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Estampa. Contemporary Art Fair 2014: diálogo entre autores, galeristas y visitantes

Estampa2014

Tras Summa Art Fair, nuevamente Madrid Matadero se revela como un lugar ideal para poder visitar, ver y disfrutar el arte más actual de una manera cercana y dialogada entre autores, galeristas y visitantes/coleccionistas.

Estas son algunas de la piezas y artistas que, entre otras y otros muchos, podrían destacarse de esta edición de Estampa. Contemporary Art Fair que sin duda alguna deja muy buen sabor de boca.

Juan Francisco Casas (Galería Fernando Pradilla): hiperrealismo con fotograbados –en pequeño tamaño- y bolígrafo y rotulador sobre papel -a gran escala -, y guiño a la fotografía dibujando mujeres que pretenden autorretratar su sensualidad.

01.JuanFranciscoCasas

Mateo Mate (Galería NF): haciendo arte del otro lado del arte, planteando el debate de los límites, ¿qué nos queda por convertir por arte? ¿En qué se apoya este? ¿Lo que ayuda al arte es también arte?

02.MateoMate

Suso Basterrechea (Galería Paula Alonso): cada imagen de la serie “Saco Roto” es por sí misma un impacto visual, el conjunto, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo, es impresionante.  Tuve la suerte de intercambiar unas palabras con el autor, “cuando me pongo a trabajar soy como un torrente, hasta el final. También paso momentos parado, aunque ahora mismo estoy deseando volver al estudio a trabajar en varias ideas que me rondan la cabeza.”

03.SusoBasterrechea

María Oriza (Galería Astarté): doble intervención tridimensional, con el lenguaje de la escultura y la afección visual impresa a este, que trasciende a la ubicación de la pieza y se traslada al espacio que media con su espectador al interactuar este con ella desde donde quiera que lo haga.

04.MariaOriza

Fernando Bellver (Photosai Art Gallery): diálogo entre el comic y la estampa japonesa, colocando a Tintín en 30 localizaciones reales de Tokio representadas a modo de hukiyo-e a las que se puede acceder a través del código QR que acompaña a cada imagen.

05.FernandoBellver

Rubén Martín de Lucas (Galería Bat Alberto Cornejo): fotografía de lugares anónimos y sin coordenadas espacio-temporales como punto de partida e intervención de óleo para proporcionarles las sensaciones que las convierten en espacios que acogen a sus espectadores.

06.RubenMartinDeLucas

Juan Angel González de la Calle (Galería Estampa): profundidad hipnótica y composición enigmática que unidas forman espacios en los que se entra pero ya no se sale, entre el surrealismo de Dalí y la metafísica de De Chirico.

07.GonzalezDeLaCalle

Didier Lourenço (Obra Recent): ilustraciones llenas de magia en las que con apenas unas líneas se da vida a unos protagonistas llena de vida y emocionalidad,  y con unos trazos de color con acuarela se crea el universo de ensoñación en que estos residen.

8.DidierLourenco

Abel Robino (Museo Vivanco de la Cultura del Vino): ingenio y extrema meticulosidad para con intervención artesanal recrear el camino realidad fotografiada y recreación de la realidad a partir de la fotografía.

09. AbelRobino

Gustavo Díaz Sosa (Mikel Armendia): brutal e impactante sensación de infinito con sus dibujos, su definido trazo y su amplia perspectiva recrean un lugar anónimo y apocalíptico que parece remitir tanto a lo muy pasado como a lo muy futuro.

10.GustavoDiazSosa

Emilio Pemjean (Galería Siboney): recreando a modo de homenaje con luces frías las arquitecturas e iluminaciones de Velázquez y Vermeer, quitándole la belleza pictórica para darle la trascendencia de los cánones presentes.

11.Emilio

Cristina Almodovar (Set Espai d’Art): viaje simbólico de ida y vuelta, esculpe naturaleza a partir del hierro que ha tomado de la tierra, siendo este elemento también la raíz del elemento esculpido.

12.CristinaAlmodovar

Santiago Ydáñez (Invaliden1): combinación de pinceladas deslizadas sobre el lienzo y saturadas de óleo otras que en conjunto magnifican, con su blanco y negro o tonalidades azules o verdes, lo representado, sean paisajes, retratos humanos y animales o detalles de unos y otros.

13.SantiagoYdanez

Pep Durán (Maserre Galería): varias historias contadas en un único plano a partir de un collage que incluye fotomontajes y materiales agregados con los que recrear espacios arquitectónicos a caballo entre la definición y la insinuación.

14.PepDuran

Marcos Tamargo (Galería de Arte Rodrigo Juarranz): fuerza y expresividad en la que tras un aparente ímpetu abstracto se encuentra un paisajismo de profunda perspectiva desde los detalles del primer plano.

15.MarcosTamargo

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“El Surrealismo y el sueño”: el otro lado de la realidad

ElSurrealismoYElSueño2

Una categoría de la realidad, vivencias que interactúan y se relacionan con las experiencias y sensaciones que tenemos cuando estamos despiertos.  Así son los sueños vistos por el movimiento artístico del surrealismo según la muestra organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza e inaugurada el pasado 8 de octubre.

En el mundo colectivo que se rige por el calendario, “El Surrealismo y el Sueño” estará expuesta hasta el 12 de enero de 2014, en el universo interior de cada uno de nosotros, ¿pervivirá su recuerdo? ¿Lo hará en nuestros sueños? Y si la recordamos en sueños, ¿la recordaremos con objetividad o con las sensaciones vividas al visitarla? ¿O con las emociones resultantes del diálogo de dicha vivencia con el bagaje de nuestro mundo interior? Preguntas que parafrasean algunas de las que plantea la exposición en sus ocho capítulos.

Suena a paradoja, los sueños son el colmo de la subjetividad, y la expresión artística otro tanto. Entonces, ¿es factible o tiene sentido hacer de “El surrealismo y el sueño” un relato objetivo?  Quizás la clave esté en hacer como proponía André Breton, viviendo y experimentando el recorrido formado por las 170 piezas de 47 autores –pintura, escultura, grabado, fotografía, videoinstalaciones- de la exposición desde el automatismo, entendido este como la emoción y las sensaciones que te provoque, manteniendo a  la razón en segundo plano. ¿Posible?

Imágenes icónicas

Dejar a un lado la realidad conocida por la vista y entrar en esa otra realidad que no es visible y expresarla como imágenes es la que dio su fuerza al surrealismo. La maestría técnica, la frescura de su juventud y el compromiso con el manifiesto surrealista de aquellos que lo firmaron (André Breton, Louis Aragon, Paul Eluard,…) y de los que se unieron en los años posteriores (Luis Buñuel, Salvador Dalí, Max Ernst, Yves Tanguy,…) dieron como resultado años de una prolífica actividad. Un frenesí creativo que constituía una actitud ante la vida y que llevó este lenguaje más allá de la comunidad artística, a una sociedad que en ese período de entreguerras buscaba construir un mundo nuevo sin ataduras a las normas y a las tradiciones habidas hasta entonces.

Si generalizamos, el impresionismo había representado el mundo tal y como lo vemos desde el prisma de la luz y de la cotidianeidad, el cubismo practicó lo intelectual integrando puntos de vista y el futurismo dio entidad artística a una nueva realidad tecnológica y a su efecto más claro –la velocidad – que se integraba en la cotidianeidad. Pero frente a estas génesis técnicas, el surrealismo se diferenció no en el lenguaje a utilizar, sino en el resultado que buscaba basado en una libre combinación de elementos y composiciones que es lo que le ha convertido en un lenguaje artístico perenne y tan actual y practicado hoy como entonces.

La prueba es que hoy nos sigue cautivando como el primer día la fuerza plástica de Salvador Dalí (“Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar”, 1944, Museo Thyssen), las múltiples lecturas de René Magritte (“El arte de la conversación”, 1963, Colección particular) o la narratividad de Paul Delvaux (“Mujer ante el espejo”, 1936, Museo Thyssen).

La vigilia, el yo y el infinito

Antes del sueño está la vigilia y antes del surrealismo estuvieron aquellos que rompieron con la estricta –y convencional- representación artística de la realidad despierta y decidieron dar un paso más allá. Se pasaron al otro lado, como Alicia en el país de las maravillas, y nos trajeron  personajes imposibles como vehículo para la sátira (J. J. Grandville), mundos imaginados con ingenuidad (Henri Rousseau), escenarios metafísicos donde los objetos tienen significados protagonistas por descubrir (Giorgio De Chirico) y personajes ensimismados sin coordenadas reales (Odile Redon).

El sueño como lugar en el que descubrir y conocer al “yo” era un campo ya abierto por Sigmund Freud en 1899 cuando publicó “La interpretación de los sueños”. Pero los surrealistas no se quedan ahí, y cuando formalizan su movimiento en 1924 con el “Manifiesto surrealista” no lo enfocan como un pozo de significados para entender la realidad de la persona, sino como una parte de su dimensión personal. El sueño nos da acceso a “más” de la persona, es como el método paranoico-crítico de Dalí, donde vemos una forma, si miramos, observaremos que hay mucho más. Para ello, debemos liberarnos de las guías preestablecidas de la razón, hacer del automatismo el motor de la creación. He ahí las esculturas de formas onduladas de Jean Arp o las composiciones figurativas en base a planos y líneas de Max Ernst o Joan Miró.

Lo onírico es un mundo de acceso a posibilidades infinitas, permite hacer tangibles conceptos etéreos como el alma (Angeles Santo), diluir a los personajes en su realidad (Victor Brauer) o integrarles en historias imposibles que combinan realidad con epopeyas literarias (Leonora Carrington).

La fotografía y el cine

El anhelo de registrar la realidad tal cual es, también la interior o soñada, tuvo en la fotografía su aliado como posibilidad técnica. En primer lugar fotografiando el propio acto del sueño. Aunque Brassaï no se sintiera surrealista, sus registros sociales a principios de la década de 1930 de ciudadanos que dormían en las calles llamaron la atención del movimiento por su carácter evocador. Igual sucedió con sus imágenes del París nocturno tamizado por la niebla y la atmósfera húmeda e iluminado por luces eléctricas. También buscaron el efecto surrealista de fotografiar el surrealismo, ese que logró Man Ray utilizando en la obra de Alberto Giacometti como objeto a fijar.

La fotografía ya tenía décadas de historia, lo que le permitía evolucionar no sólo técnicamente sino también expresivamente. Surgen así los fotomontajes. Estos fueron de gran valía para que los surrealistas crearan imágenes en las que descontextualizar las diferentes partes del cuerpo humano (Claude Cahun) o crear seres imposibles formados por una concha y una mano (Dora Maar). Parecido efecto tenían las series de escenas carentes de sentido lógico (racional) de Paul Nouge (“La subversión de las imágenes”) y Hans Bellmer (“Los juegos de la muñeca”).

Y como arte aún más joven, el cine era un campo de pruebas artísticas también trabajado por los surrealistas. Las posibilidades de la imagen en movimiento resultaron de gran valor puestas en práctica bajo el principio del automatismo. El resultado de la primera película surrealista, “Un perro andaluz” (1929, Luis Buñuel y Salvador Dalí) supuso otro salto adelante hacia el surrealismo no sólo como un lenguaje artístico, sino también como lenguaje popular. Posibilidad esta que tan astutamente explotaría en las décadas siguientes el de Figueras. Imágenes nunca antes utilizadas artísticamente, pero manejadas sin prejuicio alguno fueron la clave de su belleza hipnótica. Quien haya visto estos 17 minutos de cine mudo no puede olvidar las hormigas, el ojo cortado por la navaja de afeitar o ver a su protagonista tirar de un piano cargado con el cadáver de dos burros podridos y dos curas. Un efecto similar al de la posterior “La edad de oro”, otra obra maestra construida en base a las imágenes obsesivas del mundo interior del dúo Buñuel-Dalí.

Se integró el cine al lenguaje artístico y este se convirtió en un vehículo eficaz para recrear mundos oníricos por lo que hacer vagar al espectador tanto a lo largo de toda su duración (“Dreams that money can buy” , 1947, Hans Richter) como en fragmentos integrados dentro del conjunto de la película (“Recuerda”, 1945, Alfred Hitchcock con la colaboración de Salvador Dalí) o jugar a la ambigüedad de sueño y/o realidad (“El manuscrito de Zaragoza”, 1965, Wojciech Has),

Todo es posible

A la hora de entrar en el sueño y en el interior de la mente humana, el surrealismo lo hace con todas sus consecuencias. No sólo se buscan composiciones a las que se llega a través del lirismo o el esteticismo, también se crean imágenes que tienen como fuente creadora automática los conflictos internos (Antonin Artaud), las obsesiones (Jindrich Styrsky) o las concepciones políticas (André Masson).

Y si algo es totalmente libre en el mundo de los sueños, donde el hombre no lo controla sino que lo vive tal y como lo anhela al margen de convenciones, ese es el terreno del deseo sexual. La fantasía de encontrarle en “La alcoba” (Leonor Fini, 1942, Weinstein Gallery, San Francisco) de recorrer su cuerpo como si fuera un paisaje (Collage 355 de Karel Teige, 1948, Museum of Czech Literature, Praga), de poseerla como Guillermo Tell a Gradiva (Salvador Dalí, 1932, Fundación Gala-Salvador Dalí, Figueres) o de vivir las filias más particulares (“Emilie viene a mí en un sueño”, Jindrich Styrsky, 1933, UBU Gallery, EE.UU.)

El tejido de los sueños

A medida que la exposición avanza las preguntas se van haciendo más profundas, van más allá del dúo pregunta-respuesta para avanzar hacia la reflexión. ¿De qué están hechos los sueños?  ¿Qué pasa en ellos? ¿De dónde surgen los seres que nos encontramos en ellos y dónde están estos universos? Quizás sean escenarios sobre las que buscar para situarse (Kay Sage), ambientes mágicos (Remedios Varo), espacios infinitos (Yves Tanguy) o el magma del volcán de nuestra personalidad (Roberto Matta).

Los sueños son simples o complejos según sea quien los tenga, según sea el conjunto de todo él y no sólo su actitud ante ellos. El sueño en sí mismo tiene una lógica, ¿por qué si no los tenemos? ¿En qué medida es fiel la representación al sueño que evoca? ¿Podemos razonarlo o describirlo? ¿Nos ayudan sus títulos a adentrarnos en obras de Magritte como “El cabo de las tempestades” (1964, Museum voor Schone Kunsten, Amberes) o “La prueba del sueño” (1926, Museo del Territorio Biellese, Biella)? Él pensaba que sí, por eso no las titulaba hasta considerarlas acabadas.

Quizás igual que los surrealistas creaban bajo el automatismo, debemos observar su arte de la misma manera “automática” y no intentar razonarlo, sino vivirlo y experimentarlo, sentirlo y expresarlo con sensaciones y pulsiones interiores. Quizás entonces estemos teniendo un diálogo surrealista, ¿un diálogo de nuestros yoes interiores?

Dali

Site de “El surrealismo y el sueño” en la web del Museo Thyssen-Bornemisza

(Imágenes: fragmentos de “El arte de la conversación” de René Magritte y “Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar” de Salvador Dalí tomadas de la web del Museo Thyssen)