mirando y escuchando, si para ti no, pues será que te da igual, pero a mí ¡no me gusta!

EL: ¡Claro que te gusta! ¡Vanidad! ¡Te puede la vanidad! Y si no, ¿por qué esa sonrisa mientras te digo todas estas cosas? ¿Por qué te brillan los ojos? ¿Por qué esa pose de tus piernas? ¡Si pareces estar lista para el mejor de los posados de la temporada!

ELLA: ¡Vanidad! ¿Cómo te atreves? ¡Qué descaro el tuyo! Oye, yo solo estoy preparada para lo que pueda pasar en cualquier momento. De ahí a que me acuses de querer verme en televisión o en una revista fotografiada por unos paparazzis,…, te equivocas guapo, ¡te equivocas!

EL: Vale, si eso es lo que tú dices, no insisto, pero… ¡no te creo!

ELLA: Y yo te digo que no solo nos están mirando, sino que nos están escuchando, ¡lo mismo hasta nos están grabando! Tiempo al tiempo, lo mismo cualquier día vemos esta conversación entre tú y yo transcrita en cualquier lugar, en papel, en internet, o representada en un escenario.

EL: Eso, que siga tu delirio. ¡Este diálogo entre tú y yo convertido en material para “El Club de la comedia”! ¿Es eso lo que me estás diciendo? Espero entonces que no nos hayan grabado en  conversaciones como la que tuvimos anoche en mi casa…

ELLA: ¡OYE! ¡A ver si ahora encima les vamos a dar pie a querer escucharnos en más momentos! Voy a comenzar a pensar que tú estás disfrutando con todo esto. A ver si el vanidoso eres tú, ¡me da a mí que eres tú el que quiere verse representando en un teatro! ¡Convertido en un personaje de ficción! Y que la obra comience con un “basado en hechos reales” y que la gente al salir de la función diga “qué protagonista, qué auténtico, parece una persona real que podrías encontrarte en cualquier momento en la calle o en el metro”.

EL: Jajajaja, ¡a imaginación me ganas! Yo nos había visto en escena, ¡pero tú ya das por hecho que la obra tendrá buenas críticas!

ELLA: ¡Qué petardo que eres! Déjalo, no me desvíes el tema, para mí que nos están grabando, y si no, mira a ese bicho de enfrente, para mí que detrás de esos ojos de mentira hay un micrófono…

IMG_20140815_011305(Fotografías tomadas en Madrid el 15 y 17 de agosto de 2014)