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“El milagro del Prado” de José Calvo Poyato

¿Hizo lo correcto el Gobierno de la República durante la Guerra Civil trasladando centenares de obras del Museo del Prado desde Madrid a Valencia? Está claro que fue una contienda brutal en la que la capital sufrió desde el primer momento un asedio sin consideración alguna por la población civil, pero según el autor esa situación no debió ser nunca justificación para someter a las grandes creaciones de la historia de nuestra pintura a una multitud de riesgos que pudieron haber acabado con ellas.

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La fratricida contienda que condenó a España a un retroceso atroz durante varias décadas no surgió de un día para otro, sino que se gestó en un clima de inestabilidad social y política que los distintos gobiernos de la II República no fueron capaces de controlar. Una época turbulenta que hizo del patrimonio histórico y artístico un medio a través del cual demostrar el rechazo al contrario. Algo muy evidente en las zonas que hoy identificaríamos como de izquierdas y en las que se destruyeron inmuebles de la Iglesia y se incautaron propiedades de apellidos nobles con innumerables piezas de incalculable valor en su interior.

En ese clima de ignorancia y desconocimiento popular del valor cultural e identitario del patrimonio tuvo lugar el alzamiento militar del 18 de julio de 1936. Tras unas primeras semanas de incertidumbre y con el fin de evitar nuevos vandalismos, las autoridades del país pusieron en marcha campañas divulgativas que animaban a la población a considerar las obras de arte como algo suyo y, por tanto, a defenderlo. De esta manera, todo lo relacionado con este campo se convertía no solo en un elemento propagandístico de la República, sino en un frente de batalla más contra el bando nacional.

Esa es la situación que José Calvo presenta como previa al tema central de su ensayo y que liga el traslado de los lienzos y tablas de Velázquez, Rubens, El Greco o Goya –tanto del Museo del Prado como de otras instituciones- a una decisión única y exclusivamente política del Gobierno cuando éste se trasladó de Madrid a Valencia en los primeros días de noviembre de 1936. Un tema ya tratado ampliamente por otros historiadores y sobre el que él incide dando voz a los críticos con la operación que apostaron desde el primer momento por salvaguardar las obras en los sótanos del edificio como medida más efectiva para preservar tanto su integridad física como para garantizar su correcta conservación.

Personalidades de reputado rigor técnico, como el entonces subdirector del Prado –Sánchez Cantón, director de facto ya que ese título lo ostentaba un Picasso residente en París- señalaron en todo momento los riesgos que para la integridad de las obras suponía no solo un viaje de 350 kilómetros, sino hacerlo en las condiciones que la premura gubernamental exigía. Al delicado estado de muchas de ellas –propio de objetos tan delicados creados siglos atrás- se unía su precario o nulo embalaje, lo inadecuado de los vehículos de transporte, el estado de las carreteras, la amenaza de los bombardeos o la incertidumbre del devenir de la guerra.

Una decisión con grandes zonas de sombra según Calvo, tal y como demuestra lo que ocurrió con los fondos numismáticos del Museo Arqueológico Nacional. Trasladados a México en un barco del que nunca ha quedado claro quien se hizo cargo a su llegada y de cuya carga de extraordinaria importancia jamás volvió a saberse. Un oscuro episodio que se une a otros como el que el último convoy que salió del Paseo del Prado no fue a la ciudad del Turia, sino a Cartagena, cuando Barcelona era ya la nueva sede de la República; que en 1938 la responsabilidad sobre las obras pasara a ser del Ministerio de Hacienda o el uso también como polvorín militar de las localizaciones elegidas para guardarlas cuando fueron trasladadas a la provincia de Girona en su camino hacia el exilio.

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Bajada del IVA del arte: dudas y cuestiones pendientes

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Anuncia el gobierno que baja el IVA de las obras de arte del 21 al 10% “como medida de apoyo a todos los implicados en el mercado del arte” y para “equiparar a España con otros países de la UE, como Alemania e Italia, donde este está en torno al 10%”.

Me surgen tres cuestiones:

–          El 1 de septiembre de 2012 el IVA de los productos culturales pasaba del 8 al 21%. ¿Por qué se aprobó entonces una subida que tal y como se dice ahora nos alejaba de los países de nuestro entorno? Una medida que provocaba un incremento de precios en  unos productos cuyo consumo se estaba viendo ya importantemente afectado por la crisis económica. ¿Improvisación y error de aquel momento y corrección –no reconocida- en el día de hoy?

–          ¿Por qué se hace exactamente ahora? ¿Tienen algo que ver las próximas ediciones de ARCO, Art Madrid y JustMad que se celebran en menos de un mes? ¿Es una manera de asegurarse un mensaje positivo en la intensa cobertura mediática que estas ferias generan? Marketing político es la respuesta, búsqueda del interés propio y no la del sector ni la del conjunto de los ciudadanos.

–          Y sólo a las obras de arte (¡ah, y a las fallas!), ¿por qué no también a las entradas de teatro, de cine o de espectáculos musicales? El sector cultural ha actuado hasta ahora de manera unida en su reivindicación ante lo que ha considerado políticas erróneas del Gobierno, ¿es este anuncio una puesta en práctica del “divide y vencerás”? Estrategia política entonces vs. un colectivo con el que el ejecutivo no suele tener afinidad ideológica.

Y además de estas preguntas, las siguientes reflexiones:

–          ¿Dónde está la prometida nueva Ley de Mecenazgo? Medida anunciada como el plato fuerte en lo cultural del programa electoral del partido en el gobierno durante la campaña electoral. Presentada como la solución para que el sector redujera su dependencia de las administraciones públicas (y el clientelismo que por norma este ha generado en nuestro país) y llevara a una mayor participación de la sociedad civil.

En un ambiente político tan dado a las filtraciones mediáticas como el que vivimos, no sabemos nada más que parece estar parado por el Ministerio de Hacienda porque no le cuadran las cuentas. ¿Estará planteado como una manera de deducción de impuestos de las grandes corporaciones a cambio de invertir en arte? ¿Considerará la participación de las personas individuales en el mundo del arte como pequeños coleccionistas, amigos de museos, aportadores en acciones de crowdfunding,…?

Mientras el debate social se ha colapsado estos días con otro asunto de gran polémica bajo la justificación de “estaba en nuestro programa”, de este no sabemos nada tras media legislatura y no hay previsión de que se vaya a hacer en el curso actual. ¿No quedará relegado para el final y lanzada entonces como un elemento de marketing político de la campaña electoral de las próximas elecciones generales con un debate artificialmente alargado que no permita ni su entrada en vigor o ni siquiera su aprobación?

–          “Marca España”, llevamos dos años escuchando este concepto como si fuera la solución a los problemas económicos que tiene nuestro país. No es más que una estrategia de marketing para darnos a conocer –o aumentar el conocimiento ya existente- como nación en el extranjero. Y en este tiempo “Marca España” ha aparecido asociado mayormente, al menos en mi recuerdo, a las empresas españolas que se han convertido en multinacionales y están desarrollando y gestionando proyectos por todo el mundo. Nuestra cultura, además de generadora de empleo y de aportar al PIB nacional, cuenta con dos importantes pilares: el patrimonio histórico-artístico y el idioma español.

Somos el segundo país del mundo con mayor patrimonio (en cantidad y en calidad) después de Italia. El español articula casi todo el continente(también llamado “mercado”) americano y sirve como conexión entre América y Europa (también continente y mercado económico). Esto también es cultura que nos define, y nos pone en valor diferenciándonos de muchas naciones que no cuentan con semejantes activos.

Los dos mil años del acueducto de Segovia y los varios siglos de la Alhambra de Granada, el teatro de Lope de Vega y la poesía de Lorca, las pinturas negras de Goya y el cubismo de Picasso, el concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo o el amor brujo de Manuel de Falla,…, son elementos que fuera de nuestras fronteras forman la imagen que se tiene de nosotros, lo que ahora llamamos “Marca España”. ¿Por qué no se utiliza entonces como parte de esta nuestra cultura y se obtiene también a través de ella rédito económico?

–          Pero la cultura no es tan sólo un sector económico, es también la esencia de lo que somos, nuestra identidad. Y esta se conoce y se adquiere a través de la educación. No hace falta que añada muchas palabras a lo que el medio educativo ha clamado durante los últimos meses. Contamos con un sistema con el que estamos a la cola de los países avanzados tanto en educación secundaria como universitaria desde hace años. Y por el momento parece que queremos resolverlo con medidas como centros con menos recursos económicos y profesionales para atender a los alumnos.

Añadamos a esto cambios legislativos en los que los aspectos positivos no sabemos cuáles son –o porque no los tiene o porque sus responsables no saben contárnoslos- y con otros claramente negativos por sus aspectos ideológicos (la eterna presencia en el curriculum académico de la religión decidida por las autoridades estatales como las versiones sesgadas de la historia y la no atención al idioma español en comunidades como Cataluña o País Vasco). La cultura es un legado de muchos siglos que se cultiva y se hace crecer a través del conocimiento y de la educación día a día tanto en el ámbito académico como en el familiar. Mi impresión es que en el momento actual este cuidado y atención a la educación y a la cultura con perspectiva de futuro a largo plazo y de respeto al legado recibido no se está practicando. Y lo que es mucho peor, que no se cree en ello.

Por el momento preguntas que creo se van a quedar durante un tiempo sin respuesta, pero confío en que llegue el día en que la sensatez llegue a los que nos gobiernan. Ese día llegará cuando los que legislan y nos gobiernan sean conscientes de la importancia que la cultura tiene: importancia económica presente y futura, y sobre todo, base de nuestra identidad colectiva y elemento cohesionador de nuestra sociedad.

(imagen tomada en una galería de Amsterdam en noviembre de 2012).