Archivo de la categoría: Novela

“Todo esto te daré” de Dolores Redondo

La novela con el galardón más dotado del año. Probablemente también una de las más vendidas y leídas. ¿De las mejores? No. El Premio Planeta 2016 es a la literatura lo que un telefilm al cine. Una manera de pasar el rato con una intriga en la que inicialmente nada ni nadie es lo que parece y cuyo desarrollo consiste en darle la vuelta a cada uno de sus elementos –personajes presentes e historias pasadas- para lograr la cuadratura final de su círculo argumental.

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Del pre Pirineo navarro a la Ribera Sacra, de la mitología euskaldún a la frondosidad del interior gallego, del boca a boca de la trilogía del Baztán a la hiper promoción mediática de la editorial Planeta. Este es el recorrido que ha hecho en pocos años la creatividad literaria de Dolores Redondo y la pauta común que parecen recorrer ambas creaciones una vez que han entrado en el circuito de explotación del grupo Atresmedia (Antena 3, La Sexta, Onda Cero, La Razón,…). Igual que meses atrás vimos en la gran pantalla la adaptación de El guardián invisible, y mientras esperamos a que llegue su continuación –El legado en los huesos-, seguro que acabaremos asistiendo al estreno de Todo esto te daré.

La duda está en si será en formato cinematográfico o como serie de televisión en horario de máxima audiencia. A lo largo de sus muchas páginas es continua la sensación de estar leyendo la adaptación narrativa de un guión en lugar de una novela. Una lectura amena, pero sin profundidad, muy lineal, con personajes excesivamente simplificados, convertidos en tópicos del género del thriller, y una investigación que se desarrolla con un sentido del tiempo un tanto ajeno al que marcan los relojes y los calendarios.

Desde el momento en que a Manuel le comunican la muerte de su esposo a muchos kilómetros de distancia de donde él le suponía, cuanto ocurre es una continua sucesión de hechos adornados con diálogos y descripciones sin más sorpresa que la de ocultar algo que sabemos que tarde o temprano se nos acabará desvelando. Solo queda esperar a leer capítulos después el giro argumental, la pista que hará que ese plano de la realidad hasta entonces silenciado deliberadamente –ya sea por miedo, por lealtad o por implicación criminal-, salga a la luz.

Un apellido de rancio abolengo con un largo listado de propiedades, una familia unida exclusivamente por las apariencias, un entorno en el que la religión se mezcla con la superstición, investigaciones oficiales rápidamente cerradas, un guardia civil empeñado en llegar más allá, pecados pasados y culpas que siguen presentes pidiendo ser purgadas,… Este es el panorama de clichés que Álvaro le deja en herencia a su viudo. Una sinfonía de desconocimientos y ocultaciones con un pretendido efecto de desconcierto emocional con tanta hondura y verismo como cualquier ficción emitida por nuestras televisiones en horario de sobremesa. De esas que resultan una opción entretenida en las tardes de manta y sofá de otoño e invierno y cuya existencia olvidamos en cuanto llega el buen tiempo.

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La Trilogía del Baztán, entretenida intriga de Dolores Redondo

En el corazón de uno de los valles más hermosos de Navarra se encuentra una fuerza misteriosa que, además de asesinar a niñas y mujeres, parece tener en su punto de mira a la inspectora Salazar. Su investigación policial, sus vivencias personales y su historia familiar conforman un triángulo cuyos tres lados albergan también una intriga correctamente planteada, una exposición pedagógica sobre mitología euskaldún y un intento de saga literaria que sin llegar a brillar, resulta una lectura amena y entretenida.

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No hace falta recurrir a autores escandinavos ni al americano Dan Brown para sumergirnos en argumentarios sobre comportamientos perversos de la mente humana, introducirnos en los métodos de investigación de los cuerpos y fuerzas de seguridad de distintos países y darnos unos cuantos apuntes prácticos sobre anatomía forense. También hay productos literarios en español que nos prometen buenas dosis de suspense, acción y acontecimientos cuya lógica escapa a nuestra razón pero que podemos llegar a comprender si conocemos todas las piezas que durante largo tiempo se han cocinado para unirse hasta darles forma y resultado en forma de cadáveres.

Dolores Redondo es un ejemplo patrio de ello, se ha documentado acerca de todos estos asuntos y los ha dispuesto en una línea temporal en la que van confluyendo en el presente de Amaia Salazar,  inspectora jefe de homicidios de la Policía Foral de Navarra. Una mujer que no solo es una capaz e inteligente profesional, sino también alguien con una biografía y un sistema familiar que tiene mucho que ver con aquello a lo que ha de hacer frente en su siempre arriesgada profesión.

A medida que profundizamos en las herramientas que esta joven, valiente y decidida mujer utiliza en su trabajo, se nos presenta otra visión de la realidad, aquella que sigue las reglas no escritas de las creencias espirituales. Esas que no son solo una cuestión antropológica, sino que tienen que ver también con la adoración de lo sagrado mediante prácticas religiosas no convencionales. Unas cuestiones –las policiales y las lógicas- y otras -las espirituales e irracionales- que se irán acercando más y más a medida que se resuelven los distintos homicidios que se suceden en el valle del Baztán o guardan una extraña relación con él. Así es como el cierre de cada caso, de la identificación de cada asesino, será también el principio de la siguiente investigación y, por tanto, el motivo del siguiente tomo de esta trilogía en un lugar en el que la naturaleza –bosques frondosos y de difícil acceso, cuevas en lugares remotos, ríos caudalosos- y la climatología -días de lluvia sin parar, nevadas que bloquean carreteras, frío invernal que parece no tener fin- juegan un papel fundamental.

Una serie que se inicia con un thriller más convencional y con gran peso argumental de la mitología vasca, El guardián invisible, que entra en el terreno de lo oscuro y más difícil de definir con Legado en los huesos y alcanza lo esotérico y lo demoníaco en Ofrenda en la tormenta. Tres volúmenes que pueden considerarse independientemente, pero que realmente conforman una unidad. No solo hay una línea narrativa que los enlaza, sino que presenta también una evolución en la biografía de los personajes comunes a los tres y una sucesión cronológica entre los acontecimientos de distinta índole –las relaciones de pareja, los acontecimientos familiares que se van conociendo, los vínculos entre víctimas y sospechosos de cada sumario con los anteriores- que se dan en ellos.

La primera entrega resulta fresca y fluida, engancha con su misterio y la presentación –siempre con un punto velado, de algo que se oculta inquietantemente- de sus protagonistas, incluyendo de manera muy natural acontecimientos que sin tener sentido aparente, resultan creíbles. En la segunda, Legado en los huesos, todo –lo personal y lo profesional, lo dinástico y lo social- resulta muy esquemático, parece responder más a un plan para contar algo que parece previamente trazado, dando la sensación de que la escritura es más un ejercicio con el que dar forma a algo cuya ruta y destino ya está decidido. Así es como la última parte de la trilogía parece más que una entrega en sí, la prolongación de una segunda parte que solo se cerró en apariencia y que aquí se lleva, esta vez ya sí, a su verdadero final.

Podría ser que Amaia Salazar diera más de sí de en el futuro, hay base para ello. Pero está claro que tendría que ser con otra línea argumental y exponiendo otras facetas de su vida personal y profesional  que aquí apenas hemos conocido. Habrá que esperar y ver qué decide sobre ello Dolores Redondo.

“La verdad sobre el caso Harry Quebert” de Joël Dicker

Un endiablado juego narrativo en el que se va mucho más allá de la historia contada dentro de la historia y los giros argumentales propios de las novelas policíacas. Mezclado con una lograda exposición sobre la esencia del amor en la que se exponen las diversas maneras de llegar y de conformarnos con estar cerca de él, así como con una entretejida clase magistral por entregas sobre el disciplinado y exigente oficio de escribir.

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Un escritor que ayuda a otro escritor, el primero apoyó al segundo durante años hasta que se convirtió en creador de ficciones, ahora este ayuda a aquel como amigo, pero más adelante también a través de su sabio manejo de las palabras, construyendo con ellas el relato de la verdad de algo que sucedió hace más de tres décadas. Entonces, en 1975, el profesor Harry Quebert publicó una novela, Los orígenes del mal, que se convirtió en una obra maestra contemporánea, dedicada a una joven de quince años, Nolla Fellergan, cuyo cadáver es descubierto treinta y tres años después de ser vista por última vez. Hoy, en 2008, Marcus Douglas se encuentra sin saber cómo iniciar su segundo título y prorrogar el éxito de crítica y público que tuvo con su debut literario.

Estos son los distintos caminos por los que avanza una investigación para conocer con exactitud qué ocurrió, quién lo hizo y por qué. Una manera de entrar en las vidas de muchos de los vecinos de la pequeña localidad de Aurora donde todos están, aparentemente, abiertos a colaborar. De manera paralela se nos relata el nacimiento y la vivencia de un amor que fue tanto experiencia humana como inspiración y guía de un relato literario. También aquí se nos pone al límite, ¿es lícito enamorarse de alguien menor de edad y de actuar en consecuencia pasando por encima de reglas, valores y sistemas sociales? Y envolviendo todo ello, una introducción en cada capítulo de los principios que ha de tener en cuenta un escritor para construir una buena novela y de los que las páginas que les continúan son siempre un claro ejemplo práctico. Plano que tampoco se libra de la tensión que la brutal presión capitalista de las empresas editoriales ejerce sobre la creatividad e inspiración de los autores.

La verdad sobre el caso Harry Quebert es una compleja red de biografías y motivaciones de distinto tipo que conviven, se cruzan y tocan en un viaje por el tiempo en el que su narrador se coloca siempre tras la persona a la que pone frente a nosotros. No hay juegos tramposos por su parte ni ocultación de datos que guarden las claves que nos faltan para esclarecer tanto el crimen por resolver como para poner luz sobre la oscuridad pasada y presente de muchas biografías, tanto de vivos como de muertos. El recurso fundamental del que se sirve es un inteligente sistema de espejos donde todo se sostiene correctamente sin saber qué es imagen y causa y qué es reflejo y consecuencia, y del que no nos damos cuenta de su existencia hasta que nos vemos inmersos en él sin saber en qué lado estamos.

Un equilibrio de formas e ilusiones que se nos propone romper con los mismos medios –saliendo  de la zona de confort y acabando con las rutinas de las costumbres para ir más allá- con que un creador literario ha de ser capaz de trascender la materialidad que nos rodea para crear una nueva realidad que nos haga vivir y sentir aquello que no nos atrevemos a este lado de las páginas.

“Nubosidad variable” de Carmen Martín Gaite

La bruma del título es también la de la mente de las dos protagonistas de mediana edad de esta ficción que no aciertan a saber cómo enfocar correctamente sus vidas. Una revisión de pasado, entre epistolar y monologada, y un poner orden en el presente a través de una prosa menuda y delicada con la que llegar mediante las palabras hasta lo más íntimo y sensible. De fondo, un retrato social de la España de los 80 finamente disuelto a lo largo de una historia plagada de acertadas referencias literarias.

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Cuando dabas por hecho que ya no iba a ocurrir, cuando habías dejado de desear que tu vida experimentara el cambio que anhelabas, sucede algo nimio y pequeño, casi sin importancia, que genera una onda expansiva que lo sacude todo. Primero llega hasta el fondo de ti mismo, descolocándolo todo, rompiendo inercias y estancamientos, dejándote hueco y vacío, desnudo y vulnerable. Condenado, y sin alternativa alguna, a comenzar de nuevo, a reconstruirte y reinventarte por ti mismo.

Ese instante es el que se produce cuando Sofía Montalvo y Mariana León coinciden en la inauguración de una exposición tras décadas sin verse, desde que ambas comenzaran la universidad y el enamorarse del mismo hombre pusiera fin a una amistad de infancia que hasta entonces las había hecho relacionarse de manera casi fraternal. La distancia temporal hace que dejen a un lado las diferencias que tuvieron y recuperen la memoria de aquello que las unió como tabla de salvación de un presente en el que ambas se sienten solas y tristes, sin proyecto de futuro y con un lánguido pasado tras de sí.

Se enciende entonces una débil llama que ambas deciden cuidar retomando su relación, pero de una manera delicada, abriéndose recíprocamente, pero también reflexionando, haciendo un profundo examen de conciencia y de consciencia. La forma elegida para contar quién soy y dónde estoy, quién he sido y de dónde vengo, quién quiero ser y a dónde ir y con quién, es la epistolar. Así, no solo se desnudan la una frente a la otra, dejándose ver en lugar de obligar a suponerse, sino que a la par hacen un profundo ejercicio de introspección, que no es solo un viaje de ida, también lo es de vuelta al ponerle seleccionadas y medidas palabras a la completa narración de los acontecimientos que han vivido, a la detallada explicación de lo que les ha marcado y a la precisa definición de lo que han sentido y les ha dejado huella.

Un recorrido en el que se diseccionan con gran fineza las diversas capas que conforman la trayectoria personal y la situación actual de cada una de ellas. Por un lado, la dedicación al trabajo y la pseudo dependencia de Mariana de un hombre que no la desea y, por otro, la casa vacía de Sofía con un marido al que no quiere y tres hijos que hace tiempo dejaron el nido familiar. De fondo, la España de los 70, deseosa de nuevos horizontes, y la de los 80, en la que los jóvenes buscaban aire fresco y los más adultos ambicionaban el pelotazo económico. Esa que en lo social coqueteaba con los porros y comenzaba a aceptar la visibilidad de la homosexualidad.

Nubosidad variable es una novela escrita para ser saboreada y disfrutada de manera templada frase a frase, capítulo a capítulo, al mismo ritmo que avanza la sosegada exposición de las reflexiones, recuerdos y cuestionamientos de sus protagonistas. Yendo y volviendo en una narración que progresa linealmente a la par que lo hace también en círculos, aportando profundidad con nuevos sentidos y significados a lo ya conocido hasta entonces. Un complicado y duro camino, pero también reconfortante y enriquecedor, en busca del autoconocimiento y de la paz interior con multitud de guiños literarios. Mencionando explícitamente, entre otros, a Patricia Highsmith y Kafka, a Peter Pan y Ana Karenina, sugiriendo las Cinco horas con Mario de Miguel Delibes y declarando su devoción por El Quijote, el Poema del Mío Cid y las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique.

“La canción pop” de Raúl Portero habla de ti

La música tiene el mágico poder de ser capaz de contar una historia en muy pocos minutos, presentándote los personajes involucrados, relatando qué sucede entre ellos, qué viven y qué sienten, de dónde vienen y a dónde desean ir. Todos tenemos una canción de nuestra vida, esa que imaginábamos que hablaba de nosotros y que con su ritmo nos llegó muy hondo la primera vez que la escuchamos, haciendo que afloraran a la superficie emociones cuya intensidad no creíamos ser capaces de sentir pero que deseábamos vivir. Un sueño que ya no perseguimos pero al que no renunciamos. Eso es esta novela contenida, auténtica, una partitura fresca y ágil, aparentemente liviana, pero que dispara de manera certera y da de pleno en el blanco.

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A los veinte años el futuro es una página en blanco sobre la que se puede escribir una y otra vez cómo creemos que vamos a ser, imaginando mil quiénes diferentes como compañía, otros tantos lugares en los que estar simultáneamente y cómos de lo más dispar. Pero el tiempo pasa y nada o muy poco de aquello ocurrió. La fantasía, el deseo, la ilusión de Simón no se convirtió en realidad. Quizás porque era irrealizable. Puede ser que él no fuera capaz de materializarla o que a sus 35 años aún no haya sido capaz de aceptar que la vida es esto que él tiene ahora, la nada, y no aquello que creía iba a poseer, el todo.

Hasta que el suicidio de uno de sus antiguos amigos, Carlos, le da la bofetada que le hace abrir los ojos y afrontar que ni ha cumplido nada de lo que se propuso ni consiguió retener lo bueno que un día creyó tener cerca de él, el amor y también la posibilidad de una manera de construir su propio futuro. La situación no es alegre, pero tampoco es un drama, es lo que toca, es lo que hay, resignación. ¿No es lo que le sucede a todos los de la generación educados y formados para ser capaces de lo que se propusieran y que después se vieron abocados sin anestesia ni remedio al fracaso y la decepción laboral, social, sentimental,…?

A eso vuelve Simón a Barcelona. Todo lo que le rodea, ya sea en Londres como en la ciudad condal, es la monotonía agridulce de las posibilidades imposibles, de los sueños irrealizados y de un presente resignadamente carpe diem porque el futuro no es más que incertidumbre. Eso es lo que cuenta la narrativa de Raúl Portero, que tiene forma de novela pero que se lee con la misma pasión con la que hasta hace unos años devorábamos los libretos de los cd’s para memorizar las letras de las canciones. Cada uno de sus capítulos es un tema trabajado meticulosamente, con el fin de que tenga entidad propia, que pueda llegar a funcionar por sí mismo, pero que cumple un papel fundamental en el conjunto que es este álbum, La canción pop.

Las expresiones y reflexiones que contienen sus diálogos y el espíritu con que fluyen sus descripciones tienen su génesis en ese punto en que la poesía se libera de las reglas de la literatura y se convierte en letras musicales que desde su aparente sencillez exudan una expresividad llena de garra y fuerza, sin aspavientos, pero que por su fina y eficaz elaboración resultan tremendamente atrayentes y pegadizas. Seguro que muchos de los lectores de esta canción pop sentirán que, de alguna manera, esta habla de ellos y quién sabe, puede ser que con el paso del tiempo vuelvan a ella para recordar quienes fueron un día.