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“La peste” de Albert Camus, ¿vivir la vida o sobrevivir a la vida?

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Albert Camus construye una historia sobre el sentido de la vida. Te sitúa en Orán, contándote su emplazamiento geográfico y su meteorología. Comienza la historia con una anécdota, ratas que aparecen muertas. Da un salto y las enfermas comienzan a ser las personas, entra en el detalle, se genera tensión y su relato coge ritmo. La enfermedad crece y la muerte hace acto de presencia, saltan las alarmas, el horror invisible es ya el protagonista. La peste lo invade todo, no es sólo la realidad tangible de una enfermedad con una sintomatología, medidas preventivas y tratamiento, sino también una atmósfera, un espíritu invisible que lo empaña todo. Se pasa entonces al mundo de lo invisible, al universo de las sensaciones, a las individuales y las colectivas, las primeras se suman para crear las segundas, y las segundas influyen con su fuerza sobre las primeras dejando de quedar claro si somos unicidades o parte de una masa. Se limitan los registros de comportamiento y pensamiento, y los que se siguen practicando es de manera opaca y con un alcance limitado. La vida ya no es para vivirla, sino para sobrevivirla. …Qué duro debía ser vivir únicamente con lo que se sabe y con lo que se recuerda, privado de lo que se espera…

En ese in crescendo se desvelan tanto la figura del narrador que nos guía como la de los personajes principales. Algunos de ellos mentes que se crecen y bucean en las tinieblas que se han formado para hacer de la densidad claridad, para en la enfermedad –tanto en la médica como en la espiritual- dar con la esencia del virus con la que crear el antídoto para las futuras ocasiones. Tienen el tesón sin fin y la voluntad infinita para no dejarse llevar por lo visible de la situación y buscar en ella las corrientes limpias que sigan haciendo que los humanos seamos seres racionales con posibilidad de mejorarnos y seguir creciendo, y no caer de nuestro lado animal. Ese que nos lleva a la ley del más fuerte en lo físico y a ser cada día menos en lo que a futuro respecta. …Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo…

Personajes y Camus integran al lector mediante la reflexión, en la búsqueda incesante de los argumentos que expliquen el presente, uniéndolo con el pasado (qué antes fue como esto, qué nos ha llevado hasta aquí) y dirigiéndolo hacia el futuro (sabremos evitar volver a caer en los mismos comportamientos, nos habremos superado a nosotros mismos). En el apocalipsis, en la tragedia, en la oscuridad, siempre hay motivos para la confianza y la esperanza en el género humano, en nosotros mismos. …Hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio…

Pero en “La peste” como en la vida nada es lineal, ni causa-consecuencia, sino que todo lo bueno es también potencialmente no bueno, y el esfuerzo por mejorarnos debe estar siempre presente. La estabilidad como tal no existe, o hacemos por ir a más, a conocer más y conseguir más, o dejaremos de comprender y perderemos la conexión con el mundo en que vivimos y no sabremos cómo hacer frente a los desafíos de cada día, tanto los que ya tenemos como los que hayan de venir. Es entonces, cuando del desconocimiento surge la desconexión y de ahí el enfrentamiento, y volvemos al punto inicial de ponernos en riesgo. …El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tanto desastre como la maldad…

El mismo trayecto…

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… cada mañana, parando en esta estación entre las 08:10 y las 08:15, depende de lo que haya tardado en salir de casa y si he llegado a tiempo para coger el tren de las 07:50 o si ha de ser el de las 07:55 y entonces ya voy con el alma en un puño.  Hay días que este recorrido se me hace eterno, no sucede nada, no varía el trayecto ni en un color, ni en un sonido, ni en una imagen con respecto al día anterior. Otros, en cambio, disfruto a cada segundo de él, observando cómo varía la luz en ese momento entre el amanecer y el arrancar del día, las personas que se suben al vagón en cada parada, a las que veo por primera vez y aquellas a las que lo hago por la enésima ocasión, cómo van vestidas hoy y cómo lo iban ayer,… Elucubrando qué pasará en sus cabezas, qué estarán pensando, dándole vueltas en mi cabeza a esa idea de hacer periodismo o ficción sobre el anonimato de la cotidianeidad. Seres auténticos que definen su personalidad con su nombre y apellidos, y no personajes que se retratan por lo que de ellos se ha dicho o publicado en este medio o en aquel otro.

Esta chica, por ejemplo, cómo se llama, de dónde viene, a dónde va, con quién vive, a quién va a ver. Y a partir de ahí surgirían datos, anécdotas y detalles con los que construir el relato de su vida. Pasar de la entrevista al diálogo y que me cuente qué le motiva, con qué sueña o qué dejó atrás. Quizás se llame María, viene de casa, vive por la zona de Pirámides, se dirige a su trabajo en una agencia de publicidad, lleva la cuenta de una firma de coches. Su aparente seriedad es una mezcla de sueño y concentración, aún no se ha puesto en plena marcha mental, pero va pensando cómo le expondrá a su jefe la presentación del reporting semestral que han de hacer a su cliente. En estas estoy cuando han transcurrido los diez minutos que me llevan de Atocha a Nuevos Ministerios e interrumpo la historia, me bajo del tren y sin ella delante ya no soy capaz de seguir su historia. Sin el estímulo de su presencia mi imaginación se debilita y se me cruzan otras personas que quizás me hagan iniciar nuevos caminos de fantasía.

Vuelvo a coger el tren al día siguiente, nuevamente a las 07:55, ya son tres días seguidos en que algo me retrasa en el último momento. Hoy no la veo a ella, pero sí a un chico en el que ayer era el asiento vacío de su acompañante, ¿es él su chico? ¿El él de ella? ¿El él para ella? ¿Se conocen? Esta es una ciudad de más tres millones de habitantes, probablemente no, cuestión de estadística, aunque, quién sabe. Esas cosas ocurren en la literatura (lo he leído), en el cine (lo he visto), en las canciones (lo he escuchado), y también en mi mente (lo he imaginado). A él no tengo claro qué papel darle, por un lado sueño con que tenga puntos en común con ella, aunque lo más seguro es que no tenga nada que ver con ella. Qué pena, ¿no?

En esta ciudad se cruzan cientos, miles, decenas de miles de caminos personales a modo de líneas sobre un mapa que me da la sensación de que al ser tantas y tan cercanas acaban convirtiéndose en una gran mancha que impide ver el callejero sobre el que caminamos. Entonces las líneas dejan de ser líneas, pasan a ser parte de una gran área de color negro que se desplaza de manera programada arrastrando al automatismo a todos los que han quedado atrapada en ella. Y cada uno de nosotros ya no vemos al de al lado, yo ya no te veo a ti ni tú a mí, y quizás él se está perdiendo la oportunidad de saber quién es ella, y ella ni se percata de que él existe.

IMG_20140911_084831(Fotografías tomadas en Madrid el 9 y 11 de septiembre de 2014).

“Desarrolla tu cerebro: la ciencia de cambiar tu mente” de Joe Dispenza

¿Cuál es la diferencia entre cerebro y mente? ¿Con cuál actuamos? Nuestra mente es la que elige qué queremos hacer, qué propósitos nos marcamos,… y nuestro  cerebro pone en marcha toda la maquinaria propia y la que requiera del resto del cuerpo para conseguirlo.

Entonces, ¿por qué hay veces en que nuestra intención de cambiar, de conseguir algo nuevo, se queda en papel mojado y volvemos a repetir una y otra vez los mismos patrones de conducta? Ese es el propósito de “Desarrolle su cerebro”, obra del neurocientífico Joe Dispenza, entender el funcionamiento del cerebro (cómo este puede marcar el registro de emociones que vivimos) y cómo la mente ha de interrelacionarse con él para mejorarnos y crecer.

Nuestro cerebro es un gigantesco ordenador que articula la complejidad a la que tras millones de años de evolución humana hemos llegado. Paso a paso, cada nuevo logro conseguido ha implicado también consolidación del mismo en el desarrollo de nuestro cerebro, hemos llegado a nuevas capacidades que forman parte de cómo somos, que nos definen. Nos creemos que son innatas, pero fueron grabadas en nuestro cerebro –modificaron sus estructuras neuronales- a través de la práctica de la/s mente/s que pusieron a este a conseguir dicho reto.

Y queremos seguir mejorando, corregir aquellas conductas que no nos producen satisfacción. Buscamos crecer, alcanzando nuevos desarrollos que en nuestra mente imaginamos. El objetivo último es que las mejoras y los crecimientos se integren en nuestra persona, en nuestro cerebro y nuestra mente de forma simultánea, para tener mayores posibilidades de crecimiento individual y colectivo.

La mente dirige y el cerebro ha de ponerse a su disposición. Pero, ¿lo hace? No siempre. ¿Por qué? Porque tiene a nuestro cuerpo supeditado a sus órdenes, a unos hábitos en los que se basa sus registros y su (des)equilibrio químico-emocional. ¿Es el adecuado? En muchos casos no, pero es lo único conocido para nuestro cerebro. Ese es el reto, ¿cómo ampliar dicho registro y rehacer el equilibrio para vivir un mayor bienestar personal?

El detallado análisis científico –excesivo en muchos momentos para los neófitos en estos temas, ese es principal hándicap de este título- del Dr. Joe Dispenza repasa desde lo más básico de nuestra estructura neuronal hasta la complejidad que articula en nuestro cerebro comportamientos, pensamientos y decisiones y las posteriores sensaciones que estos nos provocan, o bien al revés, cómo las reacciones químicas que conllevan determinadas sensaciones pueden limitar nuestras vivencias y elecciones en un ciclo que se repite una y otra vez y parece no tener salida.  Su intención es que conociendo las variables de nuestro cerebro, nuestra mente sabrá mejor cómo dirigirle y llegar a modificar sus estructuras neuronales e intervenir así sobre el equilibrio químico-emocional de nuestro cuerpo. Un trabajo arduo, pero vital para corregir actitudes que no nos son positivas o encontrar las vías por las que seguir evolucionando desarrollando nuevos propósitos y facultades.

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(imagen tomada de amazon.es)

(página web del Dr. Joe Dispenza: http://www.drjoedispenza.com/)