Archivo de la etiqueta: Inteligencia Artificial

Privacidad, falsedad y manipulación: el otro lado de la transformación digital

La revolución tecnológica en la que estamos inmersos ha metamorfoseado de tal manera las funcionalidades con que resolvemos nuestras necesidades diarias que no parecemos ser conscientes del cambio sistémico en el que estamos inmersos y de sus consecuencias. La evolución es positiva si nos beneficia a todos, algo que impide el modelo de negocio de las redes sociales, los usos inapropiados de la inteligencia artificial y la falta de debates éticos sobre los límites a establecer. Estos documentales de Netflix, HBO, Filmin y RTVE nos invitan a reflexionar sobre ello.

The perfect weapon (2020, HBO). ¿Cuánto pueden llegar a afectarnos los fallos en ciberseguridad? Tanto o más que la destrucción física, por eso las guerras hoy en día se juegan también en esa dimensión. La amenaza es dejarnos sin fondos económicos, dinamitar el funcionamiento de las infraestructuras más básicas o apretar el botón de stop en la operativa de cualquier industria o empresa en cualquier punto del mundo. No es una fantasía, es algo que ya ha ocurrido en un sinfín de lugares auspiciado tanto por gobiernos y servicios secretos, como por delincuentes aventajados en el uso de las nuevas tecnologías.

Posverdad: desinformación y coste de las fake news (2020, HBO). La intensidad, insistencia y eco de las mentiras puede ser tal que no solo oculte la verdad, sino que genere movimientos e iniciativas sociales que atenten contra la integridad y estabilidad de nuestras democracias. La realidad es que la falsedad nunca es producto del error o el desconocimiento, sino que está concienzudamente preparada y transmitida para generar desconcierto y polarización. Un ruido que, mientras entretiene y separa a los que se lo creen y a los que son víctimas de sus ataques verbales y físicos, es utilizado por sus organizadores para asaltar el poder político, mediático y económico.

Sesgo codificado (2020, Netflix). ¿De verdad los algoritmos son justos y neutrales, eficientes y eficaces, objetivos y asertivos? Los hechos nos demuestran que no, que están contagiados de los mismos prejuicios que los seres humanos. A fin de cuentas, son diseñados por personas, lo que hace que su funcionamiento y rendimiento estén teñidos por los mismos filtros, asunciones, inexactitudes y disfunciones que las decisiones humanas. Algo que, por norma, discrimina a quien no cumple el prototipo mayoritario marcado por la raza blanca sobre las demás, la heterosexualidad ante otras orientaciones sexuales u otros aspectos como la edad, el origen étnico o hasta el lugar de residencia. 

El gran hackeo (2019, Netflix). Disección del escándalo de Cambridge Analytics con el que quedaron claras dos cosas. El propósito de Facebook no es facilitar la comunicación entre personas sino obtener el mayor número de datos de sus usuarios y monetizarlos cuanto le sea posible, sin hacer caso a regulaciones ni a planteamientos éticos. Y que Donald Trump se sirvió de ello para manipular, engañar, violentar y radicalizar cuando pudo al electorado norteamericano para ganar las elecciones presidenciales de 2016. La consecuencia, un punto de no retorno del que tomar nota para no dejar que esto se convierta en norma.

El dilema de las redes sociales (2020, Netflix). ¿Cuán espontáneo y orgánico crees que es tu muro de Facebook o Twitter? No tanto como supones. ¿Qué determina lo que ves y en qué orden? Alguien que no eres tú. A partir del análisis de tus interacciones (me gusta, comentarios o click en un link) se te ofrecen contenidos alternativos que tienen como objetivo alimentar tu curiosidad y perpetuarte ante la pantalla o, peor aún, presentarte una visión de los asuntos que te atraen, interesan o preocupan acordes a tus sesgos con el fin de exaltarte o radicalizarte. El riesgo es que acabes teniendo una imagen del mundo no solo falsa, sino enfrentada con quien no la comparta.

I.nmortalidad A.rtificial (2021, Filmin). ¿Te imaginas crear un avatar o un androide que almacene todos tus recuerdos para que el día que no puedas comunicarte, o fallezcas, tu hijos y nietos puedan seguir relacionándose contigo? El punto de partida es registrar nuestras facciones, el tono de nuestra voz y los momentos, impresiones y sensaciones de nuestra biografía a partir de fotografías, vídeos, perfiles sociales y demás. A partir de ahí, la inteligencia artificial las interpretaría de manera que nuestro alter ego digital interactuaría con quien se situara frente a él respondiendo de manera análoga a como lo haríamos nosotros y haciéndole sentir que puede seguir contando con nosotros. Un medio de mantener viva la conexión de las futuras generaciones con su pasado, pero también, quién sabe, un riesgo de que la ciencia ficción en que la máquina supere al hombre, y se haga dueño y señor de su destino, se haga realidad.

Justicia artificial (2022, RTVE). ¿Aceptaríamos ser juzgados por un sistema de inteligencia artificial? ¿Confiamos en que vaya a ser justo y que sepa interpretar no solo la ley sino también el rol que tienen las emociones y las motivaciones -diferenciar entre error, despiste e intención- en su incumplimiento? Cuestiones que se añaden a la duda sobre la imparcialidad de los algoritmos y el desconocimiento de quiénes están tras ellos y los criterios que siguen para su diseño. Sin olvidar un asunto importante, si estos se fundamentan en el análisis del pasado, ¿cómo seríamos capaces de imaginar o visionar escenarios futuros a partir de la experiencia? (Link)

Cryptopia (2020, Filmin). ¿Son las criptomonedas el futuro de nuestras finanzas y la base sobre las que se sustentarán las transacciones económicas en el medio plazo? ¿Quiénes están tras ellas? ¿No supondrán realmente un trasvase de un modelo de regulación establecido por estados a otro controlado por determinadas personas físicas? A su vez, la tecnología blockchain promete descentralizar internet y devolver su control a cada uno de sus usuarios, dejando atrás la etapa de oligopolio de grandes compañías con un modelo de negocio fundamentado en la obtención y monetización de nuestros datos. ¿Utopía o vuelta de tuerca?

“Los diarios de Andy Warhol”: arte, originalidad y espectáculo

El genio del popart vuelve a la vida gracias a la inteligencia artificial para leernos su intimidad. Testimonio complementado con entrevistas a quienes le conocieron y trataron personal, artística y comercialmente. Una serie bien documentada y editada que nos permite conocer más y mejor la diferencias, similitudes y conflictos entre la persona y el personaje.

Basta con mirar a nuestro alrededor para comprobar cuán vigentes, integradas y normalizadas en la iconografía y el audiovisual de nuestros días siguen las innovaciones y actualizaciones del lenguaje artístico ideadas y materializadas por Andy Warhol. Hay que ser muy bueno para, aun a pesar de la velocidad con que se suceden los cambios hoy en día, seguir siendo un referente y una fuente de inspiración a la que acuden continuamente artistas y creadores. Basta comprobar los filtros de redes sociales como Instagram o TikTok, el descaro que manifiestan toda clase de intérpretes en sus registros fotográficos promocionales y el bombardeo publicitario al que estamos sometidos continuamente desde allá hacia donde miremos. Quién sabe cuánto hubiera evolucionado el universo Warhol de no haber fallecido, a los 58 años, el 22 de febrero de 1987.

Un chico apocado y católico, un joven tímido y retraído por su físico, y un adulto enigmático y difícil de precisar. Alguien poco elocuente y hermético en lo que tenía que ver con sus sentimientos, pero tremendamente expresivo en términos estéticos y conceptuales. Dimensiones que unió en los diarios que durante años le dictó telefónicamente a Pat Hackett y que esta editó y publicó en 1990. Casi un millar de páginas con las que conocer las sensaciones que le provocaban personas de toda clase y condición, las impresiones con que sintetizaba los reconocimientos que recibía y los desprecios que sufría y, sobre todo, los lugares, nombres y vivencias que determinaron su obra y su biografía.

El valor y acierto de los seis capítulos de esta serie de Netflix es que reconstruyen a Andy Warhol a partir de los diarios, siendo estos el elemento que articula su guión y montaje, y no el complementario que lo refrenda. Pieza vehicular que, inteligencia artificial mediante, suena como si fuera la propia voz de Warhol quien pronuncia sus palabras. Atmósfera de cercanía y privacidad que se prolonga con entrevistas a quienes formaron parte de su círculo personal y profesional, para desglosar la ligereza, ambigüedad y profundidad con que se refería a su vida amorosa, a su continua búsqueda de estímulos creativos y a su ánimo por trascender los códigos, formatos y canales establecidos para el arte.

La dirección de Andrew Rossi y la producción de Ryan Murphy hacen suyo el homoerotismo, el impacto visual y el esteticismo formal de Warhol. Un diseño de producción sustentado en una cantidad ingente de material, manejado acertadamente cuando es con intención explicativa, abrumadora cuando es con ánimo descriptivo, que hace seria y creíble su aproximación. Sobre todo en su tratamiento de las relaciones de pareja que mantuvo con Jed Johnson y Jon Gould; de las motivaciones y consecuencias de su colaboración con Jean-Michel Basquiat; y de su conversión en un personaje mediático y social tan auténtico, diferente, único y original como las obras firmadas por él que hoy lucen en las residencias de muchos ricos coleccionistas y en las paredes de muchos museos en todo el mundo.