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“Prostitución”

De la comedia cabaretera a la verdad del teatro documento y la exposición de la denuncia política. Un recorrido por historias, testimonios y situaciones que hemos escuchado, leído, comentado y banalizado muchas veces. Sin embargo, Andrés Lima consigue centrarnos, sorprendernos e incomodarnos situándonos en los prismas externos no mediáticos y en la complejidad de los internos de una realidad con la que no solo convivimos, sino que fomentamos y sustentamos.

El sexo sobre un escenario suele ser erotismo y pasión, materialización de una atracción, o excusa para la comedia y la hilaridad valiéndose de nuestros pudores y vergüenzas. Cuando quien nos causa la sonrisa es el sarcasmo de una prostituta deslenguada, la carcajada llega enseguida. Pero nos quedamos en la fachada de su discurso, en los eufemismos de su retórica, solo así le permitimos acercarse y dirigirse a nosotros. Así comienza Prostitución, y cuando nos tiene relajados, felices y contentos sintiéndonos lejos, por encima, ajenos a esos y esas que no somos nosotros, entonces es cuando este montaje nos sacude y nos introduce en lo que no queremos escuchar.

Los espejos expuestos hasta entonces, la hipocresía social y la mafiosa criminalidad en que se sustenta esta actividad, estallan en mil pedazos para dar voz a sus protagonistas. Las mujeres -y aunque en menor proporción, también los hombres- que se ven obligadas a dejarse usar para sobrevivir porque nuestro modelo de sociedad no les da un sitio digno en sus coordenadas clasistas, por haber sido condenadas mediante el abuso y la violación con el que fueron dañadas físicamente y heridas psicológicamente, porque el endémico patriarcado dice desde tiempos inmemoriales que el hombre gobierna y la mujer obedece, que él es la razón y ella el cuerpo que ser usado.  

En Prostitución son ellas las que nos cuentan la verdad que no queremos ver ni escuchar, que no nos relatan los medios de comunicación ni nos transmiten la asertividad de las cifras (en España nos gastamos 5 millones de € diarios en servicios de prostitución, actividad ejercida por 100.000 personas) y los discursos oficiales de las instituciones públicas. Meretrices, prostitutas, putas, con dignidad, con orgullo, con derechos, con personalidad, a pesar de los caprichos de sus clientes, de las imposiciones de sus proxenetas, de las barreras del sistema y del rechazo de la sociedad. La dramaturgia de Albert Boronat y Andrés Lima hace visible lo invisible, nos obliga a enfrentar lo que hemos decidido ignorar y evita hábilmente las trampas de la demagogia tertuliana sobre el tema.

Sobre esa base, una puesta en escena dirigida por Andrés Lima de manera inteligente, ágil y con ritmo que lo mismo nos sitúa trabajando al aire libre en un polígono industrial, en mitad de un bosque, en una casa de citas, en un prostíbulo o nos abstrae para trasladarnos las palabras de referentes en la materia como Virginie Despentes o Amelia Tiganus.

Todo lo técnico confluye, subraya y ensalza tanto la propuesta dramatúrgica como lo que Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste demuestran ser, por si no lo sabíamos ya, tres monstruos interpretativos. No solo por la multitud de personajes que encarnan cada una de ellas, la fastuosa manera en que mutan de unos a otros y la profundidad que les dan, también por la versatilidad de registros que les exige su participación en un recorrido tan extenso.

Prostitución es comedia, drama, acción, monólogo, diálogo, coordinación, música en directo, destrucción de la cuarta pared, movimiento, presencia y entrega corporal, cambios de vestuario y peluquería, acentos extranjeros, inmigrantes irregulares y debate sobre los derechos humanos. Es la intensidad de la tragedia clásica y la versatilidad y experimentación más actual. Igual que Jauría hace un año, esta obra no es solo teatro, es también pedagogía y sensibilización sobre un tema ante el que no hay medias tintas, tanto si pagas como si callas estás colaborando con lo que tiene de ilegal y criminal.  

Prostitución, en el Teatro Español (Madrid).

“El casting, para mayores de 18 años”, el teatro como experiencia desde que llegas a la sala

elcasting

Madrid, caminas por la calle Sombrería, en el barrio de Lavapies, hasta que llegas al número tres y tocas el timbre. Entonces, e igual que hace años a los clientes se les abría la puerta a una casa de citas y entraban a la sala en la que suponemos elegirían a la chica con la que disfrutar de aquello que habían ido buscando, tú como espectador pasas a coger asiento a aquella misma habitación y esperas a que se dé la hora de inicio de la función. Llegan las 22:30 y esta comienza… ¡junto a ti! En “El burdel a escena” no hay cuarta pared, la función se desarrolla en un espacio único que comparten actores y espectadores. Bajo esta premisa es con la que se vive del lado del espectador, y se representa del lado actoral, “El casting”.

Como bien dice el título y el local al que has acudido, esta es una selección para una casa de citas en el que conoceremos a las aspirantes, a la madame que lo regenta y las pruebas que esta hará pasar a las primeras para poder llegar a trabajar en su local. Casi hora y media de función con momentos de comedia y de drama salpicados de risas, momentos musicales con un punto cabaretero y algún que otro silencio sobrecogedor. Un viaje por los sueños, las ilusiones de futuro, el pasado, los traumas, la resignación o el pragmatismo de tres mujeres llenas de vida, de tres personajes con unos diálogos –bien planteados y dirigidos- e intervenciones –resultado de sus dotes actorales- que superan los clichés que les podríamos asignar por encontrarnos en un burdel y hacen que tanto unos como otros resulten auténticos, reales, cercanas.

Todo ello salpicado con múltiples interacciones con el público asistente a las que la buena estructura del texto y el saber hacer de las actrices protagonistas –tanto en el trabajo similar a las demás representaciones como en el que por la unicidad de los asistentes de cada día improvisan con un gran saber hacer- convierten en personajes con intervenciones propias que les dan una entidad que estará ya presente durante toda la función, conformando así la atmósfera de un reparto coral.

Decía Van der Rohe que en la arquitectura “menos es más” y en el teatro también es posible que así sea. Este casting es una demostración de ello, una buena dirección de texto y actores a los que añadir aprovechar con acierto las posibilidades y oportunidades escénicas del lugar de representación. Eso es lo que vi anoche en “El burdel a escena”, al que espero volver para ser espectador de más trabajos de Doriam Sojo en su doble faceta de escritor y director.

El burdel a escena. Viernes a las 21hs y sábados a las 20:30 y 22:30.