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A este tío le conozco (Diálogos en metro de Madrid II)

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Rubio: Mira, este es Luis, el tío del gimnasio del que te había hablado.

Moreno: ¿Ese? ¡Ah mira! Pues no me lo imaginaba así. Suponía que era más fuerte, como más imponente, con más presencia. Tal y como hablas de él creía casi que sería como un atleta olímpico.

Rubio: ¡Qué exagerado que eres! Hombre, hay días que le veo corriendo hasta más de una hora en la cinta, y a buena velocidad, que yo me pongo a su lado y ni por asomo llego a lo suyo. Y el tio por más que suda, con la mirada al frente en todo momento, escuchando su música y como si pudiera ir aun más rápido. En el fondo es por eso por lo que me llama tanto la atención. De niños estábamos juntos en la misma clase en el colegio y entonces él era siempre el último en clase de gimnasia, el que a duras penas completaba las carreras, el que se ahogaba,…, los demás se reían de él.

Moreno: ¿Los demás? ¿Y tú estabas entre esos “los demás”?

Rubio: Bueno, no siempre, aunque sí, alguna vez sí que lo estuve, no es que me sienta orgulloso de ello, pero bueno, cuando eres niño, ya sabes.

Moreno: Ya, ya sé, aunque yo nunca hice ese tipo de cosas. En casa me dejaron bien claro que no le hiciera a los demás lo que no quisiera que me hicieran a mí.

Rubio: ¡Anda! ¡Y a mí! En fin, no voy a justificarme ahora, no tendría ningún sentido. Pero eso, el último de la clase. Ahora mira, ¡nos daría mil vueltas a todos!

Moreno: ¿Y has hablado con él?

Rubio: No, un año al comenzar el curso él ya no estaba en la misma clase y debe hacer como casi veinte años que no le veía hasta que hace unos meses le vi entrenando justo enfrente de donde yo estaba haciendo abdominales. Bueno, haciendo haciendo, tú ya sabes (sonrisa y señalándose el estómago). A mí me sonaba su cara, pero no caía, y le miraba y le miraba, hasta que de repente me dije, ¡jóder, si es él! La verdad es que me dio corte acercarme, después de tanto tiempo, no sé,…, a lo mejor no se acuerda de mí, o si lo hace no tiene buen recuerdo de mí.

Moreno: Mmm, no sé, pero yo, si fuera tú, lo haría, quizás te cueste, pero si crees que en su día no lo hiciste bien, sería una manera de pedirle perdón, o de que él viera que tú sientes que no estuvo bien cómo te comportaste, aunque fuera en pocas ocasiones.

Rubio: Sí, puede que ser que tengas razón, pero, bufff, eso, me da un poco de… de vergüenza, la verdad. ¿Y si no se acuerda de mí? ¿O si pasa de mí?

Moreno: Eso nunca será ni la mitad de lo que entre todos le hicisteis a él. Dale una oportunidad a la situación, probablemente te sorprendas, ¿cómo actuaba cuando os reíais de él?

Rubio: Impertérrito, como si no fuera el tema con él. Al recordarlo desde ahora diría que con un saber estar y una madurez que ya hubiéramos querido para nosotros los demás. Visto desde ahora, era el comportamiento nuestro el que debía ser reído por patético, y no el suyo por aun no haciéndolo bien, esforzarse por conseguirlo y por cumplir lo que se le pedía.

Moreno: Acércate a él y a ver qué pasa. Si pasa de ti, así comprobarás una mínima parte de lo que por dentro le hacíais sentir. Y si te da conversación, pues… una buena lección de humildad que te da el destino.

Rubio: Lo sé, lo sé, igual que sé que lo haré, solo me falta terminar de atreverme a hacerlo. Ya te contaré…

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El: Pero si yo a este tío le conozco, ¡joder, si es el rubio de la clase del colegio! ¡Qué gracia, con la de tiempo que ha pasado desde entonces! Estaría bien volver a verle un día y saber qué ha sido de su vida…

(Fotografías tomadas en Madrid el 31 de agosto y el 26 de marzo de 2014).

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¡Nos están mirando! (El y ella, sonrisas en metro de Madrid)

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ELLA: Nos están mirando. Lo noto, es evidente, no es que los asientos estén situados justo enfrente de nosotros, ¡es que nos están mirando de manera descarada!

EL: ¡Y qué más da! ¡Tú y yo a lo nuestro! Sabes qué, que si nos miran es porque les gustamos, algo les atraerá de nosotros, quizás sea tu sonrisa, o la mía, o tus ojos, o los míos,…

ELLA: O lo que decimos, ¡nos están cotilleando!

EL: ¡Vamos! ¡Fijo! ¡Lo que tú y yo comentamos es secreto de estado! Lo aburrido que es el nuevo novio de Natalia, el vestido tan bonito que te compraste ayer para la fiesta del próximo sábado o la pereza que te da pensar que mañana es lunes y hay que ir a trabajar. Todo eso le interesa mogollón a esta gente.

ELLA: ¡Bah, déjalo! Para mí que nos están mirando y escuchando, si para ti no, pues será que te da igual, pero a mí ¡no me gusta!

EL: ¡Claro que te gusta! ¡Vanidad! ¡Te puede la vanidad! Y si no, ¿por qué esa sonrisa mientras te digo todas estas cosas? ¿Por qué te brillan los ojos? ¿Por qué esa pose de tus piernas? ¡Si pareces estar lista para el mejor de los posados de la temporada!

ELLA: ¡Vanidad! ¿Cómo te atreves? ¡Qué descaro el tuyo! Oye, yo solo estoy preparada para lo que pueda pasar en cualquier momento. De ahí a que me acuses de querer verme en televisión o en una revista fotografiada por unos paparazzis,…, te equivocas guapo, ¡te equivocas!

EL: Vale, si eso es lo que tú dices, no insisto, pero… ¡no te creo!

ELLA: Y yo te digo que no solo nos están mirando, sino que nos están escuchando, ¡lo mismo hasta nos están grabando! Tiempo al tiempo, lo mismo cualquier día vemos esta conversación entre tú y yo transcrita en cualquier lugar, en papel, en internet, o representada en un escenario.

EL: Eso, que siga tu delirio. ¡Este diálogo entre tú y yo convertido en material para “El Club de la comedia”! ¿Es eso lo que me estás diciendo? Espero entonces que no nos hayan grabado en  conversaciones como la que tuvimos anoche en mi casa…

ELLA: ¡OYE! ¡A ver si ahora encima les vamos a dar pie a querer escucharnos en más momentos! Voy a comenzar a pensar que tú estás disfrutando con todo esto. A ver si el vanidoso eres tú, ¡me da a mí que eres tú el que quiere verse representando en un teatro! ¡Convertido en un personaje de ficción! Y que la obra comience con un “basado en hechos reales” y que la gente al salir de la función diga “qué protagonista, qué auténtico, parece una persona real que podrías encontrarte en cualquier momento en la calle o en el metro”.

EL: Jajajaja, ¡a imaginación me ganas! Yo nos había visto en escena, ¡pero tú ya das por hecho que la obra tendrá buenas críticas!

ELLA: ¡Qué petardo que eres! Déjalo, no me desvíes el tema, para mí que nos están grabando, y si no, mira a ese bicho de enfrente, para mí que detrás de esos ojos de mentira hay un micrófono…

IMG_20140815_011305(Fotografías tomadas en Madrid el 15 y 17 de agosto de 2014)