Archivo de la etiqueta: homenaje

“Mauthausen. La voz de mi abuelo”

Manuel nos cuenta a través de su nieta su vivencia como prisionero de los nazis en un campo de concentración tras haber huido de la Guerra Civil y ser uno de los cientos de miles de españoles que fueron encerrados por los franceses en la playa de Argelès-sur-Mer. Un monólogo que rezuma ilusión por la vida y asombro ante la capacidad de unión, pero también de odio, de que somos capaces el género humano. Un texto tan fantástico como la interpretación de Inma González y la dirección de Pilar G. Almansa.

Mauthausen.jpg

Por mucho tiempo que pase los testimonios en primera persona de cuantos vieron sus vidas arrasadas por la II Guerra Mundial seguirán agitando nuestras conciencias. Cierto es que cabe el riesgo de que acabemos, si no lo estamos ya, inmunizados y nos suenen todos iguales, de que nos parezcan más el argumento de una ficción que algo que no solo pasó, sino que puede volver a ocurrir (parafraseando a Primo Levi). Mauthausen tiene la virtud de sorprendernos aun contándonos una historia que en líneas generales ya conocemos, de emocionarnos a pesar de haber escuchado y visto anteriormente narraciones similares.

Y lo logra porque no pretende mitificar a su protagonista, sino mostrarlo con veracidad, no como un héroe, sino como alguien que no tuvo más opción que sobrevivir. Una y otra vez, porque no fue en una única ocasión, un momento puntual, en que vio su vida peligrar. La Guerra Civil española le pilló en La Línea de la Concepción, su llegada a nado a Gibraltar para huir de los fusilamientos aleatorios, el paso andando al otro lado de los Pirineos a mediados de 1939, estar prisionero en una playa en la que tenía que cocinar con agua del mar, enrolarse en el ejército francés para hacer frente al enemigo alemán y ser abandonado por los mandos, verse en un vagón de mercancías, en un barracón lleno de piojos, tras una alambrada electrificada con una simple camisa a muchos grados bajo cero.

Acontecimientos que transmite sin imposturas físicas ni discursos reformulados a posteriori para impresionar, sino trasladándose hasta aquel duro entonces con el gesto y con la piel, con la verosimilitud de las imágenes que quedaron grabadas en sus retinas. Evocando a la manera de Viktor Frankl (El hombre en busca de sentido), con buen humor y sencillez, las conversaciones cotidianas que surgían en esas circunstancias, pero recordando también tanto lo salvaje crudeza de sus verdugos como las valentías anónimas de las que muchos fueron capaces. Ya fuera por no perder la esperanza de salir de aquella, por dejar prueba de lo que estaba ocurriendo o por mantener la ilusión de volver a vivir algún día en paz y libertad.

La dirección de Pilar G. Almansa se centra en lo nuclear, en que lo que Manuel cuenta sea lo protagonista, pero asegurándose de que nos llega y entendemos su magnitud, tanto la que compartimos todos, la humana, la de la civilización a la que pertenecemos, como la suya propia, la individual, la de la experiencia que le marcó y que supo superar e integrar tanto en su bagaje de vida como en su personalidad. La continua transformación del escenario en cuanto es necesario gracias al uso de la luz, la música, los efectos sonoros y unos escasos elementos escenográficos (una escalera, una silla, una mesa, unos pares de zapatos, una alambrada, unos palos y unos focos) solo se puede definir como exitosamente inteligente.

Una doble labor que se compenetra a la perfección con Inma González. Sea por su capacidad como actriz, sea por su deseo de honrar, homenajear y dar voz a su abuelo, su interpretación es excelente. La habilidad con que maneja los recursos que tiene a su alcance y la fluidez cercana a la danza con que se mueve sobre el escenario, sumada al amplio abanico de estados de ánimo que transmite, convierten la experiencia de ser espectador de Mathausen en algo vibrante y profundamente emocionante. La voz de mi abuelo consigue esa magia que solo el teatro sobresaliente es capaz, fusionar el alma y el corazón de Manuel con la de aquellos que han ido a conocerle.

Mathausen. La voz de mi abuelo, Nave 73 (Madrid).

Anuncios

“Soldados de Salamina” de Javier Cercas

La Guerra Civil que comenzó hace 80 años es un tremendo agujero negro con muchas piezas aún por conocer y conectar tanto a aquel entonces como a nuestro presente. Una de esas, la de la supuesta salvación de morir fusilado del fundador de la Falange, Rafael Sánchez Mazas, es la que despierta la curiosidad de Javier Cercas. Investigación, periodismo y ficción se combinan, se unen y se separan en esta historia que atrae por lo que cuenta y que destaca por haber tan pocas como ella.

SoldadosDeSalamina.jpg

La mente de un periodista es una continua olla en ebullición, por ella pasan todos los días retazos de acontecimientos y frases sueltas que su buen hacer puede convertir en una noticia a toda página, un amplio reportaje o la semilla de algo todavía más profundo que necesite saltar los límites del periodismo para ser dado a conocer si los datos de que dispone así se lo exigen. No todos los profesionales cuentan con la intuición que les haga percibir que lo que ha llegado a su conocimiento tiene este potencial. Hace falta tener una sensibilidad especial, tan innata como entrenada, que impulse a quien dispone de ella a seguir esa pista que a cualquier otro probablemente nos parecería irrelevante y superflua. Gracias a ese don, Javier Cercas dedujo que había algo más tras la anécdota que el poeta Rafael Sánchez Ferlosio le contó sobre cómo su padre se libró de morir fusilado por los republicanos cuando estos abandonaban la provincia de Girona ante el inminente triunfo nacional a finales de enero de 1939.

A partir de ese momento Cercas nos relata cómo comienza a pensar en el tema para posteriormente trabajar sobre ello, haciéndonos cómplices del momento personal en el que estaba al inicio, y cómo compaginó el proceso de documentación, de búsqueda de información y encuentros con distintas fuentes, con un momento de su vida en el que su estado anímico no estaba en su mejor nivel. Un ejercicio de desnudez intrincado en el de la transparencia profesional  del proceso de querer saber que hace que Soldados de Salamina resulte una ventana abierta hacia paisajes que no estamos muy acostumbrados a ver y mucho menos a mostrar.

Pero lo que va más allá de este relato es el deseo del autor de querer acceder a la Historia, esa disciplina entre científica y humanística, llena de episodios cuyo conocimiento y divulgación nos aportarían un mayor conocimiento sobre quiénes somos y de dónde venimos. Sucesos a los que la falta de certeza sobre lo realmente acontecido les convierte en leyendas muchas veces magnificadas. Así que para conseguir lo primero y evitar lo segundo, Javier se propone conocer todas las piezas del episodio que está investigando, contrastándolas, confrontándolas y complementándolas para tener un relato lo más objetivo, completo y aproximado de lo que pudo suceder en realidad. Un cometido que cumple de manera escrupulosa, impulsado no solo por el deseo de llegar a la verdad sino por el del respeto a las personas que allí estuvieron y a las experiencias y emociones que vivieron. Huella profunda que Javier Cercas nos transmite y nos hace sentir con la misma intensidad y a flor de piel con que ellos la vivieron décadas atrás.

Estos son los verdaderos protagonistas y homenajeados de Soldados de Salamina, los hombres y mujeres que silenciosa y anónimamente construyeron durante aquellos largos años de nuestra Historia una realidad más humana y justa que la brutal y coercitiva del régimen que pretendía aplicar una tabula rasa sobre todo lo que no cumpliera su dictado. Antepasados nuestros que ya no esperan ser reconocidos pero que duermen o han muerto con la conciencia tranquila de haber hecho lo correcto.