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“Unamuno: venceréis pero no convenceréis”

José Luis Gómez se desdobla para demostrarnos porqué Don Miguel sigue presente y vigente. Sus palabras definieron la naturaleza de una nación, la nuestra, que en muchos de sus aspectos son hoy muy similares a como lo eran cuando él vivía. La perspectiva del tiempo nos permite también entender las contradicciones de un hombre que, tras apoyarlo inicialmente, pronunció una de las frases más críticas y definitorias del franquismo.

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No hay más fuerza que la de las palabras en este montaje, las de Unamuno, las que él dejó escritas en tantas páginas y pliegos, fuente también de las repuestas con que contesta a las preguntas que le hace José Luis Gómez. Él es los dos, el actor que se prepara para interpretarle y quiere conocer sus porqués y el individuo que vio cómo el peor de sus presagios se cumplía y España se entregaba a la violencia del todos contra todos. Un reto y un diálogo en forma de monólogo que el reciente alter ego de La celestina resuelve con la eficaz maestría que tienen los que entienden la interpretación como transmitir una serie de estados de ánimo y no solo una imagen y los que exprimen los muchos sentidos y significados de cada palabra de su texto, en este caso, también firmado por él.

Comienza Gómez metiendo el dedo en la llaga y recordando lo que Don Miguel decía sobre Cataluña, la voluntad popular y los referéndums. Punto de entrada a un intelectual que hizo de la pesadumbre y la contradicción uno de los pilares de su pensamiento, pero no por pesimista, sino por intento holístico, de expresar que todo es a su vez lo contrario y que por muy válida y enriquecedora que sea una opción siempre implicará una renuncia y unas consecuencias que no se conocerán hasta que el futuro se haga presente. Planteamientos de un ciudadano que se sentía tan impotente y cansado como Don Quijote en una España de molinos que se increpaban y agredían de manera continua, un mapa de caos y ruido en el que los discursos de unos y otros quemaban más que sembraban, destruían en lugar de construir.

Tuvo ironía que a él, que dedicó buena parte de su carrera al estudio del español desde su puesto de catedrático de lengua griega, acabara siendo acusado de vasco y de contrario a su patria, un concepto que los que se levantaron el 18 de julio de 1936 prostituyeron con la sinrazón de sus armas y la eclosión del fanatismo armado a que dieron pie.  A ellos, en cuyas intenciones de poner orden en el avispero que era la España de entonces confió en los primeros momentos, fue a los que les dijo venceréis, pero no convenceréis en cuanto vio que su propuesta no era más que la suma del conmigo o contra mí y la ley del más fuerte.

Sentencia que escuchada hoy nos dice que la mejor manera de no repetir el pasado, por muy lejano que nos parezca, es entender sus motivos –y no lo haremos mientras sigamos huyendo de él- para no seguir reproduciendo sus comportamientos.

Unamuno: venceréis pero no convenceréis, en el Teatro de la Abadía (Madrid).

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Querida Almudena Grandes (a propósito de “Los aires difíciles”)

Personajes que viven más allá de las páginas, un completo repaso desde la cotidianeidad a las últimas décadas de nuestra historia, un placer para el corazón, un estímulo para el cerebro.

LosAiresDificiles

Vuelvo a escribirte después del periplo de 800 páginas en edición de bolsillo que me ha tenido viajando desde la costa de Cádiz a Madrid ida y vuelta, así como desde las primeras décadas del s. XX hasta un momento indeterminado de inicios de la centuria actual que es “Los aires difíciles”. Hace ya días que concluí la lectura, pero sigo con la sensación de que Juan, Sara, Maribel, Andrés, Tamara y Alfonso siguen flotando a mi alrededor allí donde voy. Quién sabe, cualquier día de estos te puede ocurrir como a Miguel de Unamuno en sus nivolas y que uno de tus personajes te diga que muchas gracias por haberle creado y que a partir de ahora él o ella decidirá por sí mismo su destino.

Tan bien los has descrito y dado vida a través de sus diálogos que no los he concebido como ficciones, sino como seres de carne y hueso con los que podría cruzarme en cualquier lado, en todos esos sitios donde tu novela me ha acompañado: en el metro en el que voy al trabajo de lunes a viernes, en el AVE que un día me trajo hasta Madrid desde Zaragoza sin darme cuenta de los kilómetros que estaba recorriendo, al levantar la vista hacia la calle cuando leía en el sofá de casa, en la cafetería en la que esperaba a un amigo,… Comenzarte ha sido una vez más un torrente, una carrera detrás de las palabras que conformaban tu propuesta deseando saber y conocer las historias que la formaban y los personajes que las protagonizaban. Entre unas y otros me he sentido avanzar en un camino tan impreciso, desordenado e ilógico como es la propia vida, intangible, etérea y nebulosa cuando miramos hacia adelante, pero que irónicamente resulta precisa, ordenada y lógica cuando echamos la vista atrás y observamos el camino ya transitado.

Ese deseo de futuro, construcción de presente y revisión de pasado se convierte de tu mano en auténtica literatura. Leyéndote, el recorrido vital que has creado se convierte en una experiencia que acompaña a su lector más allá del momento de tener tu volumen entre sus manos, narraciones sobre terceros que pasan a ser sensaciones y emociones, vivencias propias. Porque desde esos aspectos tan pequeños y tan nimios que se escapan de los textos académicos has escrito también sobre Historia, la que se inicia con una hache mayúscula, porque nos cuentas cómo se vivió y pensó a pie de calle durante un tiempo ya pasado, pero del que somos herederos y descendientes. Así, a través de escenas cotidianas como ganarse la vida planchando, fiestas de juventud, diálogos a la vera de una cocina de carbón, clases en academias nocturnas, paseos por Madrid en coches hoy ya descatalogados o cenas a altas horas de la noche en comedores llenos de humo vemos como nuestro país pasa etapa a etapa desde la horrenda Guerra Civil a la cruel posguerra, las duras décadas de franquismo, la ilusionante transición y la joven democracia hasta llegar a su consolidación con sus luces y sus sombras.

Con tu saber hacer, describiendo cada detalle, narrando cada acontecimiento, dialogando de viva voz cuanto se es capaz de decir y dejando para la cursiva interior las palabras que luego nos queman por dentro has construido un universo plagado de multitud de personas que te trasciende. Un mundo que tú creaste y que desde el momento en que lo publicaste tiene vida propia a partir de todo los que lo hemos leído, sentido y vivido. Un placer para el corazón, un estímulo para la razón, eso han sido para mí “Los aires difíciles”.