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“49 goles espectaculares”, Davide Martini sabe mostrarse como adolescente

Con naturalidad, con la sencillez de mostrar las cosas tal y como son, sin dramas ni tragedias, pero sin vanalidades ni ligerezas, así es la realidad que este autor italiano muestra sobre ese momento de la vida en que uno busca poner palabras individuales y coordenadas colectivas a quién es y cómo de diferente o de igual tu circunstancia te hace respecto a los demás.

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Lorenzo, un joven preuniversitario, se prepara para iniciar el curso escolar y volver a un universo formado por chicos con los que se fuma y bebe y chicas a las que se ha de pretender sexualmente. El paquete lo completan un volumen de “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust que nuestro protagonista lleva siempre en la mochila y unos padres que son, pero que no están. Pero algo sucede que no responde a la lógica de lo esperado. A pesar de las eternas conversaciones sobre lo de siempre, a Lorenzo el tema del sexo con aquella u otra muchacha compañera de clase o del instituto no le llama, no le motiva, él no se ve. ¿Qué sucede? Primero llega la duda, la incertidumbre de ver lo que no se es, después viene la pregunta, los tanteos con la respuesta y la aceptación de lo que se es.

Un viaje que dura nueve meses, lo que un curso escolar y en el que a través de los ojos, el corazón y el relato en primera persona –sabiendo variar de registro, de la narración literaria a la íntima a modo de diario- del protagonista conoceremos una realidad que aun siendo ficción no deja de ser realista. Con matices localistas, pero con una verdad que puede ser tomada como propia en cualquier lugar occidental. ¿Qué ocurre con aquellos que no tienen a su alrededor referentes? ¿Qué sucede cuando teniendo 17 años sientes que el torrente de la normalización amenaza con arrasar al que no se pliegue a sus gestos y comportamientos?

En esa nebulosa, en esa atmósfera de incertidumbre, en esa semilla deseando surgir, brotar y crecer es donde se desenvuelve como pez en el agua Davide Martini a través de una narrativa sencilla y sin adornos. Pero con una corrección total, sin excesos ni alardes literarios, con las palabras justas en sus descripciones y diálogos, las necesarias para mostrar la posible autenticidad de los hechos que expone y la variedad, convivencia y choque de planos que conforman la vida de un adolescente. Su estilo y técnica están al servicio de los personajes, de los acontecimientos y sensaciones que estos viven, descubren, sienten y aprenden a interpretar.

En “49 goles espectaculares” hay ilusión y dudas, miedo y ganas, también inexperiencia y recelos, pero tantos como voluntad y honestidad en recorrer un camino que está por ser construido. Como anécdota, señalar la curiosa contraposición de auto enseñanza emocional que se han de buscar Lorenzo, Giulia, Gianni y demás amigos y compañeros en el entorno académico –ese donde te enseñan fórmulas, fechas, títulos, autores y vivencias de tiempos pasados- en torno al cual se estructura la formalidad de sus vidas.

La primera novela de este médico también escritor afincado en España se publicó en Italia en 2006 y semanas atrás llegó a España de la mano de un nuevo sello editorial, Dos Bigotes, que promete dar voz y presencia a una manera de contar la circunstancia LGBTI combinando el saber hacer literario con la cercanía y la cotidianeidad de las circunstancias individuales que desde la diferencia nos hacen a todos similares. Bienvenidos sean más títulos tanto de Davide Martini como de Dos Bigotes.

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El encanto de los “Amores minúsculos”

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Te sientas en tu silla –esto es la sala off del Lara, por lo que no son butacas- y a apenas unos metros –o unos centímetros si estás en primera fila- verás la vida pasar frente a tus ojos hasta tal punto que no solo la ves y la escuchas, sino que casi la tocas, como cuando estás en un parque fijándote en los que van y vienen o en una fiesta improvisada en tu casa observando a los que entran y salen. Eso es “Amores minúsculos”, esos instantes que no son grandes momentos, pero que tienen el potencial de ser el germen de algo que quizás no, pero que quizás sí, lleguen a ser algo importante en la trayectoria de los que los viven. Eso es lo que nos relata esta obra que fue cómic antes que libreto, y que si te acercas a ella libre de pretensiones puede ser una vivencia inspiradora tras dejar la sala.

Su naturalidad radica en su espontaneidad, la misma con que se inicia la acción como si fuera una continuidad de la cotidianeidad que los espectadores introducen en la sala, haciendo que esta se transforme en apenas un segundo, ese en el que se apagan las luces generales y se enciende un primer foco, en energía teatral. El planteamiento escenográfico hace de los actores no solo personajes, sino también narradores para el público de sus historias, así como atrezzistas y apuntadores de las de sus compañeros. Y en su ir y venir por el escenario, su estar aquí o allí, “Amores minúsculos” va hilvanando sus historias individuales y entrelazadas utilizando como hilo tejedor la chispa de la vida.

Un viaje de emociones –ilusión, ganas, desencanto, sorpresa, aturdimiento, dolor, esperanza, futuro, sonrisa,…-  a cuyo servicio se pone todo el reparto para hacer del trayecto de hora y media una atmósfera única en la que sienten y viven tanto ellos como sus espectadores. Quizás te llegue, quizás no, pero probablemente sea más por lo que lo en ti pueda calar lo que allí se cuenta –por tus experiencias, tus prejuicios o tu capacidad de concebir otras maneras de vivenciar- que porque los actores te puedan resultar más o menos completos en su trabajo de recreación de alguien tan normal y tan auténtico, tan anodino y tan especial como cualquiera de los que van a verles en cada función.

El encanto de un cruce casual de miradas; el de mirar por la ventana en un día de lluvia o recibir la luz del sol en el rostro en un día de invierno; el de pasar las primeras páginas de un libro al comenzar su lectura o el de escuchar a lo lejos la melodía de una canción que por mucho tiempo que pase te sigue enganchando; el de vivir la vida tal y como venga, tomando lo que ella te muestre y ofreciéndole tú todo lo que eres; carpe diem, eso es “Amores minúsculos”,  eso es lo que puede ser este título que ya lleva meses en la cartelera madrileña para el que vaya a verla.

“Amores minúsculos”, viernes y sábados en el Teatro Lara (Madrid).