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“El efecto del aleteo de una mariposa en Japón” de Ruth Ozeki, best seller con aspiraciones

Dos mujeres en diferentes localizaciones y tiempos comunicándose e influyéndose mutuamente en una historia que recoge múltiples aspectos que dan forma y sentido a sus vidas. Un relato bien estructurado, pero descafeinado en su intento de conseguir una atmósfera espiritual a la manera oriental.

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Un buen día, caminando por la playa en una isla del oeste de Canadá en la que vive, Ruth se encuentra una bolsa que en su interior guarda varios elementos: un ejemplar de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, que tras su portada esconde un diario escrito en japonés, una serie de cartas manuscritas en francés y un reloj de pulsera masculino. De vuelta a su casa inicia la lectura de las páginas que han llegado a sus manos, introduciéndonos así en la historia de Noa, una adolescente nacida en EE.UU., pero trasladada apenas unos meses antes al Japón del que es originaria su familia. Guiados por lo que ha redactado conoceremos algunos de los contrastes del país del sol naciente, como el del el acoso escolar con sus múltiples formas de violencia física y psíquica, y la tradición espiritual de comunicación, mimetización y empatía con el entorno encarnada por la bisabuela Jiko, mujer con 104 años de vida.

Alternando los capítulos que protagonizan cada una de ellas, se combina una doble narrativa. Por una lado, la autobiográfica de Noa al oeste del Pacífico, y por el otro, la de Ruth, residente en tierras norteamericanas y cuyos aconteceres conocemos en tercera persona contados por la autora (que se llame como este personaje que también es escritora, ¿mera coincidencia o hay algo de identificación en ello?). Dos realidades paralelas separadas no solo por una miles de kilómetros, sino también por años en el calendario. Mientras en Japón viven en el 2001 acontecimientos lejanos como el 11-S, en Canadá siguen con gran atención una década después las consecuencias del tsunami que arrasó la costa occidental japonesa en 2011.

En esa distancia geográfico-temporal es donde reside la paradoja sobre la que se construye un relato que se presenta como paralelo y recíprocamente influenciado. Según el planteamiento de Ruth Ozeki, la existencia humana es energía que se materializa en personas, lugares y acontecimientos, pero en algo que supera las coordenadas físicas y la linealidad cronológica. Una idea que va más allá de las simplificaciones que en este lado del mundo hacemos de las distintas corrientes de pensamiento oriental, valga como ejemplo la desacertada traducción en español que se la ha dado al título original de esta novela, A tale for the time being.

Junto a algunos de los asuntos ya señalados, hay otros que se tratan de manera amplia y bien estructurada, como la relaciones entre padres e hijos y las líneas genealógicas que unen varias generaciones, la muerte como una cuestión natural o como una elección (el suicidio), los principios que motivan nuestro proyecto de vida o la actitud que tenemos ante las distintas formas de brutalidad humana (guerras, explotación laboral, prostitución,…) que nos podemos encontrar a lo largo de nuestra biografía.

Lo que no alcanza esa misma altura es el tono de la narración. Intentando adoptar modos orientales en sus descripciones y diálogos, se queda en ese punto intermedio entre lo sencillo y lo simple, lo que impide cuajar una novela que acaba pareciendo una combinación de dos, una para adolescentes con aspiraciones de adultos y un best-seller de los que se pueden encontrar, tal y como indica semejante término, en las estanterías de los más vendidos de muchas librerías.

El efecto del aleteo de una mariposa en Japón, Ruth Ozeki, 2013, Editorial Planeta.

“Ninguna ciudad es eterna” de Iñaki Echarte Vidarte

Puede que Venecia lo sea. Nunca estuvo ahí y quizás llegue el día en que sea recordada como una nota a pie de página en el gran libro de la historia de la humanidad. Pero todo el que la visita hoy siente que ha estado en un lugar especial, único, en un emplazamiento imposible de olvidar. Esa ciudad, experiencia y cúmulo de emociones y sensaciones es a la que se vuelve, se descubre y recuerda con esta colección de imágenes y relatos.

Iñaki ha pateado, leído y estudiado a la Serenísima. La ha vivido, soñado e interiorizado y por eso la evoca y la supone una y otra vez. Toma como punto de partida lo que vio y sintió cuando estuvo allí y lo filtra por lo que recuerda haber leído, pensado y escuchado. Ha editado las 1715 imágenes y los cuentos que ha tomado e imaginado en sus calles, canales y miradores y los comparte con nosotros en este conjunto entre el homenaje, la devoción y una sugestión que tiene tanto de creatividad como de escapismo. La Venecia a la que nos traslada es real, pero es también un lugar, un espacio en el que ser y estar con una intensidad, pureza y autenticidad que nos impiden el ruido, el desequilibrio y la falta de armonía con que vivimos a este lado de sus páginas.

Iñaki juega a la metaliteratura, a la reinterpretación y a las realidades paralelas. Nos ofrece su Venecia, pero no oculta que en ella están también la de Thomas Mann, la de John Ruskin y la de Marcel Proust, así como las fotografías de Mariano Fortuny y Madrazo, los lienzos de Carpaccio y las esculturas de Antonio Canova. La divisa desde lo alto de sus torres, la mira a pie de calle y observa el contraste que ofrece su arquitectura ejerciendo como espacio irregular que separa y une el oleaje de la laguna y el azul de su cielo.

Iñaki se muestra, aunque no lo hace con la primera persona del singular, sino a través de la imagen que de sí mismo le devuelven los personajes, lugares y situaciones que se encuentra, desdoblando la simetría de lo que son y lo que podrían ser, relatando la hondura que albergan todos esos instantes que pasan desapercibidos entre la tranquilidad del amanecer, la marea de turistas posterior, el hipnotismo de los atardeceres y el tránsito nocturno.

Iñaki expone quién es, cómo siente, qué le motiva y con qué sueña en este recorrido literario y fotográfico por el callejero, los horarios, las etapas históricas y las ocupaciones de quienes habitan y visitan Venecia. Parece fugaz por trasladarnos hasta ella con historias cortas e instantáneas, con una redacción ordenada e imágenes equilibradas con la que nos ofrece un ejercicio de síntesis narrativa y personal en el que se combinan lo romántico y la ilusión -con algunas dosis de fantasía y diversión-, el rédito de la observación y el sedimento del paso del tiempo. Por poner un pero, ojalá una posterior edición de Ninguna ciudad es eterna en la que sus fotografías estuvieran impresas tal y como merecen.

Ninguna ciudad es eterna, Iñaki Echarte Vidarte, 2020, Editorial Tres Hermanas.