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10 funciones teatrales de 2018

Monólogos y obras corales; textos originales y adaptaciones de novelas; títulos que se ven por primera vez, que continúan o que se estrenan en una nueva versión; autores nacionales y extranjeros; tramas de rabiosa actualidad y temas universales,…

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“Unamuno, venceréis pero no convenceréis”. José Luis Gómez se desdobla para demostrarnos porqué Don Miguel sigue presente y vigente. Sus palabras definieron la naturaleza de una nación, la nuestra, que en muchos de sus aspectos son hoy muy similares a como lo eran cuando él vivía. La perspectiva del tiempo nos permite también entender las contradicciones de un hombre que, tras apoyarlo inicialmente, pronunció una de las frases más críticas y definitorias del franquismo.

Unamuno

“Gloria”. La persona detrás del personaje adorado por los niños. La mujer que vivía más allá de lo que contaban sus versos. La adulta que mira hacia atrás recordando de dónde vino, qué hizo a lo largo de su vida –escribir y amar- y en quién se convirtió. Un monólogo vibrante que retrata a Gloria con sencillez y homenajea a Fuertes con la misma humildad que ella siempre transmitió.

Gloria

“El tratamiento”. Cada día de función es un día de estreno en el que convergen 40 años de biografía y la ilusión de dedicarse al cine. Un arte que para Martín constituye el lenguaje a través del cual expresa sus obsesiones y emociones y se relaciona con el mundo acelerado, salvaje y neurótico en que vivimos. Hora y media de humor y comedia, de drama e intimidad, de fluidez y ritmo, de diálogos ágiles y actores excelentes.

ElTratamiento

“Los días de la nieve”. Un monólogo en el que el ausente Miguel Hernández está presente en todo momento sin por ello restarle un ápice de protagonismo a la que fuera su mujer. Una Josefina Manresa escrita por Alberto Conejero, puesta en escena por Chema del Barco e interpretada por Rosario Pardo que atrae por su carácter sencillo, engancha por su transparencia emocional y enamora por la generosidad de su discurso.

LosDiasDeLaNieve

“Tiempo de silencio”. La genial novela de Luis Martín Santos convertida en un poderoso texto dramático. Una escueta y lograda ambientación –áspera escenografía y asertiva iluminación- que nos traslada al páramo social y emocional que fue aquella España franquista que se asfixiaba en su autarquía. Una puesta en escena que es teatro en estado puro con una soberbia dirección de actores cuyas interpretaciones resultan perfectas en todos y cada uno de sus registros.

TiempoDeSilencio

“Los mariachis”. Una perfecta exposición a golpe de carcajada y con un fino sentido del humor de cómo la corrupción y la incultura están interrelacionadas entre sí y de cómo nos lastran a todos. Cuatro intérpretes que con su exultante comicidad dan rienda suelta a todas las posibilidades de un texto excelente. Una obra que cala hondo y toca la conciencia de sus espectadores.

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“La ternura”. ¡Bravo! Todo el público en pie al acabar la función, aplaudiendo a rabiar y sonriendo llenos de felicidad, con la sensación de haber visto teatro clásico, pero con la frescura y el dinamismo de los autores más actuales. Una historia cómica que juega con los roles de género y parte de la eterna dicotomía entre hombres y mujeres para exponer con sumo acierto lo que supone el amor, lo que nos entrega y nos exige.

LaTernura

“Lehman trilogy”. Triple salto mortal técnicamente perfecto y artísticamente excelente que nos narra la vida y obra de tres generaciones de la familia Lehman -así como el desarrollo de los EE.UU. y del capitalismo desde la década de 1840- gracias al ritmo frenético que marca la dirección de Sergio Peres-Mencheta y la extraordinaria versatilidad de sus seis actores en una miscelánea de comedia del teatro de varietés, exceso cabaretero, expresividad gestual y corporal de cine mudo aderezada con la energía y fuerza de la música en vivo.

LehmanTrilogy

“El curioso incidente del perro a medianoche”. Comienza como una intriga con un tono ligero cercano casi a la comedia y poco a poco va derivando en una historia costumbrista en torno a un joven diferente que nos lleva finalmente al terreno del drama y la acción. Un montaje inteligente en el que el sofisticado despliegue técnico se complementa con absoluta precisión con el movimiento, el ritmo y la versatilidad de un elenco perfectamente compenetrado en el que Alex Villazán brilla de manera muy especial.

curiosoincidente

“El castigo sin venganza”. Todavía sigo paralizado por la intensidad de esta tragedia, en la que no sé qué llega más hondo, si la crudeza del texto de Lope de Vega, la claridad con la que lo expone Helena Pimienta o la contagiosa emoción con que lo representa todo su elenco. Una historia en la que la comicidad de su costumbrismo y tranquilidad inicial deriva en una opresiva atmósfera en la que se combinan el amor imposible, la amenaza del poder y las jerarquías afectivas y sociales.

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“Emilia”, genio y figura

Ágil monólogo que nos muestra las muchas facetas -escritora, literata, erudita, intelectual, gallega, esposa, madre,…- de una mujer que se negó a asumir las limitaciones que los hombres de su tiempo imponían a las de su sexo. Un texto de amplio registro –de lo público a lo íntimo, de lo académico a lo familiar- tan bien interpretado por Pilar Gómez como bien escrito por Noelia Adánez y Anna R. Costa.

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La condesa de Pardo Bazán siempre tuvo claro que su vida hubiera sido mucho más fácil si su nombre hubiera acabado en o en lugar de en a, si se hubiera llamado Emilio en lugar de Emilia. Pero eso nunca la frenó. Así se lo cuenta a una platea convertida en una tribuna de espectadores a la que asisten nombres por todos conocidos como Menéndez Pelayo, Leopoldo Alas Clarín, Emilio Castelar o José María Pereda y a los que se dirige directamente para recordar los absurdos y banales argumentos con que la critican –y hasta la desprecian- por el único hecho de ser mujer.

Nuestra protagonista nos cuenta cómo tuvo que reivindicarse, defenderse, explicarse y justificarse continuamente para hacerse valer. Algo que consiguió, pero invirtiendo en el proceso tanta energía como autoestima para no dejarse vencer por argumentos tan absurdos como que la ternura propia de las de su género la inhabilitaba para la atención y la profundidad que exige el pensamiento racional, o insultantes como que no podía ser miembro de la RAE porque su culo no cabía en una de sus sillas (Juan Valera dixit).

Quizás por su práctica literaria del naturalismo literario fue consciente de sus fortalezas y habilidades, que no tuvo pudor alguno en manifestar sin traza alguna de modestia siempre que fuera necesario presentarse o reivindicarse. Un estilo y unas características que Noelia y Anna, autoras de este monólogo, han tomado como guía para su escritura, combinando lo académico con lo espontáneo, la riqueza de lo elaborado para llegar a la síntesis que nos presenta con la frescura de la exposición oral a la que está destinado. El resultado es un texto con mucha calidad, a la altura del personaje que describe y que es también el encargado de enunciarlo, convirtiéndose tanto en su aliado como en su principal competidor a la hora de ganarse la atención y la consideración como elemento principal de la representación por parte del público.

La encargada de resolver estas tablas es Pilar Gómez, quien se funde completamente con la autora de Los pazos de Ulloa para trasladarnos con emoción y convicción la resolución con que la también catedrática y traductora asumió el fin de su matrimonio, la alegría con que vivió su maternidad, la serenidad con que se correspondió amorosamente con Benito Pérez-Galdós, la convicción con que reivindicó el derecho a la educación de las mujeres o el tesón con que practicó el ejercicio de la literatura, dejando a su muerte en 1921 un legado de decenas de novelas, relatos, ensayos, obras de teatro, libros de viaje y artículos periodísticos.

Un recuerdo que sería aún más rico si cuando doña Carmen Polo entró en el Pazo de Meiras no hubiera mandado destruir toda la documentación que aún quedaba de ella en la que durante mucho tiempo fue una de sus residencias, además de lugar de trabajo. Un motivo más para reivindicar a esta extraordinaria mujer y escritora.

Emilia, en Teatro del Barrio (Madrid).

Gloria Fuertes manda

La persona detrás del personaje adorado por los niños. La mujer que vivía más allá de lo que contaban sus versos. La adulta que mira hacia atrás recordando de dónde vino, qué hizo a lo largo de su vida –escribir y amar-  y en quién se convirtió. Un monólogo vibrante que retrata a Gloria con sencillez y homenajea a Fuertes con la misma humildad que ella siempre transmitió.

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La fama puede llegar a ser injusta, haciendo que aquellos sobre los que recae sean solo conocidos y valorados por una pequeña parte de lo que son, y no por el conjunto de todas sus acciones y creaciones. La poeta de los niños, Gloria Fuertes, podría ser un ejemplo de ello. Quizás ella, la auténtica, al igual que la que tan entrañablemente interpreta Ana Rayo, también estuviera harta del encasillamiento casi caricaturesco al que la llevaron sus intervenciones en Un globo, dos globos, tres globos. ¡Hasta el coño! dice elocuentemente cuando aparece en el escenario que simula ser su camerino. Expresión que revela al individuo, a la ciudadana y a la mujer que Noelia Adánez y Valeria Alonso, ella también como directora, se han propuesto acercarnos con su texto.

Un objetivo que busca su propio camino integrando en él a la creadora, a la poetisa y al personaje público. Las autoras de Gloria muestran estas dimensiones, pero van más allá de ellas y viajan hasta su infancia humilde en el barrio de Lavapiés (donde nació en 1917) y el árido Madrid de la postguerra, recrean su primera clase como profesora universitaria en 1961 en Pensilvania, evocan la relación que mantuvo con el amor de su vida, Phyllis Tumbul, y dedican atención a su posicionamiento tanto personal como político antes las autoridades censoras de un país conservador, pacato y de moral trasnochada.

Esta Gloria se expresa con sus propias palabras. Toma como punto de partida su obra literaria y a partir de ahí lo mismo utiliza sus versos que los convierte en prosa o se inspira en ellos para relatarnos los estados de ánimo que le generan las evocaciones de otras épocas, las añoranzas de los afectos que nunca fueron suficientes o las heridas del amor que jamás cicatrizaron. Un fluido viaje biográfico gracias a la fuerza de sus palabras y a la claridad con que se exponen y quedan ordenados sobre las tablas los distintos episodios, anécdotas y momentos referenciados.

Alegrías y dramas, costumbrismo y modernidad relatados con mucho y buen humor por una mujer que bebe whisky y viste pantalón con pinzas, camisa y corbatas estridentes. Siempre con una sonrisa, pero no para camuflar o maquillar la realidad, sino todo lo contrario, para desnudarla y mostrarla con naturalidad. Ofreciendo la experiencia acumulada con la aceptación de quien va por la vida de frente, mira a sus interlocutores directamente a los ojos y les habla con la convicción que da no solo la razón, sino también la sensatez del corazón. Y por si a alguien le quedaba alguna duda, a mitad de función ella misma escribe sobre la pared “Gloria Fuertes manda”, dejando claro que era dueña de su tiempo, señora de su destino y protagonista absoluta de este recuerdo y homenaje a su persona en forma teatral.

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Gloria, en el Teatro del Barrio (Madrid).