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“Océano mar” de Alessandro Baricco

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Personajes irreales, lugares inexistentes, historias mágicas,… Libérate de esquemas y expectativas para entrar en este relato al igual que sus protagonistas se postulan frente al citado título, el infinito, el “Océano mar”.

¿Qué está pasando? Te preguntas. ¿Quiénes son esta gente? Te interrogas. ¿Qué los relaciona? Te vuelves a preguntar.  ¿Qué va a ocurrir? Te sigues interrogando. Y te vas introduciendo en el relato, las palabras te envuelven, las frases te enredan, los párrafos te arrastran, las páginas se suceden a la par que tú, lector, te ves transparente en lugares sin coordenadas geográficas ni temporales viviendo sucesos que te desorientan.

Apuesto a que ese es el propósito de Alessandro Baricco. Habilidad con la que pretende hacerte sentir desnudo, sin defensas, sin seguridades –que no inseguro-, fértil para que prendan en ti interrogantes existenciales. Su relato es una exigencia a que te preguntes quién te crees que eres. Un espejo que es más que un reflejo, otro mundo en el que una vez que has entrado ya no puedes salir y no tienes otra opción más que enfrentarte a lienzos en blanco que sesudamente trabajados representan la inmensidad del mar, a trabajos científicos sobre los límites finitos pero inconstantes del mundo infinito o recorrer distancias en un ir y volver en el que el camino de ida se acaba convirtiendo en el de vuelta al principio.

Pero cuidado, este relato no versa solo sobre ti o sobre los caracteres que conocerás, espanta tu ego que aquí tanto ellos como tú no sois más que representantes, ejemplos, encarnaciones, de la naturaleza humana. Esa que eres, que está dentro de ti, de todos y cada uno, que es visceral y primaria, tanto en los buenos momentos como en los malos, tanto en la tormenta como en la búsqueda y el anhelo del día soleado. Todo eso es “Océano mar” de Alessandro Baricco, y más, mucho más, tanto como decía la canción: “¡Ay, amor,  como inmenso es el mar!”.

“Seda” de Alessandro Baricco

Esta es la historia de una pasión que surge y se transforma en sentimiento. Un crecimiento emocional que va y viene con momentos álgidos e intensos alternados con otros reflexivos y apaciguados. Y a medida que se hace cotidiano, ese apasionamiento se sosiega e inunda cada página, se convierte en la atmósfera que articula a personajes y lugares en un mismo todo.

Es el proyecto de un viaje “al fin del mundo” como se consideraba en Europa a Japón en la década de 1860, de un encuentro para el intercambio entre la cultura occidental y la del imperio del sol naciente. Y de ese llegar al fin, y de la simbiosis entre dos maneras de ver el mundo surge la seda, el roce, el despertar el sentido del tacto, y tras la piel, el corazón.

La obra de Alessandro Baricco se desarrolla entre diálogos con la sobriedad contenida de un haiku y descripciones que son una etérea caricia al corazón del lector simulando la de la seda sobre su piel desnuda. Su prosa presenta a los personajes a través de sus acciones con la sensibilidad de unas manos delicadas practicando ikebanas. Lo que sucede en los encuentros del protagonista francés con los personajes japoneses son como los exquisitos arreglos florales nipones que pueden hacer de una rama de un cerezo o un almendro una sublime expresión de belleza natural.

La maestría de “Seda” es su evolución página a página, cómo los personajes y los lugares y las acciones se revisitan, crecen sobre sí mismos, se añaden nuevos planos que enriquecen a los leídos hasta entonces. Hasta que llegan al punto en que la historia alcanza su súmmum, y con ella la experiencia satisfactoria y plena de haber pasado las páginas hasta la que marcó el autor y la imprenta con el “final”.

Hacía tiempo que no leía una historia que me atrapara con celeridad desde su primera línea y que al tiempo leyera con tanta calma, saboreando con intensidad cada palabra y cada frase. Una experiencia placentera, un deleite para el corazón que ilusiona los sentidos del lector haciéndole creer que ve, que oye, que escucha, que toca… “Seda”.

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(imagen tomada de amazon.es)