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Sobrecogedor “Ivan-Off”

Del drama a la tragedia, intensidad con momentos de hilaridad en un reparto coral con buenos secundarios y un soberbio Raúl Tejón como protagonista.

IvanOffLaCasaDeLaPortera

Personaje, texto e interpretación se funden de manera tan completa y tan perfecta que el “Ivan-Off” de La Casa de la Portera te deja clavado al asiento con el estómago encogido, el corazón en un puño y la piel como escarpias. El drama no está en lo que sucede, no ocurre nada diferente a lo que podría ser la cotidianeidad de cualquier otro hombre, sino en lo que Chejov escribió, ahora versionado por José Martret y convertido en espectáculo por Raúl Tejón. La tragedia está en la desnudez con que se muestra la verdad de un hombre insatisfecho con el que mundo en el que vive y el papel que se le ha otorgado tanto en lo social, supuesto líder terrateniente, como en lo íntimo, esposo amantísimo.

Sinceridad brutal, sin límites en un texto del siglo XIX reconvertido en el XXI en emociones más allá de la piel, en un alma abierta que muestra el conflicto continuo que vive en su interior. El trabajo de Tejón es mucho más que gesticulación, voz y mirada. La sincera expresividad de su rostro es sobrecogedora, es el escaparate diáfano de un viaje que llega hasta las entrañas de un hombre que nos muestra la impotencia de no ser quien se espera de él, el dolor que esta realidad le causa y el que él causa a su alrededor, su honestidad reconociendo esta situación y el conflicto por no saber cómo darle solución. Desde el momento en que comienza la función Raúl Tejón crea a su alrededor un aura que llena la sala atrapando y arrastrando a los espectadores en su lucha por saber qué palabras poner a lo que siente, qué hacer, cómo vivir con ello.

Dándole la réplica destaca un alucinante Germán Torres poniendo cara a esos que con humor intentan ocultar la miseria espiritual que aun así se les escapa por las grietas de sus sonrisas. Y junto a él, un enérgico David González respondiendo con un sinuoso cinismo como manera de sobrevivir resueltamente ante las penurias y como parásito de los éxitos de los demás. En el lado femenino, Rocío Calvo y Carmen Navarro son el otro lado, las apariencias vacuas, las formas sin fondo,  los puntos de hilaridad en esos momentos sociales que están entre la comedia y el esperpento. Ellos cuatro son parte de un reparto coral que en su conjunto funcionan como una pieza única, perfectamente engranados.

Únase a todo esto la magia escénica que tiene la Casa de la Portera y el papel intensificador que sus reducidos espacios causan en su selecto aforo de 22 asistentes cuando el resultado es tan bueno como sucede en este caso.

Tres años después de su estreno “Ivan-Off” ha vuelto al lugar que le vio nacer y donde había sumado hasta ahora 287 representaciones. Algo que se queda en anécdota ante lo vivido en su reestreno este pasado 19 de febrero, noche en la que esta adaptación del Ivanov de Chejov rezumó una frescura, fuerza y energía que le hace digna merecedora de seguir en cartel por mucho tiempo.

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“Ivan-Off” en La Casa de la Portera (Madrid)

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“Vivir en el alma” de Joan Garriga

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La vida es mucho más que cada uno de nosotros. Ninguna persona puede controlarla ni decidir su destino, podemos determinar las maneras en que la podemos vivir, pero el fondo, el devenir, va mucho más allá. Si fuera algo que cada individuo puede dirigir, ¿cómo sería la vida entonces siendo tantos lo millones de personas que habitamos la tierra? Nosotros no dirigimos a la vida, sino que es ella la que nos dirige a nosotros.

Partiendo de este planteamiento,  ¿cómo hemos de vivir la vida, tanto en general como la personal, la propia e individual? En “Vivir en el alma” Joan Garriga lo plantea a través de una serie de cuestiones que sirven para realizar una serie de sencillas pero profundas reflexiones al respecto.

Amar lo que es: ¿vivimos en el presente?

“Sí, claro”, será la respuesta de la mayoría. ¿Seguro? ¿En el aquí y ahora? ¿Es carpe diem algo más que una expresión en latín? Reflexionemos sobre el tiempo que situamos nuestra mente y nuestra actividad cerebral y energías en el pasado y en el futuro, y no en el aquí y ahora. Dándole vueltas a lo que pasó, a lo que se dijo y a lo que hubiéramos deseado que ocurriera, a la actuación que esperábamos de aquella persona,… Y viviendo mentalmente en un futuro sin puntos de conexión con el presente, o depositando en un tiempo por ocurrir esperanzas y expectativas con las que creemos que vamos a compensar las insatisfacciones y vacíos del presente del que huimos. ¿Dónde queda el presente? ¿El hoy? ¿El ahora? ¿Las situaciones, las personas, las posibilidades que realmente tenemos al alcance? Esas que están de verdad a un paso de poder ser conseguidas, experimentadas, sentidas,…, pero solo si previamente las miramos, consideramos, valoramos y nos abrimos a ellas.

Amar lo que somos: ¿nos aceptamos tal como somos?

Reformulo la pregunta en singular para que no quede duda alguna de su sentido e intención, ¿me acepto a mí mismo tal y como soy? ¿Te aceptas a ti mismo tal y como eres? En todos los sentidos, con las virtudes y defectos de mi personalidad y forma de ser, con las limitaciones y potencialidades de mis habilidades, con mi apariencia física, con las personas con las que me relaciono emocionalmente –la familia biológica y aquella con la que establezco lazos a lo largo de mi camino vital-,… Aceptar no es sinónimo de resignación, sino reconocer su existencia y nuestra relación, unidos como estamos a todo ello, que somos o es parte de nosotros, y como tal, asumirlo y darle su lugar, no negarlo. Ello nos ayudará a auto conocernos mejor, a no establecernos límites y en consecuencia ganar posibilidades de vivir, con elecciones más sabias y reflexivas, y por ende una vida más completa, satisfactoria y plena.

Amar a los que son: ¿aceptamos el mundo en el que vivimos tal y como es?

¿Cuántas veces a solas nos decimos que nosotros decidimos, que construimos el mundo en el que queremos vivir? ¿De verdad es así? ¿No será quizás al revés? ¿Que vivimos las posibilidades que el mundo nos ofrece en un momento de un camino que comenzó hace mucho tiempo atrás y que tiene aún un recorrido por hacer? ¿Qué creamos cada uno de nosotros? La respuesta aunque tajante quizás sea real: nada. Nada de lo que creamos es partiendo de la nada, sino de todo lo ya existente, hacemos evolucionar a partir de lo que nos hemos encontrado en el momento en que hemos surgido a la vida, del legado de los que estuvieron antes que nosotros. Una herencia que compartimos con otros muchos, desde con el que vive al otro lado de la calle en nuestro barrio, en una ciudad a cientos de kilómetros o en el otro lado del mundo. Compartida en igualdad de derecho de experimentarla, de maneras de convertirla en estilos de vida, de posibilidades de desarrollarla. Una igualdad que solo es tal siendo respetada, observada y vivida desde el diálogo, la convivencia y la aceptación de la diferencia de formas practicadas por los otros donde quiera que estén ya que tras ellas está un único y común fondo, la vida que nos acoge a todos, la que formamos entre todos en el momento presente pero que ya existía antes y lo seguirá haciendo cuando nosotros ya no estemos aquí.

Reflexiones para hacernos ver que cada uno de nosotros somos una pequeña parte de un mundo y de un conjunto que es mucho más que la suma de todos. Un algo, un todo, que es la vida y que es quien nos gobierna y nos guía, y no al revés como muchas veces nos creemos.

(imagen tomada de amazon.es)