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“Los pequeños brotes” de Abel Azcona

Treinta años de vida contada a través de los momentos que le han dado forma. Episodios aparentemente independientes, pero formando una unidad articulada por el dolor causado por el abandono y los abusos sufridos desde que nació. Narrativa que Abel ha convertido en el elemento inspirador de su obra artística y del que este volumen no solo es reflejo, sino también una pieza más que sintetiza muy eficazmente tanto su mensaje como su objetivo.

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Cuando expone en el norte de España, el día de la inauguración suele encontrarse en la puerta del local que luce su nombre a la que fuera su profesora de historia del arte cuando era niño. A veces, entre los asistentes está aquel hombre que le expulsó de la academia de dibujo en la que le inscribió su familia adoptiva. Eventos -no solo en España, también en ciudades de otros muchos países- en los que cada quince minutos discretamente sale por la puerta de atrás y tras un momento con su copa de vino vuelve a ejercer la actividad social. Estos son algunos de los muchos episodios -no continuos ni enlazados, pero que encajan como piezas de un puzle- que sobre sí mismo, su inspiración, sus intenciones, resultados y logros artísticos cuenta Abel en Los pequeños brotes.

Título que no son solo unas memorias o un ensayo sobre su trayectoria, es también una obra más que -al igual que otras de sus creaciones- se basa en los dos elementos que han marcado su vida e identidad desde el día en que nació. Abandonado a principios de abril de 1988 en Madrid por la mujer prostituta y drogadicta que le engendró, entregado a los servicios sociales en Pamplona, pasó de una familia de acogida a ser adoptado por una madre que le pretendió educar con el método de la culpa y el castigo católico, tutela de la que se liberó con la mayoría de edad. Para entonces Azcona ya estaba curtido por las múltiples formas de sufrir castigo físico, tortura psicológica y abuso sexual, y no solo en el entorno familiar y escolar.

Espiral de degradación física y psicológica que siguió posteriormente en Madrid y con la que solo fue capaz de comenzar a convivir en el momento en que hizo de ella el elemento que articula su producción. Una trayectoria en la que con sus performances da a conocer con gran crudeza los efectos que tiene el uso y abuso del cuerpo de los más débiles -generalmente a través de la prostitución, pero también mediante la presión represora que ejerce la iglesia- no solo sobre las personas que la sufren sino sobre el conjunto de nuestra sociedad.

Abel no es un artista que busque crear y transmitir belleza, él es un agitador de conciencias, nos sitúa frente a aquello que deliberadamente ignoramos, pero no para que nos posicionemos racionalmente, sino para que nos sintamos desbordados por las emociones y sensaciones que pretende provocarnos con sus propuestas. Con la particularidad de que él está de los dos lados de ese shock, en el del portavoz que elabora el discurso y, en muchas ocasiones, en el del protagonista que alimenta y documenta con su experiencia el relato que nos transmite.

Así es como está también en este título. Con una redacción clara y directa a lo esencial, a lo nuclear, sintetizando con verosimilitud tanto la crudeza de los hechos vividos cuando era niño como el eco que estos han tenido en su adultez. Transmitiendo con credibilidad el impacto experimentado, como cuando hace del uso y la exposición de la desnudez de su cuerpo el objeto central de sus propuestas. Quizás las palabras escritas no sean tan impactantes como las presencias físicas, pero sí que fijan conceptos de una manera mucho más duradera. Por este motivo Los pequeños brotes es un medio perfecta para conocer tanto la lógica de la propuesta conceptual de Abel Azcona como de profundizar en su clara intencionalidad política.

Los pequeños brotes, Abel Azcona, 2019, Editorial Dos Bigotes.

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10 novelas de 2018

Títulos publicados tanto a lo largo de los últimos meses como en años anteriores. Autores españoles y residentes en EE.UU. Recuerdos de la infancia, frescos históricos, crónicas sobre el amor y el desamor y denuncias de la injusticia y la desigualdad.

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“V y V. Violación y venganza” de Pilar Bellver. Con la estructura y el desarrollo tranquilo y de amplio alcance de los clásicos de la literatura del XIX a los que hace referencia, uniéndole una profunda exposición de sus personajes protagonistas a través de unos diálogos –conversados, redactados a mano o tecleados como e-mail- escritos de manera maestra. La historia de dos hermanas de apellido noble a lo largo de un tiempo –desde la pequeña España de los 80 hasta el mundo global del s. XXI- bajo el eterno freno y la pesada sombra del siempre omnipresente yugo invisible del heteropatriarcado.

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“Sol poniente” de Antonio Fontana. Volver la mirada a la Málaga de cuando se era niño para dejar aflorar los recuerdos de aquellos años en que se forjó nuestra identidad. Un ejercicio de intimidad en el que las palabras son el medio para llegar a las sensaciones que se quedaron grabadas en la piel, las verdaderas protagonistas de esta delicada novela. Un relato auténtico, que desprende nostalgia con simpatía y buen humor pero sin añoranzas sentimentales, celebrando que somos el resultado de quienes fuimos y de cuanto nos aconteció.

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“Las tres bodas de Manolita” de Almudena Grandes. Con su habitual saber hacer literario, Grandes desarrolla una serie de tramas en las que los acontecimientos históricos se combinan a la perfección con los dramas personales de sus protagonistas. El tercer episodio de su saga sobre el conflicto interminable que fue la Guerra Civil es una novela que nos permite conocer cómo era la vida de aquellos que intentaron mantener la ilusión a pesar de haber sido derrotados por el fascismo y continuar torturados por el franquismo.

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“El invitado amargo” de Vicente Molina Foix y Luis Cremades. El recuerdo del amor vivido visto con la perspectiva de las tres décadas transcurridas desde entonces. Del ímpetu, el desconocimiento y la experimentación de los que se inician como adultos al reposo, la retirada y el balance de los ya instalados en la madurez. Un intercambio folletinesco con dos voces narradoras, capítulos escritos por separado que enfrentan y complementan dos puntos de vista sobre un enamoramiento difuso y una relación que nunca terminó de cuajar pero que tampoco llegó a disolverse.

ElInvitadoAmargo

“Llámame por tu nombre” de André Aciman. Una lograda expresión del deseo y la pasión a los diecisiete años. Una narración obsesiva que quiere entender lo que está sucediendo, anárquica en su búsqueda de palabras con las que expresarse, desesperada por convertirlas en hechos que hagan que las emociones individuales se conviertan en sensaciones compartidas. Una historia guiada por el latido del corazón y el impulso de la libido de sus protagonistas.

LlamamePorTuNombre

“Un incendio invisible” de Sara Mesa. La bancarrota y hecatombe de Detroit le inspiran a Sara Mesa una historia sobre una ciudad apocalíptica en la que no quedan más que personas abandonadas o sin lugar al que ir. Una urbe en la que todo lo que conforma nuestro modelo de bienestar alcanza tal nivel de degradación que peligra hasta la convivencia y el carácter humano de las personas. Una inteligente y sugerente ficción que juega con logrado acierto a exponer, sin enjuiciar, la deriva moral de lo que está relatando.

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“Lecciones de abstinencia” de Tom Perrotta. A caballo entre la sátira y un despiadado realismo, esta novela muestra el control que el fundamentalismo religioso pretende tener de todo individuo convirtiendo su vida privada -el sexo, el consumo o los hábitos lúdicos- en un continuo campo de batalla. Un sarcástico retrato de la clase media estadounidense y de la decadencia de su modelo de sociedad, de su falta de cohesión, de sus endebles valores y de su falta de rumbo.

LeccionesDeAbstinencia

“Middlesex” de Jeffrey Eugenides. Varias buenas novelas en una única y genial. Un muy bien guiado recorrido por el mundo global que va de los conflictos entre Turquía y Grecia tras la I Guerra Mundial al Berlín posterior a la reunificación alemana pasando por el EE.UU. acogedor de miles de refugiados en los años 30 hasta la extensión del movimiento hippie en los 70. Dentro de él una saga familiar que aúna a la perfección lo antropológico y lo sociológico con lo vivencial y lo emocional. Y también un relato valiente, pedagógico, sensible y acertado sobre la verdad y la realidad de la intersexualidad.

Middlesex

“Honrarás a tu padre” de Gay Talese. Excelente crónica publicada en 1971, entre la ficción literaria y la objetividad periodística, sobre la evolución de la Mafia en la ciudad de Nueva York –y sus ramificaciones en otras partes de EE.UU.- en la que las influencias y las luchas de poder se combinan con la vida personal y familiar de Bill Bonanno. Un sobresaliente retrato de las raíces, las motivaciones y los fines de aquellos que hacían de la ilegalidad –cuando no, la criminalidad- las coordenadas en las que desarrollaban sus trayectorias vitales.

HonrarasATuPadre

“Haz memoria” de Gema Nieto. La historia de tres generaciones de mujeres que es también la no contada de muchas familias de nuestro país. De un tiempo aun convulso que pide volver a él para calmar los asuntos pendientes, para darle luz a aquellos pasajes vividos a escondidas y después condenados al olvido. Una sentencia de negación que anuló el futuro de los que sobrevivieron y lastró a sus descendientes.

HazMemoria

“Un incendio invisible” de Sara Mesa

La bancarrota y hecatombe de Detroit le inspiran a Sara Mesa una historia sobre una ciudad apocalíptica en la que no quedan más que personas abandonadas o sin lugar al que ir. Una urbe en la que todo lo que conforma nuestro modelo de bienestar alcanza tal nivel de degradación que peligra hasta la convivencia y el carácter humano de las personas. Una inteligente y sugerente ficción que juega con logrado acierto a exponer, sin enjuiciar, la deriva moral de lo que está relatando.

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En los días de mucho calor el aire se hace denso, tan espeso que parece casi tangible, resulta difícil respirarlo, es posible mascarlo. Da la sensación de que lo degrada todo, robando el color, erosionando los materiales, corroyendo las superficies, llenándolo todo de un polvo que deja un sabor agrio en las gargantas de los que no tienen otra opción que desplazarse caminando sobre la superficie de ese prólogo del infierno.

Ese es el ambiente que se vive en Vado y el que se siente desde las primeras páginas de Un incendio invisible. Inicio en el que Sara Mesa no explica qué ha motivado ese estado comatoso, evitando así ser juzgada únicamente por la verosimilitud de su argumento, sino que opta por algo más complejo y profundo, adentrarse en él y centrar su narración en cómo interactúan, desde la condena de su soledad, las personas que aún quedan en lo que un día fue una gran ciudad.

Un adulto que huye, una niña que finge creerse lo que le cuentan, profesionales peculiarmente comprometidos con su ética profesional, viejos condenados al abandono, pero también hombres sin orden ni equilibrio, mujeres sin objetivos que transitan anodinamente por un presente sin futuro y sin conexión con el pasado anterior. Este es el amplio espectro de una población que muestra el destino al que estamos condenados cuando nuestra alma se seca y se marchita hasta volatilizarse, dejándonos sin sensibilidad y sin voluntad de razonar y progresar. ¿Qué nos hace humanos entonces? ¿Hacia dónde nos lleva esa involución?

Esa es la pausada marcha atrás que Mesa va concretando a medida que avanza esta ficción -en la que los neones dejan de iluminarse, los grifos de dar agua y los supermercados de tener alimentos y bebidas en sus estanterías- las emociones positivas –el amor, la empatía, la amistad, el cariño, el deseo,…- son asuntos que, aunque forman parten del bagaje y las capacidades de todo individuo, se van desdibujando como si se trataran de algo imaginado, lejanos recuerdos que cuesta creer que hubo un tiempo en que fueron reales. Una atmósfera de inevitabilidad que provoca sensaciones encontradas, desde la estupefacción por la materialización de un retroceso que no es sino auto destrucción, la incomprensión por no saber qué ha causado lo que siempre se consideró imposible que ocurriera, el espíritu de superación para intentar sobreponerse a la hecatombe o el arrojar la toalla y colaborar incluso con su potencial de aniquilamiento.

Un muy bien pautado ensayo a cámara lenta de lo que podría ser el proceso hacia el fin del mundo, una perturbadora narración de una catástrofe más, aún por llegar, de nuestra historia o quizás una premonición del definitivo y final apocalipsis.

10 películas de 2016

Periodismo de investigación; mujeres que tienen que encontrar la manera de estar juntas, de escapar, de encontrar a quienes les falta o de sobrevivir sin más; el deseo de vengarse, la necesidad de huir y el impulso irrefrenable de manipular la realidad; ser capaces de dialogar y de entendernos, de comprender por qué nos amamos,…

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Spotlight. Tom McCarthy realizó una gran película en la que lo cinematográfico se mantiene en la sombra para dejar todo el protagonismo a lo que verdaderamente le corresponde, al proceso de construcción de una noticia a partir de un pequeño dato, demostrando cuál es la función social del periodismo y por qué se le considera el cuarto poder.

Carol. Bella adaptación de la novela de Patricia Highsmith con la que Todd Haynes vuelve a ahondar en los prejuicios y la crueldad de la sociedad americana de los años 50 en una visión complementaria a la que ya ofreció en Lejos del cielo. Sin excesos ni remilgos en el relato de esta combinación de drama y road movie en la que la unión entre Cate Blanchett y Rooney Mara echa chispas desde el momento cero.

La habitación. No hay actores, hay personajes. No hay guión, hay diálogos y acción. No hay dirección, hay una historia real que sucede ante nuestros ojos. Todo en esta película respira honestidad, compromiso y verdad. Una gran película sobre lo difícil y lo enriquecedora que es la vida en cualquier circunstancia.

Julieta. Entra en el corazón y bajo la piel poco a poco, de manera suave, sin prisa, pero sin pausa. Cuando te quieres dar cuenta te tiene atrapado, inmerso en un personalísimo periplo hacia lo profundo en el que solo eres capaz de mirar hacia adelante para trasladarte hasta donde tenga pensado llevarte Almodóvar.

La puerta abierta. Una historia sin trampa ni cartón. Un guión desnudo, sin excesos, censuras ni adornos. Una dirección honesta y transparente, fiel a sus personajes y sus vivencias. Carmen Machi espectacular, Terele Pávez soberbia y Asier Etxeandía fantástico. Una película que dejará huella tanto en sus espectadores como, probablemente, en los balances de lo mejor visto en nuestras pantallas a lo largo de este año.

Tarde para la ira. Rabia y sangre fría como motivación de una historia que se plasma en la pantalla de la misma manera. Contada desde dentro, desde el dolor visceral y el pensamiento calculador que hace que todo esté perfectamente estudiado y medido, pero con los nervios y la tensión de saber que no hay oportunidad de reescritura, que todo ha de salir perfectamente a la primera. Así, además de con un impresionante Antonio de la Torre encarnando a su protagonista, es como le ha salido su estreno tras la cámara a Raúl Arévalo.

Un monstruo viene a verme. Un cuento sencillo que en pantalla resulta ser una gran historia. La puesta en escena es asombrosa, los personajes son pura emoción y están interpretados con tanta fuerza que es imposible no dejarse llevar por ellos a ese mundo de realidad y fantasía paralela que nos muestran. Detrás de las cámaras Bayona resulta ser, una vez más, un director que domina el relato audiovisual como aquellos que han hecho del cine el séptimo arte.

Elle. Paul Verhoeven en estado de gracia, utilizando el sexo como medio con el que darnos a conocer a su protagonista en una serie de tramas tan bien compenetradas en su conjunto como finamente desarrolladas de manera individual. Por su parte, Isabelle Huppert lo es todo, madre, esposa, hija, víctima, mantis religiosa, manipuladora, seductora, fría, entregada,… Director y actriz dan forma a un relato que tiene mucho de retorcido y de siniestro, pero que de su mano da como resultado una historia tan hipnótica y delirante como posible y verosímil.

La llegada. Ciencia-ficción en estado puro, enfocada en el encuentro y el intento de diálogo entre la especie humana y otra llegada de no se sabe dónde ni con qué intención. Libre de artificios, de ruido y efectos especiales centrados en el truco del montaje y el impacto visual. Una historia que articula brillantemente su recorrido en torno a aquello que nos hace seres inteligentes, en la capacidad del diálogo y en el uso del lenguaje como medio para comunicarnos y hacernos entender.

Animales nocturnos. Tom Ford ha escrito y dirigido una película redonda. Yendo mucho más allá de lo que admiradores y detractores señalaron del esteticismo que tenía cada plano de “Un hombre soltero”. En esta ocasión la historia nos agarra por la boca del estómago y no nos deja casi ni respirar. Impactante por lo que cuenta, memorable por las interpretaciones de Jake Gyllenhall y Amy Adams, y asombrosa por la manera en que están relacionadas y encadenadas sus distintas líneas narrativas.

“Julieta”, un viaje a lo más íntimo

Entra en el corazón y bajo la piel poco a poco, de manera suave, sin prisa, pero sin pausa. Cuando te quieres dar cuenta te tiene atrapado, inmerso en un personalísimo periplo hacia lo profundo en el que solo eres capaz de mirar hacia adelante para trasladarte hasta donde tenga pensado llevarte Almodóvar.

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Cada nuevo estreno del hijo predilecto de Calzada de Calatrava trae siempre consigo la polémica. De un lado los que quieren ver en él una nueva muestra de su arte y su genio, del otro aquellos que ven ratificado que nunca lo fue o que ya dejó de serlo. Cuando la obra de un creador suscita este tipo de debate está claro que algo tiene de original y de auténtico. Así sucede con Almodóvar, con sus altos y sus bajos, pero con un estilo propio que en su evolución a lo largo de ya casi cuatro décadas, le define y le diferencia y que hasta el día de hoy le ha hecho único. Julieta es una muestra de ello en el sentido más positivo. Una gran historia en la que ahonda en su interés por llegar a la raíz de las emociones, hacer de los elementos técnicos –escenografía, fotografía, banda sonora,…- un elemento activo en la transmisión de su mensaje y dar a sus actores unos papeles que sin duda alguna supondrán un hito en sus carreras.

Julieta es un viaje en el tiempo, pero no en el calendario, sino en el corazón, a como se inician los grandes caminos de nuestras biografías y se enlazan con los que ya estábamos recorriendo. Juntos forman una trenza, cuando no una enredadera, en la que las virtudes y los defectos, los errores y los aciertos pasan de generación en generación de manera silenciosa, sin aparente evidencia, sin ver las causas hasta que estallan unas consecuencias sin posibilidad de enmienda. Hasta ahí es donde nos lleva Almodóvar, hasta la difícil y dura aceptación de lo inevitable, de tener que mirar frente a frente al dolor más brutal, al de las ausencias, al de la muerte y el del abandono. Solo entonces, observando lo que no veíamos, reconociendo aquello de cuya existencia no nos percatamos, dejaremos el hieratismo y la soledad emocional por la que hemos transitado durante años. Y si aprendemos a convivir con las cicatrices, tanto heredadas como causadas, daremos una oportunidad de auténtica vida a las relaciones con aquellos a los que, queramos o no, estamos unidos.

Un pasaje que se construye de manera delicada, capa a capa, igual que caen los granos de un reloj de arena. De manera casi imperceptible, todo va sumando y calando, expandiéndose y extendiéndose hasta alcanzar no solo cada rincón del interior de Julieta, sino también del de su espectador. Inoculando en él –al ritmo de los acordes compuestos por Alberto Iglesias- algo más grande que la vivencia de esta mujer, su ánimo por construir un futuro al que solo se puede llegar clarificando y ordenando el pasado. La evolución de su rostro –primero en la faz de Adriana Ugarte y después en el de Emma Suárez- es un registro tan objetivo como veraz de lo que se está contando. Un papel para dos actrices, una mujer con dos interpretaciones que se perciben como un único trabajo, una simbiosis que es la perfecta muestra de lo maestro que es Almodóvar creando personajes y dirigiendo actores. Y a su servicio, un equipo técnico que hace que la transición de un rostro a otro se perciba con la mayor de las naturalidades.

Cada encuadre está tan medido con tanta precisión como colocadas están las comas y los puntos en los diálogos. Todo dice algo, he ahí el retrato firmado por Lucien Freud complementándose con el rostro de Emma Suárez, las fotografías de Magnum en su mesa de centro o El amor de Marguerite Duras en su estantería. O los auto guiños que el manchego hace a su trayectoria como el cd de Ryuichi Sakamoto (el compositor de la banda sonora de Tacones lejanos) en un cajón o la mención a Angela Molina (secundaria en Carne trémula y Los abrazos rotos) como un sex-symbol de los 80 junto a Kim Basinger.

Detalles de un Almodovar más sosegado, que no busca la intensidad en diálogos descarnados y actuaciones con momentos expresionistas. Su drama es demasiado duro, es un lastre interno que imposibilitaría los arranques de Victoria Abril o Marisa Paredes en Tacones lejanos, la resolución de Penélope Cruz en Volver o fuerza de Cecilia Roth en Todo sobre mi madre. Un abismo de dolor en el que, a pesar de todo, hay lazos que no se rompen, lo que hace que los hombres –Darío Grandinetti y Daniel Grao- tengan un verdadero protagonismo, tanto argumental como en pantalla (a años luz de lo que sucedía con Juan Echanove e Imanol Arias en La flor de mi secreto). Una red en la que los secundarios –Rossy de Palma, Inma Cuesta, Michelle Jenner- son tan claves en el guión como en la pantalla.

Julieta es un paso adelante en la evolución de Almodóvar, en la que los años y la madurez se notan y ya no hace falta reflejarlo todo visualmente. Julieta es un Pedro que muestra aquello que tiene que contar y no se queda a esperar tu respuesta, que expresa lo que siente y deja que tomes cuanto tiempo necesites para realizar tu propio viaje y búsqueda interior y entonces elaborar tu respuesta, tanto a su película como a los vacíos y silencios en tu vida.