Archivo de la etiqueta: Andrés Gertrudix

49 espectadores en “Siempre me resistí a que terminara el verano”

Cuando comenzó la función a las 20:30 este era el número de butacas ocupadas en el Teatro Marquina. Hora y media después todos salíamos con la sensación de no haberle encontrado sentido alguno al texto escenificado ni vida a la interpretación de sus actores.

SiempreMeResisti

Tirar de clichés como el de “cualquier tiempo pasado fue mejor” tiene mucho riesgo, puede ser acudir a una malgama de lugares comunes que ya hemos visto, leído y escuchado en multitud de soportes y ocasiones. He ahí el cinematográfico “Cuenta conmigo” de Rob Reiner (1986) o las series autobiográficas de tantos escritores (me vienen a la memoria las de Terenci Moix) si nos remitimos al género literario. Súmesele el tópico de la crisis de los 40 y el reto para conseguir enganchar a la platea se pone aún más difícil si se intenta desde un enfoque dramático, quizás para estos fines la comedia es más benévola. Todo un desafío al que decidió enfrentarse Lautaro Perotti cuando se puso manos a la obra en la escritura de este título que también dirige.

Veinte años después, dos amigos vuelven a la localidad rural en la que se convirtieron en adultos para enterrar a la madre de uno de ellos. Allí se encuentran con el tercero de la pandilla que decidió no dejar el pueblo, y con la mujer que sigue regentando el burdel en el que se iniciaron en el sexo. Todo apunta a que nos vamos a encontrar situaciones en la que se enfrentarán el presente y el pasado, las ilusiones de entonces con las realidades de ahora, las utopías y el sexo divertido con la formalidad y las dificultades de una vida presuntamente asentada. Pero van pasando los minutos y lo que escuchamos en escena no baja al patio de butacas, lo que se dice carece de vida. Quizás funcionó cuando tan solo eran palabras sobre el papel, pero a la hora de dar cuerpo, mente y voz a sus personajes, la tinta se emborrona y lo escrito no funciona.

Hay un vago eco del Arthur Miller de “El precio” y “Todos eran mis hijos” en el intento del drama, de peticiones de rendir cuentas, de ser sincero con uno mismo y expiar pecados, culpas, distancias y dependencias. Pero no es creíble, no solo desde la fila cinco o la diez, parece que no lo es ni en el escenario. Y no es que el elenco actoral (Pablo Rivero, Andrés Gertrúdix o Unax Ugalde) no sea bueno o no tuviera un día afortunado, sino que a lo ya indicado sobre el material con el que han de trabajar, hay que sumar el registro único de todos ellos y una dirección escénica invisible.

Momentos de intimidad en los que se proyecta la voz hasta el otro lado del escenario en lugar de acariciar con ella el corazón de quien te está abrazando. El personaje que intenta aportar humor para aligerar el drama y no es más que el inoportuno gracioso sin arte para la risa ni beneficio para la trama. Monólogos con intención poética que resultan vacuos. Escenas de lluvia en que los actores no se ponen completamente bajo los paraguas con que simulan protegerse, u otras en las que se supone que caen chuzos de punta y los que no los llevan no aparentan notar el efecto del agua. Frío, mucho frío el que provoca “Siempre me resistí a que terminara el verano”.

“Siempre me resistí a que terminara el verano”, en el Teatro Marquina (Madrid).

Soberbio “MBIG”

Una valiente y creativa puesta al día del “Macbeth” de Shakespeare sin alterar su retrato de las consecuencias de la ambición humana sin límite. Una dinámica puesta en escena valiéndose de la escenografía vintage de la Pensión de las Pulgas. Un gran trabajo de texto y dirección de José Martret con un espléndido Francisco Boira como protagonista y un brillante elenco de secundarios.

MBIG

Lo vacuo del lenguaje corporativo empresarial es el gancho de entrada para traernos al día de hoy lo que el dramaturgo inglés escribió hace casi cuatro siglos. La ambición y la traición son conceptos que siempre han formado parte de la naturaleza humana, e igual que hubo un tiempo en que palacios monárquicos y sedes episcopales eran escenarios de insidias y luchas soterradas por el liderazgo, hoy –como desde que el capitalismo se estableció como el mecanismo que articula nuestra economía- las empresas son ese lugar cotidiano en el que muchos tienen la oportunidad de ser testigos, protagonistas o víctimas de la erótica del poder.

También en ellas se viven historias como la de Macbeth, quien acabó con su monarca porque deseaba para sí el puesto de rey, y que, aspirando a ser sucedido como líder por aquellos que llevaran su sangre, acabó hundido ante la predicción de que no era su apellido el que iba a quedar para la posteridad. Ese es el primer gran acierto de José Martret en su adaptación, con este ingenioso recurso deja claro que nos va a contar una historia que además de clásica es también contemporánea, quizás incluso atemporal.

Una vez enganchados con este planteamiento narrativo, su siguiente alarde de creatividad está en el tratamiento de los personajes. Resulta evidente con la intervención inicial de las dos brujas, Urd y Skuld, ejerciendo de oráculo, acompañadas en deslumbrante sintonía por unos efectos de luz y sonido llenos de significado. Con este brillante clic con el que comienza, “MBIG” nos tiene agarrados en el plano de las sensaciones y con la promesa de que lo que hemos visto no han sido solo unos cuantos recursos ingeniosos, sino una muestra de lo mucho, más y mejor, que está por venir.

Y como en el McBeth International Group no hay descanso, llega Francisco Boira y, derrochando fuerza y energía por doquier, se hace el dueño y señor de la escena. Él es Macbeth, este es su sitio y está dispuesto a lo que sea necesario para marcar su territorio y dejarnos claro que estamos en sus dominios. Su rotundo mando escénico se manifiesta con un recital de presencia física y lenguaje corporal, de registros de voz y de expresividad que llenan la atmósfera de los espacios de la Pensión de las Pulgas trasladándonos a los lugares de Escocia en los que se desarrolla esta tragedia.

Pero hay reparto más allá de Boira, “MBIG”  tiene una acción coral y cada personaje un rol fundamental que los actores que los encarnan interpretan de manera sobresaliente. El egoísmo de Lady Macbeth en las manos y el rostro de Olga Rodríguez, el fantasmal Banquo convertido en presencia inquietante por Andrés Gertrudix, el dolor del Macduff de Raúl Tejón, el enlace con el mundo empresarial a través de los pequeños monólogos de Raquel Pérez,…  Tras ellos, una gran dirección de actores que hace que cada uno de ellos brille por sí mismo y que juntos formen un conjunto que es más que la suma de su partes. Unidos hacen que lo que se plantea sobre el papel como una historia de falta de escrúpulos y valores, se vaya convirtiendo en un completo catálogo del comportamiento humano en situaciones de nubes negras cargadas de lluvia, cielos oscuros y noches de vientos fríos.

En resumen, más de dos horas y media de función en las que el espectador vive una experiencia total, la de estar en un mundo que hace suyo mientras dura la representación, que es real porque se siente y se vive, no solo en la mente, sino también en el corazón y la piel.

mbig-sencc83ores-macbeth

“MBIG”, en La Pensión de las Pulgas (Madrid).