«Insomnia» de Stephen King

Demasiados cientos de páginas para una historia bien estructurada pero luego desarrollada a golpe de redacción sin alma. Una lectura con momentos de intriga, tensión e incertidumbre, pero también de tedio, inercia y provocadora de alguna interjección en señal de sorpresa e incredulidad. Una de esas ocasiones en que el autor parece haberse puesto frente al papel como profesional de la escritura y no como creador con entusiasmo e ilusión y teniendo algo que contar y compartir.

Necesitaba una novela que me entretuviera y enganchara como si no existiera otra cosa más en mi vida. Como cuando era adolescente y nombres como Stephen King conformaron con el disfrute de muchos de sus títulos el trazado lector de mis veranos analógicos. Teniendo ese referente y recuerdo en mi memoria, no le di más vueltas al asunto y me decidí por esta novela firmada por el maestro del terror de la que no conocía ni el argumento ni las valoraciones que desde el momento de su publicación pudiera haber recibido.  

¿Me encontraría con personajes como los de Carrie o Misery? ¿Con tramas tan alucinantes como las de El misterio de Salem’s Lot o Christine? ¿Con mundos con tantas capas como los de It o Apocalipsis? Casi ochocientas páginas después la respuesta es no. Estos últimos días pasarán por mi mente como un vahído, como una de esas largas tardes estivales en que el reloj registra el paso de las horas pero el termómetro se mantiene inerte, en pausa, aplastando la realidad con la condena de sus dígitos en cotas inamovibles.

Hay escritores a los que imagino como un conductor con las dos manos al volante teniendo claro a dónde quieren llegar, pero decidiendo paso a paso sobre la marcha la ruta a seguir. A otros, como me ha sucedido esta vez con King, con una hoja de ruta trazada con detalle desde el principio y completada después a base de método, procedimiento y disciplina. Como él mismo explicaba en Mientras escribo (2012), llegar al resultado final es una combinación de talento y dedicación que, añado yo, no todos tienen o trabajan suficientemente.

En Insomnia hay destellos de lo primero, las líneas generales argumentales son sólidas -un hombre mayor que queda viudo y el insomnio que se apodera de él resulta la puerta de entrada a un mundo paralelo al nuestro- y están bien planteadas, al igual que los personajes y las relaciones entre ellos -el héroe mundano, Ralph Roberts, y su círculo de amigos, vecinos y conocidos de Derry, localidad alterada por el conflicto entre activistas a favor y en contra del aborto-.

Pero en lugar de buscar la manera de que ese punto de partida progrese y crezca, Stephen opta por conformarse, dando por hecho que con prolongar esas bases nos sorprenderá y entusiasmará. Y a partir de ahí ha aplicado el método del procedimiento, el de pasar horas frente al teclado hasta completar la línea de puntos que se había propuesto. Su base costumbrista y cotidiana está lograda, los giros hacia la ciencia-ficción resultan una deriva casi naufragante (aunque no tanto como, años después, en 22/11/1963), el terror solo está técnicamente bien aplicado en los momentos álgidos y las referencias literarias (Tolkien y El señor de los anillos) transmiten más ocurrencia que valor alguno. Una narración que acaba resultando un chicle sin sabor y textura que no se abandona por respeto a su creador. Y es que todos tenemos derecho a fallar alguna vez, hasta Stephen King.

Insomnia, Stephen King, 1994, DeBolsillo.

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