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“Restauración” de Eduardo Mendoza

El primer texto teatral de este genial narrador prolonga en el género dramático el enfoque socarrón y sarcástico con que trata los acontecimientos en que se ven envueltos sus peculiares protagonistas. En este caso, hasta cinco personajes reunidos de la manera más absurda en la ruralidad catalana en las últimas horas de la tercera guerra carlista en 1876.

El único escenario de esta historia es una casa aislada en mitad del campo, en las cercanías de un bosque y del frente en el que luchan carlistas contra liberales. Una noche que comienza tormentosa y en cuyo transcurrir hasta el alba, Mallenca, su única residente, recibirá la visita de hasta cuatro hombres. Todos ellos implicados, aunque de manera diferente, en la contienda bélica y con intenciones diferentes respecto a la mujer a la que acuden. Una convergencia tan azarosa -cosa del destino- como caprichosa -cosa del autor- que Mendoza utiliza tanto para crear conflictos de intereses entre ellos como para provocar situaciones con las que hacer reír a sus espectadores.

Un punto de partida a partir del cual Eduardo desarrolla esa combinación de ficción enmarcada en una circunstancia histórica real, con nombres auténticos (el general carlista Llorens y el Rey Alfonso XII, impulsor de la Restauración borbónica del título) y otros producto de su imaginación, que unos años antes ya le había dado resultados novelísticamente excelentes en La ciudad de los prodigios (1986).

Al igual que Mallenca, Ramón y Bernat no son personajes cómicos, pero caen en contradicciones, hipérboles y salidas de tono que, sin desvirtuarlos, les dan un tinte de caricatura y personajismo valleinclanesco que, en manos de un buen director, seguro que dan pie a grandes interpretaciones. El posterior autor de El asombroso viaje de Pomponio Flato (2008) juega con lo verosímil, pero estirándolo hasta darle un punto absurdo con el que hacer de ello y de las contradicciones entre lo civil y lo militar, la juventud y la madurez, la urbanidad y lo campestre, el estrellato y el anonimato, chanza y cuchufleta.

Una acidez sin aparente maldad con la que anula cualquier rasgo de heroicidad que pudiera darse, pero sin convertirlo en crítica directa, aunque sí que vierte opiniones sobre los símbolos y los cánones mentales del nacionalismo como los que, después, en 2017 manifestaría en ¿Qué está pasando en Cataluña? Su intención es dejar claro el artificio y la impostura con que actúan cuantos se ven envueltos en un conflicto ideológico. Ya sea por la erótica del poder en el caso de los que lo hacen por decisión propia, ya sea como manera de ganarse la vida y de no tener otra opción los que se ven arrastrados por el sistema.

Cuestión diferente es cuando se trata de asuntos personales, como el honor, el amor y la lealtad donde sus diálogos sí que tienen una veladura de mofa de la que se sirve para darles una frescura y una libertad con aire quijotesco y referencias, incluso, a Bécquer. Súmese a esto la escritura en verso con que dio forma a esta obra estrenada en el Teatro Romea de Barcelona en 1990. Cuestión que en formato impreso, no juega a favor de Restauración, ya que al ser solo diálogos y no contar con las descripciones de una narración ni con la encarnación verbal, gestual y corporal de unos actores le resta la efectividad que seguro tiene sobre un escenario.

Restauración, Eduardo Mendoza, 1990, Seix Barral.

15 nombres que seguir vistos en SUMMA Contemporary Art Fair

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El montaje sencillo y diáfano, hace de SUMMA Contemporary Art Fair una feria que no perderse para experimentar lo que supone una de las formas de considerar el arte, un diálogo que establecer entre obras y espectadores.

Muchas de lo expuestas estos cuatro días en SUMMA no son meras creaciones estéticas, sino procesos de comunicación, el mensaje con el que cada artista busca interpelar a aquel que pasa por delante de su obra para que fije su atención en ella.

Estos son algunos de los nombres vistos en esta feria que manejan el lenguaje artístico en este sentido.

Jorge Hernández (My Name’s Lolita): escenas que recogen la esencia del tipismo americano de los felices años 50 con una atmósfera de cine negro que activan la imaginación queriendo saber qué ha pasado y qué pasará si se descongelara este aparente fotograma cinematográfico.

01JorgeHernandez

Manuel Caeiro (Carlos Carvalho Arte Contemporánea): Juegos de espacios, planos y perspectivas a caballo entre la bidimensionalidad del lienzo y la ilusión de profundidad tridimensional que sugieren a nuestra vista.

02ManuelCaeiro

Xisco Mensua (Casa Sin Fin): Brillante narrativa en su forma de políptico que bebe de la autenticidad del fotoperiodismo, y técnicamente resuelto con el preciso trazo del lápiz y las tintas en blanco y negro resaltando el protagonismo de lo que está sucediendo.

03XiscoMensua

Michèle Sylvander (Sobering): Investigación de la identidad sumando dos efectos, trabajar en una escala superior al 1:1 y buscando los reflejos para contraponer los rasgos que nos definen: “los ojos son el espejo del alma” o “A es aproximadamente igual a B” (título de la fotografía).

04MichelleSylvander

Craig Wylie (Galerie Dukan): Hiperrealismo que va más allá, no es pintura que semeja una fotografía, sino pintura que parece reproducir a la protagonista a partir de una fotografía. El resultado es un estar y no estar entre los tres medios: realidad, fotografía y pintura.

05CraigWylie

Álvaro Fernández (ATM Contemporary): Caricaturizando la realidad con trazos de dibujante gráfico y recurriendo a criterios estéticos barrocos (Rubens) para representar al cuerpo humano en su crítica sobre la sobreexposición mediática, generada y alimentada tanto por los que ofrecen pobre información como por los que la buscan.

06AlvaroFernandez

José Carlos Naranjo (Galería Casa Cuadrada): Atmósferas nocturnas cuya narrativa es conseguida a partir de los efectos tomados de otros lenguajes, el movimiento cinematográfico y la precisión y veladuras fotográficas según la manera con que aplique el óleo en unos puntos u otros del papel que utiliza como soporte.

07JoseCarlosNaranjo

Alejandro Bombín (Galería El Museo): Inteligente y preciso uso de juegos ópticos para construir los motivos representados haciendo de la obra algo único e irrepetible, una experiencia no reproducible (ni láminas o posters, ni libros, ni fotografías,…).

09AlejandroBombin

Hugo Lugo (Yusto Giner): Golpes de color, detalles magnificados y resolución hiperrealista dan lugar a imágenes en las que “menos es más” entre la descontextualización, lo onírico y la escenografía teatral.

10HugoLugo

Rubén Guerrero (Luis Adelantado Valencia): Armonía de detalles inconexos en composiciones con ritmo geométrico y disposiciones de color equilibradas.

11RubenGuerrero

Ilana Lewitan (Galerie Wolkonsky): Su tridimensionalidad no es la de una escultura, sino la de los espacios escénicos, la escenografía teatral, convertida en “caja” de arte. En ese momento se convierte en imagen y cuerpo para la observación

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Bader Mahasneh (Galerie Wolkonsky): Doble intervención en un mismo trabajo, llevándola desde el motivo de la obra hasta la observación/experiencia de la misma, el cuerpo pintado y la imagen digital también intervenida buscando que su espectador se sienta como el cuerpo fotografiado.

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Anne Berning (Espacio Mínimo): Perspectivas y escalas alteradas, guiños al surrealismo y al constructivismo, que crean un espacio que va más allá del soporte utilizado y se extiende hasta la posición desde la que obra es observada.

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David Morago (Paula Alonso Galería): Dominio del trazo y de la rotundidad del contraste blanco/negro para crear volúmenes, profundidad y espacios narrativos separados, así como carácter y personalidad en los sujetos representados.

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Mabel Palacin (Angels Barcelona): La serie fotográfica 180º forma un conjunto poético que surge de la sencillez de cada imagen, del saber mirar para llegar a ver la cotidianeidad como momentos únicos y reflejarla de tal manera.

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